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El casquete
instintivo o la batalla por el poder en el propio cuerpo
Raúl
García
Ubicamos este
texto como introducción de: ¿Cómo hacerse un Cuerpo sin órganos
(CsO)? de G. Deleuze y F. Guattari. El tema del cuerpo es el tema
de nuestro cuerpo y de nuestro no cuerpo, como el del cuerpo y no
cuerpo de los otros. Hay que realizar consideraciones, mejor dicho,
seguir las sinuosas consideraciones en principio, no lo serán después,
de Nietzsche, Artaud y los autores citados, para renovar nuestras
apreciaciones sobre un tema tan agudo como el del cuerpo. No solo
somos aquéllos que podemos interrogarnos (tema de la existencia)
sino que también somos cuerpo, carne, materialidad expuesta y oculta
a, ante, los otros, y para ellos ocurre otro tanto. Aunque no querramos
saberlo hay políticas que marcan nuestros cuerpos y nos permiten
y nos impiden el ejercicio de múltiples acciones. Hacerse un cuerpo
sin órganos será en definitiva poder arribar a la consideración
de que una experimentación de lo múltiple, de lo fragmentado, de
lo no reunido bajo las hegemonías de lo reinante (tiranías de la
unidad) no es peligroso, aunque entrañe peligros, sino posibilitante.
Contraindicaciones: hacerse un cuerpo sin órganos no es un remedio
recomendado para todos aquéllos que tienden al todo y a la masa.
Sergio Rocchietti.
Deleuze
encuentra en la filosofía nietzscheana una concepción de la conciencia
como sintomática. ¿Síntoma de qué es la conciencia? Ella
misma es una transformación del cuerpo, una modificación corporal
totalmente azarosa (una "vicisitud del cuerpo", como lo
expresó el propio Nietzsche). Para el filósofo alemán no
existe en el cuerpo humano un mínimo instinto que pueda llamarse
de conocimiento, puesto que éste último ha nacido del conflicto
instintivo, de la batalla entre instinto y conocimiento. Por supuesto
que se ha constituido en un instinto humano, pero su emergencia
es totalmente azarosa, ya que no estaba predeterminado en la biología
humana. De todos modos se trata de un instinto muy particular, que
es producto del enfrentamiento de los instintos: de allí el modelo
nietzscheano del conocimiento como una batalla.
"LA CONCIENCIA.- La conciencia representa la evolución última y tardía
del sistema orgánico, y por tanto lo menos acabado y menos sólido de tal
sistema. ( ... ) Toda función, antes de llegar a desarrollarse y madurar, es un
peligro para el organismo, y lo mejor es que esté bien sujeta mientras se
desarrolla. Por eso la conciencia está tiranizada, y no por obra del orgullo que
pongamos en domarla. ¡Nos figuramos que es el centro del ser humano, lo
duradero, lo eterno, lo primordial! ¡Tomamos lo conciente por una cantidad
estable y determinada! ( ... ) Hay una nueva misión apenas perceptible para ojos
humanos, que apenas puede comprenderse con claridad: la misión de asimilar el
saber y volverlo instintivo" (La Gaya Ciencia, F. Nietzsche)
Se desprende de la cita que para Nietzsche la conciencia nunca es "conciencia de
sí", sino "conciencia de otro". Tomemos por ejemplo el caso típico de la
relación amo-esclavo. El esclavo es conciente de la superioridad del amo,
y por lo tanto de su sumisión al poder de aquél; en cambio el amo no es
conciente de su poder, no tiene conciencia de su dominio. En el amo sólo existen
fuerzas activas, y éstas nunca permiten un conocimiento sobre su propia
actividad, sobre su voluntad de dominio.
