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El
amo y el esclavo
Alexander
Kojève
A
modo de introducción: traducción comentada de la sección
A del capítulo IV de la Fenomenología del Espíritu
de Hegel, realizada por A. Kojève (curso del año lectivo
1933/34). Sabemos que a estos cursos asistió J. Lacan y también
podemos encontrar en la lectura del texto todo lo que influyó
Kojève en él, especialmente en su concepción
del deseo y en la destacada importancia que tuvo la figura del amo
y el esclavo en su teorización, que llega a hacer del amo
un discurso específico (ver Sem. XVII, J.L.) tanto del inconciente
como de lo social. El comentario hecho por A. K. está escrito
en letra cursiva entre corchetes, las palabras entre guiones corresponden
a la traducción de un solo término alemán.
[ S. R.]
"Hegel...
considera el trabajo como la esencia, como la esencia probatoria
del hombre", K. Marx.
[El
hombre es autoconciencia. Es autoconsciente; consciente de
su realidad y de su dignidad humana, y en esto difiere esencialmente
del animal, que no supera el nivel del simple sentimiento de sí.
El hombre toma conciencia de sí en el momento en que, por
"primera vez", dice: "Yo".
Comprender al hombre por la comprensión de su "origen",
es comprender el origen del Yo
revelado por la palabra.
Por
tanto, el análisis del "pensamiento", de la "razón",
del "entendimiento", etc., de manera general: del comportamiento
cognitivo, contemplativo, pasivo de un ser o de un "sujeto
cognoscente", no descubre jamás el por qué o
el cómo del nacimiento de la palabra"Yo" y por
consiguiente, de la autoconciencia, es decir, de la real¡dad
humana.
El hombre que contempla es "absorbido" por lo que él
contempla; el "sujeto cognoscente" se "pierde"
en el objeto conocido. La contemplación
revela el objeto, y no el sujeto. Es el objeto, y no el sujeto
el que se muestra a sí mismo en y por -o mejor aún-
en tanto que acto de conocer. El hombre "absorbido" por
el objeto que contempla no puede ser "vuelto hacia sí
mismo" sino por un Deseo: por el deseo de comer, por el ejemplo.
Es el Deseo (consciente) de un ser el que constituye este ser en
tanto que Yo y lo revela en tanto que tal y lo impulsa a decir:
"Yo..." Es el Deseo el que
transforma al Ser revelado a él mismo por él mismo
en el conocimiento (verdadero), en un "objeto" revelado
a un "sujeto" por un sujeto diferente del objeto y "opuesto"
a él. Es en y por, o mejor aún, en tanto que "su"
Deseo que el hombre se constituye y se revela -a sí mismo
y a los otros- como un Yo, como el Yo esencialmente diferente del
no-Yo y radicalmente opuesto a éste. El
Yo (humano) es el Yo de un Deseo o del Deseo.
El
ser mismo del hombre, el ser autoconsciente, implica pues y presupone
el Deseo. Por tanto, la realidad humana no puede constituirse y
mantenerse sino en el interior de una realidad biológica,
de una vida animal. Mas si el Deseo animal
es la condición necesaria de la Autoconciencia, no es la
condición suficiente de ella. Por sí solo ese Deseo
no constituye más que el Sentimiento de sí.
Al
contrario del conocimiento que mantiene
al hombre en una quietud pasiva, el Deseo
lo torna in-quieto
y lo empuja a la acción.
Nacida del Deseo, la acción
tiende a satisfacerlo, y sólo puede hacerlo por la "negación",
la destrucción o por lo menos
la transformación del objeto deseado:
para satisfacer el hambre, por ejemplo, es necesario destruir o,
en todo caso, transformar el alimento. Así toda acción
es "negatriz".
Lejos de dejar lo dado tal como es, la acción lo destruye
si no en su ser, por lo menos en su forma dada. Y toda "negatividad-negatriz"
por relación a lo dado es necesariamente activa. Mas la acción
negatriz no es puramente destructiva. Porque si
la acción que nace del Deseo destruye una realidad objetiva
para satisfacerlo, crea en su lugar, en y por esta destrucción
misma, una realidad subjetiva. El ser que come, por ejemplo,
crea y mantiene su propia realidad por la supresión de una
realidad otra que la suya, por la transformación de una realidad
otra en realidad suya, por la "asimilación", "la
interiorización" de una realidad "extraña",
"exterior". De manera general, el Yo
del Deseo es un vacío que no recibe un contenido positivo
real sino por la acción negatriz que satisface el Deseo al
destruir, transformar
y "asimilar" el no-Yo deseado.
Y el contenido positivo del Yo, constituido por la negación,
es una función del contenido positivo del no-Yo negado. Si
en consecuencia el Deseo conduce sobre un no-Yo "natural",
el Yo será "natural" también. El
Yo creado por la satisfacción activa de tal Deseo tendrá
la misma naturaleza que las cosas sobre las cuales lleva ese Deseo:
será un Yo "cosificado", un Yo solamente viviente,
un Yo animal. Y ese Yo natural, función de un objeto natural,
no podrá revelarse a él mismo y a los otros sino en
tanto que Sentimiento de sí. No llegará jamás
a la Autoconciencia.
Para
que haya Autoconciencia
es necesario que el Deseo se fije sobre un objeto
no-natural, sobre alguna cosa que supere la realidad
dada. Mas la única cosa que supera eso real dado es el Deseo
mismo. Porque el Deseo tomado en tanto que Deseo, es decir, antes
de su satisfacción, sólo es en efecto una nada
revelada, un vacío irreal. El Deseo,
por ser la revelación de un vacío, la presencia de
la ausencia de una realidad, es esencialmente otra cosa que la cosa
deseada distinto de una cosa, de un ser real estático y dado,
pues se mantiene eternamente en la identidad consigo mismo. El Deseo
que conduce hasta otro Deseo, tomado en tanto que Deseo, creará
entonces por la acción negatriz y asimiladora que lo satisface,
un Yo esencialmente otro que el "Yo" animal. Ese Yo, que
se "nutre" de Deseos, será el mismo Deseo en su
ser mismo, creado en y por la satisfacción de su Deseo. Y
puesto que el Deseo se realiza en tanto que acción negadora
de lo dado, el ser mismo de ese Yo será acción.
Ese yo no será, como el "Yo" animal, "identidad"
o igualdad consigo mismo, sino "negatividad-negatriz".
Dicho de otro modo, el ser mismo de ese Yo
será devenir, y la forma universal
de ese ser no será espacio sino tiempo. Su permanencia en
la existencia significará entonces para ese Yo: "no
ser lo que es (en tanto que ser estático y dado, en tanto
que ser natural, en tanto que "carácter innato")
y ser (es decir, devenir) lo que no es". Ese
Yo será así su propia obra: será (en lo porvenir)
lo que él ha devenido por la negación (en el presente)
de aquello que ha sido (en el pasado), pues esta negación
se efectúa en vista de lo que devendrá. En su ser
mismo ese Yo es devenir intencional, evolución querida, progreso
consciente y voluntario. Él es el acto de trascender lo dado
que le es dado y que es él mismo. Ese Yo es un individuo
(humano), libre (frente a lo real dado) e histórico (con
relación a sí mismo). Y es ese Yo y ese Yo solamente
el que se revela a sí mismo y a los otros en tanto que Autoconciencia.
El
Deseo humano debe dirigirse sobre otro Deseo.
Para que haya Deseo humano es indispensable que haya ante todo una
pluralidad de Deseos (animales). Dicho de otro modo, para que la
Autoconciencia pueda nacer del Sentimiento de sí, para que
la realidad humana pueda constituirse en el interior de la realidad
animal, es menester que esa realidad sea esencialmente múltiple.
El hombre no puede, en consecuencia, aparecer
sobre la tierra sino en el seno de un rebaño. Por eso la
realidad humana sólo puede ser social.
Mas para que el rebaño devenga una sociedad, la sola multiplicidad
de Deseos no basta; es necesario aún que los Deseos de cada
uno de los miembros del rebaño conduzcan -o puedan conducir-
a los deseos de los otros miembros. Si la realidad humana es una
realidad social, la sociedad sólo es humana en tanto que
conjunto de Deseos que se desean mutuamente como Deseos. El Deseo
humano, o mejor, antropógeno, que constituye un individuo
libre e histórico consciente de su individualidad, de su
libertad, de su historia, y, finalmente, de su historicidad, el
Deseo antropógeno difiere pues del Deseo animal (que
constituye un ser natural, sólo viviente y que no tiene más
sentimiento que el de su vida) por
el hecho de que se dirige no hacia un objeto real, "positivo",
dado, sino sobre otro Deseo. Así en la relación
entre el hombre y la mujer, por ejemplo, el Deseo es humano si uno
desea no el cuerpo, sino el Deseo del otro, si quiere "poseer"
o "asimilar" el Deseo tomado en tanto que Deseo, es decir,
si quiere ser "deseado" o
"amado" o más todavía:
"reconocido" en su valor
humano, en su realidad de individuo humano. Asimismo el Deseo que
se dirige hacia un objeto natural no es humano sino en la medida
en que está "mediatizado" por el Deseo de otro
dirigiéndose sobre el mismo objeto: es
humano desear lo que desean los otros, porque lo desean.
