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"Soñar"
Macedonio
Fernández
Somos un soñar sin límite y sólo soñar. No
podemos, pues tener idea de lo que sea un
no-soñar (1)
Todo cuanto es y hay es un sentir y es lo que cada uno de
nosotros ha sido siempre y continuadamente
(2). ¿De dónde
puede un sentir, una sensibilidad tomar noción alguna de lo
que pueda ser un no-sentir, un tiempo sin sucesos, pues sólo
hay, sólo existe lo que es suceso, nuestro estado en nuestra
sensibilidad? Nuestra eternidad, un infinito soñar igual al
presente es certísimo (3).
Pero se me dirá que hay sueños que cesan, que se tornan
tan rebeldes que nunca los recobramos: hay los que se
ocultan, las ocultaciones (4)
de los que quizá existan pero que
no
veremos ni reconoceremos más.
Esas ocultaciones sólo existen para un Soñar hesitante:
hay sueños que reclaman para volver la plenitud de nuestra
alma (5),
un alma rebosante, una certidumbre sin sombra en
nuestra decisión de soñarlos.
¡Quién sabe en esta debilidad de soñar cuántas veces
hemos despedido el ensueño de los que vuelven, hemos
descreído, negado la visita plena y entera que nos brindaba
alguien que Volvía de la Ocultación!
(1)
Este podría ser un ejemplo de lo que Macedonio llamaba título-texto,
cuya característica más relevante es la extensión, pero también
se podría señalar la originalidad de sus construcciones, lo enigmático
de sus significaciones.
(2)El
supuesto de base de la teoría metafísica de Macedonio es este postulado:
el sentir pleno es la única certeza de existencia.
(3)Nótese
la estrategia discursiva: enuncia una aseveración axiomática, pregunta
retórica que, en su formulación rebate la posible objeción, y nueva
afirmación contundente reforzada por el predicativo final en grado
superlativo.
(4)Las
ocultaciones oníricas se inscriben en la constelación del partir,
de la ausencia, de la no-existencia, de la muerte.
(5)
La plenitud del alma es la potencia máxima en la mística macedoniana,
su vigor y su certidumbre son los engranajes invencibles de la Pasión.
Quisimos presentar esa trama indiscernible de pensamientos y sueños tal como
se encuentra en este texto de M. F., esa continuidad entre el sueño y la
realidad ha sido mencionada en distintas épocas y por distintos autores, no es
el caso citarlos aquí. Se trata simplemente de tocar con suaves ademanes, casi
deslizándose por esa superficie, dijimos, en otro lugar y en otro tiempo, trama,
agreguemos, texto, tejido, con nuestras manos, con la punta de nuestros dedos,
sintiendo y oyendo, ese texto-sueño, pensamiento-sonido, que nos puede llevar a
otras regiones, si lo concedemos. Si le concedemos al pensamiento-sueño el
permiso de llevarnos al territorio de Oniria, lugar al que se accede no sólo
durmiendo. Morfeo no es Hypnos, recordémoslo y concedámosle a nuestro cuerpo la
gracia del sentir, con sueños y con textos.
Texto extraído del "Museo de la Novela de la Eterna",
Macedonio Fernández, edición crítica, coordinadores: A. Camblong, A. De Obieta,
editorial Fondo de Cultura Económica de España, Madrid, 1993.
Notas: A.C. / Nota final: S. Rocchietti
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