BARONE: ¿Qué
les sugiere la palabra sueño?¿ Qué les parece si hablamos del sueño?
SABATO: Sí. ¿Qué
piensa usted Borges sobre la validez del sueño, quiero decir de la realidad
que aparece en los sueños.
BORGES: Es un
lindo tema. Empecemos, entonces. Usted primero, que tuvo la idea.
SABATO: Sobre la
realidad de los sueños se viene discutiendo desde hace siglos. ¿Recuerda las
Cuestiones académicas, de Cicerón?
Borges asiente con
la cabeza.
SABATO: Lúpulo
comenta que vio a Homero en sueños, y cuando despierta comprende que era una
ilusión. Cicerón le pregunta por qué cree que fue una ilusión. Lúpulo le
responde que porque en el sueño la presencia de Homero tiene menos vivacidad,
menos intensidad. Cicerón le contesta que una pesadilla puede ser
infinitamente más intensa que algo de la vigilia, de modo que ese argumento es
inválido. Pero entonces hay que preguntarse cuál es la prueba decisiva para
juzgar si una imagen que se nos aparece es real o no. Un tigre soñado puede
ser infinitamente más terrorífico que uno real.
BORGES: La vigilia
suele ser lánguida ¿no? Sobre todo en congresos, presentaciones de libros,
tardes de té...
SABATO: En cambio,
el sueño, como la literatura, pueden ser más convincentes.
BORGES: Yo diría
que tienen un sabor distinto. Por ejemplo, yo soñé anoche que estaba hablando
con dos señoras. Ambas eran altas, morenas, de piel negra. Sin embargo, noté
que no se trataba de dos señoras sino de una sola persona bicéfala. Ahora,
eso, en la realidad, debería ser horrible, porque si en la realidad uno se
encontrara con alguien con dos cabezas estaría horrorizado. Pero en el sueño
resultó natural y se confundió con tres acontecimientos del sueño. Y sólo
cuando me desperté comprendí que había estado al borde de la pesadilla y sin
embargo no fue. Posiblemente uno pueda pensar que hay un sabor distinto en el
sueño con respecto a la vigilia. Es que en general yo, cuando sueño, sé que
estoy soñando... y no sé a qué se lo debo.
SABATO: Bueno, no
es tan difícil de comprender. Si uno está hablando con una señora bicéfala,
morena o no, es claro que es un sueño. (Se ríen.) No es cuestión de
sabor, sino de cabezas.
BORGES: Hay un argumento de
Schopenhauer que me parece refutable: escribió que la vida y los sueños eran
hojas de un mismo libro, y que leerlas en orden es vivir, y hojearlas, soñar.
SABATO: Tampoco a mí me
convence. El sueño es otro libro, no un libro hojeado. Es un libro donde
impera otra lógica y donde el argumento es completamente distinto.
BORGES: Hay otro
argumento de Kant, que tampoco me gusta. Dice que en la vigilia los hechos
tienen consecuencias que incluso pueden durar años. En los sueños, no. Es como
si no hubieran ocurrido. Pero entonces, para distinguir el sueño de la vigilia
habría que esperar veinte o treinta años...
SABATO: Tampoco
sirve. La duración, en el sentido bergsoniano, es completamente diferente en
los sueños que en la vigilia: un minuto en el sueño puede valer por siglos. Y
en el sueño también los hechos tienen consecuencias, que pueden durar siglos,
es decir minutos.
BORGES: Además, es
posible que hayamos creado la realidad en este momento con todo su pasado.
Entonces cuando Macedonio Fernández decía que el universo y yo nacimos en 1874
era una broma, porque pudo haber nacido un segundo antes. Sabe que el año
1874, digamos, es un acto de fe.
SABATO: Recuerde
lo que dice Bertrand Russell sobre los agujeros en una media gastada. Dice que
puede haberse hecho el Universo hace un segundo, con medias agujereadas. Nada
de todo esto, pues, da argumentos en favor de la realidad diurna contra la
nocturna.
