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28 Noviembre 1947
¿Cómo hacerse un cuerpo sin órganos?
G. Deleuze - F.
Guattari

El huevo dogón y la distribución de intensidades
De todas maneras tenéis uno (o varios), no tanto porque preexista o venga dado
hecho -aunque en cierto sentido preexiste-, sino porque de todas maneras
hacéis uno, no podéis desear sin hacer uno -os espera, es un ejercicio, una
experimentación inevitable, ya hecha en el momento en que la emprendéis, no
hecha en tanto que no la emprendáis. No es tranquilizador, puesto que podéis
fallarlo. 0 bien puede ser terrorífico, conduciros a la muerte. Es
no-deseo tanto como deseo.
De ningún modo
es una noción, un concepto, más bien es una práctica, un conjunto de prácticas.
El Cuerpo sin Organos no hay quien lo consiga, no se puede conseguir, nunca se
acaba de acceder a él, es un límite. Se dice: ¿qué es el CsO? -pero ya se está
en él, arrastrándose como un gusano, tanteando como un ciego, corriendo como un
loco, viajero del desierto y nómada de la estepa. En él dormimos, velamos,
combatimos, vencemos y somos vencidos, buscamos nuestro sitio conocemos nuestras
dichas más inauditas y nuestras más fabulosas caídas, penetramos y somos
penetrados, amamos. El 28 de Noviembre de 1947, Artaud declara la guerra
a los órganos: Para acabar con el juicio de Dios, "Pues atadme si
queréis, pero yo os digo que no hay nada más inútil que un órgano". Y es una
experimentación no sólo radiofónica, sino biológica, política, que provoca la
censura y la represión. Corpus y Socius, política y experimentación. Os
impedirán experimentar en vuestro rincón.
El CsO: ya está
en marcha desde el momento en que el cuerpo está harto de los órganos
y quiere deshacerse de ellos, o bien los pierde. Interminable procesión:
-del cuerpo hipocondríaco, cuyos órganos
están destruidos, la destrucción ya está consumada, ya nada pasa,
"la Srta. X afirma que ya no tiene ni cerebro ni nervios ni
pecho ni estómago ni tripas, ya no le queda más que la piel y los
huesos del cuerpo desorganizado", esas son sus propias expresiones;
-del cuerpo paranoico, cuyos órganos no
cesan de ser atacados por influjos, pero también reconstituidos
por energías exteriores ("durante mucho tiempo ha vivido sin
estómago, sin intestinos, casi sin pulmones, con el esófago desgarrado,
sin vejiga, con las costillas hechas polvo, incluso a veces había
llegado a comer parte de su propia laringe,... y así sucesivamente,
pero los milagros divinos siempre habían regenerado lo que había
sido destruido..."); -del cuerpo esquizofrénico,
accediendo a una lucha interior activa que libra contra los
órganos y cuyo precio es la catatonia, y luego del cuerpo
drogado, esquizo - experimental : "el organismo humano
es escandalosamente ineficaz; en lugar de una boca y de un ano,
que corren el riesgo de estropearse, ¿por qué no podría haber un
sólo orificio polivalente para la alimentación y la defecación?
Se podría obturar la boca y la nariz, rellenar el estómago y abrir
directamente en los pulmones un agujero de ventilación, así tenía
que haber sido desde un principio" (1);
-del cuerpo masoquista, que se comprende mal
a partir del dolor, porque fundamentalmente es un asunto de Cs0;
el masoquista se hace coser por su sádico o su puta, coser los ojos,
el ano, el ureter, los pechos, la nariz; se hace inmovilizar para
detener el ejercicio de los órganos, despellejar como si los órganos
dependieran de la piel, sodomizar, asfixiar para que todo quede
herrnéticamente cerrado.
¿Por qué esta
cohorte lúgubre de cuerpos cosidos, vidriosos, catatonizados, aspirados, cuando
el Cs0 también está lleno de alegría, de éxtasis, de danza? ¿Por qué todos estos
ejemplos, por qué hay que pasar por ellos? Cuerpos vaciados en lugar de cuerpos
llenos. ¿Qué ha pasado? ¿Habéis empleado la prudencia necesaria? No la
sabiduría, sino la prudencia como dosis, como regla inmanente a lo
experimentación: inyecciones de prudencia. Muchos son vencidos en esta batalla.
¿Tan triste y peligroso es no soportar los ojos para ver, los pulmones para
respirar, la boca para tragar, la lengua para hablar, el cerebro para pensar, el
ano y la laringe, la cabeza y las piernas? Por qué no caminar con la cabeza,
cantar con los senos nasales, ver con la piel, respirar con el vientre. Cosa
simple, Entidad, Cuerpo lleno, Viaje inmóvil, Anorexia, Visión cutánea, Yoga,
Krishna, Love, Experimentación. Donde el psicoanálisis dice: Detenéos,
recobrad vuestro yo, habría que decir: Vayamos todavía más lejos, todavía no
hemos encontrado nuestro CsO, desecho suficientemente nuestro yo. Sustituid la
anamnesis por el olvido, la interpretación por la experimentación. Encontrad
vuestro cuerpo sin órganos, sed capaces de hacerlo, es una cuestión de
vida o de muerte, de juventud o de vejez, de tristeza o de alegría. Todo se
juega a ese nivel.
Maîtrese,
"1) puedes amarrarme fuertemente encima de la mesa, durante
diez o quince minutos, mientras preparas los instrumentos;
2) me das cien latigazos por lo menos, luego haces una pausa de
algunos minutos; 3) comienzas a coser, coses el agujero del glande,
y éste a la piel que hay a su alrededor, impidiéndole así descapullar,
coses la bolsa de los cojones a la piel de los muslos. Coses los
pechos, coses sólidamente un botón de cuatro agujeros a cada
pezón. Si quieres puedes unirlos con un elástico de ojal. Pasas
luego a la segunda fase: 4) puedes elegir entre ponerme boca
abajo sobre la mesa, amarrado por la cintura, con las piernas juntas,
o bien atarme únicamente al poste, con las muñecas y las piernas
juntas, con todo el cuerpo fuertemente atado; 5) me das latigazos
en la espalda las nalgas cien latigazos por lo menos; 6) juntas
las nalgas y las coses, coses toda la raya del culo. Todo
bien cosido con hilo doble y puntada a puntada. Si estoy sobre la
mesa me atas entonces al poste; 7) me das cincuenta fustazos en
las nalgas; 8) si quieres complicar la tortura y ejecutar tu amenaza
de la última vez, me clavas profundamente los alfileres en las nalgas;
9) puedes entonces ponerme en la silla y atarme, me das cincuenta
fustazos en los pechos y me clavas los alfileres más pequeños,
si quieres puedes calentarlos y ponerlos al rojo, previamente,
todos o algunos. La atadura en la silla debería ser sólida y con
las muñecas en la espalda para hacer que salga el pecho. Si no he
hablado de quemaduras es porque debo pasar pronto una revisión médica
y tardan mucho en curar". No es un fantasma es un programa:
diferencia esencial entre la interpretación psicoanalítica y la
experimentación antipsicoanalítica del programa. Entre el fantasma,
interpretación que a su vez hay que interpretar, y el programa,
motor de experimentación (2).