Así, un objeto totalmente inútil desde el punto de
vista biológico (tal como una condecoración o la bandera
del enemigo) puede ser deseado porque es objeto de otros deseos.
Tal Deseo sólo es un Deseo humano, y la realidad humana en
tanto que diferente de la realidad animal no se crea sino por la
acción que satisface tales Deseos:
la historia humana es la historia de los Deseos deseados.
Al
margen de esta diferencia esencial el Deseo humano es análogo
al Deseo animal.
El Deseo humano tiende también a satisfacerse por una acción
negadora, es decir transformadora y asimiladora. El hombre se "alimenta"
de Deseos como el animal se alimenta de cosas reales. Y el Yo humano,
realizado por la satisfacción activa de esos Deseos humanos,
es tanto función de su "alimento" como el cuerpo
del animal lo es del suyo.
Para
que el hombre sea verdaderamente humano, para que difiera esencial
y realmente del animal, hace falta que su Deseo humano prevalezca
efectivamente en él sobre su Deseo animal. Pero todo Deseo
es deseo de un valor.
El valor supremo para un animal es su vida animal. Todos los Deseos
del animal son en última instancia una función del
deseo que tiene de conservar su vida. El Deseo humano debe superar
ese deseo de conservación. Dicho de
otro modo, el hombre no se "considera" humano si no arriesga
su vida (animal) en función de su Deseo humano. Es
en y por ese riesgo que la realidad humana se crea y se revela en
tanto que real¡dad; es en y por ese riesgo que ella se "reconoce",
es decir, se muestra, se verifica, efectúa sus pruebas en
tanto que esencialmente diferente de la realidad animal, natural.
Y por eso hablar del "origen" de la Autoconciencia es
necesariamente hablar del riesgo de la vida (con miras a un fin
esencialmente no vital).
El
hombre se "reconoce" humano al arriesgar su vida para
satisfacer su Deseo humano, es decir, su Deseo que se dirige sobre
otro Deseo. Pero desear un Deseo es querer superponerse a sí
mismo al valor deseado en ese Deseo. Porque sin esta sustitución
se desearía el valor, el objeto deseado y no el Deseo mismo.
Desear el Deseo de otro es pues en última
instancia desear que el valor que yo soy o que "represento"
sea el valor deseado por ese otro: quiero que él "reconozca"
mi valor como su valor; quiero que él me "reconozca"
como un valor autónomo. Dicho de otro modo, todo Deseo humano,
antropógeno, generador de la Autoconciencia, de la realidad
humana, se ejerce en función del deseo de "reconocimiento".
Y el riesgo de la vida por el cual se "reconoce" la realidad
humana es un riesgo en función de tal Deseo. Hablar del "origen"
de la Autoconciencia implica por necesidad hablar de una lucha
a muerte por el "reconocimiento".
Sin
esa lucha a muerte hecha por puro prestigio, no habrían existido
jamás seres humanos sobre la tierra. En efecto, el ser humano
no se constituye sino en función de un Deseo dirigido sobre
otro Deseo, es decir, en conclusión, de un deseo de reconocimiento.
El ser humano no puede por tanto constituirse si por lo menos dos
de esos Deseos no se enfrentan. Y puesto que cada uno de los dos
seres dotados del mismo Deseo está dispuesto a llegar hasta
el fin en la búsqueda de su satisfacción, esto es,
está presto a arriesgar su vida y por consiguiente a poner
en peligro la del otro, con el objeto de hacerse "reconocer"
por él, de imponerse al otro en tanto que tal valor supremo,
su enfrentamiento no puede ser más que una lucha
a muerte. Y es sólo en y por tal lucha que se engendra
la realidad humana, se constituye,
se realiza y se revela a sí misma en los otros. No se realiza
pues y no se revela sino en tanto que realidad
"reconocida".
No
obstante, si todos los hombres, o, más exactamente, todos
los seres en trance de devenir seres humanos se comportaran de la
misma manera, la lucha debería culminar necesariamente con
la muerte de uno de los adversarios, o de ambos a la vez. No sería
posible que uno cediera ante el otro, que abandonara la lucha antes
de la muerte del otro, que "reconociera" al otro en lugar
de hacerse "reconocer" por él. Porque si así
fuera, la realización y la revelación del ser humano
sería imposible. Esto es evidente para el caso de la muerte
de ambos adversarios, puesto que la realidad humana -siendo esencialmente
Deseo y acción en función de Deseo- no puede nacer
y mantenerse sino en el interior de una vida animal. Pero la imposibilidad
se presenta sólo en el caso de la muerte de uno de los adversarios.
Pues con él desaparece ese otro Deseo hacia el cual se dirige
el Deseo para convertirse en Deseo humano. El sobreviviente, al
no poder ser "reconocido" por el muerto, no puede realizarse
y revelarse en su humanidad. Para
que el ser humano pueda realizarse y revelarse en tanto que Autoconciencia
no basta entonces que la realidad humana naciente sea múltiple.
Es necesario aún que esa multiplicidad, esa "sociedad",
implique dos comportamientos humanos o antropógenos esencialmente
diferentes.
Para
que la realidad humana pueda constituirse en tanto que realidad
"reconocida" hace falta que ambos adversarios queden con
vida después de la lucha. Mas eso sólo es posible
a condición de que ellos adopten comportamientos opuestos
en esa lucha. Por actos de libertad irreductibles, es decir, imprevisibles
o "fortuitos", deben constituirse en tanto que desiguales
en y por esa misma lucha. Uno de ellos, sin estar de ningún
modo "predestinado" debe tener miedo del otro, debe ceder
al otro, debe negar el riesgo de su vida con miras a la satisfacción
de su Deseo de "reconocimiento". Debe abandonar su deseo
y satisfacer el deseo del otro: debe "reconocerlo" sin
ser "reconocido" por él. Pero, "reconocer"
así implica "reconocerlo" como Amo
y reconocerse y hacerse reconocer como Esclavo
del Amo.
Dicho
de otro modo, en un estado naciente el hombre no es jamás
hombre simplemente. Es siempre, necesaria y esencialmente, Amo o
Esclavo. Si la realidad humana no puede engendrarse sino en tanto
que socialmente, la sociedad, por lo menos en su origen, no es humana
sino a condición de implicar un elemento de Dominio
y un elemento de Esclavitud, existencias
"autónomas" y existencias "dependientes".
Y por eso hablar del origen de la Autoconciencia es necesariamente
hablar de "la autonomía de la dependencia de la Autoconciencia,
de la Tiranía y la Esclavitud".
Si
el ser humano sólo se engendra en y por la lucha
que culmina en la relación entre Amo y Esclavo, la realización
y la revelación progresivas de ese ser no pueden tampoco
ellas efectuarse sino en función de esa relación social
fundamental. Si el hombre sólo es su devenir, si su ser humano
en el espacio es su ser en el tiempo o en tanto que tiempo, si la
realidad humana revelada no es otra cosa que la historia universal,
esa historia debe ser la historia de la interacción entre
Tiranía y Esclavitud: la "dialéctica" histórica
es la "dialéctica"
del Amo y del Esclavo. Pero si la oposición
de la "tesis" y de la "antítesis" no
tiene sentido sino en el interior de la conciliación por
la "síntesis", si la historia en el sentido estricto
de la palabra tiene necesariamente un punto final, si el hombre
que deviene debe culminar en el hombre devenido, si el Deseo debe
culminar en la satisfacción, si la ciencia del hombre debe
tener el valor de una verdad definida y universalmente válida,
la interacción del Amo y del Estado debe por fin culminar
en su "supresión dialéctica".
Sea
como fuere, la realidad humana no puede engendrarse y mantenerse
en la existencia sino en tanto que realidad "reconocida".
Sólo siendo "reconocido"
por otro, por los otros, y, en su límite, por todos los otros,
un ser humano es realmente humano: tanto para él mismo como
para los otros. Y no es sino hablando de una realidad humana "reconocida"
que se puede, al llamarla humana, enunciar una verdad
en el sentido propio y exacto del término. Porque es sólo
en ese caso que se puede revelar por su discurso una realidad. Por
eso, al hablar de la Autoconciencia, del hombre consciente de sí
mismo es necesario decir:]
La
Autoconciencia existe en y para sí en la medida y por el
hecho de que existe (en y para sí) para otra Autoconciencia;
es decir, que ella sólo existe en tanto que entidad-reconocida.
Ese,
concepto puro del reconocimiento, esto es, del redoblamiento de
la Autoconciencia en el interior de su unidad, debe ser considerado
ahora en el aspecto según el cual su evolución aparece
ante la Autoconciencia. [Es decir no en el filósofo que
habla de ello sino en el hombre autoconsciente que reconoce a otro
hombre o se hace reconocer por él.]
