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Introducción a la Fenomenología del Espíritu de Hegel
Carlos Correas
Sabemos
de las dificultades que genera un texto como la Fenomenología del
Espíritu de Hegel, lo ha hecho y lo hará, ha sido considerado ilegible
por Freud, lo escribe en las Nuevas Conferencias de Introducción
al Psicoanálisis, por eso es que elegimos ingresar en ella a partir
de aquéllos que la han transitado tantas veces como para hacer huella
allí y también porque la consideramos ineludible para el tratamiento
de un tema como es aquél del poder. Es en su parte más famosa la
del "amo y el esclavo" donde abreva Lacan vía Kojéve para
extraer en distintos momentos diferentes perspectivas que van desde
el reconocimiento al discurso del amo. E insistimos, a pesar de
la dificultad es un texto que junto con los comentadores que iremos
transitando, nos parece fundamental para realizar un acercamiento
pertinente al tema del poder.
Sergio Rocchietti
Conciencia
Percepción-sensación-entendimiento
Autoconciencia
Sujeto-objeto, concepto
deseo
"Ante todo, hay que tener en cuenta que en Hegel, el espíritu o a veces
la conciencia, se llama autoconciencia, a veces le dice alma,
son diversas formas que va tomando en su desarrollo. El espíritu
se desarrolla en su movimiento, va adquiriendo sucesivas formas,
sucesivos modos de ser, sucesivos grados. Todo eso se debe a que se va formando,
como si dijéramos se va educando, y esa educación es justamente un movimiento.
Esas sucesivas formas en las cuales el espíritu se va configurando son formas
"conforme" a las cuales el espíritu se muestra. Si algo se muestra significa que
algo aparece, se da a conocer, se pone a la luz. Lo que se da a conocer y se
pone a la luz y aparece para nosotros es, precisamente, lo que llamainos
fenómeno -en la fenomenología: lo que se manifiesta en tanto se manifiesta.
Es un dilema entre lo fenoménico, rebelde, que se muestra ante nuestros ojos y
lo que no aparece, oculto.
Platón hacía esas apreciaciones, hablaba de un mundo sensible, que no es
el mundo de la sensibilidad, sino que a través de nuestros órganos sensitivos se
capta cómo es el mundo que aparece inmediatamente ante nuestros ojos.
Pero en Platón hay otro mundo, el mundo inteligible, que no se da por los
órganos de los sentidos. Es la diferencia entre lo fenoménico, lo que aparece, y
lo que no aparece, por lo menos a nuestros sentidos, en lo inmediato.
Hegel, de alguna manera, recoge la tradición filosófica que lo ha
precedido e idealiza. Cuando se lee a Hegel hay que leer a Platón. Así
que, entonces, esa distinción de Hegel entre lo que aparece y no aparece, lo
fenoménico y lo no fenoménico, tiene un antecedente en esa visión platónica de
un mundo sensible y un mundo inteligible. En el mundo sensible, están las
cosas sensibles y el reflejo de las cosas sensibles, las imágenes. En el
mundo inteligible, están las ideas, entidades intelectuales a las cuales se
accede solamente por la razón. Por ejemplo, en este mundo sensible yo capto la
mesa, pero la mesa, para ser mesa, tiene que tener características en común con
otra mesa, si no, no calificaríamos a la mesa de mesa. ¿Qué es lo que hace que
esta mesa sea una mesa? Evidentemente el color es accidental, puede ser colorada
y seguir siendo mesa. ¿Qué es lo que hace que una mesa sea mesa?, ¿las cuatro
patas? Hay mesas de tres, no es esencial que tenga cuatro patas. Se busca qué
es lo que hace que algo sea lo que es.
La búsqueda de Platón, iniciada por sus maestros, es sobre el concepto. Tener
el concepto de mesa es tener lo esencial, es decir aquello que hace que la mesa
sea mesa. Las otras cualidades son accidentales, no son inherentes al hecho
de ser mesa. ¿Qué es lo que tienen en común todas las mesas? ¿Qué es lo que hace
que sean mesas? Esa es la esencia, lo esencial. Captado por el pensamiento es el
concepto".
(...)
¿Qué es lo que hace que un caballo sea caballo? La caballidad. ¿Qué es lo que
hace que una mujer sea mujer? La femineidad. Todas esas palabras terminadas en "idad"
califican a las ideas.
