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"Escritura"

Tzvetan Todorov

 

La notación gráfica

En sentido amplio, escritura es todo sistema semiótico, visual y espacial; en sentido estricto, es un sistema gráfico de notación del lenguaje. Con más precisión, distinguiremos en la escritura, tomada en sentido amplio, la mitografía y la logografía, que hoy coexisten, pero que con frecuencia han inducido a plantear el problema de la anterioridad histórica.

La mitografía es un sistema en el cual la notación gráfica no se refiere al lenguaje (verbal), sino que forma una relación simbólica independiente. Si dividimos los sistemas semióticos según la naturaleza del sentido requerido para la recepción de los signos -vista, oído, tacto (el gusto y el olfato no han producido sistemas semióticos elaborados) y, por otro lado, si tenemos en cuenta el hecho de que los signos pueden tener un carácter puntual o durativo, la mitografía reúne sistemas de signos de carácter durativo que se dirigen a la vista o al oído.

La mitografía se realiza de varias maneras. Citaremos la representación por objetos (utilizados como tropos de lo que significan): así, por ejemplo, el famoso mensaje dirigido a los persas y compuesto de un ratón, una rana, un pájaro y cinco flechas. Este tipo de comunicación parece universalmente difundido: en Sumatra, los lutsu declaran la guerra enviando un pedazo de madera con muescas, acompañado de una pluma, un tizón y un pez: lo cual significa que atacarán con tantos centenares o millares de hombres cuantas muescas tenga la madera, que serán tan rápidos como el pájaro (la pluma), arrasarán con todo (el tizón) y ahogarán a sus enemigos (el pez). En la región del Alto Nilo, los niam-niam ponen en el camino, cuando un enemigo entra en su territorio, una mazorca y una pluma de gallina, y sobre el poste de una casa una flecha, lo cual significa: mataremos a quien toque nuestro maíz y nuestras aves.

Otra forma de mitografía es la notación por nudos hechos en una cuerda o una cinta, utilizada sobre todo para las cuentas: nuestro "nudo en el pañuelo" es un ejemplo de esta notación. Otro es la serie de muescas cuya función es señalar un cómputo (por ejemplo, los días de un año), o bien la pertenencia (las marcas en el ganado). Signos "naturales" como las huellas de los animales o los seres humanos pueden incluirse en el ámbito de la mitografía.

La parte más importante de la mitografía es la pictografía: es decir, dibujos figurativos, utilizados con función comunicativa. Entre los esquimales de Alaska se encuentra un sistema relativamente elaborado de pictogramas: cuando salen de sus casas, dejan sobre las puertas un mensaje dibujado, que indica la dirección por donde han partido y la clase de actividad que desarrollarán. La relación entre un dibujo y una significación precisa se considera establecida desde el momento en que ese dibujo tiende a volverse esquemático y estilizado; también a partir del momento en que lo representado por el dibujo es más el tipo de acontecimientos que un acontecimiento individual. El lugar histórico ocupado por la pictografía todavía es muy discutido.

Los sistemas mitográficos pueden agruparse con otros criterios: no ya según su sustancia -como acabamos de hacerlo-, sino de acuerdo con el tipo de significación que instauran. En este caso encontraremos las mismas funciones dominantes que en el lenguaje verbal: la denominación, que permite identificar un objeto singular (cf. las marcas y muescas) y la descripción (cf. los dibujos y objetos representativos). Pero es preciso tener en cuenta que en ningún caso es necesaria la relación con el lenguaje verbal: más aún, lo habitual es que esa relación sea imposible. No hay palabras precisas y únicas que puedan referirse a un determinado dibujo u objeto; por eso debe rechazarse la teoría según la cual los pictogramas corresponden a frases (a diferencia de otros signos con que se designan las palabras o los sonidos): las frases, como las palabras, son unidades lingüísticas; la mitografía es un sistema semiótico autónomo.

