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La Conciencia de sí (II)
El estoicismo, el escepticismo y la conciencia desventurada
Hector
Raurich
Excúseseme la
insistencia. El propósito de Hegel en la Fenomenología es el de reproducir y
valorar las experiencias sucesivas a través de las cuales pasa la conciencia
antes de reconocerse y comprenderse como Espíritu. Pero esto no significa que en
la realidad, también podría decirse en el plano de lo Absoluto, o desde el punto
de vista de la Ciencia -Hegel dice "para nosotros", para nosotros que
filosofamos- las formas, figuras, estaciones o etapas de la conciencia sean
anteriores, preexistan al Espíritu. Según ya dije, Hegel afirma que únicamente
el Espíritu es la existencia, que todo lo existente es Espíritu. Y agrega:
"Todas las figuras anteriores de la conciencia son abstracciones de este
Espíritu (que para él es siempre algo concreto, el individuo, un pueblo, la
humanidad); (esas formas de conciencia) existen (con una apariencia
autónoma) -continúa- por el hecho de que el Espíritu se analiza, distingue sus
propios momentos y se remansa y demora en estos momentos singulares"
(2).
Y todavía: "Esta
operación de aislar tales momentos presupone el Espíritu y no se produce sino en
él".
Pero la conciencia
antes de comprenderse como Espíritu, como manifestación del Espíritu, no lo
entiende así. Ve sólo al Espíritu como algo distinto de ella, ya objeto, ya
sujeto, siempre diferente y opuesto a ella. Para la conciencia, en estas etapas,
el Espíritu es el "en-sí" del que tiene noticia como de algo más o menos ignoto,
pero de cuya esencia no sabe. Lo contempla, se contempla a sí misma, que es
Espíritu bajo formas enajenadas, fuera de sí. Sólo, en el Saber Absoluto
llega a ser y saberse de modo adecuado y pleno, en-sí-y-para-sí, llega a ser y
saberse como Espíritu Absoluto. Sin embargo, la conciencia, aun en sus
grados primarios, es siempre Espíritu y todo lo que conoce no es más
que Espíritu, pero ella no lo sabe. Se enmascara a sí misma sin advertirlo y
se despista y se trata y se inquiere como a un ser extraño. Se conoce pero no se
sabe, porque como dice nuestro autor: "Lo conocido no es sabido por el hecho de
ser conocido (3). Yo le conozco a usted pero sé
muy poco de usted. Y ahora tornemos al camino.
1.
Pero echemos
antes un vistazo al último tramo recorrido. Decíamos que la situación del Amo
era la de haber entrado en un callejón sin salida
(4).
En efecto, él es el hombre que ha arriesgado su vida para hacerse reconocer por
otro hombre. Con este acto, riesgoso ha demostrado preferir a su vida real,
natural, biológica, algo ideal, espiritual, no biológico: el hecho de ser
reconocido en y por una conciencia. Con ello ha probado, realizado y
revelado su superioridad sobre la existencia biológica, sobre la suya y en
general sobre el Mundo, y en particular sobre el Esclavo solidario de ese
mundo natural. Esta superioridad, en su origen puramente ideal, consistente en
el hecho mental de ser reconocido y saberse reconocido en tanto que Amo por el
Esclavo se realiza, se materializa, se expresa objetiva, socialmente, por el
trabajo del Esclavo. Su reconocimiento del Amo implica trabajar para él, cederle
el resultado de la Acción. En adelante el amo no tiene que realizar esfuerzos
para satisfacer sus deseos naturales. Dominando al Esclavo trabajador domina la
Naturaleza y vive en ella como Amo. Vive asi en el goce sin esfuerzo, en el
Placer. Pero él ha arriesgado su vida para ser Amo y no meramente para
disfrutar. El quería hacerse reconocer por otro, pero por otro hombre. Sin
embargo, al fin de la lucha no es reconocido más que por un Esclavo. Para ser
hombre ha querido hacerse reconocer por otro hombre. Pero si ser hombre
es ser Amo, el Esclavo no es un hombre, y el hacerse reconocer por un
Esclavo no es hacerse reconocer por un hombre. Sería necesario hacerse
reconocer por otro Amo. Pero esto es imposible puesto que -por
definición- el Amo prefiere la muerte al reconocimiento servil de la
superioridad de otro. Por eso, en la medida en que no se embrutezca en el goce y
tenga conciencia de cuál es su verdadero fin y el móvil de sus acciones
guerreras, no estará nunca satisfecho por el reconocimiento del Esclavo, ni en
consecuencia, por lo que él, el Amo, es, por ser el Amo y no ser el hombre
reconocido por otro hombre.