Platón era de familia noble. Resulta que pasa un sofista y entonces Platón le
plantea lo de los caballos y la cabailidad. El sofista lo interrumpe y le dice:
"Lo que veo son caballos, la caballidad no la veo". Entonces, Platón le
contesta: "Los caballos se ven con los ojos del cuerpo, la caballidad se ve con
los ojos del alma".
(...)
"Entonces, la fenomenología es el estudio acerca de las apariciones, las
presencias manifiestas del espíritu, los modos como se manifiesta, el curso de
su desarrollo, de su educación, de su formación. El primer modo en que se
manifiesta, con el cual Hegel comienza la Fenomenología..., es la
conciencia. La conciencia es el primer modo de fenomenizarse, de aparecer. En
ese nivel, en ese grado, en ese inicio, todavía no está el deseo. El deseo va a
aparecer en determinado momento del desarrollo -la palabra momento es una
constante hegeliana, es hegeliana.
Ahora, en este
primer momento de la conciencia -todavía el deseo no es la conciencia-,
en lo inmediato es un saber, un saber de lo externo, de lo exterior, de
lo que está a mi alcance, pero de lo que todavía incluso no tiene ni nombre,
sino que yo le digo esto. La conciencia comienza a ser
sensible con Platón, es un saber acerca de esto, aquí y ahora.
Continúa el desarrollo: a esto se llama dialéctica. La dialéctica es un
avance, un movimiento a través de diversas etapas, de diversos grados de
desarrollo. La palabra dialéctica significa "un curso a través de sucesivas
etapas" que, si bien se contraponen entre sí, también se complementan. La
dialéctica está en movimiento. Ustedes pueden decir que dialéctica viene de
diálogo, de lógos. El lógos es un pensamiento, palabras. ¿Dé
cuántos? De uno: monólogo. En cambio diálogo ya es de dos, es la dialéctica.
El espíritu va a ir dejando atrás en sucesivos momentos, va a ir
avanzando en su formación -dejar atrás no quiere decir que se pierde, nada se
pierde, son etapas recorridas que se contienen en el momento que sigue-.
Entonces, tenemos el primer momento que es el momento de la conciencia, que a
su vez se va a dividir en otros momentos internos a la conciencia.
Hay una relación, un saber que sabe qué soy. Hay un yo, frente al yo hay algo
que califiqué como esto aquí y ahora, un momento para un sujeto. Un yo
que es el que sabe y un objeto que es calificado como esto aquí y ahora.
En este sentido ese objeto, concordando con la etimología de la palabra
objeto -ob, ante; jectus, fuente, soporte, puesto-, quiere decir puesto
frente de un sujeto o de la conciencia o del saber de un sujeto. Objeto
es entonces lo contrario, lo que se contrapone al sujeto, a una conciencia, a un
yo.
En un segundo momento, el objeto seguirá opuesto al sujeto, pero ya no va
a ser un esto, aquí y ahora, sino que va a enriquecer las características
para pasar a ser la cosa y sus propiedades; ya no un esto, aquí y ahora
rudimentario, sino una cosa con sus propiedades. Por ejemplo, esta mesa
que está acá, con sus propiedades, es negra, rectangular, sirve de apoyo, tiene
una estructura gruesa. Esas son las propiedades de esta cosa. Entonces,
dentro del primer momento, distinguimos un interior que llamamos conciencia.
Hay un primer momento que llamamos la certeza sensible: el objeto es esto,
aquí y ahora, la mesa con su estructura y sus partes, la cosa y sus
propiedades. Ahora el sujeto no va a tener solamente las certezas sensibles.
Observen de qué manera los movimientos del objeto van a marcar los
movimientos del sujeto. Se van moviendo, pero no espacialmente, para
alcanzar grados más densos y complejos de una relación de interacción.
Correlativamente, ya no es la certeza sensible que se corresponde con el
esto, aquí y ahora. Cada cosa con sus propiedades corresponde, del lado del
sujeto, a la percepción. La certeza sensible del sujeto pasa a ser percepción, y
el esto, aquí y ahora del objeto pasa a ser la cosa y sus propiedades.
Ahora percibimos, no solamente sentimos que hay algo, sino que percibimos una
cosa con sus propiedades. Estamos en el nivel conciencia. Cuándo aparece el
deseo? ¿En qué momento nos volvemos deseantes o apetecientes?
