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El sueño, la trama y los símbolos

Sergio Rocchietti

 

El primer lugar donde el lenguaje encuentra al inconciente es en los sueños.

 Hay un encuentro singular, en nosotros y en la obra freudiana. En nosotros, porque en la perspectiva individual, una de nuestras primeras y fundamental actividad psíquica, desde aún antes de exponernos al mundo, ha sido soñar, y sigue siendo necesaria para que podamos seguir soportando el mundo de la vigilia. En la obra de S.Freud, es un hito inaugural, "el psicoanálisis comienza, por así decirlo, con el siglo" y en el inicio del siglo aparece "La interpretación de los sueños" (1900).

Dijimos un encuentro entre el lenguaje y el inconciente, vayamos hacia él :

" No cabe asombrarse ante el papel que toca a la palabra en la formación del sueño. La palabra, como punto nodal de múltiples representaciones, está por así decir predestinada a la multivocidad, y las neurosis ( representaciones obsesivas, fobias) aprovechan tan desprejuiciadamente como el sueño las ventajas que la palabra ofrece así a la condensación y el disfraz".

Múltiples aproximaciones de lectura del capítulo seis (la elaboración onírica), de la obra citada, nos han llevado a un esquema que ahora presentamos:

Además tiene como basamento la siguiente frase, de la misma referencia:

"...no hace falta suponer una particular actividad simbolizante del alma en el trabajo del sueño, sino que el sueño se sirve de tales simbolizaciones, que están contenidas, ya listas en el pensamiento inconciente, debido a que ellas satisfacen mejor los requerimientos de la formación del sueño por su figurabilidad, y las más de las veces también por estar exentas de censura".

Lo anterior nos interroga muy precisamente en este punto, ¿cómo es posible que estén contenidas estas simbolizaciones en el pensamiento inconciente?. Se puede apreciar en el esquema un esbozo de respuesta; en él, desde dos lugares se señala en dirección al lenguaje. Uno, desde las simbolizaciones y dos, desde la figurabilidad.

Establezcamos lo siguiente -asentado por la lingüística estructural- : no hay símbolos sin el lenguaje.

La figurabilidad es el modo en el cual los símbolos son puestos en escena. ¿En cuál?. En la otra, en la del inconciente. ¿Qué sucede allí, por ejemplo en el sueño?, los símbolos son puestos en escena y por consiguiente, son transformados en imágenes plásticas, visuales. El problema de la figurabilidad de los símbolos es el problema de su puesta en imágenes. Hay un cuidado de la puesta en escena, no cualquier símbolo puede proveerse de una figuración para presentarse ante la conciencia del durmiente y desde allí suscitar la realidad. Ahora bien, esos símbolos, son provistos por el lenguaje. ¿Por qué?, porque el lenguaje es la simbolización principal sobre la cual se fundamentan todas las demás. Nominar es el acto inaugural de la simbolización. Dicho de otro modo: el símbolo representa otra cosa que la que él es. Por lo cual nos hemos advertido de no definirlo sino sólo de presentarlo, pues consideramos que esa es la mejor vía para su consideración.

Si quisiéramos aún recurrir a otro lugar para decir del símbolo, iríamos hacia una consideración etimológica pero no para hacer otra cosa que una figura: proveniendo del griego "símbolo" es lo-que-arrojo-junto-con; que mejor ocasión para agregar allí: "palabra". Llegamos entonces a: lo-que-arrojo-junto-con-la-palabra.

¿Y cómo puedo llamar a eso?. Aún no sé. Hablo y al hacerlo creo, creo en los nombres otorgados y en los significados conferidos. Hablo y al hacerlo creo, creo los lugares visitados, los colores asignados, los hechos sucedidos.

Son mis palabras las que logran todo eso. ¿Mis palabras?. Son mías ahora, porque me apropié de ellas, pero me han sido donadas, las he adquirido, en otro lugar, de otros. Mis palabras no han sido mías.

El símbolo representa otra cosa.

No hay símbolos fuera del lenguaje.

Con las salvedades explicitadas, éstas son nuestras dos vías de entrada en la consideración del encuentro sueño-inconciente. ¿Cuáles son los símbolos del lenguaje?. Son las palabras; podríamos decir que cada palabra es en sí una metáfora de su referencia. No tratamos con las cosas tanto como nos dedicamos a las palabras, y desde aquí a las referencias; el 'referirnos a', sólo surge cuando no están más las cosas, de allí que sea necesaria la aniquilación de las cosas para su transmutación al rango de los símbolos. Esta operación es llevada a cabo por el lenguaje y los símbolos del lenguaje y soportada por algunos que encarnan con sus presencias lo que ocurre en la argumentación humana usual. Pero, se nos puede preguntar, ¿todos los símbolos son devenidos tales de esa manera?. Y bien, es así justamente. No hay símbolos fuera del lenguaje, aunque haya símbolos que no tienen -para nosotros- voz, pues han sido "construídos" en épocas lejanas y no podemos "leerlos", son lo que Freud llamaría "símbolos universales", esto dicho en tanto uno de sus aspectos, el de su constitución, y sin considerar la universalidad propiamente dicha.