El Cs0 es lo que queda cuando se ha suprimido todo. Y lo que
se suprime es precisamente el fantasma, el conjunto de significancias
y de subjetivaciones. El psicoanálisis hace justo lo contrario:
lo traduce todo en fantasmas, lo convierte todo en fantasmas, conserva
el fantasma, y se caracteriza por fallar lo real, puesto que
falla el CsO.
Algo va a pasar,
algo está pasando ya. Pero no hay que confundir exactamente lo que pasa sobre el
Cs0 y la manera de hacerse uno. No obstante, una cosa está incluída en la otra.
De ahí las dos fases enunciadas en la carta precedente. ¿Por qué dos fases
perfectamente diferenciadas, cuando en los dos casos se trata de lo mismo, de
cosidos y de latigazos? Una es para la fabricación del CsO, otra para hacer
circular, pasar algo; los mismos procedimientos presiden las dos fases, pero
necesitan ser reemprendidos, emprendidos dos veces. Lo cierto es que el
masoquista se ha hecho un Cs0 en tales condiciones que, como consecuencia,
éste ya sólo puede estar poblado por intensidades de dolor, ondas doloríferas.
Tan falso es decir que el masoquista busca el dolor como decir que busca el
placer de una manera especialmente diferida o desviada. El masoquista
busca un CsO, pero de tal tipo que sólo podrá ser llenado, recorrido por el
dolor, en virtud de las propias condiciones en las que ha sido constituido. Los
dolores son las poblaciones, las manadas, los modos del masoquista-rey en el
desierto que él ha hecho nacer y crecer. E igual ocurre con el cuerpo drogado
y las intensidades de frío, las ondas frigoríficas.
Para cada tipo
de Cs0 debemos preguntar: 1) ¿cuál es ese tipo, cómo está fabricado, por qué
procedimientos y medios que prejuzgan ya lo que va a pasar?; 2) ¿cuáles son sus
modos, que pasa, con que variantes, qué sorpresas, qué imprevistos con relación
a lo esperado? En resumen, entre un Cs0 de tal o tal tipo y lo que pasa sobre él
hay una relación muy particular de síntesis o de análisis: síntesis a priori
en la que algo va a ser necesariamente producido bajo tal modo, pero sin que
se sepa lo que va a ser producido; análisis infinito en el que lo que es
producido sobre el Cs0 ya forma parte de la producción de ese cuerpo, ya está
incluido en él, sobre él, pero al precio de una infinidad de pasos, de
divisiones y de subproducciones. Experimentación muy delicada, puesto que no
debe haber estancamiento de los modos ni desviación del tipo: el masoquista, el
drogadicto, rozan constantemente esos peligros que vacían su Cs0 en lugar de
llenarlo.
Se puede fracasar
dos veces, y, sin embargo, es el mismo fracaso, el mismo peligro:
al nivel de la constitución del CsO, y al nivel de lo que pasa o
no pasa. Creíamos habernos hecho un buen CsO, habíamos escogido
el Lugar, la Potencia, el Colectivo (siempre hay un colectivo,
incluso si se está solo), y luego nada pasa, nada circula, o algo
hace que eso ya no pase. Un punto paranoico, un punto de bloqueo
o un arrebato delirante, como se ve claramente en el libro de Bourroughs
junior, Speed. ¿Podemos asignar ese punto peligroso, hay
que expulsar al bloqueador, o, al contrario, "amar, honrar
y servir al demente cada vez que sale a la superficie"? Bloquear,
estar bloqueado, ¿no es todavía una intensidad? En cada caso, hay
que definir lo que pasa y no pasa, lo que hace pasar e impide pasar.
Como en el circuito de la carne, según Lewin, algo pasa a
través de los canales cuyas secciones están determinadas por puertas,
con porteros, pasadores (3).
Abridores de puertas y cerradores de trampillas, Malabars y Fierabras.
El cuerpo no es más que un conjunto de válvulas, cámaras,
esclusas, recipientes o vasos cornunicantes: un nombre propio para
cada uno, poblamiento del CsO, Metrópolis, que hay que manejar con
látigo. ¿Qué puebla, qué pasa y qué bloquea?
Un Cs0 está
hecho de tal forma que sólo puede ser ocupado, poblado por intensidades.
Sólo las intensidades pasan y circulan. Además, el Cs0 no es
una escena, un lugar, ni tampoco un soporte en el que pasaría algo.
Nada tiene que ver con un fantasma, nada hay que interpretar. El
Cs0 hace pasar intensidades, las produce y las distribuye en un
spatium a su vez intensivo, inextenso. Ni es espacio ni está
en el espacio, es materia que ocupará el espacio en tal o tal grado,
en el grado que corresponde a las intensidades producidas. Es
la materia intensa y no formada, no estratificada, la matriz intensiva,
la intensidad = 0; pero no hay nada negativo en ese cero, no hay
intensidades negativas ni contrarias. Materia igual a energía. Producción
de lo real como magnitud intensiva a partir de cero. Por eso nosotros
tratamos el CsO como el huevo lleno anterior a la extensión del
organismo y a la organización de los órganos, anterior a la formación
de los estratos, el huevo intenso que se define por ejes y vectores,
gradientes y umbrales, tendencias dinámicas con mutación de energía,
movimientos cinemáticos con desplazamiento, migraciones, y todo
ello independientemente de las formas accesorias, puesto
que los órganos sólo aparecen y funcionan aquí como intensidades
puras (4).
El órgano cambia al franquear un umbral, al cambiar de gradiente.
"Los órganos pierden toda constancia, ya se trate de
su emplazamiento o de su función, (... ) por todas partes aparecen
órganos sexuales, brotan anos, se abren para defecar, luego se cierran
, ( ... ) el organismo entero cambia de textura y de color, variaciones
alotrópicas reguladas a la décima de segundo ..." (5).
Huevo tántrico.
Finalmente, ¿no
sería la Etica el gran libro sobre el Cs0? Los atributos son los
tipos o los géneros del CsO, sustancias, potencias, intensidades Cero como
matrices productivas. Los modos son todo lo que pasa: las ondas y
vibraciones, las migraciones, umbrales y gradientes, las intensidades producidas
bajo tal o tal tipo, a partir de tal matriz. El cuerpo masoquista como
atributo o género de sustancias y su producción de intensidades, de modos
doloríficos a partir de su costura, de su grado 0. El cuerpo drogado como
otro atributo, con su producción de intensidades específicas a partir del Frío
absoluto = 0. ("Los yonquis se quejan sin cesar de lo que ellos llaman el Gran
Frío, y levantan el cuello de sus negros, y aprietan con las manos sus flacos
cuellos. Es todo teatro: el yonqui no quiere estar al calor, quiere estar al
fresco, al frío, al Gran Hielo. Pero el frío debe alcanzarle como la droga: no
en el exterior, donde no le hace ningún bien, sino en el interior de si mismo,
para que pueda sentarse tranquilamente, con la columna vertebral tan rígida como
el émbolo helado de un gato hidráulico y su metabolismo cayendo al Cero
absoluto...") etc. El problema de una misma sustancia para todas las sustancias,
de una sustancia única para todos los atributos deviene: ¿existe un conjunto
de todos los Cs0? Pero, si el Cs0 es ya un límite, ¿qué habría que decir del
conjunto de todos los CsO? El problema ya no es el de lo Uno y el de lo
Múltiple, sino el de la multiplicidad de fusión que desborda
efectivamente cualquier oposición entre lo uno y lo múltiple. Multiplicidad
formal de los atributos sustanciales que como tal constituye la unidad
ontológica de la sustancia. Continuum de todos los atributos o géneros de
intensidad bajo una misma sustancia, y de las intensidades de un cierto género
bajo un mismo tipo o atributo.Contiuum de todas las sustancias en
intensidad, pero también de todas las intensidades en sustancia. Continuum
ininterrumpido del CsO. El CsO, inmanencia, límite inmanente. Los
drogadictos, los masoquistas, los esquizofrénicos, los amantes, todos los Cs0
rinden homenaje a Spinoza. El Cs0 es el campo de inmanencia el plan
de consistencia propio del deseo (justo donde el deseo se define como
proceso de producción, sin referencia a ninguna instancia externa, carencia que
vendría a socavarlo, placer que vendría a colmarlo).
