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Kieslowski en Buenos Aires

Angela Sannuti  

Diciembre de 1994 nos deparó una excelente sorpresa, la visita a nuestro país de uno de los más importantes cineastas contemporáneos, Krszystof Kieslowski. En una época muy pobre en creaciones cinematográficas a nivel mundial, a lo que se suma una índiscríminada distribución del mercado norteamericano, constituyó verdaderamente un acontecimiento para renovar esperanzas en aquellos que amamos el cine.Su estilo, su trabajo y su trayectoria contrastan, obviamente, con la proliferación de "efectos especiales"que inundan nuestras pantallas y que no logran ocultar la ausencia de consistentes guiones para filmar.

El cine cumple cien años y su camino de logros yfracasos continúa. La llegada de la Trilogía -Bleu, Blanc, Rouge- a nuestro público, permitió que este realizador polaco fuera conocido. Pero su obra es mucho más amplia y digna de ser revisada. Sin duda, un encuentro muy particular y oportuno.

El Hallazgo

Mientras los americanos le siguen disputando a los franceses la "paternidad" del gran hallazgo artístico de este siglo, el cine ha recorrido un camino realmente prodigioso en sus cien años.

El mito de -la invención- o "el inventor" -sostenido a ultranza desde el discurso positivista- se derrumba vertiginosamente apenas nos disponemos a hurgar en la evolución de los grandes descubrimientos humanos.

Como sabemos, todo invento o creación presu­ pone una larga cadena de hechos y acontecimien­tos, de protagonistas accidentales y de otros cla­ramente intencionales. Y el cine no ha sido la excepción.

Ya desde 1830, físicos e investigadores europeos sin ninguna influencia recíproca, realizan experimentaciones que, sin duda, constituyeron las bases técnicas de lo que sería posteriormente el cine. En 1823 Niepce plasma la primera fotografía y, con ella, un punto de partida fundamental ya que el cine es, esencialmente, fotografía en movimiento.

Reynaud en 1892 representaba en París los primeros dibujos animados, empleando desde entonces, casi todas las técnicas hoy vigentes. Para esta misma época y en EE.UU., Edison -continuando su trascendental trayectoria inventiva: lámparas incandescentes, fonógrafo, etc.- inauguraba nuevas etapas en la exploración de las imágenes fílmicas. Fueron precisamente los hermanos Lumiére -cuya tradición familiar era el negocio de la fotografía- quienes, adoptando y perfeccionando los valiosisimos aportes del gran Edison, fabricaron su cinematógrafo. De este modo, el 28 de diciembre de 1895 -en el Grand Café, bulevar des Capucines en París- nacía un nuevo espectáculo: la proyección de films. Novedad que pronto fue acogida con un éxito universal.

Pero también nacía un nuevo arte -que luego fuera bautizado por R.Canudo como el "séptimo arte"- y es aquí donde comienza la verdadera historia del cine.

Una historia cuya primera época, de 1895 a 1930, es la del arte mudo; mudo es una forma de decir ya que fueron infinitas las riquezas del lenguaje cinematográfico desplegada por sus pioneros.

Los films de Méliés; la escuela sueca con sus dos grandes maestros Stiller y Sjostrom; el gran florecimiento americano -Griffith, Mack Sennet, Chaplin- , el expresionismo alemán -Mayer, F.Lang, Murnau-, el impresionismo francés -Gance, Delluc, Dulac-, el realismo soviético lleno de poesía y lirismo Vertov, Eisenstein, Dovjenko- y las vanguardias que se asomaban por doquier -Clair, Buñuel, Richter-. Una síntesis, por cierto, parcial de un período sumamente fecundo. El comienzo del cine hablado fue una esperada conquista; un fascinante sendero de logros, avances y estancamientos. Hasta nuestros días continúa siendo, a veces, una aventura de experimentación y otras muy raras -cada vez menos- una explosiva creación.