Ahora estamos en el segundo grado de conciencia: la cosa y sus propiedades.
Pero, en ese movimiento, se advierte que las propiedades no pertenecen solamente
a esa cosa. Esas propiedades no son inherentes a la cosa, no son esenciales. Por
ejemplo, esta mesa, puedo partirla con un hacha y no tengo más mesa, sin embargo
la idea de mesa es perdurable, no puedo romper el concepto mesa. Entonces, como
la cosa y sus propiedades son inestables, voy notando que hay algo que sí le
pertenece a la mesa, aquello que hace que la mesa sea mesa, lo esencial.
Tenemos entonces el tercer momento, en que la conciencia trata de buscar la
verdad de las cosas, no las cosas con sus propiedades, las que se dan con la
percepción, sino algo que está más allá. Por ejemplo, la verdad de los
caballos no está en su presencia sino en la caballidad. En ese punto la
conciencia obtura. Por detrás de las cosas sensibles hay una interioridad. En
Platón hay un más allá que está arriba, por eso habla de un mundo sensible y
un mundo suprasensible que son las ideas. En este caso, detrás de lo sensible
está la verdad de eso sensible. Las propiedades del reloj son ser redondo,
tener un minutero, un segundero, los números. Pero mirando así no voy a llegar a
donde quiero: me refiero al concepto de reloj que está más allá del objeto
sensible. Hay una interioridad de las cosas a las cuales no se llega por
medio de los órganos de los sentidos, ni tampoco por la enumeración, sino que se
llega a traves del pensamiento, del entendimiento. ése es el tercer momento de
la conciencia.
Entonces, tenemos: primero, la conciencia como certeza sensible; segundo, la
conciencia como percepción; tercero, la conciencia como entendimiento. Una
vez que he llegado a esta captación, la interioridad entendida, comprendida,
inteligida, he captado lo interno, lo interior que está siempre en el objeto y,
ahora, al captar lo interior, tengo la base para que también la conciencia, que
hasta ese momento se enfrentaba con el objeto, en el sentido de contrapuesto,
ahora al captar lo interior, la conciencia también va a descubrir respecto a
ella -es el paso siguiente- que también tiene interioridad.
Entonces, desde esto, aquí y ahora, la cosa y sus propiedades, a partir
de otro, el que está enfrente, se contrapone, es decir la conciencia va a hacer
el movimiento desde lo otro y, partiendo de lo otro, la conciencia vuelve a
ella, vuelve a sí. Esto es la reflexión en el sentido lato de la palabra: re,
hacia atrás, flexión, doblarse hacia atrás, la conciencia ahora
re-flexiona. Al volver a sí misma se toma por objeto, por tanto ahora la
conciencia es tanto sujeto como objeto, es autoconciencia, la conciencia
se vuelve autoconciencia. Ahí está la ubicación del deseo en la "Fenomenología
del espíritu". Recién en ese grado, en el momento de esa forma sobre sí
misma.
Pero, fíjense, que no es que tenemos la autoconciencia y ya está. La conciencia
es el movimiento, el volver a sí desde el otro, pero, sin el otro. Y si la
conciencia es saber, es saber de sí y saber del otro, porque el otro no ha
desaparecido. La conciencia se recubre a sí misma, su saber ya no es un saber de
lo otro, es un saber de sí que se diferencia del saber de lo otro que está
siempre ahí, no ha desaparecido. La conciencia toma conciencia de sí, es
autoconciencia, ya no es conciencia de lo otro, sino conciencia de sí. Este es
un movimiento constante, no se da de una vez, es un movimiento de reflexión,
movimiento de la conciencia que ha vuelto sobre sí, en ese momento ella misma es
su propio objeto, cosa que antes no ocurría, ella es sujeto y objeto a la vez.
Ahora el saber de la conciencia, que vuelve de ser un saber de lo otro, es un
saber recién obtenido. La conciencia sabe de sí misma y no es más que esa
primera autoconciencia, pura referencia a sí.