Cada vez que el
deseo es traicionado, maldecido, arrancado de su campo de inmanencia, ahí
hay un sacerdote. El sacerdote ha lanzado la triple maldición sobre el deseo: la
de la ley negativa, la de la regla extrínseca, la del ideal trascendente.
Mirando hacia el Norte el sacerdote ha dicho: deseo es carencia (¿cómo no iba a
carecer de lo que desea?). El sacerdote realizaba así el primer sacrificio,
llamado castración, y todos los hombres y mujeres del Norte le seguían gritando
cadenciosamente "carencia, carencia es la ley común". Luego, mirando hacia el
Sur, el sacerdote ha relacionado el deseo con el placer. Pues hay sacerdotes
hedonistas e incluso orgásticos. El deseo se satisfará en el placer; y no sólo
el placer obtenido acallará momentaneamente el deseo, sino que obtenerlo ya es
una forma de interrumpirlo, de descargarlo inmediatamente y de descargarnos de
él. El placer-descarga: el sacerdote realizaba así el segundo sacrificio llamado
masturbación. Por último, mirando hacia el Este exclamó: el goce es imposible,
pero el imposible goce está inscrito en el deseo. Pues tal es el Ideal, en su
imposibilidad misma, la carencia-de-gozar que es la vida. El sacerdote realizaba
así el tercer sacrificio, fantasma o mil y una noches, ciento veinte días,
mientras que los hombres del Este cantaban: sí, seremos vuestro fantasma,
vuestro ideal y vuestra imposibilidad, los vuestros y también los nuestros. El
sacerdote no había mirado hacia el Oeste, puesto que sabía perfectamente que
estaba ocupado por un plan de consistencia, pero creía que esa dirección estaba
cerrada por las columnas de Hércules, no tenía salida, no estaba habitada por
hombres. Sin embargo, ahí era donde se ocultaba el deseo, el Oeste era el camino
más corto del Este, y de las otras direcciones redescubiertas o
desterritorializadas.
La figura más
reciente del sacerdote es el psicoanalista, con sus tres principios,
Placer, Muerte y Realidad. Sin duda, el psicoanálisis había mostrado que el
deseo no estaba sometido a la procreación ni siquiera a la genitalidad. Esa era
su modernidad. Pero seguía conservando lo esencial, incluso había hallado
nuevos medios para inscribir en el deseo la ley negativa de la carencia, la
regla externa del placer, el ideal transcendente del fantasma. Veamos si no su
interpretación del masoquismo: cuando no se invoca la ridícula pulsión de
muerte, se pretende que el masoquista, como todo el mundo, busca el placer, pero
no puede alcanzarlo a causa de los dolores y de las humillaciones fantasmáticas
cuya función sería calmar o conjurar una angustia profunda. Eso no es exacto; el
sufrimiento del masoquista es el precio que tiene que pagar, no por
alcanzar el placer, sino por romper la pseudounión del deseo con el placer como
medida extrínseca. El placer no es en modo alguno aquello que sólo podría ser
alcanzado indirectamente por el sufrimiento, sino aquello que debe retrasarse al
máximo, pues interrumpiría el proceso continuo del deseo positivo. Hay un gozo
inmanente al deseo, como si se llenase de sí mismo y de sus contemplaciones, y
que no implica ninguna carencia, ninguna imposibilidad, pero que tampoco se mide
con el placer, puesto que es ese gozo el que distribuirá las intensidades de
placer e impedirá que se carguen de angustia, de vergüenza, de culpabilidad. En
resumen, el masoquista utiliza el sufrimiento como un medio para
constituir un cuerpo sin órganos y aislar un plan de consistencia del deseo. Que
haya otros medios, otros procedimientos que el masoquismo, y probablemente
mejores, esa es otra cuestión; basta con que ese procedimiento convenga a
algunos.
Veamos ahora el
caso de un masoquista que no ha pasado por el psicoanálisis:
"PROGRAMA... Embridar la noche, y atar las manos más fuertemente,
bien a la cadena del freno, bien al gran corsé, nada más salir del
baño. Poner todo el arnés sin pérdida de tiempo, las riendas y las
empulgueras, atar las empulgueras al arnés. Encerrar la verga en
un estuche de metal. Tirar de las riendas dos horas durante el día,
por la noche a voluntad del amo. Reclusión durante tres o cuatro
días, con las manos siempre atadas, las riendas tensas y distendidas.
El amo nunca se acercará caballo sin su fusta, y hará uso
de ella cada vez. Si la impaciencia o la rebelión del animal se
manifestase, se tensarán las riendas fuertemente, el amo tomará
las bridas y dará una severa corrección al animal"
(6).
¿Qué hace este masoquista? Da la impresión de que imita al caballo,
Equus Eroticus, pero no es eso. El caballo y el domador-amo,
la maitresse, tampoco son imágenes de madre o de padre.
Es una cuestión completamente diferente, un devenir-animal esencial
al masoquismo, una cuestión de fuerzas. El masoquista lo presenta
así: "Axioma de la doma -destruir las fuerzas instintivas
para sustituirlas por las fuerzas transmitidas-". De hecho
no se trata tanto de una destrucción como de un intercambio y de
una circulación ("lo que le sucede al animal también puede
sucederme a mí"). El caballo es domado: a sus fuerzas instintivas
el hombre impone fuerzas transmitidas, que van a regularlas, seleccionarlas,
dominarlas, sobrecodificarlas. El masoquista efectúa una
inversión de los signos: el caballo va a transmitirle sus fuerzas
transmitidas, para que las fuerzas innatas del masoquista sean a
su vez domadas. Hay dos series, la del caballo (fuerza innata,
fuerza transmitida por el hombre), la del masoquista transmitida
por el caballo, fuerza innata del hombre). Una serie pasa a
la otra hace circuito con la otra: aumento de potencia o
circuito de intensidades. El amo o más bien, la maitresse-amazona,
la equitante, asegura la conversión de las fuerzas y la inversión
de los signos. El masoquista ha construido todo un agenciamiento
que traza y ocupa a la vez el campo de inmanencia del deseo, constituyendo
consigo mismo, el caballo y la maitresse, un cuerpo sin órganos
o plan de consistencia."Resultados a obtener: que yo esté constantemente
a la espera de gestos y de tus órdenes, y que poco a poco toda oposición
sea sustituida por la fusión de mi persona con la tuya (...).
