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"Texto"
T. Todorov
La lingüística limita
la frase al objeto de su investigación; en un caso extremo, como es el de
Saussure, el ámbito que la lingüística se autoriza a conocer no va más
allá del sintagma o la palabra. La retórica clásica
quiso codificar las reglas de construcción del discurso, pero tanto su intención
normativa como su negligencia respecto de las formas verbales concretas hicieron
que su herencia contenga pocas enseñanzas utilizables. Después la estilística,
en la tradición de Bally, se interesó más en la interpenetración del
enunciado y la enunciación que en la organización del enunciado mismo.
De todo ello ha resultado un vacío en la teoría del
texto que no han logrado llenar observaciones aisladas provenientes de los
estudios literarios.
La noción de texto no se sitúa en el
mismo plano que la de la frase (o la proposición, el sintagma, etc.) ; en
este sentido, el texto debe distineuirse del parágrafo, unidad
tipográfica de varias frases. El texto puede coincidir
con una frase o con un libro entero; se define por su autonomía y por su
clausura (aunque en otro sentido algunos textos no sean "cerrados") ,
constituye un sistema que no debe identificarse con el
sistema lingüístico, sino relacionado con él: se trata de una relación a la vez
de contigüidad y de semejanza. En términos hjelmevianos,
el texto es un sistema connotativo, ya
que es segundo con respecto a otro sistema de significación. Si en la frase
verbal se distinguen sus componentes fonológico,
sintáctico y semántico, se distinguirán otros
tantos en el texto, pero esto no significa que sus componentes estén situados en
el mismo plano. Así, a propósito del texto se hablará de su aspecto verbal,
constituido por todos los elementos propiamente lingüísticos de las frases
que lo componen (fonológicos, gramaticales, etc.) ; del aspecto sintáctico,
que no se refiere a la sintaxis de las frases, sino a las relaciones entre
unidades textuales (frases, grupos de frases, etc.) ; del aspecto semántico,
producto complejo del contenido semántico de las unidades lingüísticas. Cada
uno de estos aspectos tiene su propia problemática y fundamenta uno de los
grandes tipos de análisis del texto: análisis retórico, narrativo y temático.
Notemos ante todo que el estudio global del
texto así encarado no se reduce a lo que algunos representantes de la
lingüística distribucional llamaron el análisis del discurso (Z.
Harris y sus alumnos) y cuyo método consiste en fragmentar el texto en
elementos (habitualmente tienen la dimensión de uno o varios sintagmas) que se
agrupan en clases de equivalencia: una clase está constituida por los
elementos que pueden aparecer en un contexto idéntico o semejante; por
consiguiente, poco importa en esta perspectiva que los elementos equivalentes
tengan o no el mismo sentido. Algunas frases (que comportan elementos
equivalentes y elementos no equivalentes) serán descritas, así, como situadas en
relaciones mutuas de transformación (noción que debe distinguirse de las
transformaciones generativistas y de las transformaciones discursivas).
Investigaciones paralelas se llevaron a cabo en cuanto a los elementos de la
frase que contienen una referencia a la frase precedente: el artículo, los
pronombres, etcétera.
Los aspectos semántico y verbal
de un texto presentan problemas que deben estudiarse en su propio contexto.
Señalemos tan sólo que uno de los raros análisis consagrados al aspecto
semántico del texto se sitúa en la perspectiva de la tagmémica. A. J. Beeker
analiza discursos del tipo "exposición" y distingue dos esquemas básicos:
tema-restricción-flustración y problema-solución. Cada uno de ellos puede
modificarse con ayuda de operaciones tales como la supresión, la permutación, la
adición y la combinación; pueden repetirse o alternarse.
En las páginas siguientes nos limitaremos al
estudio del aspecto sintáctico del texto.
Antes de abordar este análisis, observemos que
desde hace algunos años, en Francia, existen investigadores que se sitúan en una
perspectiva semiótica (J. Kristeva) y procuran elaborar una teoría global
del texto donde esta noción recibe un sentido más específico y no puede
aplicarse a toda serie organizada de frases.