Esta
evolución dejará en primer lugar expuesto el aspecto
de la desigualdad de dos Autoconciencias [es decir, de dos hombres
que se enfrentan con miras al reconocimiento]. 0, en otros
términos, ella tornará evidente la expansión
del término-medio [que es el reconocimiento mutuo y recíproco]
en los dos puntos extremos [que son los dos que se enfrentan];
éstos, tomados en tanto que puntos extremos, se oponen el
uno al otro y, por consiguiente, tales que uno es solamente entidad-reconocida,
y el otro únicamente entidad-reconocedora. [En primer
término, el hombre que quiere hacerse reconocer por otro
no desea de ningún modo reconocerlo a su vez. Si lo consigue,
el reconocimiento no será mutuo y recíproco: será
reconocido pero no reconocerá a quien lo reconozca.]
En
primer lugar, la Autoconciencia es el Ser-para-sí simple-o-indiviso;
se identifica a sí misma por el acto de excluir de ella todo
lo que es otro [que ella]. Su realidad-esencial y su objeto-cosificado
absoluto son para ella: Yo [Yo aislado de todo y opuesto a todo
lo que no es yo]. Y en esa inmediatez, es decir, en
ese ser-dado [esto es, no producido por un proceso activo creador]
de su Ser-para-sí, la Autoconciencia es una entidad-particular-y-aislada.
Lo que, para ella, es distinto existe para ella como un objeto-cosificado
privado-de-la-realidad-esencial, marcado con el carácter
de entidad-negativa.
Pero
[en el caso que estudiamos] la entidad-otra es también
ella una Autoconciencia: un individuo-humano se presenta a un individuo-humano.
Al presentarse así de una-manera-inmediata, esos
individuos existen el uno para el otro en el modo-de-ser de los
objetos-cosificados vulgares. Son formas-concretas autónomas,
Conciencias arrojadas en el ser-dado de la vida-animal.
Porque es en tanto que vida-animal que se ha determinado aquí
el objeto-cosifícado existente como-un-ser-dado. Son Conciencias
que no han cumplido aún, la una para la otra, el
movimiento [dialéctico] de la abstracción
absoluta, que consiste en el acto-de-extirpar todo ser-dado-inmediato,
y en el hecho de no ser otra cosa que el ser-dado puramente negativo-o-negador
de la conciencia idéntica a sí misma.
0
en otros términos, son entidades que no se han manifestado
aún una a otra en tanto que Ser-para-sí puro, es decir,
en tanto que Autoconciencia. [Cuando dos "primeros"
hombres se enfrentaron por primera vez uno no vio en el otro más
que un animal, peligroso y hostil, al que se trataba de destruir,
y no un ser autoconsciente que representaba un valor autónomo.]
Cada uno de esos dos individuos-humanos está, en efecto,
subjetivamente seguro de sí mismo; pero no lo está
del otro. Y por eso su propia certeza-subjetiva de sí carece
aún de verdad [es decir, que ella no revela todavía
una realidad; o en otros términos, una entidad objetivamente,
intersubjetivamente, esto es, universalmente reconocida, por tanto
existente y válida]. Porque la verdad de su certeza-subjetiva
[de la idea que se forma de sí mismo, del valor que se
atribuye] no hubiera podido ser otra cosa que el hecho de que
su propio Ser-para-sí se haya manifestado a él en
tanto que objeto-cosificado autónomo; o bien, lo que es igual:
que el objeto-cosificado se haya manifestado a él en tanto
que esa certeza-subjetiva pura de sí misma; [es necesario
pues que él recupere en la realidad exterior, objetiva, la
idea íntima que se hace de sí mismo]. Pero según
el concepto de reconocimiento, esto
sólo es posible si se cumple para el otro (así como
el otro lo cumple para él) la abstracción pura con
referencia al Ser-para-sí: cada uno la cumple en sí
mismo, por una parte, según su propia actividad y, por otra,
por la actividad del otro.
[El
"primer" hombre que encuentra por primera vez a otro hombre
se atribuye ya una realidad y un valor autónomo, absoluto:
podemos decir que él cree ser hombre, que tiene la "certeza
subjetiva" de serlo. Pero su certeza
no es aún un saber. El valor
que se atribuye puede ser ilusorio; la idea que se hace de sí
mismo puede ser falsa o desatinada. Para que esa idea sea una verdad
es necesario que revele una realidad objetiva, es decir, una entidad
que valga y exista no solamente para ella misma, sino también
para otras real¡dades distintas de ella. En el caso en cuestión,
el hombre, para ser, en efecto, verdaderamente "hombre",
y saberse tal, debe pues imponer a otros la idea que se forja de
él mismo: debe hacerse reconocer por otros (en el caso límite
ideal: por todos los otros). 0 más aún: debe transformar
el mundo (natural y humano) donde no es reconocido, en un mundo
donde ese reconocimiento sea posible. Esa transformación
del mundo hostil en un proyecto humano de un mundo que esté
de acuerdo con ese proyecto, se llama "acción","actividad".
Esa acción -esencialmente humana puesto que es humanizadora,
antropógena- comenzará por el acto de imponerse al
"primer" otro que se encuentre. Y puesto que ese otro,
si es (o más exactamente si quiere ser, y se cree) un ser
humano, debe hacer lo mismo, la "primera" acción
antropógena toma necesariamente la forma de una lucha:
de una lucha a muerte entre dos seres que se creen hombres; de una
lucha por puro prestigio con miras al "reconocimiento"
por el adversario. En efecto:J
La
manifestación del individuo-humano tomado en tanto
que abstracción pura del Ser-para-sí consiste en el
hecho de mostrarse como siendo la negación pura de su modo-de-ser
objetivo-o-cosificado; es, en otras palabras, mostrar
que ser para sí o ser hombre significa no estar ligado a
ninguna existencia determinada, es no estar ligado a la particularidad-aislada
universal de la existencia en-tanto que tal; significa no estar
ligado a la vida. Esta manifestación determina una
actividad doble: actividad del otro y actividad para sí
mismo. En la medida en que esa actividad es actividad del otro,
cada uno de los dos hombres persigue la muerte
del otro. Pero en esa actividad del otro se encuentra también
el segundo aspecto, a saber, la actividad para sí mismo:
pues la actividad en cuestión implica en ella el riesgo de
la vida propia de quien actúa. La relación entre dos
Autoconciencias está pues determinada de tal modo que ellas
se reconocen -cada una para sí y la una para la
otra- por la lucha de vida o muerte.
["Se
reconocen" quiere decir que hacen sus pruebas, esto es, transforman
en verdad objetiva, o universalmente válida y reconocida,
la certeza puramente subjetiva que cada uno tiene de su propio valor.
La verdad es la revelación de una realidad. Pero la realidad
humana no se crea, no, se constituye sino en la lucha con miras
al reconocimiento por el riesgo de la vida que ella involucra. La
verdad del hombre, o la revelación de su realidad, presupone
pues la lucha a muerte. Y es por eso que] los individuos humanos
están obligados a comprometerse en esa lucha. Porque ellos
deben elevar al rango de verdad la certeza-subjetiva que tienen
de sí mismos de existir-para-sí, pues cada
uno debe hacerlo en el otro y en sí mismo. Y es únicamente
por el riesgo de la vida que se reconoce la libertad, que se reconoce
el hecho de que no es el ser-dado [no creado por la acción
consciente y voluntaria], que no es el modo-de-ser inmediato
[natural, no mediatizado por la acción (negadora de lo
dado)], en el cual la Autoconciencia se presenta [en el
mundo dado], que no es el hecho de estar sumergido en la extensión
de la vida animal, los que constituyen -para ella- la realidad esencial,
sino que no hay, por el contrario, nada que no sea, para ella, un
elemento-constitutivo, evanescente. Dicho de otro modo, es
sólo por el riesgo de la vida que se comprueba el hecho de
que la Autoconciencia no es otra cosa que puro Ser-para-sí.
El individuo-humano que no ha osado arriesgar su vida puede, por
cierto, ser reconocido, en tanto que persona-humana. Pero no ha
alcanzado la verdad de ese hecho-de-ser-reconocido en tanto que
una Autoconciencia autónoma. Por eso cada uno de los
dos individuos humanos debe tener por fin la muerte del otro, del
mismo modo que él arriesga su propia vida. Pues la entidad-otro
no vale más para él que él mismo. Su realidad-esencial
[que es su realidad y su dignidad humana reconocidas] se
manifiesta en él como una entidad-otra [como otro hombre
que no lo reconoce, y que es por tanto independiente de él].
Está fuera de sí [en tanto que el otro no se le ha
"rendido" reconociéndolo, revelándole que
lo ha reconocido y mostrándole así que depende de
él, que no es absolutamente otro que él] . Debe suprimir
su ser-fuera de-si. La entidad-otra [que él] es
aquí una Conciencia existente-como-un-ser-dado y confundido
[en el mundo natural] de manera múltiple-y-variada.