Pero, ocurre que ahora que la conciencia, que ha hecho este primer
descubrimiento, ha llegado en su formación a este grado, a descubrirse y tomarse
a sí misma como objeto, sigue teniendo a lo otro frente a ella y, además, al
seguir teniéndolo frente a ella también lo capta como siendo, en algunos casos,
autoconciencia. Los otros son constantes que también pueden hacer el
aprendizaje y ser autoconscientes, volver sobre sí y tomarse como objeto. La
conciencia tiene que realizar la tarea de lograr que lo otro de ella
misma, para realizarse como autoconciencia, sea ella misma. Al tomar conciencia
de ella misma, tomará conciencia de lo otro y, al tomar conciencia de lo otro,
es como si tomara conciencia de sí misma.
Reducir, apoderarse de lo otro, conquistarlo, sacarle la otredad, de modo que lo
otro sea también ella, eso es el deseo: apoderarme de lo otro y reducirlo a
mí mismo, de tal manera que quede despojado de su ser otro, y al tomar
conciencia como conciencia de mí, me encontraré en lo otro v encontraré lo otro
en mí. Por eso, dice Hegel, solamente se desea a otra conciencia. Yo no
deseo esta mesa, puedo querer tener una mesa así para mi casa, me puede gustar
más, pero no la deseo, solamente deseo a otra conciencia".
(...)
"La conciencia es, a la vez, certeza sensible, esto, aquí y ahora -fíjense que
son determinaciones espaciales y temporales: aquí y ahora-; percepción, su
objeto, la cosa y sus propiedades; enten-dimiento, siempre dentro de la
conciencia, lo interior más allá de lo sensible.
Sócrates preguntaba qué es la valentía, buscaba el concepto de valentía.
Se dirigía a un militar, se supone que un militar tiene que saber sobre la
valentía. La primera respuesta que le daba un militar a lo que preguntaba era
cómo no voy a saber, por supuesto que lo sé. El soldado valiente es el que se
mantiene en su puesto y no retrocede.
Se ve que el militar no entendió la pregunta, pues en vez de responder da un
ejemplo. Sócrates no le está pidiendo un ejemplo de valentía, le está
preguntando qué es la valentía, le está pidiendo un concepto. ¿Qué es lo
esencial para que algo pueda ser calificado como valiente? ¿Qué es la valentía?
Sócrates es el descubridor de los conceptos en Occidente, el primero que
interroga y plantea la cuestión. ¿Qué es algo? El militar da un ejemplo y
Sócrates le pregunta hasta que lo lleva al momento en que tiene que reconocer
que no lo sabe, tiene que confesar su ignorancia. Ese es el momento del
descubrimiento del concepto: lo que está por detrás de todo acto valiente,
más allá de lo sensible, que hace que un acto sea valiente".
(...)
Entonces, lo más primitivo es el primer momento de la conciencia o sea, el
entendimiento. El objeto, con respecto al entendimiento, ya no es la cosa y las
propiedades, tampoco el esto, aquí y ahora, sino la esencia del objeto. Mi
captación, a través del pensamiento, en su forma de entendimiento de lo
esencial, es el concepto. Ahora pienso, ya no tengo sensaciones ni
percepciones, tengo conceptos. He obtenido el concepto, lo esencial, yendo
al interior de la cosa he ido al fondo, a lo profundo, a lo esencial, a lo
básico. Mi entendimiento penetra la cosa para captar lo que la cosa tiene de
esencial, lo que la hace ser tal: la esencia captada es lo que da el concepto.
Los diccionarios van al concepto de las cosas, dan lo esencial: un concepto
es justamente aquello que contiene una representación mental, lo esencial de
algo.
Como ustedes saben, es imposible definir todo. El desarrollo de un
concepto en su significado es la definición; definir algo es justamente
desarrollar el concepto. Busco en el diccionario "mujer", quiero saber, ¿qué es
una mujer? Ustedes me dirán: "Mirá Carlos, salí a la calle, caminá un poco y ahí
vas a aprender, no en el diccionario". En el diccionario si busco mujer dice:
"Persona del sexo femenino". Persona entiendo, sexo también, pero la clave está
en femenino. Busco femenino: "Lo que es propio de la mujer". Voy a buscar otra
vez "mujer". De mujer voy a femenino y de femenino me mandan de vuelta a mujer;
entonces, hay que saber por otros conductos. El diccionario es útil, pero en
estos casos, hay que saber por otros conductos.