--> Z Harris, Discourse Analysis Reprints,
La Haya, 1963; J. Dubois y J. Sumpf (ed.), L' Analyse du discours (Langages,
13), París; W. 0. Hendricks, 0n the Notion 'Beyond the Sentence',
Linguistics, 37, pp. 12-51; R. Harweg, Pronomina und Texkonstitution, Munich,
1968; E. U. Groam (ed.), Strukturelle Textsemantik, Freiburg ;
Probleme der semantichen Analyse literarischer Texte, Karlsruhe, 1970; A. L
Becker, A Tagmemic Approach to Paragraph Analysis, en The Sentence and
the Paragraph Champaing, 1966; T. Todorov, "Conocimiento del habla" en
Estructuralismo y literatura, Buenos Aires, Nueva Visión, 1970; J. Kristeva,
Semeiotikè, París, 1969.
El estudio del aspecto síntáctico se basa sobre
el análisis proposicional, para el cual se reduce el discurso a
proposiciones lógicamente simples, constituidas por un agente (sujeto) y un
predicado, o por varios agentes (por ejemplo sujeto y objeto) y un predicado,
según el modelo proposicional que se siga. La presencia de dos predicados -que
pueden ser tanto atributos como verbos- supone la presencia de dos
proposiciones. Así la frase "El niño llora" no es más que una forma lingüística,
amalgama, desde el punto de vista lógico, de dos proposiciones sucesivas: "X es
niño" y "X llora". La proposición corresponde a lo que J. Dubois llama la
frase mínima. A partir de estos puntos, pueden estudiarse las relaciones que se
establecen entre proposiciones.
Estas relaciones pueden ser de tres tipos, que
definen tres órdenes del texto (a menudo presentes en el interior de un
mismo texto). El orden lógico reúne todas las relaciones lógicas
entre proposiciones: causalidad; disyunción; conjunción; exclusión; inclusión.
La causalidad, muy frecuente en los relatos, no es una noción simple, por lo
demás; reúne las condiciones de existencia, las consecuencias, las motivaciones,
etc. Relaciones tales como la inclusión son particularmente frecuentes en el
discurso didáctico (la regla-el ejemplo).
El orden temporal se constituye por la
sucesión de los hechos evocados por el discurso; por consiguiente, sólo estará
presente en el caso de un discurso referencial (representativo) que tenga en
cuenta la dimensión temporal, como es el caso de la historia o el relato; estará
ausente tanto del discurso no representativo (por ejemplo, la poesía lírica)
como del discurso descriptivo (por ejemplo, el estudio sociológico sincrónico).
Algunos tipos de texto, como el diario de a bordo, el diario íntimo, la
autobiografía (o la biografía) están dominados por el orden temporal.
Se hablará, por fin, de orden espacial
cuando la relación entre proposiciones no es lógica ni temporal, sino de
semejanza o desemejanza, tipo de relación que al mismo tiempo crea un "espacio".
El ritmo poético es un ejemplo de orden espacial.
-> E. Muir, The Structure of the Novel,
London, 1928; R. Jakobson, Poetry of Grammar and Grammar of Poetry,
Lingua, 1968, pp. 597-609; J. Dubois, Grammaire structurale da français:
la phrase et les transformations, Paris, 1969; T. Todorov, Poética,
en 0. Ducrot y otros. ¿Qué es el estructuralismo?, Buenos Aires, Losada,
1971; T. Todorov, Grammaire du Decaméron, La Haya, 1969.
El caso del relato
Los grupos de más de una proposición sólo han
sido estudiados en un tipo de discurso: el relato, que trataremos con
cierta extensión. El relato es un texto referencial
con temporalidad representada. La unidad superior a la
proposición que se distingue en los relatos es la secuencia, constituida
por un grupo de al menos tres proposiciones. Los actuales análisis del relato,
que se inspiran en el examen hecho por Propp de los cuentos populares y
por Lévi-Strauss de los mitos, coinciden en identificar, en todo relato
mínimo, dos atributos de un agente por lo menos,
relacionados pero diferentes, y un proceso de transformación o de
mediación que permite el paso de uno a otro. Se ha procurado especificar
esta matriz general de varias maneras diferentes:
1. E. Köngas y P. Maranda clasifican los
relatos según el resultado a que llega el proceso de mediación.