Pero debe contemplar su ser-otro como Ser-para sí puro, es
decir, como negatividad-negatriz absoluta. [Es decir, que el
hombre no es humano sino en la medida en que quiere imponerse a
otro hombre, hacerse reconocer por él. En primer lugar, en
tanto que no es aún efectivamente reconocido por otro, es
ese otro el que es el fin de su acción, es de ese otro, del
reconocimiento por ese otro que dependen su valor y su realidad
humanas; es en ese otro donde se condensa
el sentido de su vida. Está pues "fuera de sí".
Pero son su propio valor y su propia realidad los que le importan,
y quiere tenerlos en él mismo. Debe entonces suprimir su
"ser-otro". Es decir, debe hacerse reconocer por
el otro, poseer en él mismo la certeza de ser reconocido
por el otro. No obstante, para que ese reconocimiento pueda satisfacerlo,
es necesario que sepa que el otro es un ser
humano. En primer término, no ve en él más
que un aspecto animal. Para saber que ese aspecto revela una realidad
humana, debe comprender que el otro también quiere hacerse
reconocer y que está dispuesto a arriesgarse, a "negar"
su vida animal en una lucha por el reconocimiento de su ser-para-sí
humano. Debe pues "provocar" al otro, forzarlo a comprometerse
en una lucha a muerte por puro prestigio. Y habiéndolo hecho
está obligado a matar al otro para no ser aniquilado él
mismo. En esas condiciones la lucha por el reconocimiento no puede
por tanto terminarse sino por la muerte de uno de los adversarios,
o de los dos a la vez.] Pero este acto de reconocerse-por-la-muerte
suprime la verdad [o real¡dad objetiva revelada]
que debía surgir de allí y por eso mismo suprime también
la certeza-subjetiva de sí mismo en tanto que tal. Porque
del mismo modo que la vida-animal es la posición natural
de la Conciencia, es decir, la autonomía privada de la negatividad-negatriz
absoluta, la muerte es la negación natural de la
Conciencia, es decir, la negación privada de la autonomía;
la negación que continúa privada del significado exigido
por el reconocimiento. [Esto es:
si los dos adversarios perecen en la lucha, la "conciencia"
es suprimida completamente; porque el hombre después de la
muerte no es ya más que un cuerpo inanimado. Y si uno de
los adversarios queda con vida pero mata al otro, no puede ya ser
reconocido por él; el vencido muerto no reconoce la victoria
del vencedor. La certeza que el vencedor tiene de su ser y de su
valor permanece por tanto puramente subjetiva, y carece así
de "verdad".] Por la
muerte se ha constituido, en efecto, la certeza-subjetiva del hecho
por el cual ambos han arriesgado sus vidas y cada uno la ha despreciado
en sí mismo y en el otro. Pero esta certeza no se ha constituido
para aquellos que han sostenido esa lucha. Por la muerte ellos suprimen
su conciencia sustentada en esa entidad extraña que es la
existencia natural. Es decir, se suprimen ellos mismos. [Porque
el hombre no es real sino en la medida en que vive en un mundo natural.
Ese mundo le es, por cierto, "extraño"; debe negarlo,
transformarlo, combatir para realizarse en él. Pero
sin ese mundo, fuera de ese mundo, el hombre no es nada.]
Y son suprimidos en tanto que puntos-extremos que intentan
existir para sí; [es decir: consciente e independientemente
del resto del universo]. Pero por eso mismo desaparece del
juego de variaciones el elemento-constitutivo esencial, a saber,
el acto de descomponerse en puntos-extremos de determinaciones opuestas.
Y el término-medio sucumbe en una unidad muerta,
que se descompone en puntos-extremos inertes, que sólo existen
como-seres-dados y no opuestos [el uno al otro en y para una
acción en el curso de la cual el uno trata de "suprimir"
al otro "afirmándose", suprimiendo al otro].
Y los dos no se dan recíprocamente el uno al otro y no son
acogidos a su vez el uno al otro por la conciencia. Por el contrario,
no hacen sino separarse mutuamente de manera-indiferente, como cosas.
[Porque el muerto es sólo
algo inconsciente y dado del cual el que sigue viviendo no puede
esperar nada para sí y por tanto se retira de él con
indiferencia.] Su acción mortal es la negación
abstracta. No es la negación [afectada] por la conciencia,
que suprime de tal modo que ella guarda y conserva la entidad suprimida
y por eso mismo sobrevive en el hecho-de-ser- suprimida. [Esta
"supresión" es "dialéctica". "Suprimir
dialécticamente quiere decir: suprimir conservando lo suprimido,
que es sublimado en y por esta supresión que conserva o esta
conservación que suprime. La entidad suprimida dialécticamente
es anulada en su aspecto contingente (y desprovista de sentido,
"sin significado") de entidad natural dada ("inmediata"):
pero ella es conservada en lo que tiene de esencial (de importante,
de significativo); estando así mediatizada por la negación,
ella es sublimada o elevada a un modo de ser más "comprensivo"
y comprehensible que aquel de su realidad inmediata de dato puro
y simple, positivo y estático que no es el resultado de una
acción creadora, es decir, negatriz de lo dado.
De
nada sirve al hombre la Lucha para matar a su adversario. Debe suprimirlo
"dialécticamente". Es decir, debe dejarle la vida
y la conciencia y destruir sólo su autonomía. No debe
suprimirlo sino en tanto que se le opone y actúa contra él.
Dicho de otra manera, debe someterlo.]
Lo
que se constituye para la Autoconciencia en esta experiencia [de
la lucha mortal] es el hecho de que la vida-animal le es tan
esencial como la pura autoconciencia. En la Autoconciencia inmediata,
[es decir, en el primer hombre que no ha sido aún "mediatizado"
por ese contacto con el otro que crea la lucha], el Yo simple-o-indiviso
[del hombre aislado] es el objeto-cosificado absoluto.
Pero para nosotros o en sí [esto es, para el autor y
el lector de estas líneas, que ven al hombre tal como se
ha constituido definitivamente al fin de la historia por la interacción
social cumplida], este objeto-cosificado, es decir, el Yo,
es la mediación absoluta, y tiene por elemento constitutivo
esencial el mantenimiento de la autonomía. [Es decir:
el hombre real y verdadero es el resultado de su interacción
con los otros; su Yo y la idea que se forma de él mismo son
"mediatizados" por el reconocimiento obtenido en función
de su acción. Y su verdadera autonomía es la que él
mantiene en la realidad social
por el esfuerzo de esta acción.]
La disolución de esta unidad simple-o-indivisa [que es el
Yo aislado] es el resultado de la primera experiencia [que el
hombre hace desde su "primera" lucha aún mortal].
Por esta experiencia se establecen: una Autoconciencia pura [o
"abstracta", que ha hecho "abstracción"
de su vida animal por el riesgo de la lucha: el vencedor], y una
Conciencia que [por ser en realidad un cadáver viviente:
el vencido perdonado] existe no puramente para sí sino
también para otra Conciencia [para la del vencedor];
esto es, que existe en tanto que Conciencia existente-como-un-ser-dado,
o en otros términos, como Conciencia que existe en la forma-concreta
de la cosidad. Los dos elementos -constitutivos son esenciales:
dado que en primer término son desiguales y opuestos uno
al otro y que su reflexión en la unidad no ha resultado aún
[de su acción], existen como dos formas-concretas
opuestas de la Conciencia. Una es la Conciencia
autónoma, para la cual el Ser-para sí es la
realidad-esencial. La otra es la Conciencia
dependiente, para la cual la realidad-esencial es la vida-animal,
es decir, el ser-dado para una entidad-otra. Aquélla es el
Amo; ésta, el Esclavo.
[Ese Esclavo es el adversario vencido que no ha ido hasta el
final en el riesgo de la vida, que no ha adoptado el principio de
los Amos: vencer o morir. Ha aceptado la vida elegida por otro.
Depende pues de ese otro. Ha preferido la esclavitud a la muerte,
y es por eso que permaneciendo con vida, vive como Esclavo.]
El
Amo es la Conciencia que existe para sí.
Y no es solamente el concepto [abstracto] de la Conciencia,
sino una Conciencia [real] que existe para sí, que
es mediatizada con ella misma por otra Conciencia. A saber, por
una Conciencia tal que pertenece a su realidad-esencial por estar
fusionada con el [ser-dado], es decir, con la cosidad en-tanto-que-tal.
[Esta "Conciencia" es el Esclavo
que solidarizándose con su vida animal se une al mundo natural
de las cosas. Rehusando arriesgar su vida en una lucha por puro
prestig¡o, no se eleva por encima del animal. Se considera,
por tanto a sí mismo como tal, y como tal es aceptado por
el Amo. Pero por su parte el Esclavo
reconoce al Amo en su dignidad y su
realidad humanas, y se comporta en consecuencia. La "certeza"
del Amo es pues no puramente subjetiva e "inmediata",
sino objetivada y mediatizada por el reconocimiento del otro, del
Esclavo. Mientras que el Esclavo sigue
siendo todavía un ser "inmediato", "natural,
"bestial", el Amo -por su
lucha- ya es humano, "mediatizado". Y su comportamiento
es, por tanto, igualmente "mediatizado" o humano, tanto
frente a las cosas como ante los otros hombres, que en última
instancia son Esclavos para él.] El Amo
se relaciona con los dos elementos constitutivos siguientes: por
una parte, con una cosa tomada en tanto que tal, es decir, el objeto-cosificado
del Deseo, y por la otra, con la conciencia
por la cual la cosidad es la entidad- esencial, es decir, con el
Esclavo que por el rechazo del riesgo
se solidariza con las cosas de las cuales depende. Por el contrario,
el Amo no ve en esas cosas más que un simple medio de satisfacer
su Deseo. Y las destruye satisfaciéndolo.