2.
a) En cuanto al Esclavo, se ha
vuelto tal porque ha tenido miedo de la muerte (5).
Ciertamente este miedo revela -de una parte- su dependencia respecto de la
Naturaleza y justifica así su dependencia del Amo, que dominándole a él señorea
la naturaleza. Pero -de otra parte- este mismo miedo tiene, según Hegel,
un valor positivo que condiciona la superioridad del Esclavo sobre el Amo. Y es
que a través del miedo animal de la muerte el Esclavo ha experimentado la
angustia de la Nada, de su nada. Se ha entrevisto a sí mismo como nada,
ha comprendido que toda su existencia, la existencia humana, no era más
que una muerte superada, negada y conservada, cancelada, una Nada mantenida en
el Ser. En esta angustia de muerte el Esclavo aprehende la Nada humana que está
en el fondo de su Ser natural, se comprende como hombre, comprende lo
específico del hombre, comprende al hombre mejor que el Amo
(6). Desde la primera lucha el Esclavo
alcanza una intuicion de la realidad humana que no es un ser idéntico
eternamente a si mismo, sino una nada que anonada, en tanto que tiempo, el Ser
espacial; que niega o transforma lo dado a partir de una idea o de un ideal (de
algo) que aún no existe, que no es actualmente sino una nada, un
proyecto, por la negación que se llama acción, de la Lucha y del Trabajo
(7).
Y esta es la razón por
la que a la postre será el Esclavo y no el Amo quien creará la comunidad de los
hombres que mutuamente se reconocen como tales, es decir, como iguales, cuya
autoconciencia será absolutamente verdadera,
la de "un Yo que es un Nosotros, la de un Nosotros que es un Yo, el que revelará
la verdad sobre el hombre" (8).
Por eso Hegel dice que la
verdad, la realidad revelada del Amo es el Esclavo
(9).
El ideal humano nacido en el Amo -la exigencia de que otro hombre le
reconozca- no puede realizarse y revelarse, volverse verdad, más que en y por
el Esclavo.
b)
Además -y siempre gracias al Amo- el Esclavo tiene otra ventaja
consistente en que trabaja y en que trabaja al servicio de otro, que sirve a
otro trabajando (10) (en la comunidad libre
de iguales cada uno trabajará para sí trabajando para otro). Pero trabajar para
otro es reprimir los instintos que impulsan al hombre a satisfacer sus propias
necesidades. No existe un instinto que impulse al Esclavo a trabajar para el
Amo. Si lo hace es por temor del Amo pero este temor es distinto del que
experimentara en el momento de la lucha: ahora es la idea del peligro, el
peligro ya no es inmediato. El Esclavo sabe ahora que el Amo puede matarlo. Pero
no lo ve en actitud homicida. Reprime sus instintos en función de una idea, de
un concepto (según Hegel, el concepto y el entendimiento nacen del trabajo
del Esclavo, mientras que el conocimiento sensible es un dato irreductible.
Pero se podría intentar deducir todo conocimiento humano del Trabajo)
(11). Y es esto lo que hace de su actividad una
actividad específicamente humana, un trabajo. Operando niega y transforma lo
dado, la naturaleza y su naturaleza y lo hace en función de una idea, de lo que
no existe en el sentido biológico del vocablo, en función de la idea de un Amo,
de una noción esencialmente social, humana, histórica.
c)
Pero no es todo; el Trabajo hará posible además la libertad o más
exactamente la liberación. El Amo ha realizado su libertad
superando en la lucha su instinto vital. Ahora bien, trabajando para otro
también el Esclavo supera sus instintos y elevándose así hasta el
pensamiento, la técnica y la ciencia, transformando la naturaleza en función de
una idea, llega a dominarla y a dominar su propia naturaleza, a educarla, esa
misma naturaleza que le dominaba a él en el momento de la lucha y que le
transformó en un Esclavo (12). Por
medio de su trabajo llega pues el Esclavo al mismo resultado al que llegó el Amo
arriesgando su vida en la lucha: ya no depende de las condiciones dadas de la
existencia; las modifica a partir de la idea que se forma de sí mismo
(negatividad, nada que niega y transforma el Ser natural). Cobrando
conciencia de este hecho cobra pues conciencia de su libertad, de su
autonomía (frente a la naturaleza que el Amo domina con su trabajo y a su
naturaleza sobre la que ha llegado a dominar ahora por el trabajo como antes
dominara sobre ella el Amo por la lucha). Y sirviéndose del pensamiento que nace
de su trabajo elabora la noción abstracta de la libertad que se ha realizado en
él mediante ese mismo trabajo.