Distinguen cuatro subespecies: 1) Ausencia de
mediador; 2) Fracaso del mediador, 3) Éxito del mediador: anulación de la
tensión inicial; 4) Éxito del mediador: inversión de la tensión inicial.
Algunas investigaciones etnológicas parecen probar que estas subespecies están
repartidas en áreas geográficas diferentes.
2. Claude Brémond se basa, en su
tipología de las secuencias narrativas, sobre los diferentes recursos
mediante los cuales se realiza una mediación que en sí misma no cambia. Ante
todo se opondrán proceso de mejoramiento y proceso de degradación, según se pase
de un estado insatisfactorio a un estado satisfactorio (para el personaje) o a
la inversa. Los procesos de mejoramiento, a su vez, se subdividen en:
cumplimiento de una tarea por el héroe y recepción de una ayuda por parte de un
aliado. Para distinguir, en un tiempo ulterior, entre los diferentes
cumplimientos de la tarea, se toman en cuenta los siguientes factores:
1) el momento de la cronología narrativa, en
que el héroe adquiere los medios que le permiten cumplir su misión;
2) la estructura interna del acto de
adquisición; 3) las relaciones entre el héroe y
el antiguo poseedor de esos medios. Llevando aún más lejos la especificación
(que nunca es una enumeración lisa y llana, sino el hallazgo de posibilidades
estructurales de la intriga), se llega a caracterizar con mucha precisión la
organización de cada relato particular.
3. Es igualmente posible especificar no
ya los diferentes recursos que sirven para la mediación, sino la naturaleza
misma de la mediación. Al principio, los análisis del relato procuraron
descubrir en este ámbito una inversión de lo positivo a lo negativo, o a la
inversa. Sin embargo, pueden observarse muchas otras transformaciones: se pasa
de la obligación o del deseo al acto, de la ignorancia al conocimiento, del
conocimiento a su enunciación, del acto a su valoración, etc. Por otro lado, el
desarrollo de las secuencias se hace no sólo mediante la subdivisión, sino
también mediante la adición de proposiciones facultativas.
La combinación de varias secuencias se presta
fácilmente a una tipología formal. Los casos siguientes son posibles:
encadenamiento, cuando las secuencias se disponen en el orden 1-2;
enclave: orden 1-2-1; entrelazamiento (o alternancia): orden
1-2-1-2. Estos tres tipos fundamentales a su vez pueden combinarse entre sí o
con otras instancias del mismo tipo. El encadenamiento global de las secuencias
en el interior de un texto produce la intriga; esta noción suele
aplicarse exclusivamente a textos dominados por el orden causal.
Estos análisis tienen el mérito de ser
explícitos y sistemáticos, pero corren siempre el peligro de caer en la mayor
generalidad. Se advertirá mejor el contraste con las tendencias más
tradicionales de los estudios literarios confrontándolos con una clasificación
que resume un buen número de trabajos anteriores y que refleja la variedad de
problemas que se plantean al futuro "narratólogo". Esta clasificación, debida a
N. Friedmann, es el ejemplo característico de un trabajo formal
descriptivo aún no teorizado.
La clasificación de Friedmann se basa
sobre algunas oposiciones binarias o ternarias: 1)
acción-personajes-pensamiento: lo que se encuentra en la Poética de
Aristóteles; 2) héroe simpático o antipático al lector; 3) una acción que el
sujeto ejecuta de manera absolutamente responsable y una acción que el sujeto
padece; 4) el mejoramiento y la degradación de una situación...
1. Intrigas de destino.
1. Intriga de
acción. El único problema que se plantea al lector es el
siguiente: ¿Qué ocurre a continuación? La intriga se organiza en torno a un
problema y su solución: atrapar un bandido, descubrir al asesino, encontrar un
tesoro, llegar a otro planeta. Es muy frecuente en la literatura de masas.
Ejemplo: "La isla del tesoro", de Stevenson.