Es en el lugar del lenguaje desde donde la disposición de los símbolos se ofrece al humano hablante. Oferta no es aceptación, para que la haya tendrán que suceder otras cosas. Pasemos a considerar el lugar del lenguaje:

"... los usos linguísticos tienen ya preparado y con gran riqueza el precipitado de comparaciones de la fantasía que provienen de los tiempos más remotos (la viña del Señor, el jardín de la doncella del Cantar de los Cantares)..."

La interpretación de los sueños, S.F.

Esta proveniencia desde otros tiempos, el eje temporal de la diacronía para Saussure, y asimismo la proveniencia desde un otro lugar de los símbolos, es lo que nos ayuda a decir que es la plasticidad de la palabra, su no univocidad, junto con el reservorio del sistema del lenguaje, su aspecto sincrónico, "usos lingüísticos ya preparados", a disposición, en espera, de lo que hecha mano el inconciente para realizar su trabajo.

Para la investigación científica, aquella que trata de desmenuzar las cosas, un sueño -no interesa quien lo sueña- es una combinación química. Un sueño es siete partes de carbono, diecisiete partes de hidrógeno, una de nitrógeno, y tres de oxígeno, esto es correcto químicamente, pero para nosotros sigue siendo más correcto acercarse a un sueño tratando de descifrar su sentido (Freud) y no "sabiendo" de qué está hecho. Por eso la verdadera fórmula del sueño es aquella que alucina Freud con gruesos caracteres en relación a Irma, es verdadera porque nos indica en dirección a la sexualidad, y sabemos que los pensamientos inconcientes van a portar la fuerza -presión,drang- de la sexualidad. Dejamos planteado que: es la sexualidad la que anima los sueños. La sexualidad es el nombre de una energía; esa energía se localiza en un cuerpo, en otro cuerpo y entre los cuerpos. Aquí nos detenemos.

Desde el esquema propuesto inicialmente, intentaremos dar un marco, un lugar de discernimiento espacial para que podamos pensar gráfica y conceptualmente la relación de estos términos y otros que adelantaremos.

 

La trama del lenguaje

Para postular que el lenguaje hace trama nos hemos basado en la referencia freudiana de "palabras-puente" de, principalmente, "El chiste y su relación con lo inconciente", y en los siguientes puntos de "La interpretación de los sueños":

a. Los pensamientos oníricos están vigentes en el sueño, pues este es "una fábrica de pensamientos".

b. Los pensamientos inconcientes mantienen entre ellos "conexiones de pensamiento".

c. Los pensamientos inconcientes tienen contactos laterales y pueden provocarse -entre ellos- cortocircuitos.

d. Hay cadenas de pensamientos ( tanto inconcientes como concientes).

e. Las vías de conexión pueden tener hilos colaterales.

f. Hay puntos nodales dados por la reunión de pensamientos oníricos que también son multívocos.

El libre juego de los símbolos constituye a los pensamientos inconcientes, "libre" es un modo de no decir incognoscible. Incognoscible por no predeterminable a la manera de una predicción científica (decir previamente que va a suceder). El sistema del lenguaje en su "libre" relacionarse es equivalente a lo que sucede con los pensamientos inconcientes, la dificultad de percibir esto radica en que al pensar en lo inconciente siempre se lo atribuimos a alguien, si podemos dejar atrás esta dificultad estaremos en mejores condiciones para admitir esta relación de equivalencia. Esta no es la única dificultad a la que nos enfrentamos, si pudimos relacionar el "libre juego de los símbolos" en un espacio -que siguiendo a J.Lacan- podemos llamar Otro, con los pensamientos inconcientes, vamos a tener que dejar de lado la consideración energética de este juego, consideración que nos llevaría muy lejos de lo que queremos avanzar, en cuanto al simple hecho de hacer del lenguaje en su encuentro con el inconciente: trama.

Dejemos establecido que este "libre juego" corresponde en Freud, a lo que él llamó, "energía libremente móvil" o "proceso primario". Y debemos agregar lo siguiente, del libre juego está ausente el yo. Lo que estamos postulando carece de yo. Esto sucede porque estamos pensando en un sistema, no cerrado, pero a los efectos de la trama, es aún, inútil, agregarle un yo. Esto sucederá en el aspecto clínico de la cuestión, no hemos llegado allí. El yo percipiente será un efecto del "libre juego de los símbolos", y es más, un efecto lejano. Por otro lado, ni siquiera sabemos si nos será necesario conservar al viejo y buen yo como lugar, ya no como percipiente o apercipiente (distinción que se remonta a Leibniz). Llegamos a que: el juego de los símbolos está libre del yo. Lo inverso no es verdadero, el yo no está libre del juego de los símbolos.