Pero en el Esclavo
propiamente dicho esta noción de la Libertad no corresponde todavía a una
realidad verdadera, no se libera sino mentalmente y gracias al trabajo forzado,
porque es Esclavo de un Amo. (Se libera sólo para ser libremente Esclavo). De
hecho continúa siendo Esclavo. Es más esclavo aún que antes de haber creado la
idea de libertad. Pero esta insuficiencia del Esclavo constituye al mismo tiempo
su perfección. Por no ser libre es precisamente por lo que tiene una idea (no
la realidad) de la libertad, pero que puede ser realizada por la
transformación consciente y voluntaria de la existencia dada, por la abolición
activa de la servidumbre. El Amo por lo contrario es libre. Su idea de la
libertad no es abstracta. Por eso no es una idea, en el sentido propio del
término, un ideal a realizar. Y es por eso asimismo que el Amo no llega jamás
a superar la libertad (el grado de libertad) realizado en él y la
insuficiencia propia de esta libertad (es libre frente a la naturaleza por la
esclavitud de otro. Su libertad frente al otro implica y exige, se funda, en un
dominio, un esclavo cuyo reconocimiento no le satisface). Mi libertad no deja de
ser un sueño, una ilusión, un ideal abstracto sino en la medida en que es
universalmente reconocida por aquellos que yo reconozco como dignos de
reconocerla (13). Y esto es precisamente lo que
el Amo no puede conseguir. Su libertad es reconocida y por tanto es real.
Pero no es reconocida más que por Esclavos, es insuficiente en su
realidad y no puede satisfacer al que la realiza. Y sin embargo, en tanto que
es libertad del Amo no puede ser de otra manera.
A la inversa, si al
principio la libertad del Esclavo no es reconocida por nadie que no sea
él mismo, si por ello es puramente abstracta, puede terminar por realizarse y
por realizarse en su perfección. Como el Esclavo reconoce la realidad y
dignidad humana del Amo, le bastará imponerle su libertad para alcanzar la
satisfacción definitiva que otorga el Reconocimiento mutuo.
d)
La acción humana del Amo se reduce a que asume el riesgo de su vida, a que se
la juega. Pero este acto humano es siempre el mismo, no cambia de naturaleza ni
por lo tanto la naturaleza del Amo. De ahí que su actitud puramente guerrera no
varíe en el curso de los siglos y no pueda producir un cambio histórico. Sin el
trabajo del Esclavo la primera lucha se reproduciría indefinidamente, nada
cambiaría en ella y ella por lo tanto no haría cambiar al Amo; nada cambiaría
pues en el Hombre, el Mundo permanecería idéntico a sí mismo, sería naturaleza y
no Mundo histórico humano.
Muy distinta es la
situación creada por el trabajo. El hombre que trabaja transforma la
naturaleza dada. Si repite su acto lo repite en otras condiciones y su acto
resulta así otro, distinto. Los productos de esta actividad se perfeccionan con
ella. Allí donde hay trabajo hay necesariamente cambio, progreso,
evolución histórica. Evolución histórica, pues lo que cambia en función del
trabajo no es solamente el Mundo natural, es además y sobre todo el hombre mismo
(14).
Al principio el futuro
Amo y el futuro Esclavo están determinados por el Mundo dado, natural,
independiente de ellos. No son todavía seres verdaderamente humanos, históricos.