A este respecto, es preciso que la simple evocación de tus botas,
aunque no quiera admitirlo, me produzca miedo. De esta manera ya
no serán las piernas de las mujeres las que me harán efecto;
y si te apetece pedirme caricias, cuando tú las quieres y
me lo manifiestas, me darás la huella de tu cuerpo como yo nunca
la he tenido ni la tendré jamás sin eso". Las piernas siguen
siendo órganos, pero las botas ya sólo determinan una zona de intensidad
como una huella o una zona sobre un CsO.
De igual modo,
o más bien de otra manera, sería un error interpretar el amor
cortés bajo la forma de una ley de la carencia o de un ideal
de transcendencia. La renuncia al placer externo, o su aplazamiento,
su alejamiento al infinito, indica, por el contrario, un estado
conquistado en el que el deseo ya no carece de nada, se satisface
de sí mismo y construye su campo de inmanencia. El placer es la
afección de una persona o de un sujeto, el único medio que tiene
una persona para "volver a encontrarse a sí misma" en
el proceso del deseo que la desborda; los placeres, incluso los
más artificiales, son reterritorializaciones. Pero, ¿acaso es necesario
volver a encontrarse a sí mismo? El amor cortés no ama el
yo, ni tampoco ama la totalidad del universo con un amor celeste
o religioso. Se trata de hacer un cuerpo sin órganos, allí donde
las intensidades pasan y hacen que ya no haya ni yo ni el otro,
no en nombre de una mayor generalidad, de una mayor extensión, sino
en virtud de singularidades que ya no se pueden llamar personales,
de intensidades que ya no se pueden llamar extensivas. El
campo de inmanencia no es interior al yo, pero tampoco procede de
un yo exterior o de un no-yo. Más bien es como el Afuera
absoluto que ya no conoce los Yo, puesto que lo interior y lo
exterior forman igualmente parte de la inmanencia en la que han
fundido. El joi en el amor cortés, el intercambio de los corazones,
la prueba o el assay: todo está permitido con tal de que
no sea exterior al deseo ni transcendente a su plan, pero tampoco
interior a las personas. La mínima caricia puede ser tan fuerte
como un orgasmo; el orgasmo sólo es un hecho, más bien desagradable,
con relación al deseo que prosigue su derecho. Todo está permitido:
lo único que cuenta es que el placer sea el flujo del propio deseo.
Inmanencia, en lugar de una medida que vendría a interrumpirlo o
que lo haría depender de tres fantasmas: la carencia interior, lo
transcendente superior, lo exterior aparente (7).
Si el deseo no tiene como norma el placer no es a causa de
una carencia que sería imposible satisfacer, sino, por el contrario,
en razón de su positividad, es decir, del plan de consistencia que
traza en el curso de su proceso.
En 982-984 se hace
una gran compilación japonesa de tratados taoístas chinos.
En ellos puede observarse la formación de un circuito de intensidades
entre la energía femenina y la energía masculina, desempeñando la
mujer el papel de fuerza instintiva o innata (Yin), pero que el
hombre usurpa o que se transmite al hombre, de tal manera que la
fuerza transmitida del hombre (Yang) deviene a su vez y con mayor
motivo innata: aumento de las potencias (8).
La condición de esta circulación y de esta multiplicación es que
el hombre no eyacule. No se trata de experimentar el deseo como
carencia interior, ni de aplazar el placer para producir una especie
de plusvalía exteriorizable, sino, por el contrario, de constituir
un cuerpo sin órganos intensivo, Tao, un campo de inmanencia en
el que el deseo no carece de nada, y como consecuencia ya no se
relaciona con ningún criterio exterior o transcendente. Es cierto
que todo el circuito puede ser dirigido hacia fines procreativos
(eyacular en el buen momento de las energías), y así es como el
confucianismo lo entiende. Pero eso sólo es válido para una cara
de ese agenciamiento de deseo, la cara orientada hacia los estratos,
organismos, Estado, familia... Pero no lo es para la otra cara,
la cara Tao de desestratificación que traza un plan de consistencia
propio del deseo. ¿El Tao es masoquista? ¿El amor cortés es Tao?
Estas preguntas no tienen sentido. El campo de inmanencia o plan
de consistencia debe ser construido; ahora bien, puede serlo en
formaciones sociales muy distintas, y por agenciamientos muy diferentes,
perversos, artísticos, científicos, místicos, políticos, que no
tienen el mismo tipo de cuerpo sin órganos. Se construirá fragmento
a fragmento, sin que lugares, condiciones y técnicas puedan reducirse
los unos a los otros. La cuestión sería más bien saber si los
fragmentos pueden unirse, y a qué precio. Hay forzosamente uniones
montruosas. El plan de consistencia sería el conjunto de todos los
CsO, pura multiplicidad de inmanencia en la que un trozo puede ser
chino, otro americano, otro medieval, otro un poco perverso, pero
en un movimiento de desterritorialización generalizada en el que
cada cual toma y hace lo que puede, según sus gustos que habría
conseguido abstraer de un Yo, según una política y una estrategia
que se habría conseguido abstraer de tal o cual formación, según
tal procedimiento que sería abstracto desde su origen.
Nosotros distinguimos:
1) los CsO, que difieren como tipos, géneros, atributos sustanciales,
por ejemplo, el Frío del Cs0 drogado, lo Dolorífico del Cs0 masoquista;
cada uno con su grado 0 como principio de producción (la remissio);
2) lo que pasa por cada tipo de CsO, es decir, los modos,
las intensidades producidas, las ondas y vibraciones que pasan (la
latitudo); 3) el conjunto eventual de los CsO, el
plan de consistencia (la Omnitudo, que a veces llamamos
el CsO). Ahora bien, los interrogantes que se plantean son
múltiples: no sólo ¿cómo hacerse un CsO, y cómo producir las intensidades
correspondientes sin las cuales vacío -que no es exactamente la
misma pregunta-? También: ¿cómo llegar al plan de consistencia?
¿Cómo coser conjuntamente, cómo enfriar conjuntamente como reunir
todos los CsO? Si es posible, sólo se hará también conjugando las
intensidades producidas sobre cada CsO, construyendo un continuum
de todas las continuidades intensivas. ¿No se necesitan agenciamientos
para fabricar cada CsO, no se necesita una gran Máquina abstracta
para construir el plan de consistencia? Bateson llama mesetas
a regiones de intensidad continua, que están constituidas de
tal manera que no se dejan interrumpir por un final exterior,
ni tienden hacia un punto culminante: por ejemplo, ciertos procesos
sexua,agesivos, en la cultura balinesa (9).
Una meseta es un fragmento de inmanencia. Cada Cs0 está hecho
de mesetas. Cada Cs0 es una meseta, que comunica con las otras en
el plan de consistencia. Es una componente de paso.
