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Respuesta
a preguntas sobre los nudos y el inconciente
Jacques
Lacan
(Jornadas
sobre 'Los matemas y el inconciente')
-31
de octubre / 2 de noviembre 1976-
No puedo
quejarme de no tener respuesta, en el sentido en que la palabra
"respuesta" quiere decir abundancia. No puedo quejarme de ello,
e incluso diré más- gimo por ello. Pero un gemido
no es forzosamente una queja.
Uno
se imagina que la represión originaria debe ser un agujero.
Pero esto es puramente imaginario. Lo que hace agujero no es la
represión, es lo que está alrededor, y que yo me he
permitido llamar lo simbólico -no sin reserva, una reserva
de mi parte.
Me
he precipitado para darle cuerpo en la língüística.
No se puede decir que esta lingüística me estimule.
Es muy singular que alguien como Roman Jakobson haga tan tas reservas
sobre Frege. Frege se dedicó a explicar cómo todos
los charlataneos, el bla-bla-bla de la palabra, llegan a algo que
puede tomar cuerpo, y en lo real.
Para
que eso tome cuerpo en lo real, Frege se ve llevado a hacer un juego
de escrituras, cuyo estatuto está todavía en suspenso.
¿Por qué todas las tonterías verdaderamente sin límite
de lo que se enuncia, por qué eso daría acceso a lo
real?
Sin
embargo, el hecho es que, sin que podamos saber cómo advino
eso, el lenguaje sabe contar.
¿0 hay que decir que la gente sabe contar gracias al lenguaje? Esto
no está zanjado todavía. Pero es sorprendente que
la escritura no esclarezca
la función del número,
si no es por lo que yo he llamado, habiéndolo descubierto
en Freud, el trazo unario. Y sin embargo esta
función del numero es precisamente lo que da acceso, no directamente,
a lo real.
Este
real, he tratado de articularlo
en la cadena borromea.
La
cadena borromea no es, contrariamente a lo que se enuncia, un nudo.
Hablando con propiedad, es una cadena, una cadena que tiene solamente
esta propiedad, que si se quita uno cualquiera de sus elementos,
cada uno de los otros elementos es, por este hecho mismo, liberado
de todos los demás. Si el agujero fuera otro asunto, eso
se concebiría difícilmente.
Si
hace un momento formulé la pregunta de ¿qué
es un agujero?, es justamente porque este año
espero sacar partido de ella, pero de ningún modo es algo
que ya esté cocinado.
Lo
que me deja estupefacto, es que a ustedes les haya bastado con lo
que he podido hacer hasta ahora. Hay que creer que el lugar no estaba
lleno de un cierto charlataneo -puesto que al fin de cuentas, todo
eso, no son más que charlataneos, me temo- incluso si hay
algunos pequeños elementos que me hacen pensar que a pesar
de todo llego a evitar el hacer filosofía,
que a mí mismo me ponen a resguardo.
La
filosofía, no hay más
que una, que es siempre teológica,
como todo el mundo se percata de ello en mi área - aunque
recién alguien escribía en el pizarrón "teología-filosofía".
Salirse de la filosofía, y al mismo tiempo de la teología,
no es fácil, y necesita un increíble cribado por el
que podamos decir que el psicoanálisis
sea algo que se sostiene. El está perpetuamente puesto a
prueba, da algunos resultados, pero lo que yo pienso, es que no
hay progreso, que incluso no hay progreso concebible, que no hay
ninguna especie de esperanza de progreso.
Esto
es lo que me permito poner en el centro de todo lo que elucubramos,
de manera que no nos imaginemos que hemos zanjado montañas.
Lo
que cogítamos no llega lejos. Por mi parte, he tratado de
manifestar la coherencia, la consistencia lo que ha sido pensado
por Freud. Soy un epígono. Es una obra de comentador.