Los comienzos de un creador

Krszystof Kieslowski nació en Varsovia (Polonia) en 1941. Se graduó como director en la célebre Escuela de Cine de Lodz en 1969. Como muchos de sus contemporáneos se dedicó a la realización de documentales; un género que prefirió porque pensaba que con él podía "describir al mundo".

Un mundo muy peculiar como lo era Polonia a principios de los '70, un sistema oficial comunista y un pueblo con profundas raíces católicas. Dos vertientes que estarán siempre presentes en el cine polaco y, como veremos, formarán parte de la evolución en el estilo de este director.

Con la necesidad de mostrarnos lo oculto de la vida cotidiana y fascinarnos con su agudo análisis de ella, aborda temas urbanos en La ciudad (1969); luego arremete con cuestiones socio-laborales en La fábrica (1970) o Medidas de seguridad e higiene en una mina de cobre (1972).

Realiza dieciocho documentales, algunos de ellos premiados internacionalmente.

Pero a medida que avanza, advierte las limitaciones del documentalismo. “El gran problema del documental es que no todo puede ser descripto. Esa es su propia trampa. Cuanto más se quiere uno acercar a alguien, más se cierra esa persona. Es algo perfectamente natural; no hay nada que pueda hacerse al respecto. Si estoy haciendo una película sobre la muerte, no puedo filmar a alguien que se está muriendo porque esa es una experiencia tan íntima y tan extrema que nadie tiene derecho a alterarla. De hecho, no sé si tengo el derecho de filmarla. Hay veces que siento que estoy en una región sin límites. Esa es la razón por la cual me escapé del documentalismo y me pasé a la ficción." (1) Así comienza sus primeros largometrajes. El cuarto de ellos, El aficionado (1979), fue el primero que conocimos en Buenos Aires -sin repercusión alguna-, película premiada en varios festivales internacionales y por la cual accede a la escena mundial del cine. En ella refleja, precisamente, su transición hacia la ficción: el protagonista obsesionado por retratar la realidad con su cámara Súper 8, desiste al ir descubriendo los límites imprecisos y peligrosos que se le imponen -tal como aconteciera en la vida personal del mismo Kieslowski-.

No es casual que para esa época formara parte con un grupo de cineastas de Varsovia, lo que autodenominaron "el cine de la ansiedad moral". En vísperas del surgimiento de Solidaridad y Lech Walesa se plantea a través de El caso (1981) el trazado de tensiones entre el eje comunista-ortodoxo y la reivindicación de los valores social-cristianos, representados por el sindicato disidente.

En 1984 con Sinfin inicia su obra en colaboración con el guionista K.Piesiewicz y, de alguna manera, se preanuncia el monumental trabajo que ambos realizaron luego con la serie El decálogo y su maravillosa Trilogia.

 El factor constante

Krszystof Zanussi, amigo y ex compañero de la Escuela de Cine de Kieslowski, en una de sus magistrales películas –El factor constante- condensa toda la búsqueda ética y estética que aparece en la tradición de los mejores realizadores polacos.

El enlace constante entre la dimensión de lo sagrado, lo ético y el azar o destino. Y en esto consiste, fundamentalmente, la evolución en el estilo cinematográfico de Kieslowskí. Desde sus cortometrajes documentales hasta sus primeros largometrajes de ficción hay un encadenamiento temático y formal que va entrelazando mayor densidad existencial con una reflexión, cada vez más, metafísica de la realidad.

Existe una diferencia abismal entre las películas que tratan temas de religión -como las insufribles Jesús de Nazareth, de F. Zeffirelli o Los diez mandamientos de C.B - de Mille-  y los films hondamente religiosos; en éstos se despliega, desde lo humano “la potencia de lo sagrado"-El séptimo sello,Detrás de un vidrio oscuro de Bergman, Nazarín de Buñuel,  por citar sólo algunos.

He aquí el mérito del cine polaco, y en particular de Kieslowski, quien fue creciendo tanto en su minuciosa técnica como en la profundidad de su mirada.