BORGES: Hay un
argumento del mismo tipo, pero estético, en El genio del cristianismo,
de Chateaubriand. Dice que es absurdo suponer que la creación, que en aquel
momento era muy importante, empezó de modo rudimentario. Es decir, que no
hubiera pájaros sino huevos, no árboles sino semillas. Decía que el mundo
empezó ya con árboles milenarios. Si no, tendríamos un mundo miserable. Pero,
es claro, ese es un argumento de orden estético.
SABATO: No
comprendo por qué ha de ser más miserable un huevo que un pájaro. Pero, en
fin, por asociación de ideas, siempre me ha hecho sonreír esa refutación de la
creación del mundo en seis días. Usted sabe, ese argumento de la evolución de
las especies, de los megaterios... Si existe un Dios capaz de crear un mundo,
no veo qué inconveniente existe para que lo cree con restos de megaterios.
BORGES: Philiph
Gosse escribió un libro titulado Omphalos, en el que afirma que cuando
Dios creó el mundo lo creó con un pasado, y que ese pasado no era imaginario.
Es decir, no empezó sacando de la nada árboles y animales. Entonces le
hicieron bromas, diciéndole que Dios había escondido los fósiles para engañar
a lo geólogos.
SABATO: Y para
poner a prueba la fe de los presuntuosos.
BORGES: En todo
esto aparece el problema del tiempo. Bueno, uno lo acepta verbalmente. Pero
luego se pregunta: ¿qué sucedió antes del primer instante? ¿Y antes de antes
del primer instante? Así hasta el infinito.
SABATO: Creo que
eso proviene de aplicar nociones del pensamiento hecho para un mundo finito a
algo que es esencialmente infinito. Y aplicamos nuestro principio de
contradicción, nuestra lógica aristotélica a realidades que seguramente tienen
otra lógica. Pero volviendo al sueño, Borges, digo que es imposible demostrar
que la realidad de los sueños es una ilusión, inferior a la realidad de la
vigilia. Ya ve todos esos argumentos que examinamos: no sirven para nada. Hay
también el argumento de la coherencia. Es cierto que los sueños son más
incoherentes. Pero, ¿por qué toda realidad tiene que ser coherente? De nuevo
estamos aplicando una lógica de la coherencia, que hemos descubierto en
nuestra vida diurna, para un universo que no cumple con esa lógica.
BORGES: Tampoco el
olvido. Cuando uno quiere recordar algo, primero tiene que olvidarlo, y luego
la memoria lo trae. El sueño es una forma de ese olvido.
SABATO: Es bueno
olvidarse cada doce horas. ¿Usted cree que se podría sobrevivir sin esos
olvidos?
BORGES: Sería la
monotonía, el tedio...
SABATO: Creo que
sería la desesperación y la locura. Sin sueños no se podría vivir. Tampoco sin
ficciones.
BORGES: (Murmurando.)
Almuerzos, tés, comidas periódicas, desayunos... Sin un plato de sueño
sería intolerable ;no?
Sonríen.
SABATO: Sigamos
con el análisis, si le interesa.
BORGES: Sí, me
gusta la idea.
SABATO:
Descartamos entonces los argumentos de intensidad y de coherencia. Pero
observe que lo mismo se puede decir de los accesos de locura o del éxtasis de
un santo. ¿Qué grado y qué género de realidad ven los locos y los místicos?
También en uno de esos diálogos de Cicerón se menciona un acceso de locura, el
de Tulitano, que exclamaba: "¡Ulises, te estoy viendo!" ¿Qué sabemos si de
verdad no lo veía?
BORGES: Hay un
argumento: lo que otros ven. En el sueño se está solo, en la vigilia se
comparte ese sueño colectivo, pero creo que tampoco es una prueba.
SABATO: Así es,
tampoco es válido ese argumento. En el sueño puede haber otros, hay
siempre otros, que están compartiendo esa realidad.
Borges dice algo
que no se descifra bien en la grabación.
