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El retorno de lo real
Scott Lash
Invitado por el Instituto Goethe al coloquio sobre
Georg Simmel, el especialista en Estudios Culturales y autor del clásico
"Sociología del posmodernismo», Scott Lash, habla del fin de lo simbólico en la
era de la información.
P: En su libro
"Crítica de la información", usted afirma que los flujos de comunicación son
formas «post-simbólicas». ¿Quiere decir esto que la era de la información es
también la época de un "retorno de lo real", como dice Sla1oj Zizek?
R: Si, se podría hablar de un retorno de lo real: también Toni Negri y
Michael Hardt afirman que el Imperio implica un retorno a la política de lo
real. Con la globalización y la informatización, lo simbólico -lo nacional las
ideologías- está fragmentado, fracturado. La actual crisis de representación
política es un ejemplo. Lo que adviene así es una vuelta a lo real.
P: Pero, ¿no es que lo real se nos escapa todo el tiempo, porque sólo
accedemos a su imagen mediada?
R: Sí, en un sentido. Pero también sucede que antes teníamos un universo
simbólico: ideologías, relatos, formas narrativas más o menos estables que
implicaban un tiempo para la reflexión. Pero la sociedad de la información tiene
que ver con signos, impulsos, tecnologías, no con memoria ni símbolos: la
brutalidad de la mediatización, la irreflexividad a que nos obliga, es pura
realidad. Los reality shows no son representación, sino presentación. Es el
éxtasis de la comunicación, diría Baudrillard. Y en cierto modo es lo que
Bataille llamaba el derroche, el exceso de lo real.
P: En el coloquio sobre Simmel usted dijo que estamos asistiendo a un regreso
del vitalismo, de una nueva "filosofía de la vida". ¿Qué significa esto?
R: El vitalismo está de regreso: una señal es el éxito del libro "Imperio" de
Negri y Hardt, pero también lo vemos en Bruno Latour, Ulrich Beck y Niklas
Luhman, tres de los más grandes sociólogos contemporáneos. Ellos trabajan con
las tres bases del vitalismo actual: primero, las nociones de flujo, movimiento,
devenir, desterritorialización, deriva. Segundo, la no linealidad de los
sistemas, la auto-organización. Tercero, el fin del dualismo de la "diferencia
ontológica" entre instituciones, personas, máquinas, que da paso al monismo de
la auto-legislación del actual sujeto reflexivo. La sociología es cada vez más
vitalista: está menos interesada en la causalidad externa de los hechos que en
la autocausación, la incertidumbre y los efectos no deseados de la
auto-organización.
P- ¿El vitalismo reemplaza al humanismo?
R: El vitalismo reemplaza dos cosas: al mecanicismo newtoniano, el paradigma
de la linealidad y los sistemas cerrados, y a las metanarrativas, a los relatos
que explican el mundo a partir de una idea trascendente, un fin que está fuera
del sistema, como el cristianismo o la utopía marxista o en definitiva el
humanismo.
P: ¿Cuáles son los peligros de este retorno del vitalismo?
R: Por un lado, el vitalismo permite empezar a pensar en lo no humano y lo
inhumano en una forma positiva, y ese es un modo interesante de pensar la era de
la información. Pero sí, hay un peligro: no estoy seguro de si el vitalismo es
compatible con alguna noción de memoria. El vitalismo es la defensa de la vida,
y su objetivo es "más vida", auto-reproducción. Ahora bien, creo que además de
esa "fuga hacia adelante", la identidad colectiva y la memoria son
fundamentales. Y no estoy completamente seguro de que podamos tener una noción
de memoria sin tener al mismo tiempo una noción de trascendencia. ¿Podremos
crear un monismo consistente, sin un fin trascendente, y al mismo tiempo
manteniendo la memoria?
Reportaje
aparecido el 25-5-2002, Clarín Cultural, sin mención del entrevistador.
Selección: S.R.
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"Insistencia" S.R. /L.Prato
Prefacio de "Imperio", T.N. / M.H.
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