La idea de filmar el Decálogo fue una sugerencia de Piesiewicz -su inseparable guionista-, abogado de profesión y que llegó a ser fiscal en el famoso caso Popieluszko.

"Estábamos viviendo tiempos dificíles -dice el realizador­ - y todo en Polonia era un lío colosal. Nadie realmente sabía qué estaba bien o mal o porqué continuábamos viviendo. Pensamos tal vez que valiera la pena regresar a los principios más simples y elementales con los cuales uno puede conducir su vida” (2)

No matarás (1987) y Una película de amor (1989) es lo único que se conoció en nuestro país de todo el Decálogo -en principio fueron flims editados para TV-. En las diez historias Kieslowski enfoca los conflictos cotidianos que plantean temas como el amor, la soledad, la muerte y la redención. Desarrolla un análisis cuestionador de la hipocresía moral de nuestro tiempo, manteniendo una unidad estilística y conceptual sorprendentes en los diez films.

En el '91 con La doble vida de Verónica -primera película con capital francés- vuelve a bucear el alma humana, escudriñando las apariencias externas, lo conciente y lo inconciente.

Una historia que nos habla sobre el azar de nacer y del "doble" en cada uno de nosotros como un estado interior pero también, quizás, como un estado de la realidad.

Y finalmente su tan apreciada Trilogía que, junto con el Decálogo constituyen los pilares de su obra.

Estilo, técnica y sentido

Cuando Kieslowski empieza a rodar su primer film fuera de Polonia -al menos una parte de La doble vida de Verónica- se vislumbra un giro estilístico importante. Ya no prevalecen los tonos crepusculares y los climas cercanos al pesimismo; poco a poco entra en escena cierto romanticismo poético -deliberado o no- que lo lleva a plasmar un discurso siempre más abierto. Hay quienes ven en ello, la grandeza de su cine que radica, precisarnente, en la duda; en ejercer el arte de preguntar y no el oficio de responder.

Tanto el Decálogo corno la Trilogía son obras de una gran envergadura para estos tiempos posmodernos. Ambas comparten un mismo "hilo conductor": confrontar los principios o ideales sobre los que se sustenta nuestra sociedad "occidental y cristiana con la vida cotidiana de los individuos.

La maestría de este realizador consiste en rastrear a través de los comportamientos, acciones y pensamientos de personas concretas, los valores que se postulan como universales.

En la Trilogía, por ejemplo, muestra cómo los tres grandes ideales que han gobernado las democracias de Occidente -Libertad, Igualdad, Fraternidad- cambian de sentido en el devenir concreto de un ser humano. Además de esbozar un alegórico naufragio de la gran Europa.

En Bleu una pregunta vuelve, una y otra vez, ¿hasta qué punto somos realmente libres? De igual modo acontece con Blanc: ¿queremos ser iguales o superiores? Y en Rouge recorre el laberinto de soledad que se interpone entre los seres humanos en su búsqueda de la fraternidad.

Kieslowski es cine y cada vez mejor. Si bien, el azar es uno de sus temas predilectos, en sus impecables puestas en escena todo está minuciosamente planeado y elaborado.

La música, el sonido, la luz, la fotografía no son elementos ordinarios en sus films; bajo su dirección se convierten en protagonistas extraordinarios.

Se ha dicho y con razón que "filma la música como nadie -salvo Strauss, Bach, Feilini-Rota- haciendo que la cámara recorra sobre el pentagrama cada nota...". (3)

Tal como lo expresara en muchas ocasiones, es en la sala de montaje donde decide la construcción de sus películas y, como se sabe, es allí donde se ve la genialidad de los buenos directores.

En el momento culminante de su carrera, ha hecho pública su decisión de abandonar el cine; sus razones son varías -"porque tendría que cambiar la situación del cine, es decir, que lleguen personas nuevas para elevar su nivel"; o "porque estoy en un buen momento de mi carrera para retirarme y no quiero hacerlo en la decadencia."