Relectura de
Heliogábalo y de los Tarahumaras. Pues
Heliogábalo es Spinoza, y Spinoza, Heliogábalo resucitado. Y los
Tarahumaras es la experimentación, el peyote. Spinoza, Heliogábalo
y la experimentación tienen la misma fórmula: la anarquía y la unidad
son una sola y misma cosa, no la unidad de lo Uno, sino una unidad
más extraña que sólo se dice de lo múltiple (10).
Precisamente lo que los dos libros de Artaud expresan: la multiplicidad
de fusión, la fusibilidad como cero infinito, plan de consistencia,
Materia en la que no hay dioses; los principios como fuerzas, esencias,
sustancias, elementos, remisiones, producciones; las maneras de
ser o modalidades como intensidades producidas, vibraciones, soplos,
Números. Por último, la dificultad de llegar a ese mundo
de la Anarquía coronada si uno se queda en los órganos, "el
hígado que vuelve amarilla la piel, el cerebro que se sifiliza,
el intestino que expulsa la porquería", y si uno queda
encerrado en el organismo o en un estrato que bloquea los flujos
y nos fija aquí en nuestro mundo.
Poco a poco nos
vamos dando cuenta de que el Cs0 no es en modo alguno lo contrario de los
órganos. Sus enemigos no son los órganos. El enemigo es el organismo. El
Cs0 no se opone a los órganos, sino a esa organización de los órganos que
llamamos organismo. Es cierto que Artaud libra una batalla contra los
órganos, pero al mismo tiempo está contra el organismo, su enemigo es el
organismo: El cuerpo es el cuerpo. Está solo. Y no tiene necesidad de
órganos. El cuerpo nunca es un organismo. Los organismos son los enemigos del
cuerpo. El Cs0 no se opone a los órganos, sino que, con sus "órganos
verdaderos" que deben ser compuestos y situados, se opone al organismo, a la
organización orgánica de los órganos. El juicio de Dios, el sistema del
juicio de Dios, el sistema teológico es precisamente la operación de Aquél que
hace un organismo, una organización de órganos que llamamos organismo, porque no
puede soportar el CsO, porque lo persigue, porque lo destripa para adelantarse y
hacer que prevalezca el organismo. El organismo ya es eso: el juicio de Dios del
que se aprovechan los médicos y del que obtienen su poder. El organismo no es
en modo alguno el cuerpo, el CsO, sino un estrato en el CsO, es decir, un
fenómeno de acumulación, de coagulación, de sedimentación que le impone formas,
funciones, uniones, organizaciones dominantes y jerarquizadas, transcendencias
organizadas para extraer de él un trabajo útil. Los estratos son ataduras,
pinzas. "Atadme si queréis". Constantemente estamos estratificados. Pero, ¿quién
es ese nosotros que no es yo, puesto que tanto el sujeto como el organismo
pertenecen a un estrato, y dependen de él? Nosotros respondemos ahora: es el CsO,
él es la realidad glaciar en la que se van a formar esos aluviones,
sedimentaciones, coagulaciones, plegamientos y proyecciones que componen un
organismo -y una significación y un sujeto-. Sobre él pesa y se ejerce el juicio
de Dios, él es el que lo sufre. En él los órganos entran en esas relaciones de
composición que llamamos organismo. El Cs0 grita: ¡me han hecho un organismo!
¡me han plegado indebidamente! ¡me han robado mi cuerpo! El juicio de Dios lo
arranca de su inmanencia y le hace un organismo, una significación, un sujeto.
él es el estratificado. Como consecuencia, oscila entre dos polos: las
superficies de estratificación, sobre las que se pliega, y se somete al juicio,
el plan de consistencia, en el que se despliega y se abre a la experimentación.
Y si el Cs0 es un límite, si nunca se acaba de acceder a él, es porque detrás de
un estrato siempre hay otro estrato, un estrato encajado en otro estrato. Pues
se necesitan muchos estratos, y no sólo organismo, para hacer el juicio de Dios.
Combate perpetuo y violento entre el plan de consistencia, que libera el CsO,
atraviesa y deshace todos los estratos, y las superficies de estratificación que
lo bloquean o lo repliegan.
Consideremos los
tres grandes estratos que se relacionan con nosotros, es decir,
aquellos que nos atan más directamente: el organismo, la significancia
y la subjetivación. La superficie de organisina, el ángulo
de significancia y de interpretación, el punto de subjetivación
o de sujeción. Serás organizado, serás un organismo, articularás
tu cuerpo -de lo contrario, serás un depravado-. Serás significante
y significado, intérprete e interpretado -de lo contrario, serás
un desviado-. Serás sujeto, y fijado como tal, sujeto de enunciación
aplicado sobre un sujeto de enunciado -de lo contrario, sólo serás
un vagabundo-. Al conjunto de los estratos, el Cs0 opone la desarticulación
(o las n articulaciones) como propiedad del plan
de consistencia, la experimentación como operación en ese plano
(¡nada significante, no interpretéis jamás!), el nomadismo como
movimiento (incluso parados, moveos, no dejéis de moveros, viaje
inmóvil, de subjetivación). ¿Qué quiere decir desarticular, dejar
de ser un organismo? Cómo explicar hasta qué punto es simple, y
que lo hacemos a diario. Cuánta prudencia se necesita, el arte de
las dosis, y el peligro, la sobredosis. No se puede andar a martillazos,
sino con una lima muy fina. Se inventan autodestrucciones que no
se confunden con la pulsión de muerte. Deshacer el organismo nunca
ha sido matarse, sino abrir el cuerpo a conexiones que suponen todo
un agenciamiento, circuitos, conjunciones, niveles y umbrales, pasos
y distribuciones de intensidad, territorios y desterritorializaciones
medidas a la manera de un agrimensor. En última instancia, deshacer
el organismo no es más difícil que deshacer los otros estratos,
significancia o subjetivación. La significancia se adhiere
tanto al alma como el organismo al cuerpo, tampoco es fácil deshacerse
de ella. Y el sujeto, ¿cómo liberarnos de los puntos de subjetivación
que nos fijan, que nos clavan a la realidad dominante? Arrancar
la conciencia del sujeto para convertirla en un medio de exploración,
arrancar el inconciente de la significancia y la interpretación
para convertirlo en una verdadera producción, no es seguramente
ni más ni menos difícil que arrancar el cuerpo del organismo. La
prudencia es el arte común a las tres; y si a veces se roza la muerte
deshaciendo el organismo, también se roza lo falso, lo ilusorio,
lo alucinatorio, la muerte psíquica evitando la significancia y
la sujeción. Artaud pesa y mide cada sus palabras: la conciencia
"conoce lo que es bueno para ella, y lo que no le sirve para
nada; y, por tanto, conoce los pensamientos y sentimientos que puede
sin peligro y con provecho, y los que son nefastos para el ejercicio
de su libertad. Pero sobre todo conoce hasta donde va su ser, y
hasta donde todavía no ha ido,o no tiene el derecho de ir sin caer
en la irrealidad, lo ilusorio, lo no-hecho, lo no preparado... Plan
que la conciencia normal no alcanza, pero que el Ciguri nos
permite alcanzar, y que es el misterio de toda poesía. Pero en el
ser humano hay otro plan, oscuro, informe, en el que la conciencia
no ha penetrado, pero que la envuelve como una prolongación no esclarecida,
o como una amenaza, según los casos.Y que también libera sensaciones
arriesgadas, percepciones: los cínicos fantasmas que afectan a la
conciencia enferma. También yo he tenido sensaciones falsas, percepciones
falsas, y he creído en ellas" (11).