2. Intriga
melodramática. Una serie de infortunios abruma a un héroe simpático
pero débil, que no las ha merecido. El relato termina en la desdicha y provoca
la piedad del lector. Esta intriga es frecuente en la novela naturalista del
siglo XIX. Ejemplo: "Tess d' Urbervilles", de Hardy.
3. Intriga trágica.
El héroe, siempre simpático, es en cierto modo responsable de su desdicha:
pero sólo lo descubre demasiado tarde. El lector pasa entonces por la
catharsis. Ejemplos: Edipo Rey, El rey Lear.
4. Intriga de
castigo. El héroe no Cuenta con la simpatía del lector, aunque éste
admire algunas de sus cualidades, a menudo "satánicas". Ejemplo: Tartufo.
5. Intriga cínica.
Esta clase no aparece mencionada por Friedmann, pero surge lógicamente de sus
categorías: un personaje central "perverso" triunfa al fin, en lugar de ser
castigado. Ejemplo: Fantomas.
6. Intriga
sentimental. Es lo opuesto de la intriga melodramática: el héroe,
simpático y a menudo débil, atraviesa una serie de desdichas, pero al fin
triunfa.
7. Intriga
apologética. Forma pareja con la intriga trágica: el héroe, fuerte y
responsable de sus actos, atraviesa una serie de peligros, pero al fin los
vence. El lector siente por él respeto y admiración.
2. intrigas de personaje.
1. Intrigas de
maduración. El héroe es simpático, pero sin experiencia o candoroso;
los acontecimientos le permiten madurar. Ejemplo: "El retrato del
artista", de Joyce.
2. Intrigas de
recuperación. Como en el caso anterior, el héroe simpático cambia en
sentido positivo. Pero esta vez él mismo es responsable de las desdichas que le
ocurren. Por consiguiente, durante una parte de la historia, el lector le niega
su compasión. Ejemplo: "La letra escarlata", de Hawthorne.
3. Intriga de
prueba. Un personaje simpático es sometido a una prueba en
circunstancias particularmente difíciles y no sabemos si podrá resistir o será
obligado a abandonar sus ideales. Con frecuencia se realiza la primera
posibilidad.
4. Intriga de
degeneración. Todas las iniciativas del héroe fracasan una tras otra.
Como consecuencia de esos fracasos el héroe renuncia a sus ideales. Ejemplo: "El
tío Vania", "La gaviota", de Chejov.
3. Intrigas de pensamiento.
1. Intriga de
educación. Mejoramiento de las concepciones del héroe simpático. En
esto se parece a la intriga de maduración; pero aquí el cambio psíquico no
influye sobr e el comportamiento del personaje. Ejemplos: "La guerra y la paz",
"Huck Finn".
2. Intriga de
revelación. Al principio, el héroe ignora su propia condición.
3. Intriga
afectiva. Lo que cambia en este caso son las actitudes y las
creencias del personaje, no su filosofía. Ejemplo: "Orgullo y prejuicio", de J.
Austen.
4. Intriga de la
desilusión. Se opone a la intriga de educación; el personaje pierde
aquí sus buenos ideales y muere desesperado. Al final del libro el lector ya no
simpatiza con él.
Desde luego, esta clasificación -que en
realidad no es tal- muestra a las claras las dificultades de una sistematización
de las intrigas. Toda intriga se basa sobre el cambio, pero son la naturaleza y
el nivel del cambio lo que debe estudiarse para determinar la tipología de las
intrigas.
--> V. Propp, Morfología del cuento,
Buenos Aires, Juan Goyanarte, 1972; A. Jolles, Formes simples, París,
1972; F. Köngas, P. Maranda, Structural models in Folklore, Midwest
Folklore, 1962, 3; G Bremond, La lógica de los posibles narrativos, en
Análisis estructural del relato, Buenos Aires, Tiempo Contemporáneo, 1970.; N.
Friedmann, Forms of Plot, Journal of General Education, 8, 1955.
Texto extraído del
"Diccionario Enciclopédico de las ciencias del lenguaje", O. Ducrot, T. Todorov,
correspondiente al artículo "Texto", Págs. 337/343 ; editorial Siglo XXI, Buenos
Aires, Argentina, 1976.
Selección y
destacados: S.R.
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