Luego, arriesgando su vida, el Amo se eleva por encima de ese Mundo dado,
de su naturaleza dada, animal, y se vuelve un ser humano, un ser que se crea
a sí mismo; ahora es un Amo, el Amo no es un ser de la Naturaleza, es una
forma social histórica, en el curso de su Acción y a causa de ella
(actividad negadora y consciente de lo dado, de su propia naturaleza y de la ley
natural biológica). Luego fuerza al Esclavo a trabajar y éste a su vez,
mediante su acción, el trabajo, cambia el mundo natural, se eleva también por
encima de la Naturaleza objetiva que transforma y domina, y de su propia
naturaleza que asimismo transforma y domina. Desde luego el Esclavo como el
Amo, como el Hombre en general, está determinado por el mundo real. Pero puesto
que ese Mundo ha sido transformado el hombre mismo se transforma. Y como es él
quien ha cambiado al mundo es él quien se cambia, a través de su trabajo sobre
el mundo, él quien se crea a sí mismo, en tanto que el Amo no cambia sino por el
trabajo del Esclavo que cambia al mundo, que cambia al hombre, y por ende al
Amo. El Amo mismo es así determinado, creado, por el trabajo del Esclavo y éste
puede volverse Amo del Amo (15). Trabajando
el Esclavo vuélvese amo de la Naturaleza. Pero sucede que él se había vuelto
Esclavo del Amo porque era esclavo de la Naturaleza, no quería morir; triunfó en
él el instinto de conservación. Volviéndose ahora amo de la Naturaleza se libera
de su propia naturaleza, de su propio instinto que hacía de él el Esclavo del
Amo. Liberándole de la Naturaleza, el trabajo le libera así de su propia
naturaleza de Esclavo: le libera del Amo. En el Mundo natural dado el
Esclavo es el Esclavo del Amo. En el mundo modificado por su trabajo reina, o
cuando menos reinará un día, como hombre, como Amo absoluto. Y este Señorío que
nace del Trabajo, de la transformación progresiva del Mundo dado y del hombre
dado en ese Mundo será muy distinto del Señorío inmediato y primario del Amo.
El porvenir pertenece, pues, no al Amo guerrero sino al Esclavo trabajador.
Sin Amo no habría
habido historia
(16).
Pero ello es así porque no habría habido Esclavo y por lo tanto trabajo.
(Y de este modo queda legitimada la existencia del Amo en el pasado y su
abolición en el futuro).
3.
La educación que crea al hombre mediante el trabajo, crea la historia, es
decir, el tiempo humano. El trabajo es tiempo, tiempo humano, y exige tiempo.
La transformación del Esclavo en hombre es larga y dolorosa. En un primer
momento, el Esclavo, que se ha elevado a la idea abstracta de su
Libertad, no alcanza a realizarla porque no osa actuar en mira de
esta realización, es decir luchar con el Amo y arriesgar su vida en una
lucha por la libertad. Así, antes de realizar la libertad el Esclavo
imagina una serie de concepciones por las que intenta, justificarse, justificar
su situación, su servidumbre y conciliar el ideal de la libertad con el
hecho de la esclavitud. La primera de estas concepciones es el
Estoicismo. Hegel considera aquí al estoicismo en su aspecto práctico y no
en su lado teórico (17). Prácticamente el
estoicismo es la actitud del hombre que considera todas las cosas que afronta
como necesariamente sujetas a su razón, sea que pueda dominarlas físicamente o
no. Ahora la conciencia de sí se aprehende como puro pensamiento
(18). Ser una conciencia de sí
significa poder liberarse de todas las situaciones determinadas que se
presentan; alcanzar el Yo como esencia, por relación al cual el curso de la vida
no es sino apariencia (19). Este es el Yo
puro, el Yo libre que pretende alcanzar el sabio estoico. Es
poder elevarse a la independencia, rehusarse a la servidumbre como al señorío,
ser indiferente a ellos y en ellos. Las situaciones concretas, por ejemplo las
del amo y del esclavo, son -para esta conciencia que hace de sí, del Yo
puro, de la razón, su esencia- inesenciales. Epícteto, el esclavo, es tan
libre como Marco Aurelio, el Emperador, y ambos estoicos.
El estoico
identifica el Yo y su ideal racional y no necesita esclavos ni conquistas
guerreras para demostrar su independencia (20).