La conciencia, que, pasó por la sensación, la percepción y el entendimiento,
va a descubrir, desde el interior de la cosa, su propia interioridad. El
objeto que se enfrentaba a ella, un objeto externo, ahora va a ser interno.
¿Y cuál es el objeto interno de la conciencia? Ella misma. Ahora la
conciencia va a tener por objeto la conciencia, va a ser conciencia de
conciencia, conciencia de sí o autoconciencia. La conciencia como
autoconciencia se configura como deseo. En ese nivel se hace deseo, es deseo.
Hasta ese momento, la conciencia era contemplativa; ahora, va a ser activa. Al
entrar en sí misma y tomar conciencia de sí su fórmula va a ser: "Yosoy yo"-un
enunciado vacío al cual hay que darle contenido en el movimiento-. Ahora que la
conciencia es autoconciencia, conciencia de sí, los momentos anteriores no han
desaparecido, han quedado superados, como etapas ya recorridas. Quiere decir que
la conciencia al ser autoconciencia no deja de ser también conciencia de lo
otro, de lo que no es sí misma. Es autoconciencia en la diferencia entre
ese autós, yo mismo, sí mismo, y lo otro que se aparece como otro, que se
contrapone a la autoconciencia.
El deseo, ¿en qué va a consistir? El deseo es activo, negativo,
destructor, aniquilador del otro en su otredad, en su alteridad. Tomar
conciencia del otro como si tomara conciencia de mí mismo: eso es desear.
Desear es aniquilar la otredad o la alteridad del otro, de manera que el
otro no sea algo subsistente, independiente, algo que subsiste por sí mismo o
incluso indiferente. El deseo busca sometimiento, busca destruir esa
alteridad.
Ahora, al tomar conciencia de mí, tomo conciencia de mi propia vida. El volver
sobre sí, desde el interior de la cosa, del concepto, es una especie de doblarse
hacia atrás.
Antes la
conciencia era conciencia de algo otro, ahora va a seguir siendo conciencia de
lo otro, pero, también, va a ser conciencia de sí. Ese doblarse hacia atrás es
lo que se llama re, atrás, como retroceder, retroceso y doblarse, flexión. Ahí
Hegel está tomando la palabra reflexión en el sentido etimológico: ir
hacia atrás. Es como se dice en física la reflexión de la luz. El rayo de luz
pega en un espejo y vuelve. Esto en física se llama leyes de la reflexión de la
luz. Por ejemplo, si la luz incide perpendicularmente en el espejo, el rayo
reflejado vuelve sobre él mismo. Si pega a 90 grados, perpendicular al rayo
reflejado, vuelve. En cambio, si el rayo incidente cae con ese ángulo, el
reflejado sale con el mismo ángulo con respecto al perpendicular. Es una ley
porque se cumple inexorablemente.
Volviendo a nuestro tema, la autoconciencia se forma por esa reflexión donde
se toma a sí misma por objeto y, al tomarse a sí misma por objeto, descubre su
propia vida, porque para Hegel el ser vivo es aquel que puede volver sobre
sí, reflejarse. Para Hegel, lo orgánico es lo que tiene la capacidad de
volver sobre sí mismo de diversas maneras.
El deseo es suprimir la alteridad, la indiferencia, la independencia del
objeto deseado. Además, en Hegel, el deseo se da hacia lo vivo, o sea, hacia
algo que tiene capacidad de volver sobre sí. Para Hegel, solamente se desea a
otra autoconciencia. Pero, ¿en qué sentido se desea otra autoconciencia? En el
sentido de aniquilar, destruir, suprimir. El deseo es destructor, aniquilador,
por eso va a ser superado por el amor, porque en el amor no trato de
destruir a la otra persona. De ahí que el deseo sea una etapa inferior
con respecto al amor porque no es reconciliador sino destructor. Trato de
aniquilar esa otredad o alteridad que se me está enfrentando, al persuadirla de
que no tiene independencia, ni autonomía. No es ni debe ser indiferente respecto
de mí sino que su ser para ella misma debe ser un ser para mí. Del mismo modo,
uno quiere convencer a la persona que desea diciéndole: "soy todo para vos; mi
vida solamente tiene sentido si es para vos; hace de mí lo que quieras". ése es
el sentido del deseo, quitarle al otro su ser para sí y hacer que ese ser
sea un ser para mí. De tal manera, que la satisfacción del deseo sea, que al
tomar conciencia de lo otro como siendo no más que para mí, entonces tomo
conciencia de mí. Me reencuentro conmigo mismo una vez que he satisfecho el
deseo. Pero el deseo va a renacer porque no es más que una sensación, el
deseo es eterno. Entonces, irá a otro objeto para nuevamente apoderarse del
objeto, quitarle su otredad, convencerlo, siempre está lleno de actividad, el
deseo se vuelve a reproducir.