A pesar de su extensión universal, la mitografía nunca tuvo un papel tan importante como el lenguaje.Los sistemas mitográficos sólo cubren sectores muy limitados de la experiencia, mientras que el lenguaje tiene un enfoque totalizador. El motivo quizá radique en el hecho de que los pictogramas forman series abiertas y no organizadas, mientras que el lenguaje puede concebirse como una combinatoria: un número reducido de sonidos produce un número muy elevado de palabras; éstas, a su vez, producen un número infinito de frases.

Hoy, el lenguaje (verbal) coexiste con sistemas mitográficos y no existe ninguna razón que autorice a reducir el uno al otro en la prehistoria de la humanidad. Sin embargo, todo indica que es a partir de la mitografía como se desarrolló la logografía, sistema gráfico de notación del lenguaje. La otra fuente de la logografía sería, según Van Kineken, el lenguaje gestual. Todas las escrituras, en el sentido estricto del término, están incluidas en la logografía.

Existen varios principios logográficos que rigen de manera complernentaria las diferentes escrituras. Ninguna escritura de ningún pueblo obedece a un principio único; por consiguiente, en el cuadro de una tipología general es preciso clasificar principios, y no escrituras.

I. Primer gran principio: lo que podría llamarse la morfemografía; el signo gráfico denota una unidad lingüística significante. El término de rnorfemografía debe emplearse en lugar del de ideografía o ideograma, que producen confusiones: en ningún caso los signos gráficos denotan directamente las "ideas" (como sería el caso de la mitografía) ; denotan los morfemas o, como en el caso del chino clásico, en que ambos coinciden, las palabras. La prueba está en que los sinónimos no se representan, en esos sistemas, mediante signos semejantes. El sistema morfemográfico, como todo sistema logográfico, denota el lenguaje, no el "pensamiento" o la "experiencia".

II. Segundo gran Principio: la fonografía, donde el signo lingüístico denota una unidad lingüística no significante, un sonido o un grupo de sonidos. En el primer caso, se habla de alfabetos, en el segundo de silabarios. Históricamente las dos formas parecen muy relacionadas: primero se encuentran los silabarios semíticos: después, una forma intermedia, los alfabetos consonánticos (entre los cuales el fenicio es el más importante) : en las lenguas semíticas y hamíticas, la no notación de las vocales es "natural", ya que éstas corresponden a nuestras desinencias y el "esqueleto consonántico" es el equividente del radical. Son los griegos quienes empiezan a registrar sistemáticamente todos los sonidos, inclusive las vocales (utilizando para ello letras fenicias con valor de consonante), y forman así el alfabeto, en el sentido estricto de la palabra. Los alfabetos más difundidos en el mundo, y en especial el latino y el cirílico, derivan del alfabeto griego.

El principio fonográfico se articula históricamente con el principio morfemográfico. De este modo: los morfemogramas puros (que antiguamente se llamaban -como hemos visto- ideogramas y también jeroglíficos), aunque funcionan como significantes de un morfema, unidad del lenguaje, se construyen como una imagen esquemática del objeto o del acto designado por ese morfema, o aun del gesto "natural" o convencional, que acompaña una determinada actividad. (Desde luego, no debe exagerarse el parecido entre la imagen y el objeto -el dibujo se estiliza con gran rapidez- ni el carácter "natural" y "universal" de los signos: nada tienen en común los jeroglíficos sumerios, chinos, egipcios e hititas que representan un mismo objeto.) El mismo proceso se da en los llamados agregados lógicos, signos formados por dos unidades ya significantes (como en la palabra "rascacielo": así, en chino la palabra "riña" se designa mediante el signo de "mujer" repetido dos veces; en sumerio, la palabra "comer" se designa mediante el signo "pan" en el interior de la "boca". También puede observarse la presencia del tipo de simbolización que se llama metafórica, donde el signo de "sol" designa también la palabra "brillante"; se trata, en realidad, de una sinécdoque).

Ahora bien: esta imposibilidad de generalizar el principio de representación introdujo, inclusive en escrituras fundamentalmente morfernográficas como la china, la egipcia o la sumeria, el principio fonográfico. Podría decirse que toda la logografía nace de la imposibilidad de una representación icónica generalizada: serán los nombres propios y las nociones abstractas (inclusive las ficciones) las entidades que se notarán fonéticamente.