Vive una sociedad ideal, la de su yo y su razón que es su norma. Mediante
la disciplina de la vida el estoico ha llegado a ser del todo indiferente a si
es Amo o Esclavo. Ya se halle en el trono o aherrojado o en el trabajo, su yo y
precisamente su yo individual es libre y dueño de declararse idealmente que es
tal. Pretende que las contingencias de la naturaleza o de la sociedad real no le
afectan; el yo que se identifica con la razón priva sobre ellas, las domina aun
sometiéndose a ellas, es indiferente, libre, respecto de ellas. Él y su razón
constituyen el mundo. Su relación social, su relación con otro es ahora
simplemente su relación con su propio ideal, con su razón. La verdadera y única
realidad es para él este pensar, esta razón, no su realidad concreta. El
hombre es libre porque piensa (21). Poco
importa lo que se es en el mundo o en el Estado.
En el estoicismo
la conciencia de sí se olvida que ella no tiene fuerza ni realidad más que en
la medida en que se exterioriza y se manifiesta, en que actúa
(22). La conciencia estoica de sí
se condena a no conocer otra libertad que la identidad vacía de sí misma consigo
misma; mantiene relaciones puramente negativas con la realidad; el estoico no
alcanza los objetos ni los seres en sí mismos, sino únicamente en su concepto.
La libertad estoica
es pues negativa, contra el mundo y los hombres, de los cuales se
desinteresa, y abstracta pues el estoico piensa pero no actúa
(23). Su yo permanece consigo, con su
pensamiento. El estoico se opone al mundo, se retira a su pensamiento, se evade,
se refugia en él, allí donde se siente libre del mundo y del Amo
pero no lucha para hacerse reconocer por el Amo y así conquistar el mundo
arriesgando su vida. Es un hombre libre pero abstracto; no es libre más que
en el pensamiento, más exactamente en su pensamiento.
El estoico intenta
persuadirse que es objetivamente libre por el solo hecho de saberse libre,
es decir de tener la idea abstracta de la libertad, o lo que es igual, de
la independencia absoluta, de la autonomía respecto de todas las condiciones
dadas de la existencia, del Mundo natural y del Amo
(24).
El defecto dialéctico de
la posición del estoico es que el mundo real de su vida -el mundo de la
actividad, del deseo, del interés- marcha (entretanto él se encierra en su
pensamiento) accidentalmente, a su modo (25). A
fin de alcanzar su independencia, el Yo, la conciencia de sí, ha abandonado
todas sus empresas y planes definidos de dominio sobre los azares, sobre la
Naturaleza y los otros hombres y se ha vuelto sobre sí, se ha clausurado en sí
misma, en su elemento simple y universal, en el puro pensar. Su vida se ha
vaciado de tal manera de todo lo concreto; es una vida puramente abstracta. Si
la conciencia llega a advertir este hecho pasa de la posición estoica a la
escéptica y aprende a dudar incluso de su propio ideal presente. Hegel
dice que el hombre abandona el estoicismo porque en él se fastidia
(26). A primera vista la explicación parece
superficial. Pero recuérdese que la filosofía estoica vino a justificar la
inacción del Esclavo. Era una manera de fugarse ante la posibilidad y
necesidad, ante la exigencia de una lucha. La idea estoica impedía al
hombre actuar y le obligaba a contentarse con razonar y hablar. El hombre no es
un ser que es. Es nada que niega el ser, es decir Acción. Por eso Hegel
dice que el "ser verdadero del hombre es su acción"
(27). No actuar es pues no ser en tanto que
ser verdaderamente humano. Ser en tanto que ser dado, natural, es decaer,
embrutecerse. Y esta realidad metafísica se revela al hombre por el fastidio. El
hombre que, como la cosa, como el animal, como el ángel, permanece idéntico a sí
mismo, no se niega, no actúa, se fastidia, se aburre. Y el Hombre es el ser que
puede fastidiarse. En el caso del Esclavo actuar implicaría negar la
servidumbre. El Esclavo no osa hacerlo todavía. El fastidio le empuja a
la acción y él hace recaer esta actividad negadora sobre su pensamiento. El
estoico se torna escéptico.
4.
El escepticismo tal como Hegel lo describe en este pasaje, como un
momento necesario de la conciencia de sí, no tiene nada que ver con el
escepticismo moderno, ese fenomenismo en que consiste, por ejemplo, el empirismo
de Hume (28). Éste es la negación de
toda metafísica; pretende mostrar la imposibilidad de ir más allá de la
experiencia y se limita a certificar las certidumbres "inconmovibles" del
sentido común. Pero el escepticismo antiguo se volvía por lo contrario contra
estas certidumbres. Este escepticismo, que Pirrón había inaugurado
inspirándose en algunos rasgos del pensamiento oriental, disuelve todo lo que
pretende afirmarse con cierta independencia o con cierta estabilidad respecto de
la conciencia de sí. Trataba de afirmar en forma absoluta esta conciencia, la
autoconciencia racional, evidenciando la vanidad y nulidad,
la inesencialidad de toda
otra forma de realidad natural o social así como la de las doctrinas ideales o
dogmas respecto a la vida común (29).
