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Intervención Institucional
Educación y arte: ¿Una apuesta imposible? (*)
Nora
Martinez
Una intervención
institucional da cuenta de una escucha. Escuchar un equipo de trabajo en el
ámbito educativo, no resulta tarea fácil.
Quizá el aporte que intento
elaborar, está relacionado con la posibilidad de poder pensar juntos la
problemática educativa actual, inmersa en los avatares socio-políticos que tanto
entorpecen la labor educativa, cuando tenemos plena conciencia que un país con
una educación retrógrada, nos incrusta aún más en el caos y la miseria.
Las intervenciones
institucionales intentan conformarse como un trabajo interdisciplinario, donde
todos los integrantes que componen el ámbito educativo están involucrados, es
decir, comprometidos y sujetos a cuestionamiento y reflexión.
En general, la
experiencia nos devela que los únicos cuestionados son los alumnos. Es decir,
existe una dificultad para hacerse cargo, por parte de docentes y directivos.
Es notable, aún más
en estos tiempos, las enormes presiones con las que tienen que lidiar los
docentes en la actualidad. Merecería un capítulo aparte la reflexión que implica
ser docente en esta Argentina caótica y desesperanzada de hoy. Pero debemos
hacer un recorte a los efectos de lo que en este escrito deseo transmitir.
Si bien sostengo que
no son temas contrapuestos, me veo obligada a acotar, con el fin de demostrar
que aunque exista el caos político y social, es necesario dar cuenta de una
generación con actitud crítica, que posee las herramientas necesarias para
intervenir, desde su quehacer, en un proceso de cambio.
Sabemos que
estructuralmente, toda institución provoca malestar, es decir, las relaciones
humanas son por definición conflictivas. Se tratará, entonces, de acordar
ciertas pautas de convivencia que la hagan lo más saludable posible
Como docentes en
este mundo actual, cada cual deberá replantearse el entorno socio-económico y
cultural al que está expuesto, esto es, frente a que población estudiantil se
encuentra y desde allí marcará la diferencia.
La verdadera
transformación en el ámbito educativo parte exclusivamente de los docentes,
si tal transformación no
existe, no podemos pretender cambios cualitativos en los alumnos.
El docente vive
muchísimas angustias y presiones, ya que es el que está frente a los chicos y
entre la institución y los padres (que en general no se hacen cargo.
Las intervenciones
institucionales deberían ser un lugar de escucha y devolución sobre los
intereses individuales e institucionales. El docente debe tener un lugar de
descarga y contención, un espacio donde poder volcar las presiones acumuladas,
donde eso pueda ser escuchado, trabajado, analizado y que su energía psíquica
pueda ser traducida en trabajo saludable. Esto es, los chicos necesitan un
espacio de escucha, tanto como los docentes.
La propuesta
generada en conjunto con los directivos, es poder trabajar desde cada área, las
conflictivas que se presentan en el espacio áulico, mediante supervisiones con
el gabinete. Es decir, dedicar determinada cantidad del tiempo de sus horas para
trabajar grupalmente, desde los objetivos pedagógicos, con el fin de elaborar
una conflictiva. De este modo los chicos “descomprimen” y se hace más posible la
tarea.
En
este punto es donde “lo artístico” viene a darnos una mano.
Pareciera que
importa sólo lo pedagógico, y que las asignaturas artísticas estarían en otro
orden de importancia. Lo cual contiene una verdad, en el sentido de que están en
otro orden, pero no por eso de menor importancia. A través de la expresión
artística el alumno puede manifestar más fácilmente su sensibilidad y esto no se
da en otras áreas, por eso debe ser aprovechado.
El arte es enfocado como un medio al servicio del niño y no como un fin en sí
mismo.
Son excesivamente
pocas las instituciones que apuestan a las áreas artísticas como modo de
expresión, olvidándose que muchos niños perturbados en el medio escolar, pueden
encontrar a través de estas áreas un modo de expresión posible, acorde con lo
que necesitan manifestar en cada etapa de su desarrollo.
Pareciera que el
modelo de “docente típico” está más preocupado por cumplir los objetivos
pedagógicos que por incentivar la actitud crítica en sus alumnos.
De este modo se abre
una conflictiva y se cierra un círculo: ¿son los alumnos que perdieron el
interés o el docente que no encuentra el modo de despertarlo?
El docente (detrás
de su guardapolvo blanco) tomará el poder y acusará a su alumno y de paso a su
familia.
El alumno debilitado
por el agobio que implica escuchar lo mismo del mismo modo, se rendirá al
letargo y por qué no, a la escucha de sus walkman. Así será reprendido por un
acto indebido, irrespetuoso e irresponsable y me pregunto sino estará
devolviendo aquello que tomó de quien está en el frente.
Entonces, en este
contexto, las asignaturas artísticas funcionan como “liberación”, es allí donde
el alumno puede expresarse, pero frente a este estado de cosas, la “expresión”
da lugar a la descarga de la tensión acumulada y lo que vemos generalmente, es
caos en lugar de “expresión artística”.
El arte en la
escuela debería ocupar el lugar de posibilitador, lo considero así, porque
cuando el niño ejercita su imaginación, verdadero motor y centro de toda
expresión creadora, da lugar a un estado de bienestar físico y psíquico. Se
relaciona al niño con el mundo sensible, ampliando su marco de referencia para
que adquiera una nueva perspectiva de la realidad y el conocimiento de sus
posibilidades dentro de ella, el arte da la posibilidad de hacer alguna otra
cosa con las marcas fundantes de un sujeto.
Si esta apertura al
“acto creativo” partiera de cada docente, las áreas artísticas funcionarían
realmente como motores de expresión creativa.
Curiosamente la
elección de los docentes de asignaturas artísticas, a menudo, termina siendo un
trámite administrativo más que una cuidadosa búsqueda.
Es desde el
lenguaje, en la diversidad de sus expresiones, no sólo a través de las palabras,
sino más allá de ellas, que el arte aparece para algunos sujetos, como recurso
para algo nuevo.
Tomo un párrafo de
las Conf.28. Freud.
“La cura analítica
impone a médico y enfermo un difícil trabajo que es preciso realizar para
cancelar unas resistencias internas. Mediante la superación de estas, la vida
anímica del enfermo se modifica duraderamente, se eleva a un estadío más alto
del desarrollo y permanece protegida frente a nuevas posibilidades de enfermar.
Este trabajo de
superación constituye el logro esencial de la cura analítica; el enfermo tiene
que consumarlo, y el médico se lo posibilita mediante el auxilio de la
sugestión, que opera en el sentido de una educación”
Me pregunto sino
habrá que “sugestionar” a los docentes para poder apostar a la posibilidad de
una educación creativa, que deje de lado la mera transmisión de conocimientos,
para convertir las aulas en verdaderos espacios donde se pueda re-enunciar lo ya
enunciado, produciendo un nuevo sentido, abierto a múltiples significaciones.
Una intervención
institucional, intenta, mediante la escucha, romper un modelo, ofreciendo a
cambio un trabajo que transita por las vías del deseo como motor de impulso.
La
apuesta inscribe una huella que no dejará de tener efectos y allí,
tal vez, en el a posteriori, se cristalice la intervención.
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(*) Trabajo
presentado en las Jornadas de la Facultad de Psicología.UBA.
El cuerpo en la
clínica del siglo XXI” Agosto 2002.
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