Dado, 1º, que el Amo,
tomado en tanto que concepto de la autoconciencia, es la relación
inmediata del Ser-para-sí, y 2º, que
existe ahora [es decir, después de la victoria lograda
sobre el Esclavo] al mismo tiempo en tanto que mediación,
esto es, en tanto que un Ser-para-sí que sólo existe
para él por una entidad-distinta [puesto que el Amo no
es Amo sino por el hecho de tener un Esclavo que lo reconoce como
Amo] el Amo se relaciona, 1º de una-manera-inmediata
con los dos [con la cosa y el Esclavo], y 2º
de una-manera-mediatizada con cada uno de ellos por el otro.
El Amo se relaciona de manera mediatizada
con el esclavo, a saber, por el ser-dado-autónomo.
Porque es precisamente con este ser-dado que el Esclavo se vincula.
Este ser-dado es su cadena, de la que él no ha podido hacer
abstracción en la lucha, donde se reveló -a causa
de ella- como dependiente, como teniendo autonomía en la
cosidad. El Amo es, por el contrario,
la potencia que reina sobre este ser-dado. Pues él ha revelado
en la lucha que ser-dado sólo vale para él una entidad-negativa.
Puesto que el Amo es la potencia que
reina sobre este ser-dado, y que este ser-dado es la potencia que
reina sobre el Otro, [es decir, sobre el Esclavo], el Amo
tiene -en ese silogismo [real o activo]- a ese Otro
bajo su dominio. Del mismo modo, el Amo
se relaciona de una manera-mediatizada con la cosa, esto es, por
el Esclavo. Tomado como Autoconciencia,
en tanto-que-tal, el Esclavo se vincula él también
con la cosa de una manera-negativa-o-negatriz, y la suprime
[dialécticamente]. Pero, para él, la cosa
es al mismo tiempo autónoma. A causa de ello no puede por
su acto-de-negar, llegar al fin de la cosa, hasta el aniquilamiento
[completo de la cosa, como lo hace el Amo que la "consume"]
Es decir, él no hace más que transformarla-por-el-trabajo:
[la prepara para el consumo, pero no la consume él mismo].
Para el amo, por el contrario, la relación
inmediata [con la cosa] se constituye
por esta mediación [esto es, por el trabajo
del Esclavo que transforma la cosa natural, la "materia
prima", con miras a su consumo (por el Amo)], en tanto
que negación pura del objeto-cosificado, o sea en tanto que
Goce. [Puesto que todo el esfuerzo
fue hecho por el Esclavo, el Amo
no tiene más que gozar de la
cosa que el Esclavo ha preparado para
él, y "negarla", "destruirla, "consumiéndola".
(Por ejemplo: él come un alimento bien aderezado).]
Lo que no lograba en el Deseo [es
decir, como hombre aislado "antes" de la Lucha, en que
se hallaba solo frente a la Naturaleza y cuyos deseos convergían
directamente sobre esta Naturaleza], lo logra como Amo,
[pues los deseos- lo llevan hacia las cosas transformadas por el
Esclavo]. El Amo consigue ir
hasta el fin de la cosa y satisfacerse en el Goce.
[Es pues únicamente gracias al trabajo del otro (de su Esclavo)
que el Amo es libre frente a la Naturaleza y, por consiguiente,
está satisfecho de sí mismo. Mas él sólo
es el Amo del Esclavo porque se ha liberado previamente de la (de
su) naturaleza arriesgando su vida en una lucha por puro prestigio,
y así, en tanto que tal, no tiene nada de "natural".]
El Deseo no se alcanza aquí
a causa de la autonomía de la cosa. Por el contrario, el
Amo que ha introducido al Esclavo
entre la cosa y él mismo, no se une, entonces, más
que al aspecto de dependencia de la cosa, y goza de ella de una-manera-pura.
En cuanto a la autonomía de
la cosa la deja al Esclavo que transforma-la-cosa -por- el-trabajo.
Es
a través de esos dos elementos-constitutivos que se establece
para el Amo el hecho-de-ser -reconocido
por otra Conciencia. Pues esta última se inserta en esos
dos elementos constitutivos como una entidad-no-esencial: ella es
no-esencial, por una parte, en el acto-de-trabajar la cosa, y por
otra, en la dependencia en que se encuentra frente a una existencia
determinada. En los dos casos esta Conciencia [servil]
no puede devenir amo del ser-dado ni llegar a la negación
absoluta. Aquí aparece pues dado ese elemento constitutivo
del acto-de-reconocer que consiste
en el hecho de que la otra Conciencia se suprime en tanto que Ser-para-sí
y hace así ella misma lo que la otra Conciencia hace contra
ella. [Es decir: no es solamente el Amo quien ve en el Otro
su Esclavo; ese Otro se considera a sí mismo como tal.]
El otro elemento constitutivo del acto-de-reconocer está
igualmente implicado en la relación considerada; ese otro
elemento es el hecho de que esa actividad de la segunda Conciencia
[es decir, de la Conciencia servil] es la actividad propia
de la primera Conciencia [esto es, de la del Amo]. Pues todo lo
que hace el Esclavo es, hablando con
propiedad, una actividad del Amo. [Puesto
que el Esclavo sólo trabaja para el Amo, para satisfacer
los deseos del Amo y no los suyos propios, es el Deseo del Amo el
que actúa en y por el Esclavo.] Para el Amo,
el Ser-para-sí es el único que representa la realidad-esencial
Es la potencia negativa-o-negadora pura, para la cual la cosa no
es nada; y está por consiguiente, en esa relación
de Amo y Esclavo, la actividad esencial pura. El Esclavo,
por el contrario, no es actividad pura, sino actividad no esencial.
Pero, para que haya un reconocimiento auténtico, debería
hallarse aquí aún el tercer elemento-constitutivo,
que consiste en que el Amo haga también contra sí
mismo lo que hace contra el otro y que el Esclavo haga también
contra el Otro, lo que hace contra sí mismo. Es
pues un reconocimiento desigual y unilateral que ha nacido por esa
relación de Amo y Esclavo. [Pues si el Amo trata
al Otro como Esclavo, no se comporta él mismo como Esclavo;
y si el Esclavo trata al Otro como Amo, no se comporta él
mismo como Amo. El Esclavo no arriesga su vida y el Amo es ocioso.
La
relación entre Amo y Esclavo no es pues un reconocimiento
propiamente dicho.
Para verlo, analicemos la relación desde el punto de vista
del Amo. El Amo no es el único en considerarse Amo. El Esclavo
lo considera también como tal. Es pues reconocido en su realidad
y en su dignidad humanas. Pero ese reconocimiento es unilateral,
ya que no reconoce a su vez la realidad y la dignidad humanas del
Esclavo. Es entonces reconocido por alguien a quien no reconoce.
Y allí está la insuficiencia -y lo trágico-
de su situación. El Amo ha luchado y arriesgado su vida por
el reconocimiento, pero sólo ha obtenido un reconocimiento
sin valor para él. Porque él no puede ser satisfecho
sino por el reconocimiento de aquel a quien acepta como digno de
reconocerlo. La actitud del Amo es, en consecuencia, un obstáculo
existencial. Por una parte, el Amo no es Amo
más que porque su Deseo ha recaído no sobre una cosa
sino sobre otro deseo, que ha sido así un deseo de reconocimiento;
por otra, al haber devenido Amo es en tanto que Amo que debe desear
ser reconocido; y él no puede ser reconocido como tal sino
haciendo del Otro su Esclavo. Mas el Esclavo es para él un
animal o una cosa. El es pues "reconocido" por una cosa.
De este modo, su Deseo se fija en conclusión sobre una cosa,
y no -como parecía al comienzo- sobre un Deseo (humano).