Diógenes en su tonel demuestra su independencia destruyendo sus
convicciones, mostrándose del todo indiferente a ellas, manteniéndose
esencialmente inquieto y simplemente contradictorio.
El escepticismo tal como
se lo considera aquí es semejante a ese escepticismo de que habla
Pascal y que conduce a la conciencia humana al sentimiento dual de su
insignificancia y miseria, y de su grandeza (30).
Los escépticos griegos podían haber hecho suya la sentencia del Eclesiastés:
"Vanidad de vanidades y todo es vanidad". El escepticismo es una
propedéutica a la vida devota que preludia ya la conciencia desventurada
y su forma cristiana. Le prepara, le abre el camino. Hegel lo define,
palabra más palabra
menos, de esta manera:
"El pensamiento, en el escepticismo, vuélvese el pensamiento perfecto que
aniquila el ser del mundo en la múltiple variedad de sus determinaciones, y la
negatividad de la conciencia de sí libre en el seno de esta configuración
multiforme de la vida, se torna negatividad real" (31).
Lo que también se puede expresar así: el escepticismo es esa forma de la
conciencia de sí que se capta verdaderamente como lo que en sí misma es,
negatividad del mundo dado, sensible, y opera en él, en consecuencia, pero esto
sólo mentalmente. En el estoicismo el lado formal del pensamiento,
haciendo abstracción del contenido del pensar, era afirmado como la
positividad absoluta, como el verdadero en sí. En el escepticismo ese
mismo lado formal es afirmado como negatividad omnipotente
(32). La forma es la infinitud, el concepto
absoluto, y como tal es la negación de toda determinación particular, el alma de
lo finito, del yo (que no consiste jamás en ser lo que es). Toda determinación
es negación. He ahí lo que descubre el escepticismo mientras que el
estoicismo, aislando la forma, dejaba caer fuera de ella la determinación
vuelta permanente.
En la actitud
escéptica la conciencia de sí llega a la certidumbre absoluta de sí misma; de lo
que ella misma es: afirmación de si a través de la negación efectiva de todo lo
que no es ella, de todas las determinaciones de la existencia
(33).
Nada subsiste más que la absoluta conciencia de sí. Todo valor, toda posición,
son sólo relativos al Yo, valores y posiciones del Yo.
Es una sublimación de la
individualidad (34). Este escepticismo es un
solipsismo moral, existencial. Lo diverso, lo otro es negado, sólo queda el Yo,
el Yo puro, y este Yo es libre porque está solo en el mundo. El escéptico no
niega un contenido, una teoría, una moral, sino todo contenido, toda teoría,
toda moral (35).
La actitud del
escéptico es negadora como la del hombre del deseo, como la del esclavo que
trabaja (36). El escéptico destruye el ser
mismo del mundo exterior, pero sólo mentalmente, no en la realidad, activamente.
El escéptico
realiza mentalmente el ideal de la libertad del esclavo. Su negación de
lo dado es puramente teórica. En efecto, se puede pensar el Yo sin pensar el
mundo exterior. En el pensamiento se puede destruir ese mundo sin destruirse a
sí mismo. El pensamiento del escéptico es infinito porque niega toda
determinación. La negatividad (ser específico del hombre), es revelada por
primera vez por el escéptico. Así la idea de la libertad penetra en la
filosofía. Como el escéptico no puede negar efectivamente su propia
naturaleza dada, o lo que es igual, su condición servil en el mundo del Amo, por
una acción en este mundo, por una lucha con el Amo en vista del reconocimiento,
su negación se expresa únicamente en la teoría.
El escéptico tiene
ya conciencia de sí en tanto que Hombre opuesto a la Naturaleza: posee la
certidumbre objetiva de su libertad, es decir, de su existencia no natural (de
ser sobrenatural, real) (37). Manifiesta a su
manera que el Hombre es acción: una inquietud dialéctica absoluta. Pero si bien
descubre la libertad, la aisla. Quiere pensar la libertad en el aislamiento. Y
esto le encierra en la contradicción ya que la actividad negadora, el hombre, no
existe fuera de la totalidad, fuera del mundo. Aislado de él el hombre es una
pura nada, una pura muerte.