SABATO: Pero el
famoso argumento de “Ios otros" tampoco sirve si se piensa un poco. Acá
tenemos esta mesa, que estamos viendo todos. Pero supongamos que yo cierro los
ojos: no la veo. Puedo poner en duda su existencia. Si me dicen que los otros,
sin embargo, la están viendo, tampoco basta, porque así como no veo la mesa
tampoco veo a los otros. Si me arguyen que por lo menos los oigo, si me quedo
sordo tampoco sirve ese argumento. Y si me cortan las manos y me quitan el
sentido del tacto tampoco puedo sentir la mesa con ese sentido. En tal
extremo: ¿cuál es el valor de los otros? Filosóficamente, nulo. Aquí estamos
ya casi en la misma situación que en el sueño. La realidad de ese mundo no es
inferior porque sea uno solo quien la sienta.
BORGES: Lo único
que existe es el soñador. Hay un argumento de Bertrand Russell: vamos a
suponer que no hay universo, que no hay antepasados, que no hay infancia. El
mundo existe en un momento, luego empieza a existir y compartimos el pasado.
Posiblemente, Sabato, el momento en que yo dije esto ya pertenece al pasado.
SABATO: Los
razonamientos de Berkeley, pues, son irrefutables. Aunque, como dijo Hume, no
admiten la menor refutación y no producen la menor convicción. ¿Es así,
Borges? Usted es el memorioso.
BORGES: They
admit of no refutation and produce no conviction.
SABATO: Eso es.
Por eso Hume sostiene que la existencia de la mesa, es decir de la realidad
entera, es un acto de fe, de belief en su lenguaje.
BORGES: Él decía
que era un filósofo cuando pensaba, pero todos los días, cuando se movía entre
sus semejantes y caminaba por las calles de Edimburgo, dejaba de ser un
filósofo y era un alucinado, como los demás. La filosofía corresponde a un
estado de meditación solitaria.
SABATO: Todo este
problema está vinculado al problema del infierno. Sé que a usted le interesa
mucho también.
Borges mueve
lentamente una mano, en gesto de afirmación, y en silencio se inclina hacia el
lugar donde está Sabato.
SABATO: El alma,
aunque encarnada, y, por lo tanto, obligada a seguir las vicisitudes de su
cuerpo, pertenece a un orden ontológico distinto: no está ni en el espacio ni
en el tiempo astronómico. Si por algún procedimiento puede, aunque sea
transitoriamente, "salirse" del cuerpo, entonces se pondría fuera del espacio
tiempo. No habría para ella ni antes ni después. Ahora bien: todos sabemos
que durante el sueño hay gente que ve o siente lo que va a suceder en el
futuro. Eso puede explicarse admitiendo que durante el sueño el alma puede
escapar a su cuerpo. Libre de su prisión de carne y tiempo puede así viajar
por el cielo intemporal, donde no hay ni antes ni después, y donde los hechos
que más tarde sucederán o parecerán suceder a su propio cuerpo abandonado
están ahí, eternizados como estatuas de la felicidad o el infortunio. De este
modo, para el que tenga el arte de interpretarlos, porque no siempre esas
visiones son claras, los sueños son no sólo vestigios del pasado sino visiones
o símbolos del porvenir.
Borges se ha
quedado escuchándolo con el mismo interés literario con que acostumbra
escuchar o contar historias fantásticas, pero probablemente con la misma
incredulidad de fondo. La expresión de Sabato es de apasionada seriedad.
SABATO: Pero como
en el futuro nos espera la muerte, hay pesadillas que no pueden ser sino
visiones del infierno que atiende.
BORGES: (Serio)
Pero ¿usted no cree, Sabato, que el cielo y el infierno son invenciones
verbales?
SABATO: Creo que
son realidades, aunque eso no quiere decir que sean realidades tan candorosas
como las que se les enseñan a los chicos en las iglesias. Las pesadillas, las
visiones de los locos que "se ponen fuera de sí" (fíjese qué significativa es
esa antigua expresión), las visiones de los poetas son realidades, no son
amontonamientos de palabras. Los que veían pasar a Dante por las calles de
Ravena, silencioso y flaco, comentaban en voz baja, con una especie de sagrado
recelo: "Ahí va el que estuvo en el infierno". Yo creo que Dante vio, como
todo gran poeta, con terrorífica nitidez, lo que el común de las gentes apenas
entrevé. Lo que el hombre común borrosamente alcanza a ver en esa pequeña
muerte transitoria que es el sueño.