Pero tal vez haya otras razones que se irán develando. Quién sabe si no se trata de otra transición como lo fue en sus comienzos -del documental a la ficción-. Quién sabe si volverá a sorprendernos...

Un encuentro muy particular

Uno de los regalos de aquel 1994  fue, indudablemente, la visita de Kieslowski a la Argentina. Invitado por un grupo de empresarios del cine, vino a ofrecer un seminario sobre la Trilogia.

Fue una gran oportunidad para conocer de cerca a la persona que, en definitiva, es en lo que se apoya todo el obrar humano. A veces, la obra y el ser del artista coinciden y otras, conforman caminos totalmente divergentes.

El encuentro con este realizador constituyó un viaje hacia el centro de su ser; con una sensibilidad exquisita plasmada a través de su actitud personal -una gran disponíbilidad y entrega al público-; a través de sus elípticos pero muy sustanciosos comentarios y agudas reflexiones.

Es un apasionado por el cine y, sobre todo, alguien que sabe mucho acerca de "cómo" y "qué' filmar. Con un gran sentido común y con una experiencia en el manejo del lenguaje cinematográfico más que sólida.

Cada jornada incluyó la proyección de un film por la mañana y una disertación por la tarde, siguiendo una temática específica en relación a los ejes fundamentales con los que construye una película. En la primera jornada, con Blue, el eje fue Idea, guión, efecto. El proceso entre la idea y el resultado. En la segunda, con Blanc, los temas fueron Acción y reflexión, dos motores sobre los que se hace la película; La organización del tiempo (qué es el tiempo en una película); El juego con el espectador. Con Rouge, en la tercera sesión, la charla giró en torno de Casting y trabajo con el actor; La función del sonido, la función del montaje, la función de las imágenes.

A continuación reproducimos los pasajes que, según nuestra perspectiva, resultaron más interesantes.

Bleu

Idea, guión, efecto.                      -

El proceso entre la idea y el resultado

...Antes de escribir el guión nos sentamos y pensamos qué significan esas tres palabras (libertad, igualdad, fraternidad), para el hombre contemporáneo. Dejamos de lado la historia, la política, la sociología. Qué significa para cada uno de nosotros, para cada persona que camina por la calle. Esta fue la primera idea.

La segunda idea era crear las historias de tal forma que se relacionaran entre ellas pero sólo en cierto grado -no una serie-; que aparecieran elementos comunes a las tres películas pero que, al mismo tiempo, no influyeran en la comprensión separada de cada una. Que las personas que tratan de encontrar coincidencias, las encuentren y quienes no, puedan verlas por separado.

En cuanto a la libertad, la tercera idea, ¿qué es la libertad? ¿Libertad de qué y libertad hacia qué?.

Cuando llegamos a analizar el tema de la libertad concluimos que la libertad es la falta de obligaciones. ¿Falta de obligaciones hacia qué? Es una libertad de una serie de obligaciones con la vida, con nuestros seres queridos, con la gente, con los lugares y con nuestros grupos de referencia -partido político, iglesia-; también la libertad del dinero.

Y la segunda pregunta: ¿La gente quiere ese tipo de libertad? No. La libertad es lo que todos deseamos, pero al mismo tiempo es algo contradictorio a nuestra personalidad, a nuestra forma de ser, a nuestra naturaleza. Si por casualidad nos encontramos en una situación totalmente libres de esta serie de obligaciones, inmediatamente buscamos algún casillero donde poder encajar.

Decidimos que el tema más simple pero, al mismo tiempo, el más serio para tratar es el amor. Porque el amor automáticamente nos hace estar dependientes de la gente que amamos (gustos, sentimientos). Entonces la tesis que presentamos es que la libertad se la presenta como una idea abstracta. Tratamos de condensar la realidad para reflejar la vida cotidiana, hay que marcarlo muy bien, hacerlo muy claro. Esta fue la primera etapa de trabajo con la idea.