¿Cuál es la concepción corporal de la que emerge esta manera de concebir
la conciencia? Se necesitan como mínimo dos fuerzas interrelacionadas
para formar un cuerpo. Por lo tanto el cuerpo se define por un encuentro
energético. Existen fuerzas dominadoras -activas- y fuerzas dominadas
-reactivas-; la actividad se caracteriza por la determinación de aquellas
fuerzas que buscan someter, dominar, subyugar. Ahora bien, en el caso de las
fuerzas reactivas, ellas aplican su energía fundamentalmente a funciones de
conservación de la vida-, a la adaptación, a la memoria; son fuerzas que se
relacionan de algún modo con la conciencia. Las fuerzas activas, en cambio,
fugan de la conciencia, escapan de su dominio, o más bien nunca tuvieron
relación directa con ella, en sí mismas son inconcientes; las fuerzas de
conquista, de voluntad de poderío, de innovación.
La conciencia es el producto del despliegue de las fuerzas reactivas,
incluso ella misma posee como rasgo distintivo un carácter reactivo. La
conciencia es reactiva porque tiende hacia la conservación, en cambio
aquello que escapa a su dominio tiende de por si hacia el poder, hacia la
conquista. Esa es la característica de la afirmación, de la intención
nietzscheana de instintivizar el saber.
"Las funciones animales resultan, de manera general, mucho más
importantes que todos los bellos estados de ánimo y la altura de la conciencia;
( ... ) Por tanto, la parte incalculablemente mayor se encuentra en lo que se
llama cuerpo, carne; el resto resulta accesorio" La voluntad de poder.
El interés de Deleuze por este aspecto de la corporalidad nietzscheana es
de índole política. Al igual que otros pensadores contemporáneos -como Foucault,
Guattari, Lyotard- Deleuze descubre en el cuerpo una batalla de dimensiones
políticas: en él convergen fuerzas que intentan conquistarlo y fuerzas de
resistencia e inclusive de fuga. Foucault, por ejemplo, construye una
teoría del poder apoyándose fundamentalmente en la política del cuerpo
nietzscheana como antecedente filosófico; la disciplina no reconoce una
genealogía más fiel. A diferencia de Foucault, Deleuze no va a privilegiar en
sus análisis los diagramas de fuerzas que someten históricamente al cuerpo, sino
las "líneas de fuga" de esas coordenadas, las líneas de escape del
diagrama para poder construir otras experiencias, crear nuevas posibilidades
(ver nota 36 del Cap. Sobre algunos regímenes de signo, "Mil Mesetas")
(*).
(*)
Michel Foucault ha desarrollado una teoría de los enunciados siguiendo
niveles sucesivos que coinciden con el conjunto de estos problemas. 1) En L'
archéologie du savoir (trad. cast., ed. Siglo XXI), Foucault distingue dos tipos
de "multiplicidades", de contenido y de expresión, que no se dejan reducir a
relaciones de correspondencia o de causalidad, sino que están en presuposición
recíproca, 2) En Surveiller et punir (trad. cast. ed ' Siglo XXI), Foucault
busca una instancia capaz de explicar dos formas heterogéneas imbricadas una en
otra, y la encuentra en agenciamientos de poder o micropoderes; 3) Al mismo
tiempo, la serie de esos agenciamientos colectivivos (escuela, ejército,
fábrica, hospital, cárcel, etc.) sólo son grados o singularidades en un
"diagrama" abstracto, que implica únicamente de por sí materia y función
(cualquier multiplicidad humana a controlar); 4) L'Histoire de la sexualite (trad.
cast., ed. Siglo XXI), toma todavía otra dirección, puesto que los
agenciamientos ya no son relacionados y confrontados con un diagrama, sino con
una "biopolítica de la población".- Nosotros sólo estamos en desacuerdo con
Foucault en los puntos siguientes: 1. no nos parece que los agenciamientos sean
sobre todo de poder, sino de deseo, deseo que siempre está agenciado, y el poder
só1o es una dimensión estratificada del agenciamiento; 2. el diagrama o la
máquina abstracta tienen líneas de fuga que son primeras, y que no son, en un
agenciamiento, fenómenos de resistencia de respuesta, sino máximos de creación y
de desterritorialización.