El Amo, por lo tanto, ha errado el camino. Después
de la lucha que ha hecho de él un Amo, él no es lo
que quiso ser al emprender esta lucha: un hombre reconocido por
otro hombre. Por tanto: si el hombre no puede ser satisfecho sino
por el reconocimiento, el hombre que se conduce
como Amo no lo será jamás. Y dado que, al principio,
el hombre es ya Amo o Esclavo, el hombre satisfecho será
por necesidad esclavo; o más exactamente, aquel que ha sido
esclavo, que ha pasado por la Esclavitud, que ha "suprimido"
dialécticamente su servidumbre. En efecto:
Así,
la Conciencia no-esencial [o servil] es -para el Amo- el objeto-cosificado
que constituye la verdad [o realidad revelada] de la certeza-subjetiva
que él tiene de sí mismo, [puesto que él no
puede "saberse" Amo sino haciéndose reconocer como
tal por el Esclavo]. Pero es evidente que este objeto-cosificado
no corresponde a su concepto. Porque ahí donde el Amo se
realiza se ha constituido para él algo distinto de una Conciencia
autónoma, [puesto que él está en presencia
de un esclavo]. No es tal Conciencia autónoma, sino
por el contrario, una Conciencia dependiente, la que existe para
él. No está, por tanto, subjetivamente seguro del
Ser-para-sí como de una verdad o de una realidad
objetiva-revelada. Su verdad es, en cambio, la Conciencia no-esencial;
y la actividad no-esencial de esta última. [Es decir:
la "verdad" del Amo es el Esclavo y su Trabajo. En efecto,
los otros no reconocen al Amo en tanto que Amo sino porque hay un
Esclavo; y la vida del Amo consiste en el hecho de consumir los
productos del Trabajo servil, de vivir de y por ese Trabajo.]
Por
consiguiente, la verdad de la conciencia autónoma es la Conciencia
servil. Esta última aparece, es cierto, en primer término
como existiendo fuera de sí y no como siendo la verdad de
la Autoconciencia [puesto que el Esclavo reconoce la dignidad
humana no en sí sino en el Amo, del cual depende en su existencia
misma]. Pero del mismo modo que el Amo
ha mostrado que su realidad-esencial es la imagen-invertida-y-falseada
de lo que ella quiere ser, la Esclavitud
también -puede suponérselo- devendrá en su
realización, lo contrario de lo que ella es de una-manera-inmediata.
En tanto que Conciencia comprimida
en sí misma, la Esclavitud ha de penetrar en su propio interior
y se transformará-y-se-falseará hasta devenir autonomía
verdadera.
[El
hombre integral, absolutamente libre, definitiva y completamente
satisfecho con lo que es, el hombre que se perfecciona y se completa
en y por esa satisfacción, será el
Esclavo que ha "suprimido" su servidumbre. Si el
Amo ocioso es un obstáculo,
el Esclavo laborioso es, por el contrario,
la fuente de todo progreso humano, social, histórico. La
Historia es la historia del Esclavo trabajador.
Y para verlo, basta considerar la relación entre el Amo y
el Esclavo (es decir, el primer resultado del primer contacto humano,
social, histórico) no ya desde el punto de vista del Amo,
sino del Esclavo.]
Hemos
visto solamente lo que es la Esclavitud en relación con el
Dominio. Pero la Esclavitud es también Autoconciencia. En
consecuencia es necesario considerar ahora lo que ella es, siendo
ésta en y para sí misma. En primer término,
el Amo es, para la Esclavitud, la realidad-esencial. La Conciencia
autónoma existente para sí es pues, para ella,
la verdad [o una realidad revelada], que sin embargo, para
ella, no existe todavía en ella. [El Esclavo
se subordina al Amo. Él estima, reconoce pues el valor y
la realidad de la "autonomia", de la libertad humana.
Mas él no la halla realizada en él mismo. La encuentra
en el Otro. Esa es su ventaja. El Amo, por, no poder reconocer al
Otro que lo reconoce, se encuentra en un callejón sin salida.
El Esclavo, por el contrario, reconoce
desde el principio al Otro (el Amo).
Le bastará pues imponerse a él, hacerse reconocer
por él, para que se establezca el reconocimiento mutuo y
recíproco, que sólo puede realizar y satisfacer al
hombre plena y definitivamente. Por cierto, para que eso sea así
el Esclavo debe cesar de ser Esclavo: debe trascenderse, "suprimirse"
en tanto que Esclavo. Pero si el Amo no tiene ningún deseo
-y por tanto ninguna posibilidad- de "suprimirse" en tanto
que Amo (puesto que significaría para él devenir Esclavo),
el Esclavo tiene el mayor interés en
dejar de ser Esclavo. Además, la experiencia de esa
misma lucha que ha hecho de él un Esclavo, lo predispone
a ese acto de auto-supresión, de negación de sí,
de su Yo dado que es un Yo servil. Por cierto, en primer término
el Esclavo que se solidariza con su Yo dado (servil) no tiene en
sí esa "negatividad". No la ve sino en el Amo,
que ha realizado la "negativ¡dad-negatriz" pura
al arriesgar su vida en la lucha por el reconocimiento.] No obstante,
en realidad, es en sí misma donde la Esclavitud tiene esa
verdad [o realidad revelada] de la negatividad-negatriz pura
y del Ser-para-sí. Pues ha hecho en sí misma la experiencia
de esa realidad- esencial. A saber, esa conciencia servil ha tenido
miedo no por esto o por aquello, no durante tal o cual momento,
sino por su [propia] realidad-esencial completa. Pues
ha experimentado la angustia de la muerte, del Amo absoluto.
En esa angustia, la conciencia servil
se ha diluido interiormente; se ha estremecido íntimamente
en sí misma y todo lo que es fijo-y-estable ha temblado en
ella. Pero ese movimiento [dialéctico] universal puro, esa
liquefacción absoluta de toda estabilidad es la realidad-esencial
simple-o-indivisa de la conciencia de sí, la negatividad-negatriz
absoluta, el Ser para sí puro. Y ese Ser-para sí existe
sólo en esta conciencia servil. [El
Amo está petrificado en su Dominio. No puede superarse, cambiar,
progresar. Debe vencer -y devenir Amo o mantenerse en tanto que
tal- o morir. Se lo puede matar; no se lo puede trans-formar, educar.
Ha arriesgado su vida para ser Amo. El Dominio es para él
el valor supremo dado que no puede superar. El Esclavo, por el contrario,
no ha querido ser Esclavo. Ha devenido esclavo porque no ha querido
arriesgar su vida para ser Amo. En la angustia mortal, ha comprendido
(sin advertirlo) que una condición dada, fija y estable,
aunque sea la del Amo, no puede agotar la existencia humana. Ha
"comprendido" la vanidad de las condiciones dadas de la
existencia. No ha querido solidarizarse con la condición
de Amo, no se solidariza tampoco con la condición del Esclavo.
No hay nada fijo en él. Está dispuesto al cambio;
en su mismo ser es cambio, trascendencia, transformación,
"educación"; es devenir histórico desde
su origen, en su esencia, en su existencia misma.
Por una parte, no se solidariza con lo que es; quiere trascenderse
por negación de su estado dado. Por otra parte, tiene
un ideal positivo para alcanzar: el ideal de la autonomía,
del Ser-para-sí, que encuentra en el origen mismo de su servidumbre,
encarnado en el Amo.] Ese elemento constitutivo
del Ser-para-sí existe también para la Conciencia-servil.
Pues en el Amo, el Ser-para-sí es, para ella, su objeto-cosificado.
[Un objeto que ella sabe que es exterior, opuesto a ella, y
del cual tiende a apropiarse. El Esclavo sabe qué es ser
libre. Sabe también que no es, y que quiere devenir libre.
Y si la experiencia de la Lucha y su resultado predispone al Esclavo
a la trascendencia, al progreso, a la Historia, su vida de Esclavo
que trabaja al servicio del Amo realiza esa predisposición].
Además la conciencia servil no es solamente esa disolución
universal [de todo lo que es fijo, estable y dado], tomado en-tanto-que-tal:
al servicio del Amo, cumple esa disolución de una-manera-objetivamente-real
[es decir concreta]. En el servicio [en el trabajo forzado
ejecutado al servicio de otro (del Amo)], la Conciencia servil
suprime [dialécticamente] su nexo con la existencia
natural en todos los elementos-constitutivos particulares-y-aislados;
y elimina-por-el-trabajo esta existencia. [El
Amo obliga al Esclavo a trabajar. Y trabajando, el Esclavo deviene
amo de la naturaleza. Pero sólo ha devenido el Esclavo del
Amo porque -en primer término- era esclavo de la Naturaleza,
solidarizándose con ella y subordinándose a sus leyes
por la aceptación del instinto de conservación. Al
devenir por el Trabajo, Amo de la Naturaleza, el Esclavo se libera
por tanto de su propia naturaleza, del propio instinto que lo ataba
a ella y que hacía de él el Esclavo del Amo. Al liberar
al Esclavo de la Naturaleza, el trabajo lo libera de sí mismo,
de su naturaleza de Esclavo y, en consecuencia, lo libera del Amo.
En el mundo natural, dado, elemental, el Esclavo es esclavo del
Amo. En el mundo técnico,
transformado por su trabajo él reina -o por menos un día
reinará- como Amo absoluto. Y ese Dominio que nace del trabajo,
de la transformación progresiva del Mundo dado y del hombre
dado en ese mundo, será completamente distinto del Dominio
"inmediato" del Amo. El porvenir de la Historia pertenece,
por tanto, no al Amo guerrero que o
bien muere o se mantiene indefinidamente en identidad consigo mismo,
sino al Esclavo trabajador. Este, al
transformar el Mundo dado mediante su trabajo, trasciende lo dado
y lo que está determinado en él mismo por lo dado;
él se supera, entonces, y supera, también al Amo quien
está ligado a lo dado, lo que él deja intacto porque
no trabaja. Si la angustia de la muerte encarnada
para el Esclavo en la persona del Amo guerrero es la condición
sine qua non del progreso histórico, es únicamente
el trabajo del Esclavo el que lo realiza y lo perfecciona.]