Hace falta
conservar una buena parte del organismo para que cada mañana pueda volver a
formarse; también hay que conservar pequeñas provisiones de significancia y de
interpretación, incluso para oponerlas a su propio sistema cuando las
circunstancias lo exigen, cuando las cosas, las personas, e incluso las
situaciones fuerzan a ello; y también hay que conservar pequeñas dosis de
subjetividad, justo las suficientes para poder responder a la realidad
dominante. Mimad los estratos. No se puede alcanzar el CsO, y su plan de
consistencia, desestratificado salvajemente. Por eso encontrábamos desde el
principio la paradoja de esos cuerpos lúgubres y vaciados: se habían vaciado
de sus órganos en lugar de buscar los puntos en los que podían paciente y
momentáneamente deshacer esa organización de los órganos que llamamos organismo.
Incluso había varias maneras de fallar el CsO, bien porque no se conseguía
producirlo, bien porque, produciéndolo más o menos, nada se producía en él, las
intensidades no pasaban o se bloqueaban. El CsO oscila constantemente entre
las superficies que lo estratifican y el plan que lo libera. LiberádIo con
un gesto demasiado violento, destruid los estratos sin prudencia y os habréis
matado vosotros mismos, hundido en un agujero negro o inarrastrado a una
catástrofe, en lugar de trazar el plan. Lo peor no es quedar estratificado
-organizado, significado, sujeto- sino precipitar los estratos en un
desmoronamiento suicida o demente, que los hace recaer sobre nosotros, como un
peso definitivo. Habría, pues, que hacer lo siguiente: instalarse en un
estrato, experimentar las posibilidades que nos ofrece, buscar en él un lugar
favorable, los eventuales movimientos de desterritorialización, las posibles
líneas de fuga, experimentarlas, asegurar aquí y allá conjunciones de flujo,
intentar segmento por segmento continuuns de intensidades, tener siempre un
pequeño fragmento de una nueva tierra. Sólo así, manteniendo una relación
meticulosa con los estratos, se consigue liberar las líneas de fuga, hacer pasar
y huir los flujos conjugados, liberar intensidades continuas para lograr un CsO.
Conectar, conjugar, continuar: todo un "diagrama" frente a los programas
todavía significantes y subjetivos. Estamos en una formación social: ver en
primer lugar cómo está estratificada para nosotros, en nosotros, en el lugar
donde nos encontramos; luego, remontar de los estratos al agenciamiento más
profundo en el que estamos incluidos; hacer bascular el agenciamiento
suavemente, hacerlo pasar del lado del plan de consistencia. Sólo ahí el Cs0 se
revela como lo que es, conexión de deseos, conjunción de flujos, continuum de
intensidades. Hemos construido nuestra pequeña máquina particular, dispuesta a
conectarse con otras máquinas colectivas según las circunstancias. Castaneda
describe una larga experimentación (tanto da que se trate del peyote o de otra
cosa): retengamos, de momento, como el indio le obliga primero a buscar un
"lugar", operación ya difícil; luego a encontrar "aliados"; luego, a renunciar
progresivamente a la interpretación, a construir flujo por flujo y segmento por
segmento las líneas de experimentación, devenir-animal, devenir-molecular, etc.
Pues el Cs0 es todo eso: necesariamente un Lugar, necesariamente un Plan,
necesariamente un Colectivo (agenciando elementos, cosas, vegetales,
animales, herramientas, hombres, potencias, fragmentos de todo eso pues no puede
hablarse de "mi" cuerpo sin órganos, sino de "yo" en él, lo que queda de mí,
inalterable y cambiando de forma, franqueando umbrales).
Al hilo de los
libros de Castaneda es muy posible que el lector se ponga a dudar de la
existencia del indio Don Juan, y de muchas otras cosas. Pero eso no tiene
ninguna importancia. Tanto mejor si esos libros son la exposición de un
sincretismo más bien que una etnografía, y un protocolo de experiencia más bien
que un informe de una iniciación. Así, el cuarto libro, Historias de poder,
trata de la distinción viviente entre "Tonal" y "Nagual". Lo tonal parece
tener una extensión heteróclita: es el organismo, pero también todo lo que está
organizado y es organizador; también es la significancia, todo lo que es
significante y significado, todo lo que es susceptible de interpretación, de
explicación, todo lo que es memorizable bajo la forma de algo que recuerda a
otra cosa; por último, es el Yo, el sujeto, la persona, individual, social o
histórica, y todos los sentimientos correspondientes. En resumen, lo tonal es
todo, incluido Dios, el juicio de Dios, puesto que "construye las reglas
mediante las cuales aprehende el mundo, así, pues, crea el mundo por así decir".
Y sin embargo, lo tonal sólo es una isla. Pues lo nagual también es todo.
Y es el mismo todo, pero en tales condiciones que el cuerpo sin órganos ha
sustituido al organismo, la experimentación ha sustituido a toda interpretación,
de la que ya no tiene necesidad. Los flujos de intensidad, sus fluidos, sus
fibras, sus continuums y sus conjunciones de afectos, el viento, una
segmentación fina, las micropercepciones han sustituido al mundo del sujeto. Los
devenires, devenires-animales, devenires-moleculares, sustituyen a la historia,
individual o general. De hecho, lo tonal no es tan heteróclito como
parece: comprende el conjunto de estratos y todo lo que puede estar relacionado
con ellos, la organización del organismo, las interpretaciones y las
explicaciones de lo significable, los movimientos de subjetivación. Lo nagual,
por el contrario, deshace los estratos. Ya no es un organismo que
funciona, sino un Cs0 que se construye. Ya no son actos que hay que explicar,
sueños o fantasmas que hay que interpretar, recuerdos de infancia que hay que
recordar, palabras que hay que hacer significar, sino colores y sonidos
devenires e intensidades (y cuando devienes perro, no preguntes si el
perro con el que juegas es un sueño o una realidad, si es "tu puta madre" o
cualquier otra cosa). Ya no es un Yo que siente, actúa y se acuerda, es "una
bruma brillante, un vaho amarillo e inquietante" que tiene afectos y
experimenta movimientos, velocidades. Pero lo importante es que lo tonal no
se deshace destruyéndolo de golpe. Hay que rebajarlo, reducirlo, limpiarlo, pero
sólo en determinados momentos. Hay que conservarlo para sobrevivir, para desviar
el asalto de lo nagual. Porque un nagual que irrumpiera, que destruyera lo
tonal, un cuerpo sin órganos que rompiese todos los estratos, se convertiría
inmediatamente en cuerpo de nada, autodestrucción pura sin otra salida que la
muerte: "lo tonal debe ser protegido a toda costa".