Si decimos que el juego de los símbolos está libre del yo es para reforzar el siguiente corolario clínico, cuando estemos inmersos en la perspectiva de ese entramado no debemos introducir al yo sino sólo cuando se atraviesa en nuestro camino, es lo que seguramente hará, aparecer no con nuestro beneplácito, pero sí como un elemento ineludible de nuestras consideraciones transferenciales.

Vayamos a recoger en Freud expresiones que avalen nuestra hipótesis de la trama. En "La interpretación de los sueños" habla de como "un giro idiomático" es "figurado en el sueño al pie de la letra", o como "nuestros pensamientos oníricos son figurados corrientemente en imágenes visuales" lo que nos permite adelantar que la trama nunca es visible, sólo aparece por la intervención de un operador, y además que las imágenes se interpondrán ante la trama; en "El chiste y su relación con lo inconciente" habla de "la trama de lo pensado" y de "la misma trama o del mismo material de palabras", lo que es fundamental pues nos corrobora que la trama es de lenguaje. Aún más, en "Sobre los recuerdos encubridores" menciona que "dentro de la trama de mis tratamientos psicoanalíticos..." , lo cual es aún más importante que lo anterior que ya era fundamental, pues nos indica con suma precisión que un tratamiento psicoanalítico tiene la textura de una trama. No podemos pasar por allí sin dejar de sentir que estamos ante distintas texturas (distintos textos, tejidos -etimología de texto-, nudos, hilos, urdimbres, y hasta hipertextos). Se hace necesario insistir que nos ubicamos en una sola perspectiva, la de la trama, que no es otra como se habrá advertido, que la de considerar que un tratamiento psicoanalítico instala lo singular de un texto que llamamos trama. Casi como si pudieramos decir: allí se está tramando algo.

Para facilitar una intelección que será siempre insuficiente -siendo ambas insuficientes, nuestras intelecciones y nuestros intentos de hacerlo sencillo- presentamos una figura posible de la trama:

Trama en estado virtual, detenida para que podamos visualizarla. Trama, tramada como los hilos de un tapiz sin anudar, trama en el telar, sin figuras visibles en su superficie. Lo que hacemos visible es la figura de la trama. Este es un momento de la trama, no debemos olvidar que la trama es contínuamente móvil, aunque contenga elementos que no forman parte de ella y que son más estables, esa será una consideración de las fuerzas, para decirlo así, que actúan sobre o en ella.

La postulación de la trama es la afirmación de una consideración global del lenguaje. Lenguaje -hagamos el ejercicio- en el cual no hay individuo, por ello es difícil de representar, se trata no del lenguaje en tanto hablado sino que hacemos del lenguaje, sistema, estructura, algo construído -como nos lo dice la etimología de estructura.

La postulación de la trama puede ponerse bajo la siguiente premisa que J.Lacan nos ofrece en el Seminario II: "los pensamientos inconcientes buscan significación". Si bien se trata de que un mensaje pase, no hay desde quien ni hay a quien, por más que así lo creamos, incluso por más que así lo creamos firmemente, inclaudicablemente. No hay desde quien ni hay a quien pasar el mensaje, pero hay el pasar, es ese pasar lo que hará surco; es ese pasar lo que hará de la trama, recorrido. Y cuando haya recorrido habrá individuo. Y ese recorrido será trayecto libidinal. Antes lo llamamos una consideración de las fuerzas. No iremos más allá de aquí en la apreciación de las energías.

Una lectura atenta del "Proyecto de Psicología para neurólogos" nos hace advertir que cuando Freud habla del lenguaje lo sitúa entre el grito, vivencia de dolor, y el pensar discerniente. Ahora retomamos el lenguaje, del cual podemos decir que es la marca de un territorio delimitado por el grito y el pensar, para darle un límite y un ámbito espacial a la postulación de la trama.

Nuestro diseño es como sigue:

¿Qué trae nuestro esquema?. Nos trae un campo, lo llamamos el campo del placer. Está limitado férreamente por las vivencias de dolor y las vivencias de satisfacción, pues sabemos que son repetidas en su diferenciarse, innúmeras veces, y sabemos que son repetidas en su asemejarse, innúmeras veces. Esos límites son los límites del humano soportar, tanto sea de los estímulos externos como de los internos; esos límites son los umbrales desde donde el hombre percibe la realidad, principio del placer- principio de realidad, según S.Freud, luego llegará al "Más allá del principio del placer", nosotros todavía no llegamos , ni llegaremos en corto tiempo, llegaremos a su tiempo. Hay un tiempo para el más acá y hay otros para el más allá.