No
obstante, el sentimiento de potencia absoluta que el Esclavo ha
experimentado en-tanto-que- tal en la lucha y que experimenta también
las particularidades del servicio [del Amo a quien teme],
no es aún la disolución efectuada en sí. [Si
en ese sentimiento de potencia, es decir, sin la angustia, sin el
terror inspirado por el Amo,el hombre no sería jamás
Esclavo y no podría por consiguiente alcanzar la perfección
final. Pero esa condición "en sí", es decir,
objetivamente real y necesaria, no basta. La perfección (que
es siempre consciente de sí misma) no puede ser alcanzada
en y por el trabajo.
Pues es sólo en y por el trabajo que el hombre acaba por
tomar conciencia de la significación, del valor y de la necesidad
de la experiencia que ha hecho por temor al poder absoluto que el
Amo encarnaba para él. Sólo
después de haber trabajado para el Amo comprende la necesidad
de la lucha entre Amo y Esclavo y el valor del riesgo y de la angustia
que ello comporta.] Así, aunque la angustia inspirada
por el Amo sea el comienzo de la sabiduría, se puede decir
solamente que en esa angustia la Conciencia existe para ella misma;
pero ella no es aún el Ser-para-sí. [En la angustia
mortal el hombre toma conciencia de su realidad, del valor
que tiene para él el simple hecho de vivir y es sólo
así que advierte lo "serio" de la existencia. Mas
ni aún con eso toma conciencia de su autonomía, del
valor y lo "trascendente", de su libertad, de su dignidad
humana.] Sin embargo, por el trabajo la Conciencia llega a
sí misma. Parecería, en verdad, que es el aspecto
de la relación no esencial lo que frustra a la Conciencia
servil [en el trabajo, es decir] en el elemento-constitutivo
que, en ella, corresponde al Deseo en la conciencia del Amo; parecería
porque, en ese elemento, la cosa conserva su independencia. [Pareciera
que en y por el trabajo el Esclavo es sometido a la Naturaleza,
a la cosa, a la "materia prima", mientras que el Amo,
que se contenta con consumir la cosa preparada por el Esclavo y
gozar de ella, es completamente libre frente a ella. Mas nada de
esto es así en efecto. Ciertamente], el Deseo [del
Amo] se ha reservado el puro acto-de-negar el objeto [consumiéndolo],
y se ha reservado, por ello mismo, el sentimiento-de-sí-y-
de-su-dignidad no mezclada [experimentada en el goce].
Pero por igual causa esta satisfacción es sólo una
evanescencia; porque le falta el aspecto objetivo-o-cosifícado,
es decir, la estabilidad. [El Amo,
que no trabaja, no produce nada estable que se manifieste fuera
de sí. Él destruye solamente los productos del trabajo
del Esclavo. Su goce y su satisfacción son así puramente
subjetivos: no interesan más que a él y no pueden
por tanto ser reconocidos sino por él; carecen de "verdad",
de realidad objetiva recelada a todos. Así, "ese consumo",
ese goce ocioso del Amo que resulta de la satisfacción "inmediata"
del deseo, puede, a lo sumo, procurarle cierto placer al hombre;
no logra darle jamás la satisfacción completa y definitiva.]
El trabajo es, por el contrario, un Deseo rechazado, una
evanescencia detenida; o en otros términos él forma-y-educa.
[El trabajo trans-forma el Mundo
y civiliza, educa al hombre. El Hombre que quiere, o debe, trabajar,
debe rechazar su instinto que lo empuja a "consumir" "inmediatamente"
el objeto "bruto". Y el Esclavo no puede trabajar para
el Amo, es decir, para otro que no sea él, si no rechaza
sus propios deseos. Él se trasciende, entonces, trabajando;
o si se prefiere, se educa, se "cultiva", "sublima"
sus instintos al rechazarlos. Por otra parte, no destruye la cosa
tal como es dada. Posterga la destrucción de la cosa transformándola
en primer lugar por el trabajo, la prepara para el consumo; esto
es, "la "forma". En el trabajo modifica las cosas
y se transforma al mismo tiempo él mismo: forma las cosas
y el Mundo transformándose, educándose a sí
mismo; y él se educa, se forma, se transforma, transformándose
las cosas y el mundo. Así,] el nexo negativo-o-negador
con el objeto-cosificado se constituye en una forma de ese objeto
y en una entidad-permanente, puesto que, para
el trabajador, el objeto-cosificado tiene autonomía, A la
vez ese término-medio negativo-o-negador,
es decir, la actividad formadora [del trabajo],
es la particularidad-aislada o el Ser-para-sí puro
de la Conciencia. Y ese Ser-para-sí penetra ahora, por el
trabajo, en aquello que está fuera de la Conciencia, en el
elemento de la permanencia. La Conciencia trabajadora llega así
por ello a tal contemplación del ser-dado autónomo
que ella se contempla en él a sí misma. [El producto
del trabajo es obra del trabajador. Es la realización de
su proyecto, de su idea: es pues él quien se ha realizado
en y por ese producto, y se contempla, en consecuencia, a sí
mismo contemplándolo. Mas, este producto artificial es al
mismo tiempo, tan "autónomo", tan objetivo, tan
independiente del hombre como la cosa natural. Es pues por el trabajo,
y sólo por el trabajo, que el hombre se realiza objetivamente
en tanto que hombre. No es sino después de haber producido
un objeto artificial que el hombre es él mismo real y objetivamente
más y otra cosa que un ser natural; y es sólo en ese
producto real y objetivo que él toma verdaderamente conciencia
de su realidad humana subjetiva. A través
del trabajo el hombre llega a ser un ser sobrenatural, real y consciente
de su realidad; porque trabaja él es Espíritu "encarnado",
es "Mundo" histórico, es Historia "objetivada".
Es
pues el trabajo el que "forma-o-educa"
al hombre y lo rescata del animal. El hombre "formado-o- educado",
el hombre realizado y satisfecho por su realización es entonces
necesariamente no Amo, sino Esclavo; o por lo menos, aquel que ha
pasado por la Esclavitud. Pero no hay Esclavo sin Amo. El Amo
es por tanto el catalizador del proceso histórico, antropógeno.
Él mismo no participa activamente en ese proceso; mas sin
él, sin su presencia, ese proceso no sería posible.
Porque si la historia del hombre es la historia de su trabajo y
ese trabajo no es histórico, social, humano sino a condición
de efectuarse contra el instinto o "interés inmediato"
del trabajador, el trabajo debe efectuarse al servicio de otro,
y debe ser un trabajo forzado, estimulado por la angustia
de la muerte. Es ese trabajo y solamente ese trabajo, el
que libera, es decir, humaniza al hombre (el Esclavo). Por una parte,
ese trabajo crea un Mundo real objetivo, que
es un Mundo no-natural, un Mundo cultural, histórico, humano.
Y es sólo en ese Mundo donde el hombre vive una vida esencialmente
diferente de aquella que vive el animal (y el hombre "primitivo")
en el seno de la Naturaleza. Por otra parte, ese trabajo libera
al esclavo de la angustia que lo ligaba a la Naturaleza dada y a
su propia naturaleza innata de animal. Es por el trabajo efectuado
en la angustia, al servicio del Amo, que el Esclavo se libera de
la angustia que lo sometía al Amo.]
Pero,
el acto-de-formar [la cosa por el trabajo] no tiene solamente
esta significación positiva que consiste en el hecho de que
la Conciencia servil, tomada en tanto que puro Ser-para-sí,
se constituve allí para Sí misma en una entidad-existente-como-un-ser-dado.
[es decir, el trabajo es algo distinto aún que la acción
por la cual el hombre crea un Mundo técnico esencialmente
humano, que es tan real como el Mundo natural donde vive el animal].
El acto-de-formar [la cosa por el trabajo] tiene además
una significación negativa-o-negatriz dirigida contra el
primer elemento constitutivo de la Conciencia servil, esto es, contra
la angustia. Pues en la formación de la cosa, la negatividad-negatriz
propia de la Conciencia, es decir, su Ser-para-sí, no se
constituye para ella en objeto-cosificado [o en Mundo]
sino por el hecho de que ella suprime [dialécticamente] la
forma opuesta existente-como-un-ser-dado [natural]. Pero
esa entidad-negativa objetiva-o-cosificada es precisamente la realidad-esencial
extraña frente a la cual la Conciencia servil se ha estremecido.
Ahora,
por el contrario [en y por el trabajo] esta Conciencia
destruye esa entidad-negativa extraña. Ella se pone a sí
misma en tanto que tal entidad-negativa en el elemento de la estabilidad;
y se constituye por ello para sí misma: en tanto
que tal entidad-negativa es el elemento de la estabilidad; y se
constituye por ello ; ella deviene una entidad-existente-para-sí.