Esta introducción del fonografismo siguió caminos diferentes:

1. Por logogrifo, procedimiento que parece haber representado el papel más importante y que consiste en notar una palabra empleando el signo de otra, porque ambas son homófonas. Por ejemplo, en sumerio el signo de "flecha", que se dice ti servirá para designar también "vida" que se dice asimismo ti. Este principio del logogrifo no implica identidad perfecta; por ejemplo, en egipcio "tamo" se dice nb y se nota mediante el mismo signo, que corresponde a "cesta" que se, dice nb. t (t es el signo femenino). Una vez establecida la relación homográfica, el locutor percibe, tal vez, un nuevo parecido en el sentido: si en chino se designa mediante won brujo y mentiroso, se olvida el logogrifo para ver en esa coincidencia un parentesco, según el principio harto conocido de la etimología popular. En los nombres propios se combinan varios jeroglíficos para transmitir el valor fonético, siempre según el principio del logogrifo: por ejemplo, entre los aztecas el nombre propio Quauhnawac, que significa "cerca de la selva" (quauh, "selva"; nawac, "cerca" se nota mediante los signos de "selva" y de "palabra", se dice naua-tl (también en este caso interviene el parecido fónico, si no la identidad). Es curioso observar que este procedimiento llega a influir sobre los sistemas mitográficos: si en una lengua se designan con la misma palabra "anillo" y "retorno", se envía un anillo a un exiliado para hacerlo regresar.

2. Por préstamo a lenguas extranjeras. Cuando se sabe que un determinado jeroglífico se pronuncia de cierto modo en una lengua vecina, puede empleárselo en la propia lengua para notar los mismos sonidos, aunque dándoles un sentido diferente. Así, los acadios recurrieron a signos sumerios.

3. Por acrofonía. Cada jeroglífico adquiere aquí el valor del sonido habitual de la palabra que designa. Así, el jeroglífico para "buey" empieza a ser leído como a, primera letra de la palabra alef, que significa "buey" (cosa que explicaría los nombres dados a las letras en hebreo, griego, etc.). La generalidad de este procedimiento ha sido muy discutida: parece haber aquí un nuevo caso de "etimología popular", ya que el nombre de la letra suele ser un procedimiento mnemotécnico (como los nombres de pila que usamos para deletrear por teléfono) para el cual se busca una tardía motivación.

III. Un procedimiento muy difundido en las escrituras con dominante morfemográfica es lo que los historiadores de la escritura llaman los determinativos semánticos (o claves). Son signos gráficos añadidos al jeroglífico elemental, que permiten distinguir homónimos y precisar el sentido de la palabra (en nuestra lengua, son los sufijos los que asumen esta segunda función: así, "trabajador" se distingue de "trabajar" transmitiendo la misma "idea" de trabajo). En sumerio, el mismo signo de "arado" significa, con el signo de "madera" como determinativo, el signo de "hombres", es decir, el que utiliza la madera. Este análisis se desarrolla particularmente en la escritura china, que dispone de 196 determinativos que reparten las palabras en clases, a la manera de las categorías semánticas tales como animado-inanimado, etc.; los deterrninativos no se pronuncian. Tal categorización presupone evidentemente un análisis lógico de la lengua, cosa que justifica esta observación de Meillet: "los hombres que inventaron y perfeccionaron la escritura fueron grandes lingüistas y son ellos quienes crearon la lingüística". El alfabeto, por su parte, presupone el equivalente de un análisis fonológico de la lengua.

Ninguna escritura nacional es la manifestación pura de un principio o de un procedimiento de escritura. Contrariamente a lo que afirman muchas teorías sobre la escritura china, ésta no es exclusivamente morfemográfica ("ideográfica") ; más aún, la gran mayoría de los signos chinos se utilizan por su valor fonético. Asimismo, el desciframiento de los jeroglíficos egipcios encontró muchas dificultades hasta que Champollion descubrió que algunos de ellos tenían valor fonético. A la inversa, los alfabetos occidentales no son, como suele creerse, enteramente fonéticos: una misma letra designa varios sonidos, y un mismo sonido es designado por varias letras; algunos elementos fónicos (por ejemplo, la entonación) no tienen equivalente gráfico; algunos elementos gráficos (por ejemplo, la coma) no tienen equivalente fónico; algunos signos gráficos (como las cifras) funcionan a la manera de los jeroglíficos, etcétera.