Freud
es alguien tan nuevo nuevo en la historia, si es que hay una historia,
aparte de este tipo de emergencias -Freud es alguien tan nuevo,
que todavía es preciso percatarse de lo abrupto de lo que
él ha cogitado. Es este abrupto que me he dedicado a frotar,
a darle lustre, a hacerlo brillar. Operación de la que me
asombra que nadie, aparte de mí, se haya dedicado a ello,
si no es para repetirlo de manera insípida - "insípida"
quiere decir sin gusto.
Los
papirotazos con que Freud ha animado a un cierto número de
personas son evidentemente sorprendentes en cuanto a lo que concierne
a las mujeres.
Las
mujeres analistas son las únicas a las que parece que les
hicieron cosquillas, así sea un poco, los dichos papirotazos.
Si es que hay una vaga báscula entre lo que se llama la prehistoria
y la historia, es precisamente del lado de las mujeres que la encontramos.
Es singular que Freud, a partir de una incomprensión verdaderamente
total de lo que era, no la mujer, puesto que yo digo que no existe,
sino las mujeres, haya conseguido conmoverlas, hasta el punto de
arrancarles - es verdaderamente el colmo del psicoanálisis-
algunos pedazos de algo de lo que ellas no tienen la menor idea,
hablo de una idea comprendida, a saber de la manera en que ellas
se sienten.
Es
en efecto notable que haya sucedido que algunas mujeres digan algo
que se parece a una verdad sobre eso. Gracias a Freud, tenemos algunas
confidencias de mujeres. 0curre incluso que algunas mujeres se arriesgan
en el psicoanálisis, he dicho lo que pensaba de ello, a saber
lo que esta especie de provocación freudiana ha sacado de
ellas les da un titulo completamente excepcional para sacar de otros,
de un cierto número de bebés llamados hombres, algo
que se parece a una verdad.
Por
un cierto numero de cosas que se llaman "matemas",
y que yo también llamo con ese mismo nombre, he tra tado
de señalar unos lugares y definir con ellos cuatro
discursos. En estas jornadas me enteré de que
habla definido más de cuatro. En cuanto a mi, no
he retenido más que cuatro.
Hoy
se evocó que yo habría hablado del discurso
del filósofo. Eso me asombraría, pero
es posible que, sí veo las cosas reproducidas por Jacques-Alain
Miller, de lo que he podido enunciar al respecto, estaré
forzado a creerlo. Esos cuatro discursos, verdaderamente me he roto
la cabeza durante las vacaciones que siguieron, para tratar de sacar
otros, no llegué a ello, y es por eso que pienso que esos
discursos no constituyen en sí mismos materias, sino relaciones
entre un cierto número de lugares.
Sé
bien que los lugares, me lo
recordaron recién, tienen una función en la teoría
de los conjuntos.
Pero no es seguro que la teoría de los conjuntos dé
razón de algo en el psicoanálisis. No
hay conjunto de lo simbólico, de lo imaginario y de lo real.
Hay algo que está fundado sobre una heterogeneidad
radical, y sin embargo que, gracias a la existencia de ese utensillo
que es el hombre, resulta que se realiza lo que se llama un nudo,
que no es un nudo, sino una cadena.
Que
el hombre sea efectivamente, por esta cadena, encadenado, es lo
que no produce duda. Es curioso que esta cadena permita la constitución
de falsos-agujeros,
constituidos cada uno por el plegado de un agujero sobre otro. Esta
noción de falso-agujero, me conduce evidentemente a formular
la cuestión de saber lo que es un agujero que sería
verdaderamente un agujero. Dos verdaderos
agujeros hacen un falso agujero. Es precisamente por eso que el
dos es un personaje tan sospechoso, y que es necesario llegar al
tres para que eso se sostenga.
Esto
es lo que creo que puedo responderles a las preguntas que me han
formulado. Este año trataré de decir algo que sea
un poco más aventurado que lo que he hecho hasta ahora.
traducción:
R.E. Rodriguez Ponte
Publicada
en Lettres de L'Ecole Freudienne, Nro. 21.
Selección,
revisión y destacados: S.R.
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2003
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