BORGES:
(Que lo ha escuchado con apacible incredulidad)
Yo estoy cómodo pensando que el cielo y el infierno son hipérboles.
SABATO: En otras
palabras, usted, a sus propios cuentos los considera como invenciones verbales
y no como descubrimientos de una realidad... (Ha
cambiado su expresión y ahora sonríe.) Aunque se resista, en este
momento es descubridor de otras realidades.
BORGES: Bueno, yo
tendría este argumento: mientras estoy creando soy ante todo insignificante.
SABATO: ¿Para
dejar su modestia a un lado, como argumento filosófico, también Dante o
Milton?
BORGES: (Se
sonríe) Bueno, pienso que ningún acto mío es merecedor de ser
premiado o castigado eternamente.
SABATO. El
infierno puede existir eternamente sin que usted sea castigado eternamente.
BORGES: Recuerdo algo cuando estuve con los mormones en
Utah. Uno de los teólogos que conversaba conmigo había llegado a la conclusión
de que en el ciclo uno seguía evolucionando y que posiblemente al cabo de
siglos de siglos le fuera concedido el don de ser Dios y crear un mundo
propio, con su zoología, botánica y sobre todo estética y ética. Y esa es la
posibilidad última para los mormones.
SABATO: (Sonriendo
con ironía) A ellos, que son buenos negociantes, algo así como
poner un negocio por su cuenta, ¿no?
BORGES: Pero es
una linda idea. (Su mirada se pierde).
Crear un mundo propio...
Hay una pausa. Una
bandeja con vasos
y tazas nos
somete a la realidad del café y del agua.
SABATO: Sin ser
mormón ni esperar siglos, creo que es lo que hacen ciertos grandes artistas:
crear un mundo propio, con sus hombres y animales, con su ética y su
estética...
BARONE: Yo a
veces traigo aquí preguntas de otros, inquietudes de artistas que saben de
estas charlas y quieren aportar algo. Por ejemplo, el otro día hubo una
discusión entre pintores sobre sí existía la creación absoluta o solamente la
interpretación...
BORGES: (Interrumpiéndome)
No creo en la creación absoluta, porque no hay nada absoluto: ni colores,
ni líneas, ni formas... Y un argumento a favor sería que si usted se imagina
la cantidad de animales que hay y que los monstruos están hechos de la
combinación de esos animales, se pensaría que el jardín zoológico fantástico
es más numeroso que el de la vigilia. Sin embargo, no pasa eso. Porque,
fíjese, que casualmente centauros y dragones han sido imaginados siempre. En
cambio, hay mayor cantidad de hormigas que de monstruos. Quiere decir que la
posibilidad de combinaciones, que deberían ser mayores que el número de
individuos, no lo es. Siempre se tiende a imaginar los mismos monstruos, a
repetirlos.
SABATO: Creo no
entenderlo, pero quizá es porque estoy cansado. Pero tal vez tenga algo que
ver con lo que usted acaba de enunciar, la tesis de Plotino: las ideas
platónicas son en número limitado, y las combinaciones tampoco son infinitas.
Después de cierto tiempo se repiten: el Eterno Retorno.
BORGES: Sí, es lo
que afirmaba también Hume: el número de elementos que componen el universo es
limitado, y las combinaciones deben necesariamente repetirse.
Sábado que concluye. Voces que callan, sombras que abandonan la casa y otra
sombra (yo) demorándose en esta sala, sospechosamente. Me quedo con la ingenua
esperanza de seguir escuchando sin que estén ellos.
1 de marzo de 1975
(*)
“Diálogos Borges Sabato” se publicó en EMECE año 1976.
Para aquella época Argentina era un nuevo escenario para las
muecas del horror. Cuenta Osvaldo Barone que “la literatura
debía sobrevivir, postergada por el hiperrealismo de las armas,
la veda política y la censura intelectual” .
Veinte años después el libro vuelve a reeditarse.
Selección:
V.Guerra