Pero todavía no
hemos respondido a la pregunta: ¿por qué tantos peligros? ¿por qué son, pues,
necesarias tantas precauciones? No basta con oponer abstractractamente los
estratos y el CsO. Pues en los estratos ya hay CsO, no menos que en el plan de
consistencia desestratificado, pero de una manera completamente distinta. Veamos
el organismo como estrato: hay un Cs0 que se opone a la organización de los
órganos que llamamos organismo, pero también hay un Cs0 del organismo, que
pertenece a ese estrato. Tejido canceroso: a cada instante, en cada
segundo, una célula deviene cancerosa, loca, prolifera y pierde su forma, se
apodera de todo; es necesario que el organismo la haga volver a su regla
o la reestratifique no sólo para sobrevivir él mismo, sino también para
que sea posible una fuga fuera del organismo, una fabricación de "otro" Cs0 en
el plan de consistencia. Veamos el estrato de significancia: también en este
caso hay un tejido canceroso de la significancia, un cuerpo proliferante del
déspota que bloquea toda circulación de los signos, pero también impide el
nacimiento del signo asignificante en el "otro" CsO. 0 bien un cuerpo asfixiante
de la subjetivación, que hace tanto más imposible una liberación cuanto que ni
siquiera deja subsistir una distinción entre sujetos. Incluso si consideramos
tal o cual formación social, o tal aparato de estrato en una formación, nosotros
decimos que todos y todas tienen su Cs0 dispuesto a socavar, a proliferar, a
recubrir y a invadir el conjunto del campo social, entrando en relaciones de
violencia y de rivalidad, pero también de alianza o de complicidad. Cs0 del
dinero (inflación), pero también Cs0 del Estado, del ejército, de la fábrica, de
la ciudad, del Partido, etc. Si los estratos son un asunto de
coagulación, de sedimentación, basta con que en un estrato se produzca una
velocidad de sedimentación precipitada para que éste pierda su aspecto y sus
articulaciones, forme su tumor específico dentro de sí, o en tal formación, en
tal aparato.
Los estratos
engendran sus CsO, totalitarios y fascistas, terroríficas caricaturas
del plan de consistencia. No basta, pues, con distinguir entre los
Cs0 llenos en el plan de consistencia, y los Cso vacíos en los fragmentos
de estratos, por desestratificación demasiado violenta. Pero todavía
hay que tener en cuenta los Cso cancerosos en un estrato que ha
devenido proliferante. Problemas de los tres cuerpos. Artaud
decía que, fuera del "plan", había ese otro plan que
nos envuelve "como una prolongación no esclarecida o como una
amenaza, según los casos". Es una lucha, y como tal no implica
la claridad suficiente. ¿Cómo fabricarse un Cs0 que no sea el Cs0
canceroso de un fascista en nosotros, o el Cs0 vacío de un drogadicto,
de un paranoico o de un hipocondríaco? ¿Cómo distinguir los tres
Cuerpos? Artaud no cesa de afrontar este problema. Extraordinaria
composición de Para acabar con el juicio de Dios: empieza
maldiciendo el cuerpo canceroso de América, el cuerpo de guerra
y de dinero; denuncia los estratos, que él denomina "caca";
a ellos opone el verdadero Plan, incluso si es el minúsculo arroyo
de los Tarahumaras, peyote; pero no ignora los peligros de una desestratificación
demasiado brutal, imprudente. Artaud no cesa de afrontar
todo eso, y perece en ello. Carta a HitIer: "Muy señor
mío, en 1932 en el café del Ider en Berlín, una de las tardes en
que nos conocimos y poco antes de que usted tomara el poder, le
había mostrado, sobre un mapa que sólo era geográfico, los
obstáculos establecidos contra mí, acción de fuerza dirigida
en cierto número de sentidos que usted me designaba. ¡Hoy, HitIer,
levanto los obstáculos que había puesto!, los parisienses tienen
necesidad de gas. Atentamente suyo. A.A. -P.D. Por supuesto,
estimado señor, apenas si esto es una invitación, sobre todo es
una advertencia..." (12).
Este mapa, que no sólo es geográfico, es algo así como un mapa de
intensidad CsO, en el que los obstáculos designan umbrales, y los
gases, ondas o flujos. Incluso si Artaud no lo consiguió
para él, es innegable que, gracias a él, algo se ha conseguido para
todos nosotros.
El Cs0 es el
huevo. Pero el huevo no es regresivo: al contrario, es contemporáneo por
excelencia, uno siempre lo arrastra consigo como su propio medio de
experimentación, su medio asociado. El huevo es el medio de intensidad pura, el
spatium, y no la extensio, la intensidad Cero como principio de
producción. Hay una convergencia fundamental entre la ciencia y el mito, la
embriología y la mitología, el huevo biológico y el huevo psíquico o cósmico: el
huevo siempre designa esa realidad intensiva, no indiferenciada, pero en la que
las cosas, los órganos, se diferencian únicamente por gradientes, migraciones,
zonas de entorno. El huevo es el CsO. El Cs0 no es "anterior" al
organismo, es adyacente a él, y no cesa de deshacerse. Si está ligado a la
infancia, no es en el sentido en el que el adulto regresaría al niño, y el niño
a la Madre, sino en el sentido en el que el niño, como el gemelo dogón que
arrastra con él un trozo de placenta, arranca a la forma orgánica de la Madre
una materia intensa y desestratificada que constituye, por el contrario, su
ruptura perpetua con el pasado, su experiencia, su experimentacion actuales.
El Cs0 es bloque de infancia, devenir, lo contrario del recuerdo de infancia.
El Cs0 no es el niño "anterior" al adulto, ni la madre "anterior" al hijo: es
la estricta contemporaneidad del adulto, del niño y del adulto, su mapa de
densidades y de intensidades comparadas, y todas las variaciones en ese mapa.
El Cs0 es precisamente ese germen intenso en el que no hay, no puede haber
padres ni hijos (representación orgánica). Justo lo que Freud no
comprendió en Weissmann: el hijo como contemporáneo germinal de los
padres. Como consecuencia, el cuerpo sin órganos nunca es el tuyo, el mío...
Siempre es un cuerpo. No es más proyectivo que regresivo. Es una
involución, pero una involución creadora y siempre contemporánea. Los órganos
se distribuyen en el CsO, pero precisamente se distribuyen en él
independientemente de la forma organismo, las formas devienen contingentes,
los órganos sólo son intensidades producidas, flujos, umbrales y gradientes.
"Un" vientre, "un" ojo, "una" boca: el artículo indefinido no carece de nada, no
es indeterminado o indiferenciado, sino que expresa la pura determinación de
intensidad, la diferencia intensiva. El artículo indefinido es el conductor
deseo. No se trata en modo alguno de un cuerpo desmembrado, fragmentado, órganos
sin cuerpo (Cs0). Es justo lo contrario. No hay en modo alguno órganos
desmembrados con relación a una unidad perdida, ni vuelta a lo indiferenciado
respecto a una totalidad diferenciable. Hay distribución de razones intensivas
de órganos, con sus artículos positivos indefinidos, en el seno de un colectivo
o de una multiplicidad, en un agenciamiento, y según conexiones maquínicas que
actúan en un CsO. Logos spermaticos. El error del psicoanálisis es
haber entendido los fenómenos de cuerpo sin órganos como regresiones,
proyecciones, fantasmas, en función de una imagen del cuerpo. De ese modo sólo
captaba el reverso y sustituía ya un mapa mundial de intensidad por fotos de
familia, recuerdos de infancia y objetos parciales. No entendía nada del huevo,
ni de los artículos indefinidos, ni de la contemporaneidad de un medio que no
cesa de deshacerse.
