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"Versiones
del Alexis"
Julián
Guarino
Uno. - Alexis es
una Gran Obra Maestra de la literatura universal. A partir de ese
punto, inalcanzable,
¿cómo hacer para retratar con el agua las palabras que se
escurren? ¿Cómo hacer para retratar con palabras el agua
que se escurre? El devenir del Alexis es agua misma de Yourcenar,
saliva utilitaria de su voz congelada hace ochenta años,
transpiración pudorosa y derrame literario que no encuentra
un clímax. Fundada, según la misma autora,
en la inexperiencia propia de los veinticuatro años, lo que
se propone en el texto es la no voz, el no clímax. El ascetismo
del género epistolar que penetra en Alexis. La búsqueda
no encuentra respuesta más que en sí misma, en el
susurro paralelo de una conciencia que es puente de un tiempo, de
una sociedad, de una
problemática. El hallazgo
no es visto de inmediato, lo evidente no es más que una de
las formas de la ocultación, de la avaricia, ¿de la inexperiencia?
Dos. - Alexis, como
obra, se alimenta de desprendimientos y no es poco probable,
que la suma -el recoger moroso de esos desprendimientos- sea en
definitiva lo que compone su música de lentos rumbos, sus
vértebras narrativas que enumeran, casi movidas por un interés
conceptual. Una de las versiones dice que el Alexis no es una voz,
sino un texto, de esos que uno subraya y hasta –si el libro fue
adquirido de usado/ocasión- se regodea con los subrayados
de su anterior lector, para conocerlo, para ver quién era
cuando leyó el libro. Así, lo que aflora es materia
abstracta, idea, concepto que estructura el párrafo y que,
pronto, vuelve al más oscuro de los olvidos.
Estas definiciones bien pueden ser valiosas, bien desechadas, todo
depende de la ambición del lector.
Otra de las versiones
que uno puede pensar ve en el desprendimiento del Alexis algo simbólico.
Alguien que se desprende, si lo hace del todo -y si se esmera lo
suficiente- queda vacío, queda esencia, queda uno. Alexis
se desprende y esos desprendimientos son como conejos que salen
de la galera de un mago, donde siempre se encuentra algo más
de lo cual desprenderse ¡algo más! Y donde siempre queda
la galera...¡intacta! Pero va mas allá. Retrasa el momento
del vacío, de la esencia. La voz del Alexis no registra esos
cambios, esas gruesas gotas de sudor atravesado -no se deshidrata.
Artaud, citado en
forma brillante por la escritora Vanesa Guerra en su El mono baila
por interés (ver Con-versiones-foro), nos devuelve -encantada
"el amor es un minucioso y horrible desprendimiento".
Punto para Artaud. Desprendimientos, además, a la Rimbaud,
marginando coherencias, lógicas; creando sonoridades que
destruyen lo que a simple vista permanece sobre la superficie del
texto. Lo desconocido entonces, eso que Alexis sitúa línea
tras línea, es inherente a la realidad sensible,
desprovista de hábitos, ideas preconcebidas y –attenti- prejuicios.
Lo maravilloso es lo que brota, al fin, debajo de esos conceptos:
el vacío de ser Alexis. He ahí un hallazgo macabro.
Paralelo a la historia camina la voz. Debajo de ambos no hay nada.
Esa, en definitiva, es la voz, la conciencia del viaje emprendido.
Tres. -¿Le creemos
a Alexis? ¿Es verosímil esa claridad, limpieza y orden de
la sustancia argumental? Sí, si se entiende que esa carta
es una sumatoria de conceptos cuidadosamente puestos en la repisa
de la memoria, del fichero de cosas no-dichas, luego apuntadas y
ya: Ceteris Paribus a cualquier otra forma de la desmemoria, de
la emoción intra-textual.
Conclusión:
hay que leer a Puig-mujeraraña, la voz de Molina, la voz
de Valentín, entonces, para comprender de qué va una
voz-carácter. Sin embargo, la fidelidad con la voz -la de
uno, la del que está con el work in progress- encuentra considerables
dificultades a la hora de tornarse conceptual, resumirse, condensarse,
hacerse noción. Quizás haga falta echar mano de la
tercera persona narrativa, la del escritor, ¿la del lector? que,
entusiasta, anota en el margen e interviene en lo que se olvidó
decir, o lo que uno como lector-escritor pudo haber dicho de encontrarse
en el lugar del autor, para encontrar las divinas proporciones que
un texto como el Alexis (como cualquier obra de arte) debe considerar.
No ser a la vez autor y voz narrativa puede ayudarnos a separar
las aguas, para poder retratar las palabras que se nos escurren
sin que queden atornilladas al texto.
Cinco. -¡Desentierren
a Jacobsen! Para lo último, el grandísimo poeta danés,
quien es la idea-de-muerte de Alexis. Jens Peter Jacobsen
es quien se acerca a la idea de muerte contenida en cada uno, de
muerte particular única. No se muere de una enfermedad, se
muere de la muerte que uno lleva desde el nacimiento. Ya no sirve,
entonces, decir (como lo confiesa Yourcenar) que la obra es Rilkeana.
Jacobsen es Rilke, Mann, Kafka, Schönberg y Delius. ¿Quieres
ser J.P.Jacobsen? Serías entonces un mundo; la dicha, la
riqueza, la inconcebible grandiosidad de todo un mundo. Porque toda
alegría terrestre es breve y corruptible, falsa e imperfecta;
porque la voluptuosidad abierta como una rosa, se deshoja como un
árbol de otoño; porque cada soberbio placer de la
vida, resplandeciente de belleza y en plena floración, en
el instante mismo en el que uno va a tomarlo, está corroído
por un cáncer de tal suerte a allí percibirá,
cuando lo aproxima a sus labios, el espasmo de la descomposición
[...]."
Con-versiones-
noviembre 2003
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