(...)
El cuerpo del esquizo o los agujeros desfondados.
Ya vimos que la Lógica del sentido es un libro bañado por ráfagas
provenientes de los últimos coletazos del chaparrón estructuralista. En sus
páginas se hace muy evidente la disputa por desembarazarse del lastre
estructuralista y el atravesamiento psicoanalítico; si bien consigue conducir el
problema de la determinación del sentido más allá de la esfera del lenguaje -al
que lo habían reducido los estructuralistas y los logicistas-, también es
evidente que Deleuze aún no posee un vasto repertorio conceptual (si bien el que
utiliza ya es de importancia) que le permita una salida holgada de las
condiciones históricas que determinan el problema y sus soluciones.
Es en el contexto de su análisis del sentido donde irrumpirá desnudo el Cuerpo
sin órganos (Cs0). Más precisamente, en la serie 13 a, titulada "Del
esquizofrénico y la niña". Contraposición de Lewis Carroll y Artaud,
anotando las resistencias de éste último a la traducción de Alicia en el País
de las Maravillas.
Artaud es quien escribe "ya no hay superficie", porque la ha
quebrado provocando la emergencia de aquello que estaba abajo, y confundiendo
totalmente la delimitación adentrolafuera. La piel corporal ya no es un límite
definido, sino que es pura apertura: Deleuze recopila historiales clínicos de
esquizofrénicos, en los cuales los psicóticos declaran poseer un
"cuerpo-colador" (plagado de agujeros), "cuerpo-troceado" (partido en pedazos,
falta de la mínima integración) o "cuerpo disociado" (inclusive enajenado). La
piel como barrera de delimitación ha desdibujado sus firmes trazos, y la
experiencia corporal es concebida como mezcla corporal, encuentros, cruces,
penetraciones de un cuerpo respecto de otro(s).
Precisamente el tratamiento de las palabras por el que procede Artaud (elementos
tónicos y fonéticos de la palabra) es el que le permite a Deleuze conectar en su
pensamiento el Cuerpo sin órganos.
En los primeros libros escritos por Artaud ya se libra un combate sobre
su cuerpo, como lo expone el siguiente pasaje de Fragmentos de un diario en
el infierno, publicado en el año 1926:
"No creo
en el yo, pero sí en la carne, en el sentido sensible de la palabra carne. Las
cosas no me afectan si no afectan a mi carne, coinciden con ella, pero nunca más
allá de ese punto en que la conmueven. Nada me afecta, nada me importa, sólo lo
que se dirige directamente a mi carne" El pesa-nervios.
Progresivamente
el combate se va alterando y cambia sus contornos, pero la "carne" sigue siendo
el espacio en que se desarrolla.
"El hombre está enfermo porque está mal
construido.
Hay que decidirse a desnudarlo para escarbarle ese
animáculo
que le pica mortalmente,
dios
y
con dios
sus órganos.
Pues áteme si así lo quiere,
pero no existe nada más inútil que un órgano.
Cuando le haya dado un cuerpo sin órganos,
entonces lo habrá liberado de todos sus
automatismos y
devuelto a su verdadera libertad."
(Van Gohg... y Para acabar de una buena vez...)
Artaud desata
la guerra contra el cuerpo como organización; no hay que confundir: no se trata
de una guerra a los órganos, sino contra el organismo, contra una organización
(jerarquizada, etc.) de los órganos. Escribe en El teatro de la crueldad:
"El
cuerpo es el cuerpo, está solo y no necesita órganos, jamás el cuerpo es un
organismo, los organismos son los enemigos del cuerpo, las cosas que se hacen
suceden por sí solas, sin el concurso de ningún órgano, todo órgano es un
parásito... La realidad aún no está construida porque los verdaderos órganos del
cuerpo humano aún no han sido compuestos y colocados."