La segunda etapa fue el guión, con todos los personajes, todo lo que les va a pasar y algunos elementos del diálogo. Tratamos de subjetivizar toda la película; el punto de vista es siempre desde Julie. El guión cambió fundamentalmente en el sentido de que hay más información, más personajes que en el film....”

 Blanc

El juego con el espectador

  ...El espectador es lo más importante en el cine, no hay nada más importante que él. Siempre aparece el problema: ¿quién es ese espectador?

Los americanos, de manera muy precisa, hacen películas que apuntan a un cierto tipo de público. Sus películas son entonces para habitantes de una gran ciudad, de una ciudad pequeña, para intelectuales, para gente más sencilla. Utilizan el sistema de preview para el cual confeccionan un complicado cuestionario al que un cierto público responde. Pero, la pregunta es: ¿es el espectador la persona que va a ese previeu?  Para mí, personalmente, no. Yo considero que el espectador es una persona igual que yo Igual de inteligente, igual de tonta, igual de débil, igual de fuerte, que igual que yo responde a ciertas emociones y que tiene la misma sensación de que el asiento es duro si la película es aburrida. Mi intención, por lo tanto, no es la de crear un standard de película. Por esto no me salen unas películas iguales a otras. Considero que se le debe respeto al espectador. Así que ¿cuál es el juego con el espectador? En otras palabras, estoy jugando conmigo mismo, porque me estoy basando en mis propias reacciones. Mi idea es crear durante toda la película una cierta tensión con el espectador, que se crea cuando el espectador se siente identificado con el personaje principal o los personajes principales. Esto significa que el espectador quiere que el personaje triunfe, que logre su objetivo. La tensión no se puede mantener si esa identificación no sucede.

La segunda temática es la de sorprender al espectador. Considero que debo y puedo sorprenderlo, siempre y cuando lo prepare para eso. Por lo tanto, nunca, pero nunca, ni durante la realización de la película, ni en ningún momento me olvido del espectador.

Todos tenernos diferentes experiencias, pero al mismo tiempo todos somos muy parecidos. El hecho de que seamos diferentes nos crea la posibilidad de la originalidad, el hecho de que seamos similares nos crea la oportunidad de comunicación, de comunicarnos entre nosotros. Y, me parece que una persona que se dedica a hacer guiones, a dirigir películas, por lo tanto, a dirimir lo que está pasando en el mundo, debe entender que tiene para vender sólo una cosa: a sí mismo. Él mismo, con todas sus experiencias, con todo lo que te ha sucedido, con sus sentimientos, con toda su grandeza, y al mismo tiempo con todo lo pequeño que es, que seguramente es más que la grandeza. Si es lo suficientemente abierto y valiente como para contar todo esto, me parece que la película será interesante para otros. Porque lo que va a lograr es que las personas que están mirando la película piensen: "Sí, así son las cosas". Esto que les acabo de decir a ustedes es, desde mi punto de vista, lo más importante para el autor. Y, si tengo alguna bronca con mi escuela cinematográfica que me educó hace más de veinte años atrás, y que fue una escuela cinematográfica maravillosa, esa escuela justamente falló en decirme eso. No me dijeron que la única cosa que tengo para contar es: yo mismo. Eso no significa que hay que hacer una autobiografía,' ¡Dios me libre! Simplemente hay que utilizar de una forma sincera y profunda lo que viví, lo que leí, lo que experimenté. Y esa, en realidad, es la única cosa que tengo para decirles y no otra...”

 Rouge

Casting y trabajo con el actor

... El guión de Rouge fue escrito para esta actriz, Irene Jacob. Es una joven actriz francesa a quien conocí al hacer La doble vida de Verónica, con la cual trabajé muy bien al hacer esa película y que es una persona bastante inusual, en especial en este ambiente. Es una estrella que cobra mucho por sus películas, pero se viste normal, viaja en subte y nunca la reconocerían en la calle. Es una persona muy buena y muy honesta. Y, debido a que la conocía, fue que me decidí a hacer este guión. Porque me parece que esta bondad que ella tiene adentro, esta luz que tiene en su interior es algo que no se puede actuar. No importa cuán bueno es el actor o cuánto ha estudiado, hay ciertas cosas que un actor no puede actuar. Por ejemplo, una de las cosas que no puede actuar es la personalidad, simplemente, se tiene o no se tiene.

