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"El psicoanálisis en este tiempo"
Jacques Lacan

Texto introductorio leído por el conferencista profano Dr.Jacques Lacan en el ámbito de la Tenue Blanche Fermé, organizada en el Hotel "Gran Oriente» de Francia el 25 de abril de 1969 por la R .*. L .*. acción.

Primun non nocere (1). Tal era el principio por el cual durante siglos la medicina midió su acción.

¿No dañar a quién? Allí está el conflicto esencial, ¿cómo no vacilaría el psicoanalista acerca de la idea de curación? Si el se resuelve a decir: no dañar la carrera de su paciente, él se refuta. Aunque algún éxito apareciera ante los ojos, no sería mas que para enmascarar el fracaso del deseo del cual el inconciente le haría concebir el resto de la operación, donde el sujeto se estabiliza como cociente establecido del deseo que ha engendrado al yo (moi) que es su crudo ser.

A partir de tal resto puede esclarecerse la apuesta (enjeu), escriban: "en-yo" (en-je), de lo que constituye un acto; a saber, allí donde el sujeto realiza eso que él es, de su estructura: una pérdida.

Entonces se verá que del psicoanálisis el sujeto sale no habiendo hecho nada más que aligerar ese resto, a saber, devolverlo al Otro del cual él proviene. Pero, abandonando así su deuda puede anular al acreedor mismo. Ya no tiene más necesidad de la demanda de este Otro para sostener su propio deseo. El sabe que su deseo está formado de la zona que hace barrera al goce. Se satisface con este vacío donde el puede amar a su prójimo, porque es en este vacío donde lo encuentra como sí mismo y es sólo de ese modo que puede amarlo.

Observen que acabo de definir la operación psicoanalítica por la vía "oferta" al psicoanalizante -para emplear un término mio que se expande como si ya cargara el aire. Este termino no designa al psicoanalista. Pero que esta vía se diga en tanto restaurar el agente en el paciente, ¿no está allí, sin embargo, el hacer del psicoanalista? Pues, él es el que hace la oferta de donde nace una suerte de demanda que no se había visto jamás.

Interrogo al analista acerca de su acto. Aunque él se proteja con toda su técnica no impedirá que un acto la comande, olvidando que él está primero, este acto altera lo que lo secunda, su técnica.

El es seguramente acto en esto que nos muestra lo más puro del acto esencial, porque el psicoanálisis no se delimita más que por eso, que es hacer del psicoanalista -como lo hemos dicho- resto; porque ha venido a su lugar de en-yo (2) propicio a lo que en el sujeto está por un tiempo fuera de juego (3).

El psicoanalista se defiende de consentir este acto de lo cual testimonia más de una idea que se hace de su función en los diversos tiempos de su práctica, no ciertamente sin que ella, en efecto, se desvíe de su fin. Pero la cosa es que él no devíene menos: cosa fuera de juego (3) ¿cómo no leerla en su posición en eso que llamaremos la universidad del saber? Es allí donde intervengo por vías para las cuales se percibe confusamente que el término "estructuralista" sería apropiado. Estas vías no deben nada a lo que el término podría tener de preconcebido.

Una técnica tan dividida en ella misma que no pueda recurrir para sancionar su éxito más que al desgaste de la ética misma que por otra parte ella suscita, he aquí lo que expresa el divorcio del psicoanalizante al análista.

Un Kierkegaard en el momento (Augenblick (4), los nueve números de la revista que advierten de su fin próximo), en el instante de su misma muerte nos ha denunciado eso: que el sacerdote es un canalla, que el cristiano es un héroe; he allí lo imaginario y lo simbólico. Pero no hay nada de todo eso: en lo real el sacerdote no es mas que un imbécil y el cristiano está ausente.Testamento de Kierkegaard.

El efecto es el mismo en los dos casos: es necesario que la ausencia testimonie que ella es la responsable de la imbecilidad. Aquí la Iglesia, allí la exigencia para el psicoanalista, que sea un testigo del psicoanalizante que fue.

El acercamiento se detiene allí. Porque no se sostiene en otra cosa que en la voluntad de Freud de haber dado estatuto de Iglesia a los legatarios de su pensamiento.

Nosotros no sólo debemos, ahora podemos ínterpretar esta voluntad como provisoria. Pues él la ha reconocido reposando sobre eso que la verdad que se había revelado -a Freud- antes de retomar después de él, al pozo de donde la extrajo, y que así, sin que a él le sea dicho forzosamente en estos términos, su luz recaerá bajo el régimen de una religión, la cristiana, que durante diecinueve siglos se había demostrado viable: esto dice de la doble verdad.