Obras fundamentales: H. Jensen, Die Schrift in Vergangenheit und Gegenwart, Berlín, 1958; J. Février, Histoire de I'écriture, 29, París, 1959; L J. Gelb, A Stady of writing, Chicago, 1963; L' Écriture et la Psychologie des peuples (Actas de un coloquio), París, 1963; A. Leroi-Gourhan, Le Geste et la Parole, Parie~ 1964-1965. Bibliografía: M. Cohen, La grande Invention de l' ecriture, 2º vol.: "Documentation et index" París, 1958. Sobre el origen de la escritura en el lenguaje de los gestos: Tchang Tcheng Ming, L' Écriture chinoise et le Geste humain, Paris, 1937; J. Van Ginneken, La Reconstruction logique des langues archaiques de l' humanité, Amsterdam, 1939. Estudios sobre la escritura en el marco de la lingüística estructural: J. Vachek, "Zum Problem der geschriebenen Sprache" Travaux du Cercle linguistique de Prague, 8º, 1939; H. J. UIdall, "Speech and writing", Acta lingüística, 1944; D. Bollinger, "Visual Morphemes". Language, 1946.

Hacia una Gramatología

Los estudios relativos a la escritura han adquirido casi siempre la forma de una historia -salvo cuando se han consagrado a los problemas de desciframiento: varias escrituras (por ejemplo, la de los mayas, de la Isla de Pascua, etc.) todavía son incomprensibles para nosotros. Este proyecto de escribir "la historia de la escritura" llega a los límites de lo posible, ya que la historia presupone la escritura, en sentido amplio: es impensable sin la existencia de signos "durativos".

Por desgracia, todas las historias de la escritura han aceptado como postulados ciertas afirmaciones que la lingüística contemporánea y aun el buen sentido vuelven improbables. Así, la evolución del lenguaje y de la escritura se enfoca siempre como un movimiento de lo concreto hacia lo abstracto: cosa que es, cuando menos, problemática. Basta pensar en los números, siempre atestiguados por documentos más antiguos. 0 bien se postula la existencia de un movimiento teleológico: de la mitografía hacía la logografía, de la morfemografía hacia la fonografía, en nombre del principio poco explícito de eficacia. Pero la mitografía sigue existiendo en nuestros días y la escritura china no es hoy más fonética que hace mil años. Estos postulados son fruto de una visión etnocéntrica, no de una observación de los hechos.

La etapa histórica de la acumulación de los hechos debería superarse mediante la elaboración de una gramatología o ciencia de la escritura. El descubrimiento de las leyes de la evolución no será sino una de las tareas de la gramatología, junto con una definición del hecho mismo de la escritura. dentro del conjunto de las demás actividades semióticas, y de una tipología de los principios y técnicas gráficos. El único esbozo de esta ciencia positiva aparece por el momento en el libro de I. J. Gelb, A study of writing, the foundations of grammatology (1952). En Francia, este estudio se ha encaminado en el sentido de una crítica filosófica de los conceptos fundamentales de la escritura y a la vez del lenguaje.

Desde luego, el estudio de la escritura debe enfocarse desde una perspectiva también etnológica. La escritura, más aún que el habla, parece relacionada con la magia, la religión, la mística.

--> Estudios filosóficos: J. Derrida, De la gramatología, Buenos Aires, Siglo XXI, 1970.


Texto extraído del "Diccionario Enciclopédico de las ciencias del lenguaje", O. Ducrot, T. Todorov, correspondiente al artículo "Escritura", Págs. 228/234 ; editorial Siglo XXI, Buenos Aires, Argentina, 1976.

Selección y destacados: S.R.

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