En el momento de elegir los actores, es decir, durante el casting, reviso por supuesto los conocimientos técnicos, pero podría decirse que eso es solamente el jardín de infantes y son una condición necesaria, pero no indispensable. Lo indispensable es la personalidad, que es algo que está adentro del actor, adentro de la persona, y lo que a veces se puede llegar a fotografiar si hay una atmósfera, un ambiente adecuado. Este (ingrediente) es algo muy dificil de reconocer, porque en una conversación común prácticamente no se nota, no se ve. Esto (la personalidad) se puede descubrir recién al hacer las fotos preliminares, y no simples tomas hechas en video, sino realizadas con una buena cámara de 35mm, tomas bastante largas. Y, ahí uno se puede dar cuenta de que en la pantalla alguien o atrae nuestra atención o no la atrae. Esta es la diferencia entre tener o no tener personalidad. Ustedes lo deben saber, en el mundo hay montones de actores muy bien preparados, que conocen muy bien su trabajo y pueden actuar cualquier cosa: la desesperación, la alegría, etc., pero no tienen personalidad y estos actores lamentablemente son los que que dan en la sombra. Hacen su necesario trabajo, pero no llegan a roles importantes en las grandes películas.

El actor, para mí, principalmente es unapersona y recién después es un actor. Es decir, alguien que piensa, alguien que tiene una imagen de¡ mundo, que tiene algún tipo de relación con todo lo que pasa alrededor, que tiene sus sentimientos, que tiene su vida y además es alguien, que si me tiene confianza, está dispuesto a prestarme todas esas cosas durante el tiempo que dure la filmación. En otras palabras es una persona que sabe transmitir desde su interior y, hacerle ver al espectador que está viendo al personaje, cuáles son sus experiencias, cuál es su punto de vista sobre la vida, cuáles son sus sentimientos. No es tan sencillo usar esto, pero tampoco es tan complicado. Me parece que la posibilidad del actor de poder usar todo esto se logra a través de una buena relación con él. Creo que ese vínculo ya se puede apreciar durante el primer o segundo encuentro. Es en el momento que él ve que yo estoy confiando en él, que entonces está dispuesto a confiar en mí. Es por eso que durante la primera reunión no hablo ni del personaje, ni del guión. Le pregunto: "¿Con qué soñaste?, ¿cómo te despertaste esta mañana?, ¿cómo está tu novio o tu novia?, ¿eres madre? Les pregunto eso, e inmediatamente yo les cuento sobre mí las mismas preguntas que yo les hice. Trato de conversar con ellos de cosas que no tienen nada que ver con el cine, de cosas que tienen que ver con el hecho de que ellos sean personas y de que yo sea una persona. Es entonces que se crea esa posibilidad de confianza que se irá viendo más adelante. Esa confianza tiene que durar prácticamente toda la película. No se puede engañar al actor. No se le debe decir que es bueno, si es malo, y no se le puede decir que es malo si es bueno, Se debe crear cierto nivel de sinceridad, nivel de confianza entre nosotros dos, donde cada uno sepa que puede confiar en la otra persona.

