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CINE
"PANDILLAS DE NUEVA YORK" (2002):
SCORSESE ,
ARTE, HISTORIA Y SOCIOLOGÍA URBANA.
Por: Rafael
Iglesias Bermúdez
Todo parece indicar que en la madurez de un
artista siempre se parte de la particularización o intimismo de sus historias
hasta llegar a la interpretación de la sociedad en su conjunto. Desde "¿Who´s
that Knocking at my Door?" (1969) ese pequeño y sombrío mundo de las calles y
grupos neoyorkinos, luego ampliado en "Taxi Driver" (1976), pasando por las
peripecias y sinsabores de "Alicia ya no vive aquí" (1974), hasta " El Color del
Dinero" ( 1986) y llegando a "La Edad de la Inocencia" (1993), el cine de Martín
Scorsese ha decantado todos los pasos posibles que le han permitido llegar a
esta impresionante semblanza de lo que fué el despertar de la llamada Capital
del Mundo y eje sentimental y preferido de por lo menos el 90% de su obra total.
Pandillas de Nueva York está basada en una obra del periodista Herbert Ashbury,
publicada en 1928. Como casi todas sus gestaciones, Pandillas... estaba metida
en el cuerpo y alma del director desde hacían unos treinta años – de acuerdo a
sus declaraciones- y para llevarla a la pantalla tuvo que poner plata de su
bolsillo y recurrir a otros medios para lograr su propósito fílmico.
La historia es muy simple: En la Nueva York
decimonónica, y concretamente en la plaza de Los Cinco Puntos, en el (hoy) bajo
Manhattan el reverendo Vallon (Liam Neeson), líder de los Conejos, pandilla de
inmigrantes irlandeses, se alista a enfrentar al líder de los Nativos, Bill "el
Carnicero" Cuttings para decidir quién tendrá el control de esa territorio, en
casi todas las actividades, legales e ilegales. Amsterdam, el pequeño hijo de
Vallon, será testigo de la cruel muerte de su padre y el arrasamiento de los
Conejos. A partir de allí la venganza es el epicentro de la vida del chico hasta
que ronda los 19 años ( un Leonardo DiCaprio musculoso a punta de pesas).
Esta trama permite a Scorsese no solo mostrar
el rencor y los deseos de la venganza y odio personal sino que trasciende a lo
familiar e invade y enseña todos los pormenores de la sobrevivencia de esos
grupos de inmigrantes en un hostil y tétrico medio ambiente que permite
descubrir también en detalles los mecanismos que dieron fama, gloria y sentaron
la dicotomía entre las clases pudientes, creadores de la sociedad industrial y
los bajos fondos de esa Nueva York que muchos sueñan como el epítome actual de
la vida del Capital económico y la maldad - que lo digan Marx y Osama Bin Laden-
entre otros. Los irlandeses de otro lado,- junto a los migrantes negros, chinos
y judíos- cayeron masivamente sobre Nueva York a raíz de la hambruna de la Papa
Irlandesa en 1846. Para 1890 una cuarta parte de todos los neoyorkinos eran
irlandeses. Las escenas en las cavernas oscuras de la ciudad trabajadas en tonos
sepias y naranjas contrastan con el colorido lleno de luz de las escenas de las
mansiones de los millonarios, logrados con la mágica dirección de la cámara de
Michael Ballhaus – el mismo de Goodfellas, El Color del Dinero, La Edad de la
Inocencia y otras. Especial aporte lo dan el grupo de actores, entre los que
sobresale Daniel Day Lewis, en un rol típico para un Oscar y Leonardo DiCaprio
que empieza a madurar y a dejar de lado sus papeles basados más en su bonitura
que en sus capacidades - preferimos al DiCaprio estupendo de niño como en
aquella "¿Who’s eating Gilbert Grape?" (1993) ó "This boy’s life" (1994). La
contraparte femenina recae en Cameron Díaz, un rellenito bonito y aceptable que
se convierte en el acicate entre El carnicero Bill y Amsterdam Vallon.
Sin embargo, a pesar de todo esto,
Pandillas..., no es lo mejor de Scorsese. Su metraje es excesivo, aunque el
mismo Scorsese quería más (?, tenía proyectada una duración de mas de tres
horas). Aunque muchos críticos ya la alaban porque cualquier cosa que haga
Scorsese será buena, no deja de ser cierto que el espectador se revuelve en la
butaca en la última hora final cuando vemos como el director empieza a dar
vueltas y más vueltas para definir lo que el mismo les ha puesto en bandeja
desde el comienzo mismo de la película. Aquí es donde Scorsese se vuelve antropo-sociólogo
y me atrevo a decir que resiente el filme. Se siente que hubo un "mal bound" -
como en el argot beisbolero –con el guión que en determinados momentos alarga y
alarga el encuentro decisivo entre los dos personajes principales. Las escenas
violentas, tan recurrentes en el maestro a veces empalagan y algunas sobran por
demás. Quizá, es eso, lo que a Scorsese le permitió sacar jugo a su retrato
sociológico, pero flaquece al decidir sobre un final que era obvio. De todas
maneras esta película seguramente estará de moda nuevamente a finales de marzo y
será la seria rival de " Chicago", el musical que sigue reviviendo un género,
que surge de nuevo como el ave Fénix. ¿Será por fin el Oscar para Martín
Scorsese? ¡¡Disfrútela!! Altamente recomendable.
Febrero 9, 2003
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