Es necesario derrotar no a los simples órganos sino al organismo, esa
organización somática del ser humano que no hace más que corromper y someter su
existencia. Se ha vuelto urgente e imprescindible una transformación radical, y
Artaud la emprende sobre el cuerpo propio. El cuerpo sin órganos es una
estrategia de transmutación corporal, la cual no es posible comprender en su
amplitud si no se la despliega en su relación con el pensamiento. Respecto a
este aspecto de la obra de Artaud, Susan Sontang señala la fuerte
influencia de los aspectos religiosos del gnosticismo ("Acercamiento a Artaud"),
sobre todo de la alquimia gnóstica renacentista. El pensamiento gnóstico
se sostiene en una experiencia individual del abandono cósmico de dios, por la
que el individuo está sometido al manejo de las fuerzas del mal; ante la
potencia de tal influjo sólo es posible la salida individual.
Artaud utiliza una serie de metáforas propias de los gnósticos: el
espíritu atrapado -y consecuentemente depuesto- en el cuerpo, la carne como
prisión del cuerpo, etc. Metáforas que expresan ese combate corporal al que se
hallaba entregado Artaud, y que también comprometía a su pensamiento. Por lo
tanto, había que encontrar la vía para despertar al espíritu y sacarlo de su
aprisionamiento carnal. Allí las dualidades que escribe Artaud en esta lucha:
cuerpo-espíritu, claridad-oscuridad, materia-pensamiento, etc. Su libro
posterior al viaje a México, donde conoce y vive la cultura Tarahumara, es
ilustrativo al respecto, porque expone los movimientos de la lucha entre materia
y pensamiento desde la mirada que se posa ante la extrañeza de otra cultura.
¿Qué es el Cuerpo sin órganos para Artaud? Un cuerpo "puro", un
volumen liso, sistema abierto y no modelado por el orden material humano. Supone
una otra experiencia corporal, una distinta concepción material del cuerpo, una
posibilidad de trascender sus limitaciones actuales. Por lo tanto, descubrir el
otro del cuerpo significa que cada uno organiza su propio cuerpo de manera
singular.
Este aspecto inmanente del cuerpo es el que van a despellejar Deleuze y Guattari
como parte del programa de su encuentro, y ello comenzará estruendosamente desde
las primeras páginas del famoso libro "El Antiedipo".
Las máquinas se encajan en el cuerpo.
Primera cuestión: el Cuerpo sin órganos no es una metáfora para designar
al cuerpo humano: "no tiene nada que ver con el cuerpo propio, o con una imagen
del cuerpo". No es un sustantivo que pueda ser absolutamente antropomorfizado.
Al igual que el concepto de máquina -de plena insistencia en el libro, y que de
ningún modo remite exclusivamente al modelo de máquina mecánica o biológica- el
Cuerpo sin órganos no remite indispensablemente a coordenadas subjetivas,
inclusive antropológicas. Si Deleuze y Guattari desean crear una filosofía
asubjetiva y pre-individual, parte de esa lógica consiste en evitar cualquier
antropomorfismo o mecanicismo.
Segunda cuestión: el Cuerpo sin órganos es presentado como
improductivo:
"El cuerpo lleno sin órganos es lo improductivo, lo estéril, lo engendrado, lo
inconsumible. ( ... ) y sin embargo es producido en el lugar adecuado y a su
hora en la síntesis conectiva, como la identidad del producir y del
producto (la mesa esquizofrénica es un cuerpo sin órganos)" El Antiedipo.
Si el inconciente maquínico es pura producción, el Cuerpo sin órganos es una
"superficie" de registro de la variedad de procesos productivos. Un fluido
amorfo -cuyas formas pueden adoptarse en una abierta pluralidad-, una superficie
cenagosa o "resbaladiza", que funciona a la manera de un espacio liso, sin
estrías, sin marcas que organicen su producción, pero a la vez siempre
posibilitando tipos de registros, tipos de conexiones, innumerables alianzas.