De las tres películas que vimos, la primera fue escrita para nadie. En realidad había pensado en una actriz y después rápidamente cambié por Juliette Binoche. La segunda película fue hecha para Zbigniew Zamachowski, que es el protagonis­ta, y la tercera fue escrita para Jacob. Es decir, al estar definido que iban a ser Zbigníew e Irene los protagonistas, ya al hacer la primera media página del guión ellos podían verlo y podían darse cuenta de qué es lo que iban a representar y a actuar. Al mismo tiempo pude usar sus consejos. En el caso de Rouge tenemos dos actuaciones: Irene/ Valentina y el juez. Pero, yo no tenía al juez. Al es­cribir el guión empecé a buscar este pe rsonaje,porque me di cuenta de lo importante que era. Me A encontré con muchos actores y me quedé con los tres más populares en esta edad. No voy a decir quiénes fueron, pero todos ustedes los conocen. Dos de ellos querían hacer el papel gratis. Me encontré con ellos muchas veces, pero ninguno era el juez. Trataban, intentaban, pero no eran. Y, ahí fue que me acordé de Trintignant. Le escribí. Él ya no actuaba en películas, sí en pequeños teatros en la provincia francesa. Le propuse que nos encontráramos. Dijo: "Bueno, pero, a mí no me gusta viajar a París. Así, que podemos encontramos en el aeropuerto. Yo voy a aterrizar. Nos encontramos y me voy de vuelta." Nos juntamos y a los diez segundos ya sabía que él era el juez, porque era obvio. Sus ojos, su sonrisa, que de repente hace resplandecer una cara oscura, y con esa presencia tan fuerle. Envejeció de una forma muy hermosa, envejeció como una persona, no como un actor. Se notaba que no se la pasa tomando juguitos de naranja, sino vino, y que no hace pesas para tener muchos músculos y poca panza. No hablamos nada del papel, hablamos de autos, porque a él le interesan los autos y en su momento fue corredor de carreras. Me dijo que le gustaba mucho mi guión, porque ya lo había visto, que él no podía hacer el papel, pero que tenía un actor pensado para mí. "Bueno, proponémelo”. Pero, este actor había muerto. Le dije a Trintignant: "Es muy interesante tu propuesta, pero larnentablemente tu amigo no vive más." "Entonces, voy a tener que hacer el papel yo"- “me parece que sí'. Así fue como completamos los personajes de la película.

El resto puede resumirse en mi dirección, pero lo que los actores en sí actúan proviene de éllos mismos, proviene de sus vidas, proviene de lo que ellos ya experimentaron, de lo que vieron, de lo que observaron alrededor de ellos y de lo que ellos consideran que de todo eso hay que poner en el personaje. A eso hay que agregarle lo más importante, que es la humanidad y la personalidad.

Vuelvo al tema de la confianza, que en realidad consiste, de mi parte, en una sola cosa: en la concentración, en prestar atención. Me parece que lo que necesitan los actores es la presencia del director al lado de ellos, una presencia real. Es por eso que siempre, durante la filmación, en cada toma, estoy parado al lado mismo de la cámara. Y, todo el tiempo estoy dentro de los actores, entre los actores. Ellos tienen un sexto sentido, aunque estén de espaldas saben si me gusta o no lo que están haciendo.

Como les dije el primer día, amo a los actores, y los amo porque me dan algo que no se puede comprar con ninguna cantidad de dinero. Me dan la verdad de ellos.

Una ética de la presencia...”

Creemos haber confirmado después del encuentro con Kieslowski en Buenos Aires algunos de los objetivos de su filmografía, en especial de la Trilogía: Bleu-Blanc-Rouge. A través de un lenguaje cinematográfico renovado transparecen conceptos antiguos como el mundo y como los seres que lo habitamos, pero, sin embargo, a menudo olvidados u oscurecidos por una cultura, la nuestra, que empaña las evidencias. Uno de estos temas fundamentales es el ejercicío de la presencia de la persona en el mundo. La ultura moderna, de la cual somos herederos con sus múltiples mecanismos (racionalismo extremo, materialismo, negación de la alteridad) creó de manera paulatina lo que ha dado en llamarse la "disolución del sujeto". El hombre contemporáneo parecería haber olvidado que una de sus tareas vitales es la construcción de su persona con la consiguiente emergencia hacia su entorno. La Trilogía de Kieslowskí parece ser una excelente respuesta a este vacío.

De tres maneras diferentes, de acuerdo con sus personalidades y circunstancias, los tres protagonistas de la Trilogía parecen albergar dentro de sí mismos una conciencia moral en distintos grados de rnanifestación, pero siempre actual.