En Hegel, el deseo es deseo de deseo, deseo a alguien y también deseo que ese
alguien me desee. Pero no solamente deseo que me desee sino que, sobre todo,
si deseo a alguien, deseo que también desee no a mí sino ser deseado por mí. ésa
es la tarea del seductor. Lean a Kierkegaard, el filósofo danés, les
recomiendo "Diario de un seductor ". Es extraordinario y está en
castellano. El seductor que pinta Kierkegaard es una especie de maestro, de
Sócrates, un seductor que una vez que seduce, abandona. Obviamente, un seductor
que se precie no se queda con ninguna mujer, seduce a una, después a otra y a
otra... Le informa a la mujer que es deseable y que es deseada para que surja
en ella, no tanto el deseo hacia él sino el deseo de seguir siendo deseable y
deseada, que desee su propia condición de deseable y deseada. Por eso, como
dice muy bien Hegel, el deseo valoriza a la persona. Si esa persona dice: "¿A mí
me deseas?", y el que desea contesta: 'Para mí sos algo precioso', son
expresiones que para Hegel apuntan a que nuestro deseo tiene que ser tomado en
serio.
Uno, ¿puede desearse a sí mismo? Hegel dice que no. Amar, sí; está la
fábula de Narciso y el trabajo de Freud sobre el narcisismo, desde luego,
pero desearse a sí mismo..., eso no:. uno desea a otro u otra. Por ejemplo, en
la fábula de Narciso -que también es un mito-, Narciso se enamora de sí mismo y
se ve reflejado en el lago y ahí se queda: no puede despegar los ojos de su
propia imagen. En Hegel, siempre se desea a otro, no a uno mismo. Se
trata de vencer esa independencia, esa subsistencia que tiene el otro, que es
una autoconciencia, de tal manera que esa autoconciencia sea sólo para mí, que
no sea un ser para sí: en mi deseo quiero que todo el sentido de tu vida y tu
valor sea nada más que para mí, ser para mí, como si en vos lo único que puede
tener sentido y tu único valor es ser para mí, para aquel que te desea. En este
sentido, el deseo es aniquilador de la alteridad. Una vez que la seducida
-eso está en Kierkegaard- se entrega, el seductor toma la satisfacción y
emprende otra vez su carrera de seducción. El deseo sólo es superado en
el amor, donde ya no se trata de aniquilar a la otra persona sino de
llegar a esa especie de reconciliación, donde yo sea igual a nosotros y donde
nosotros sea yo y al decir yo diga nosotros: volver a ser ese dos en uno.
Conceptualmente, tenemos los siguientes momentos: primero, la tesis o sea la
conciencia en sus tres momentos: la sensación, la percepción y el entendimiento;
segundo, la antítesis, la autoconciencia; y, ahora, la síntesis, primer
desarrollo del devenir. En el Hegel maduro, ya no se juega la cuestión
solamente en el plano del sentimiento, aunque el amor siga siendo visto como
reconciliación, sino en el plano conceptual. Ahora se va a producir la síntesis
de la conciencia y de la autoconciencia, de tal manera que tomar conciencia de
mí equivalga a tomar conciencia de vos, de vos y de vos, y tomar conciencia de
vos sea tomar conciencia de mí. "Ser otro" queda ahora unido a mí pero no lo he
aniquilado porque también mi "ser otro para vos" se identifica con vos, no ya en
un plano sentimental sino en un plano de pensamiento, la síntesis entre
conciencia y autoconciencia: tomar conciencia de mí es tomar conciencia del otro
y tomar conciencia del otro es, al mismo tiempo, tomar conciencia de mí".
Texto (selección) extraído de "El deseo en Hegel y Sartre"
Carlos Correas,
ed. Atuel/Anáfora, Bs.As, julio 2002.
Selección
y destacados: S.R.
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