Tercera
cuestión: la variedad de síntesis o producciones que acontecen en esa
producción pura que es el inconciente maquínico. Si bien aquél se define por la
producción (en general), ese régimen productivo posee tres modalidades, tres
tipos de producción:
1) Producción de producción... llamada síntesis conectiva o energía de
extracción: es conexión: esto "y lo otro", "además", hace proliferar la propia
producción conectando elementos, acoplándolos. Es el nivel de producción de las
máquinas (todo aquello que produce), conexión de una máquina con otra, ello es
maquinismo.
2) Producción de registro... llamada síntesis disyuntiva o energía de
separación: la disyunción significa que separa la producción y la registra de un
modo determinado: "esto o lo otro", la elección; es la organización de aquello
que se resiste siempre a ser organizado (el Cuerpo sin órganos). La disyunción
produce una marca sobre la superficie: hay producción a nivel de las máquinas
(conexión de máquinas), pero ese acoplamiento queda registrado de algún modo
(facilitado, "memorizado", etc.). Ahora bien, por más que las máquinas marquen
la superficie (Cuerpo sin órganos), esas marcas no determinan al Cuerpo sin
órganos, él siempre está fuera de los registros, escapa a ellos.
3) Producción de consumo... también designada como síntesis conjuntiva o
energía residual: como existe producción que es registro, también hay producción
que es consumida: nivel de emergencia de las formas. Es la dimensión de
producción del sujeto.
Podemos pensar la energía producida en el primer nivel como puramente abstracta,
libre producción de energía; a nivel de la segunda síntesis, la energía se
hallaría marcando trazos, lanzando líneas sobre una superficie donde ellas
pueden ser inscriptas. En cambio la tercera síntesis crearía figuras, formas con
esa energía libre que, en la segunda síntesis, es pura línea. Nos vemos elevados
de este modo desde la producción en abstracto hasta alcanzar las formas
producidas. Las formas entonces tienen que ver con las determinaciones
histórico-sociales.
Si no es ni el modelo mecánico ni el biológico aquello que sugiere el Cuerpo sin
órganos, ¿qué es entonces? Se trata del simple conexionado. El Cuerpo sin
órganos es la posibilidad abierta a cualquier tipo de conexión, más allá de las
conexiones concretas (registros) que tratan de impedir su constante apertura, su
fuga ilimitada. Es el infinito abierto de las conexiones, de los encuentros
maquínicos. Deleuze y Guattari dicen que el Cuerpo sin órganos es
antiproductivo, porque siempre es 0 (cero) de energía, siempre está
mostrando una salida a cualquier tipo de registro productivo, tendencia a borrar
el registro. Y advierten que no tiene nada que ver con la pulsión de muerte
psicoanalítica, porque no es el 0 de las leyes de la termodinámica, sino que es
el 0 como punto de creación.
"El cuerpo sin órganos es la sustancia inmanente, en el sentido
más espinozista de la palabra; y los objetos parciales son como sus atributos
últimos, que le pertenecen precisamente en tanto que son realmente distintos y
no pueden en este concepto excluirse u oponerse " El Antiedipo.
Los órganos-objetos parciales (mezcla del objeto kleiniano con el objeto a
de Lacan) se enganchan en el Cuerpo sin órganos, como un modo de registro
particular, pero no se confunden con él, puesto que entre ambos existe una
diferencia fundamental: siguiendo el modelo spinozista, el Cuerpo sin órganos es
la sustancia y los órganos-objetos parciales son los atributos (en el hombre,
pensamiento y cuerpo). Aunque es en "Mil mesetas" donde se asiste a la
exacerbación spinozista del Cuerpo sin órganos.
Nota: texto extraído del libro"La anarquía coronada", Raúl
García, editorial Colihue, Buenos Aires, Págs. 83/86 y 89/96.
Selección y destacados: S.R.
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