En el Amo el Ser-para-sí es,
para la Conciencia servil otro Ser-para sí; o bien, el Ser-para-sí
existe allí únicamente para-ella. En la angustia,
el Ser-para-sí existe [ya] en ella misma. Pero en la
formación [por el trabajo] el Ser-para-sí se
constituye para ella en tanto que suya propia, y llega
a la conciencia del hecho que existe ella misma en y para sí.
La forma [la idea-proyecto concebida por la Conciencia],
por el hecho de ser puesta-fuera [de la Conciencia de ser inserta
-por el trabajo- en la realidad objetiva del Mundo], no deviene
para la conciencia [trabajadora], una entidad-distinta
que ella. Porque es precisamente esta forma que es su Ser-para-sí
puro; y, en esta forma, este Ser-para-sí se constituye para
ella en verdad [o en realidad objetiva revelada, consciente,
El hombre que trabaja reconoce en el Mundo efectivamente transformado
por su trabajo su propia obra: se reconoce en él; ve allí
su propia realidad humana; se descubre en él y revela a los
otros la realidad objetiva de su humanidad, de la idea ante todo
abstracta y puramente subjetiva que él se forma de sí
mismo]. Por este acto-de-hallarse a sí
misma por sí misma, la Conciencia trabajadora deviene por
tanto sentido-o-voluntad propia; y ella lo deviene precisamente
en el trabajo, donde ella no parecía ser sino sentido-o-voluntad
extraña.
[El
hombre no alcanza su autonomía verdadera, su libertad auténtica,
sino después de haber pasado por la Esclavitud, después
de haber superado la angustia de la muerte por el trabajo efectuado
en servicio de otro (que, para él, encarna esta angustia).
El trabajo liberador es pues necesariamente, en primer término,
el trabajo forzado de un Esclavo que sirve a un Amo omnipotente,
que detenta todo poder real.]
Para
esta reflexión [de la Conciencia en sí misma]
son igualmente necesarios los dos elementos constitutivos [siguientes:
primeramente el] de la angustia,
y [en segundo lugar el] del servicio
en-tanto-que-tal, así como el de la formación-educadora
[por el trabajo]. Y al mismo tiempo, los dos son
necesarios de manera universal. Por una parte, sin la disciplina
del servicio y la obediencia, la angustia
se detiene en el dominio-de-lo-formal y no se propaga en la realidad-objetiva
consciente de la existencia. [No basta haber tenido miedo, ni
haber tenido miedo advirtiendo el hecho de que se ha temido a la
muerte. Es necesario vivir en función de la angustia. Pero
vivir en función de la angustia. Pero vivir así es
servir a alguien a quien se teme, alguien que inspira o encarna
la angustia; es servir a un Amo (real,
es decir, humano, o al Amo "sublimado",
Dios). Y servir a un Amo, es obedecer a sus leyes. Sin ese
servicio la angustia no podrá transformar la existencia;
y la existencia podrá pues jamás
sobrepasar su estado inicial de angustia. Sirviendo a otro, exteriorizándose,
solidarizándose con los otros el hombre puede liberarse del
terror esclavizante que inspira la idea de la muerte. Por otra parte],
sin la formación educadora [a través del trabajo],
la angustia sigue siendo interna-o-íntima
y muda, y la Conciencia no se constituye para ella misma. [Sin
el trabajo que transforma el mundo objetivo real, el hombre no puede
transformarse realmente a sí mismo. Si cambia, su cambio
sigue siendo "íntimo", puramente subjetivo, sólo
a él revelado, mudo, no se comunica con los otros. Y ese
cambio "interno" lo hace disentir con el Mundo, que no
ha cambiado, y con los otros que se solidarizan con ese Mundo no
modificado. Ese cambio transforma, pues, al hombre en loco o criminal,
quien tarde o temprano será aniquilado por la la realidad
objetiva natural y social. Sólo el
trabajo, que finalmente permite hacer concordar al Mundo objetivo
con la idea subjetiva que lo supera desde el comienzo, anula el
elemento de locura y de crimen que afecta la actitud de todo hombre
que, impulsado por la angustia, trata de sobrepasar el Mundo dado
al que teme, donde él se siente angustiado y donde, en consecuencia,
no podría sentirse satisfecho.] Mas si la Conciencia
forma [la cosa por el trabajo] sin haber experimentado
la angustia primordial absoluta, ella no pasa de ser sentido-o-voluntad
propia vana-o-vanidosa. Porque la forma o la negatividad-negatriz
de esta Conciencia no es la negatividad-negatriz en sí. Y
por consiguiente, su acto-de-formar no puede darle la autoconciencia
como aquella que es la realidad-esencial. Si la Conciencia ha soportado
no la angustia absoluta sino sólo algún temor, la
realidad-esencial negativa-o-negatríz ha permanecido para
ella como una entidad-exterior, y su [propia] sustancia
no está contaminada en toda su extensión por esta
realidad-esencial. Todas las plenitudes-o-real¡zaciones de
la conciencia natural de esta Conciencia por no haber devenido vacilantes,
hacen que esta conciencia pertenezca todavía -en sí-
al ser-dado determinado. El sentido-o-voluntad propia [der eigene
Sinn] es entonces capricho-obstinado [Eigensinn]:
una libertad que permanece aún en el interior de la Esclavitud.
La forma pura [impuesta a lo dado por ese trabajo] no puede
constituirse, para esta Conciencia, en realidad-esencial. De igual
modo, considerada en tanto que prolongación de las entidades-particulares-y-aisladas,
esta forma no es [una] formación-educadora un¡versal;
ella no es Concepto absoluto. Esta forma es, por el contrario, una
habilidad que sólo domina ciertas-cosas, y no la, potencia
universal y el conjunto de la realidad-esencial objetiva-o-cosificada.
[El
hombre que no ha experimentado la angustia de la muerte no sabe
que el Mundo natural dado le es hostil, que tiende a matarlo, a
destruirlo, que no se dan allí las condiciones esenciales
que puedan satisfacerlo realmente. Ese hombre sigue siendo pues,
en el fondo, solidario con el Mundo dado. Querrá a lo sumo
"reformarlo", es decir, cambiar los detalles, hacer transformaciones
particulares sin modificar sus caracteres esenciales. Ese hombre
actuará como reformista "hábil", es decir,
como conformista, pero jamás como revolucionario verdadero.
Pero, el Mundo dado donde vive pertenece al Amo (humano o divino),
y en ese Mundo es necesariamente Esclavo. No es pues la reforma
sino la supresión "dialéctica", vale decir
revolucionaria del Mundo que puede liberarlo, y por consiguiente,
satisfacerlo. Pero esta transformación revolucionaria del
Mundo presupone la "negación", la no aceptación
del Mundo
dado
en su conjunto. Y el origen de esta negación absoluta reside
el terror absoluto inspirado por el Mundo dado, o más exactamente
por éste -o aquél que domina este mundo, por el Amo
de ese mundo. Sin embargo, el Amo que engendra (involuntariamente)
el deseo de la negación revolucionaria, es el Amo del Esclavo.
El hombre no puede, en consecuencia, liberarse del Mundo dado que
lo satisface sino a condición de que ese Mundo, en su totalidad,
pertenezca en efecto a un Amo (real o "sublimado"). Mas,
en tanto que el amo vive, él se halla también siempre
sometido al Mundo del cual es Amo. Puesto que el Amo no trasciende
el Mundo dado sino en y por el riesgo de su vida, únicamente
su muerte "realiza" su libertad. Mientras él vive
no alcanza jamás la libertad que lo elevaría por sobre
el Mundo dado. El Amo no puede nunca desprenderse
del Mundo donde vive, y si ese Mundo perece, sucumbe con él.
Sólo el Esclavo es capaz de trascender el Mundo dado (sometido
al Amo) y no perecer. Sólo el Esclavo puede transformar el
Mundo que lo forma y lo fija en la servidumbre, y crear un Mundo
formado por é en el que será libre. Y el Esclavo sólo
llega a ello por el trabajo forzado y la angustia soportada en servicio
del Amo. Ciertamente ese trabajo no lo libera a él
solo. Pero al transformar el Mundo mediante ese trabajo, el Esclavo
se transforma a sí mismo y genera las condiciones objetivas
nuevas que le permiten retomar la lucha liberadora para el reconocimiento
que rehusó en el comienzo por temor de la muerte. Y así
es que en conclusión todo trabajo servil realiza no la voluntad
del Amo, sino aquella -inconsciente en su origen- del Esclavo que,
por fin, triunfa allá donde el Amo necesariamente, fracasa.
Es sin duda la Conciencia en un principio dependiente, servidora
y servil la que realiza y revela en última instancia el ideal
de la Autoconciencia autónoma,
y que expresa así su "verdad".]
Texto
extraído de "La dialéctica del amo y el esclavo
de Hegel", A. Kojève, Págs. 11/37, editorial
La Pléyade, Buenos Aires, Argentina, 1975.
Edición
original: ed. Gallimard, París, 1947.
Corrección:
Cecilia Falco.
Selección,
nota int., y destacados: S.R.
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