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Sobre la existencia, los sueños y el espacio

G. W. Leibniz

(15 de abril de 1676)

 

Si se examina bien la cuestión lo único cierto es que nosotros percibimos, y que percibimos coherentemente y que al percibir observamos cierta regla. Percibir coherentemente significa que se percibe de modo tal que se puede dar razón de todo que todo se puede predecir. La existencia consiste en esto: en percibir observando ciertas leyes, pues, de lo contrario, todo sería como un sueño (1). No afirmo que muchos perciben lo mismo sino que perciben cosas que los demás perciben concordantemente (consententia). Y diversos espíritus se perciben a sí mismos y perciben sus propios efectos y operaciones. De aquí se sigue que una misma causa es la que provoca las percepciones de los otros y las nuestras. Sin embargo, no es precisamente necesario que, o nosotros actuemos sobre el contenido de aquellas percepciones o bien que el contenido de aquellas percepciones actúe sobre nosotros. Lo único necesario es que percibamos cosas concordes (conformia) y esto forzosamente debido a una misma causa.

Además, no es necesario que el sueño se diferencie intrínsecamente de la vigilia en cierto grado de realidad sino sólo en la forma u orden de las percepciones (sensionum). De aquí se desprende que la cuestión no consiste en investigar el motivo por el cual existen algunos cuerpos fuera de nosotros, si el espacio es algo y otras cosas semejantes, problemas que surgen cuando no se explican suficientemente los términos, a menos que sostengamos que cuerpo es cualquier cosa que puede percibirse coherentemente y espacio es aquello que hace que numerosas percepciones tengan simultáneamente mutua cohesión. Por ejemplo, si llego a un lugar determinado a través de un camino muy largo, y siguiendo otro, llego a un segundo lugar, y mediante un tercero, a un tercer lugar y de nuevo de uno de estos lugares a otro, entonces de aquí deduzco en qué tiempo llegaré desde uno de los lugares restantes a otro de los restantes, según la unidad de espacio que hemos supuesto. Por tanto, la idea de espacio reside, como se reconoce, en aquello por medio de lo cual separamos el lugar, o por así llamarlo Mundo de los sueños, de nuestro mundo. Sin embargo, no veo por qué esto es así. De aquí se sigue que hay algo diferente de la percepción y de la causa de esta percepción y de esta coherencia. Además, de aquí se sigue que pueden existir otros infinitos espacios Y Mundos completamente diferentes de modo que entre ellos y los nuestros no haya distancia alguna, si en verdad existen algunos espíritus (mentes) a los que se les aparezcan otras cosas en nada coherentes con las nuestras. Como el Mundo y espacio de los sueños difiere del nuestro, en él podrían existir otras leyes del movimiento. De todo esto resulta evidente que las cosas materiales están tan lejos de ser más reales que las otras que, a la inversa, siempre puede ponerse en duda la existencia de ellas, o más bien que la existencia de ellas no difiere materialmente en nada, o sea en sí misma, de la existencia de los sueños, aunque por cierto difieren en belleza. Cuando nos despertamos de los sueños encontramos más coherencia en la conducta de los cuerpos, pero, sin embargo, no la encontrarnos también en la conducta de los espíritus (2), o sea, la república mejor, y puede suceder que cuando despertemos también del sueño de esta vida (3), pasemos a un mundo más perfecto. Aunque también puede suceder que durmamos repetidamente por períodos, o sea, que regresemos a esta vida o a otra semejante a ella (4). Todo el que investigue, si puede existir otro mundo, otro espacio, sólo investiga si existen otros espíritus que no se comunican con los nuestros. De esto se puede entender fácilmente que no es necesario que no pueda probarse con certeza la eternidad del Mundo a partir de aquello que percibimos, aunque sea necesario siempre, en efecto, un espíritu y no pueda entenderse de qué modo un espíritu comienza y termina, lo que, en cambio, puede entenderse respecto de las cosas corpóreas, es decir, que este mundo, esto es, percepciones coherentes de este modo, ha comenzado alguna vez.

Notas: [ E. De Olaso - R. Torretti]
(1)Castañeda sugiere que en este pasaje el pensamiento de Leibniz se halla en tensión entre dos sentidos:
a) La interpretación fenomenista reductiva según la cual un objeto existente es sólo una colección de contenidos perceptivos estructurados según leyes.
b)La interpretación epistemológica según la cual el criterio que poseemos para sostener o postular la existencia de cierto objeto es la sumisión de las apariencias del objeto a las mentes según leyes definidas.
La tensión se resolverá más adelante en:
c) La interpretación de la dependencia ontológica: un objeto no es sólo una colección de contenidos perceptivos sino una realidad particular que está fuera del espíritu aunque esa realidad necesariamente es una entidad que puede aparecer a perceptores y sus apariencias están gobernadas por leyes de modo tal que las leyes de apariencia perceptiva son también leyes constitutivas de objetos.
(2)
El tema de los cuerpos y los espíritus es el tema de las cosas y el alma, o en términos de Descartes: las cosas extensas, extendidas en el espacio, y las cosas pensables; hubiéramos dicho en aquella época, del alma, del pensamiento (por ser distinguibles mediante las intelecciones) o del espíritu, distintos modos, decimos hoy, de nominar lo que habita en el hombre a diferencia de las "cosas del mundo", por supuesto que el cuerpo del hombre, literalmente, se consideraba cosa en el mundo (res extensa) [nota: S.R.].
(3) El tema planteado aquí es el de la inmortalidad del alma y sus movimientos [S.R.]
(4) Castañeda advierte que esta hipótesis de Leibniz ha sido expuesta -de un modo inependiente- por Anthony Quinton en "Spaces and Times" Philosophy 37 (1962). La resume así: Yo tengo mis experiencias ordinarias, pero mis sueños tienen una consistencia y coherencia extraordinarias. Mi vida alterna sistemáticamente entre un mundo de la vigilia, llamémoslo V, y un mundo de sueños, S. Vivo en V, entre otros tipos de personas, en relaciones familiares y sociales diferentes de las que tengo en S. Hago planes en S y los cumplo, a menudo con éxito, después de "despertar" esto es, al volver de V; y de modo análogo en V. En S realizo todo tipo de experimentos geométricos y científicos. Mientras vivo en S nunca encuentro alguno de los objetos que encuentro en V. Hasta donde mido distancias en S nunca encuentro nada como los contenidos de V. De modo análogo respecto de mi vida y mis medidas en V. Entonces S y V son completamente diferentes y cada uno ocupa su propio espacio.
Una intuición de un fenómeno similar a éste, expresada literarlamente, se halla en el cuento de Julio Cortázar, "La noche boca arriba".
[S.R.] No podemos dejar de intervenir para agregar que la noción de "Otra escena" que S. Freud toma de Fechner, y utiliza en "La interpretación de sueños" para dar cabal muestra de las distintas localidades o lugares psíquicos, expresa de manera ejemplar y paradigmática lo que se intenta delinear aquí, sesenta años después de publicada aquélla obra. Tampoco podemos dejar de mencionar el concepto de "división del sujeto" de J. Lacan. Y por último, queremos destacar en lo literario, la obra de H. P. Lovecraft "Viajes al otro mundo: Ciclo de aventuras oníricas de Randolph Carter" que muestra la topología de imbricación de los sueños y "nuestro" mundo.

Texto extraído de "Escritos filosóficos", G. W. Leibniz, editados por E. De Olaso, Editorial Charcas, págs. 145/147, Buenos Aires, Argentina, 1982.

Traducción: T. E. Zwank

Selección y destacados: S.R.

 

  

 

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