Un solo resorte se le habla escapado: que la verdad que se confirma en el inconciente está allí condicionada por las exigencias del saber.

La ciencia en la cual se apoyó, en su época, está aún al amparo de la teología, a la cual ella dio su último cuerpo con Newton, su última dogmática con Kant.

La Iglesia en lo sucesivo quedó viuda por siempre jamás. Sólo le quedó como patrimonio este ecumenismo sobre el cual la vemos desesperadamente recaer; no sin esperanza de subsistir.

Pero tengo necesidad de destacar lo que adviene a posteriori del estatuto de la ciencia: para que una voz que también pueda ser notada pueda elevarse de mi huella, enuncio que no existe el sujeto de la ciencia. Es seguro que algo se resquebraja en el prejuicio hasta ahora nunca criticado, en tanto que si bien recibido nunca percibido, aquello que denuncio acerca del sujeto -hasta este momento- supuesto al saber. Es lo que hace un momento llamé la teología de la ciencia: el dios que ya sabe, al cual Einstein no se ruboriza en apelar, aunque que yo sepa él no fue un obscurantista.

Cualquier retardatario que cuestionase, siempre los derechos del hombre (ha sido necesaria aproximadamente la era cumplida después de Cristo, para que ellos estuvieran al tanto), una asamblea como esta, donde estos derechos son -imagino- articulo de ley, no puede estar sin contar entre sus miembros con algunos que son capaces de medir esto, que comporta el lazo del esfuerzo provisto por la matamática después de un siglo y medio para hacerla enteramente formal, o sea cortar toda intuición sensible a la multiplicación, si pudiera decir exponencial, de las construcciones donde la intuición que le es propia, queda como característica, aunque sin otra figura que la falta, de la cual sólo la lógica, la necesidad, la Ananke (5) misma prueba ser.

Si ellos no ven aún la consecuencia de la mirada de ciertos ideales, especialmente aquellos que habita la intelectualidad de izquierda: lo que se llama progresismo, por ejemplo, a saber, que algo no sería que su persona vele por un progreso del bien -o también, el libre pensamiento, esto en un contexto político tiende a que todo pensamiento no sea más que síntoma, hasta señuelo calculado- que la falta recae sobre los psicoanalistas, de los cuales aquí se comprueba la carencia.

Gracias a ellos la ilusión subsiste, lo que el psicoanálisis aporta es el retorno del sentido, particularmente del sentido de la vida, de la muerte en el extremo, ¿y por qué no? mientras se está despabilado.

Como si Freud -quiero decir, el inconciente que él descubre- no hubiera hecho su tesis tomando como prótasis que el pensamiento está censurado desde el inicio.

Trayendo así al mismo basurero el pensamiento común que se prueba relevado de ser tan bueno para la equivocación como el otro, el pensamiento llamado filosófico del cual se separa (y él lo atestigua) forzando su equivocación para volver a validarlo exactamente del mismo modo.

Pero para ser ubicado en el hecho de esta caída de sentido, más necesidad de información, más necesidad hasta de la enseñanza de Lacan, su seguidor. Con más exactitud, mayor oportunidad para la información pretendida, la del periodismo, de cubrir la falla de lo que podría ser inteligente en la época; y con respecto a la enseñanza de Lacan, nada más que poner en su activo que lo que está en una historia clínica tiene allí un sentido para que no haya sido completamente estúpido en el psicoanálisis.

Nada más. En este tiempo. Porque ahora como lo constato desde hace quince o veinte años, todo el mundo está al mismo nivel de esta enseñanza, lacaniana, como se dice, hasta si no se la ha oído hablar jamás.

El Otro con A mayúscula, el significante, el significado, la demanda en la alienación radical donde ella sitúa al deseo, y todas esas palabras comunes que yo he elegido para que no se pueda hacer una nueva coartada, el lacanismo, helos aquí que corren las menores rúbricas, luego de un acento nuevo que felizmente se privilegia de no tener el menor sentido.

Notas:

(1) Adagio latino: "Lo primero es no dañar".

(2) En-je: homófono de enjeu, apuesta.

(3) Hors-jeu.

(4) Del alemán: instante, momento.

(5) Ananke significa en griego necesidad, pero además era una divinidad que personificaba la obligación absoluta de lo dispuesto por el Destino (moira). Popularmente Ananke se convierte en una divinidad de la muerte: la necesidad de morir.

Traducción: A.M. Gómez, O. Viera, S. Rocchietti.

Con-versiones- noviembre 2003

 

 

        

 

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