El Cs0 es
deseo, él y gracias a él se desea. No sólo porque es el plan de consistencia
o el campo de inmanencia del deseo, sino porque, incluso cuando cae en en el
vacío de la desestratificación brutal, o bien en la proliferación del
estrato canceroso sigue siendo deseo. El deseo va hasta ese extremo: unas
veces desear su propio aniquilamiento, otras desear lo que tiene el poder de
aniquilar. Deseo de dinero, deseo de ejército, de policía y de Estado,
deseo-fascista, incluso el fascismo es deseo. Hay deseo cada vez que hay
constitución de un Cs0 bajo una relación o bajo otra. No es un problema de
ideología, sino de pura materia, fenómeno de materia física, biológica,
psíquica, social o cósmica. Por eso el problema material de un
esquizoanálisis es saber si disponemos de los medios necesarios para hacer
selección, para separar el Cs0 de sus dobles: cuerpos vidriosos, vacíos,
cuerpos cancerosos, totalitarios y fascistas. La prueba del deseo: no
denunciar falsos deseos sino en el deseo distinguir lo que remite a la
proliferación de estrato, o bien a la desestratificación demasiado violenta, y
lo que remite a la construcción del plan de consistencia (vigilar hasta en
nosotros al fascista, y también al suicida y al demente). El plan de
consistencia no es simplemente lo que está constituido por todos los CsO.
Algunos los rechaza, él es el que hace la selección, con la máquina abtracta que
lo traza. E incluso en un Cs0 (el cuerpo masoquista, el cuerpo drogado,
etc.) distinguir lo que se puede o no componer en el plan. ¿Uso fascista de la
droga, o bien uso suicida, pero también posibilidad de un uso conforme al plan
de consistencia? Incluso la paranoia: ¿existe la posibilidad de utilizarla
paralelamente? Cuando nosotros planteábamos el problema de un conjunto de todos
los CSO, considerados como atributos sustanciales de una sustancia única, en
sentido estricto había que entenderlo únicamente del plan. él es el que crea el
conjunto de todos los Cs0 llenos seleccionados (no hay conjunto positivo con los
cuerpos vacios o cancerosos). ¿De qué naturaleza es ese conjunto? ¿Unicamente
lógica? O bien hay que decir que en su género cada Cs0 produce efectos idénticos
o análogos a los efectos de los otros en su propio género? Lo que el drogadicto
obtiene, lo que el masoquista obtiene, también podría obtenerse de otra manera
en las condiciones del plan: en última instancia, ¿drogarse sin droga,
emborracharse con agua pura como en la experimentación de Henry Miller? 0
también: ¿se trata de un paso real de sustancias, de una continuidad intensiva
de todos los CsO? Sin duda, todo es posible. Nosotros sólo decimos lo
siguiente: la identidad de los efectos, la continuidad de los géneros, el
conjunto de todos los Cs0 sólo pueden ser obtenidos en el plan de consistencia
por una máquina abstracta capaz de englobarlo e incluso de trazarlo, por
agenciamientos capaces de conectarse con el deseo, de cargar efectivamente con
los deseos, de asegurar en ellos las conexiones continuas, las uniones
transversales. De lo contrario, los Cs0 del plan permanecerán separados en su
género, marginalizados, reducidos a sus propios medios, mientras que en el "otro
plan" triunfarán los dobles cancerosos o vaciados.
Notas:
(1)
William Burroughs, "Le festin un", Gallimard, pág.
146 (trad. cast., ed. Júcar). Volver
(2) La
oposición programa-fantasma aparece claramente en M'Uzan,
a propósito de un caso de masoquismo; cf. La sexualité perverse,
Payot, pág. 36. Aunque no precise la oposición, M'Uzan utiliza la
noción de programa para criticar los temas de Edipo, de angustia
y de castración. Volver
[edición cast.
"El deseo y la perversión", Varios, ed. Sudamericana]
(3)
Cf. la descripción del circuito y del flujo de carne en la familia
americana, "L' ecologie psychologique" Psychologie dynamique,
P.U.F. págs. 228-243. Volver
(4) Dalcq,
"L'oeuf et son dynamisme organisateur", Albin Michel,
pág. 95: "Las formas son contingentes respecto al dinamismo
cinemático. Que un orificio se abra o no en el germen es accesorio.
Lo importante es el propio proceso de inmigración, las puras variaciones
cronológicas y cuantitativas son las que dan al lugar de
invaginación el aspecto de un orificio, de una fisura o de una línea
primitiva". Volver
(5)
Burroughs, "Le festin un", pág. 21. Volver
(6) Roger
Dupouy, "Du masochisme", Annales médico-psychologiques,
1929, 11, págs. 397-405. Volver
(7)
Sobre el amor cortés y su inmanencia radical que recusa a
la vez la transcendencia religiosa y la exterioridad hedonista,
cf. René Nelly, "L' érotique des troubadours",
10-18, sobre todo I, págs. 267, 316, 358, 370, 11, págs. 47, 53,
75. (Y I, pág. 128: una de las grandes diferencias entre el amor
caballeresco y el amor cortés es que, "para los caballeros,
el valor gracias al cual se merece el amor siempre es externo al
amor" mientras que, en el sistema cortés, al ser la prueba
esencialmente interna al amor, el valor guerrero es sustituido por
un "heroísmo sentimental": es una mutación de la máquina
de guerra). Volver
(8)
Van Gulik, "La vie sexualle dans la Chine ancienne",
Gallimard; y el comentario de J.F. Lyotard, "Economie
libidinale", ed. de Minuit, págs. 241-251 (trad. cast., ed.
Saltés D.L.). Volver
(9)
Gregory Bateson, "Vers une écologie de L' esprit",
págs. 125-126. Volver
(10)A.
Artaud, "Héliogabale", Oeuvres complétes VII, Gallimard,
págs. 50-51 (trad. cast., ed. Fundamentos). Es cierto que Artaud
todavía presenta la identidad de lo Uno y de lo múltiple como una
unidad dialéctica, y que reduce lo múltiple al relacionarlo con
lo Uno. Artaud convierte a Heliogábalo en una especie de hegeliano.
Pero sólo es una manera de hablar, porque, desde el principio, la
multiplicidad va más allá de cualquier oposición, y rompe el movimiento
dialéctico. Volver
(11)A.
Artaud, "Les Tarahumaras", t. IX, págs. 34-35 (trad.
cast., ed. Seix Barra]). Volver
(12)Cf.
Cause commune, nº 3, oct. 1972. Volver
El presente
texto forma parte del libro "Mil Mesetas" de G. Deleuze y F. Guattari, capìtulo
seis, ha sido editado por Pre-textos, Valencia 1997, España.
Selección y destacados: S.R.
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