En cada uno de los fragmentos de las vidas de Julie, de Karol, de Valentine, que constituyen cada una de las películas, existen dos partes en las que se divide el desarrollo existencial de los protagonistas: el accidente automovilístico (Bleu), la separación matrimonial (Blanc), cuando Valentine atropella a la perra del juez (Rouge). A partir de cada una de estas 'señales' se produce una intensificación vital que no es otra cosa que un tipo de conversión interior. En los tres casos los personajes se sienten atraídos por movimientos ascendentes que sólo pueden resultar en una expansión de sus conciencias profundas. Aquí vienen al caso las palabras de Kieslowski cuando citó a Miguel Ángel en la oportunidad en que le habían preguntado qué era una escultura. Éste había contestado que era simplemente un pedazo de mármol al que le había sacado todo lo que no era necesario y del cual se había quedado con lo esencial. Si realizamos una analogía entre esta cita y lo que Kieslowski realiza con cada uno de sus personajes, a quienes trata a través de todo el proceso cinernatográfico como a una escultura, observaremos que su objetivo es la esencia oculta de la persona que va apareciendo forjada por el guión y las circunstancias por las que atraviesa.

Durante el seminario, Kieslowski hizo explícito un ingrediente intencionalmente agregado por él y que une a las tres películas: la aparición a la vida y la multiplicación de animales. En Blue, son los pequeños ratones; en Blanc hubo de ser el nacimiento de palomitas, que por la época de filmación fue reemplazado sólo por el vuelo de palomas; en Rouge, la perra está preñada y tendrá su cría. Este signo abierto puede interpretarse de maneras diversas pero es posible establecer paralelos y antagonismos entre la vida animal y la humana. Lo común es la generación y recreación de la vida, lo diferente es la conciencia que de esa vida tenemos los seres humanos y cuya evidencia se manifiesta en la libertad de acción y en la elaboración de los actos. En consecuencia, en el otro extremo, se yerguen las actuaciones de las personas que el director nos presenta.

La vida, la libertad y el dolor conducen a Julie a diversos actos de desprendimiento hasta quedarse en la hermosa soledad de ella misma. Pero, ese grado sumo de despojamiento esencial la lleva en movimientos centrífugos al encuentro con sus semejantes en una cadena de escalonados gestos amorosos, que manifiestan estados de espíritu posiblemente mucho más vígorosos que los de la etapa anterior de su vida: hacia la amante de su marido, su madre, Olivier, su vecina y las personas que trabajaban en su casa. La presencia de Julie se agranda de manera gradual al punto de que su conciencia estalla y se funde con el himno a la caridad de Pablo y con la música final. Es evidente que ha habido un triunfo de la persona, pero más que eso, de las potencias invisibles que se transformaron en acciones contundentes, en lazos fraternos y la esencia de todo ello, finalmente en belleza.

Karol y Dominique en la última escena de Blanc, aunque de por medio estén las rejas de la cárcel donde ella permanece, hermanan sus sentimientos al punto que los barrotes que a lo lejos los separan se borran simbólicamente por la aproximación de la cámara hacia la actriz.

En Rouge también encontramos el triunfo del desarrollo de la unión humana genuina (y de las personas que la encarnan) frente al desengaño y la consiguiente pérdida de fe, y también frente a un mundo donde la comunicación tecnificada no hace más que evidenciar una profunda incomunicación generalizada.

Kieslowski propone una ética de la presencia, que no somete desde arriba hacia abajo con el rigor de una estricta ley, sino que surge de mamera ascendente desde cada persona a través de una labor constructiva y despojada, y culmina, si es bien conducida, en la experiencia liberadora del amor.

Notas
(1)     Extractos de Kieslowski  on Kieslowski, Faber 1994
(2)     Idem
(3)  La alternativa de vivir, Quin Casas, El periodico Madrid

 

Angela Sannuti, 1995 

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