En suma, el solipsismo
escéptico niega el valor y la realidad misma de todo lo que no es yo y
compensa el carácter abstracto y puramente verbal de esta negación por su
universalidad y por su radicalismo (38). Sin
embargo, el Hombre no puede mantenerse en esta actitud escéptico-nihilista. No
lo logra porque de hecho se contradice en su misma existencia. Esta pregunta
impertinente le comprende: si niega el valor del ser del Mundo y de los otros
hombres ¿cómo y por qué continúa viviendo? Una actitud escéptica rigurosamente
consecuente exige el suicidio. El escéptico que persiste en vivir debe
terminar por apercibirse de la contradicción que implica su existencia. Y se
puede afirmar que la conciencia de las contradicciones es el móvil de la
evolución humana, histórica, pues el cobrar conciencia de una contradicción y
sentir la necesidad y hacerse de la voluntad para resolverla es una y la misma
cosa. Pero no se puede superar la contradicción que aqueja a un tipo dado de
existencia sino transformando por la acción esa misma existencia. En el caso del
esclavo luchando con el Amo. Pero el esclavo rehuye esta lucha o fracasa en
ella. Como consecuencia de este renunciamiento y de esta tentativa frustrada,
vuelto siempre sobre sí mismo, hace en el pensamiento lo que se veda en la
acción e intenta justificar otra vez, por una nueva filosofía, esa contradicción
de la existencia escéptica que es al fin de cuentas la contradicción estoica, es
decir, la contradicción de la existencia servil entre la idea o el ideal de la
libertad y la realidad de la servidumbre. Y esta tercera filosofía del Esclavo
es la filosofía cristiana.
El escepticismo señala
el paso de una posición a otra de la autoconciencia en general, e históricamente
del mundo greco-romano de la decadencia al mundo medieval cristiano
(39).
Notas:
- Hyppolite, Génesis y
estructura de la Fenomenología del Espíritu de Hegel, Pag. 41.
- FE, II, pág. 12,
citado por Hyppolite.
- FE, II, pág. 23 (fr.).
- Kojève, Introduction á
la lecture de Hegel, págs. 173-174; véase también el capítulo anterior.
- Ibid., pág. 175.
- Idem, pág. 176.
- Idem, pág. 175.
- Compárese este párrafo
con Kojève, ibid., págs. 34, 54 y 175; la cita de Hegel corresponde a la FE,
I, 154 (fr.). Véase también Hyppolite, op. cit., pág. 157.
- Kojève, ¡bid., pág.
175.
- Idem, pág 176.
- Idem, pág. 176, nota,
- Idem, pág. 177.
- Idem, pág. 178.
- Idem, pág. 179.
- Idem, pág. 28.
- Idem, págs. 179-180,
- Royce, El idealismo
moderno, pág. 214.
- Niel, De la médiation
dans la philosophie de Hegel, pág. 131,
- Hyppolite, op. cit.,
pág. 188.
- Royce, op. cit., pág.
214.
- Kojève, op. cit., pág.
61.
- Niel, op. cit., pág.
132.
- Kojève, op. cit.,
págs. 61-62.
- Idem, pág. 180.
- Royce, op. cit., pág.
215.
- Kojève, op. cit.,
págs. 180-181.
- FE, 1, 288, citado por
Kojève.
- Hyppolite, op. cit.,
pág. 179.
- Royce, op. cit., pág.
215.
- Hyppolite, op. cit.,
pág. 180.
- FE, IL 171-172, citado
por Hyppolite.
- Hyppolite, op. cit.,
pág. 178.
- Idem, págs. 180-181.
- Kojève, op. cit., pág.
62.
- Idem, pág. 66.
- Idem, págs. 62-63.
- Idem, págs. 65-66.
- Idem, págs. 181-182.
- De Negri,
Interpretazione di Hegel, pág. 353.
Texto extraído del
libro "Hegel y Lógica de la pasión", Héctor Raurich, editorial Marymar, Págs.
177/188, Buenos Aires, Argentina, 1976.
Selección y destacados: S.R.
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