Fuera de esos límites está lo demasiado poco o lo demasiado mucho (goce). No los distinguimos, estamos situando grandes territorios, no hacemos precisas y finas delimitaciones. Nos acercamos al punto panorámico y observamos desde allí, vemos gruesos trazos y paisajes, luego nos iremos acercando para obtener mayores precisiones.

Ahora bien, proponemos -siguiendo a Freud- una forma de figurar la vivencia de satisfacción en su faz de satisfacción alucinatoria, punto extremo, como la llegada de un deseo hasta el límite de la barrera contra el goce. Dentro de ese campo el deseo pugna por su cumplimiento dirigiéndose hacia la barrera. Pensemos en el sueño, será el sueño por su carácter alucinatorio el que nos provea del modelo a seguir; es en el sueño donde se presentan los deseos cumplidos. ¿Por qué deseos y no el deseo?. Porque el deseo es siempre parcial. Podemos decir que se realiza -alucinatoriamente- un deseo determinado y no el deseo. La llegada de un elemento "x" o un conjunto de elementos "x" a la barrera contra el goce, ya como pantalla alucinatoria del sueño, esto es al límite de la "vivencia de satisfacción", allí coinciden barrera contra el goce de un lado, y por el otro, pantalla del sueño y pantalla donde se alucina el objeto en la vivencia de satisfacción- es siempre parcial porque el deseo está parcelado en sus representaciones y por lo tanto, deseo es un recorrido y no todos los recorridos.

No hay el deseo hay un deseo.

Un deseo es parcial.

 

Lo insinuado en lo anterior es el tema de castración, preferimos no ubicar el artículo ('la') para no predeterminar de ese modo nuestro pensar. Igualmente como con lo libidinal, goce, del recorrido, no lo seguiremos. Nos ceñimos a presentar la hipótesis de la trama, y nombramos los recodos del camino junto con sus bifurcaciones.

Hagamos la siguiente operación con nuestro territorio bidimensional y démosle una tridimensionalidad dibujada:

Podemos apreciar mejor ahora, la distinción entre deseo y placer; el placer mantendrá los límites del territorio y el deseo pugnará por su realización. Unamos la trama del lenguaje al territorio del placer y el deseo y tendremos un recorrido de singularidad, tanto como -a veces- un trayecto libidinal, es lo que figuramos ahora, sólo en tanto que reunión, no como trayecto surcante. Reunimos los dos elementos mencionados como sigue en la trama espacializada en tres dimensiones:

Unamos, ahora, los dos diseños para poder representarnos la trama del lenguaje con el territorio o campo del placer y la tensión del movimiento del deseo hacia su realización.

Podemos agregar también, la configuración que toma un sueño en su trayectoria desde el elemento -o conjunto de elementos- hacia el sitio donde se encuentra la pantalla alucinatoria. Lo hacemos así:

Esta última presentación tiene dos correlatos conceptuales, uno general y otro particular; el primero es: soñar es alucinar (en) el lenguaje. El segundo: cuando soñamos alucinamos símbolos (palabras), Freud hubiera dicho que se alucina cuando se descomponen las representaciones en sus elementos constitutivos que son las huellas mnémicas, luego el elemento básico serán las trazas, signos de percepción y su "juego", condensaciones y desplazamientos. De este modo también reunimos el primer esquema presentado al inicio del capítulo con la reunión de los dos últimos. En el último dibujo, la trama destacada de la trama en general, corresponde a la trama alucinada, puesta en figurabilidad -como diría Freud-, o sea, allí se aloja el sueño en el momento de ser soñado.

Detengámonos en la consideración del campo exterior al territorio del placer, esto es, stricto sensu, el campo del goce (pulsiones en general), en su posibilidad -si hasta allí llega el yo- de dispersión puntillosa -así lo hemos graficado, justo antes de pasar de lo bidimensional a lo tridimensional-, podemos decir que el sueño puede llegar a despertarnos si nos conecta demasiado directamente con el campo del goce, y esto lo dibujamos así:

Podemos percibir que el sueño soñado se ubica en la pantalla del sueño, en el espacio ubicado entre el deseo y el goce. Alucinar la trama del lenguaje nos da como producto el sueño, y el sueño en su alucinar nos trae una representación del objeto de deseo, nos provoca un reencuentro, o un intento de reencuentro, para ser más precisos, esta es la vectorialización, que vemos en el esquema, que va desde el deseo hacia la pantalla, figurando, o sea dando formas, a este objeto soñado (tanto diurna como nocturnamente, pero ya no, en lo primeramente mencionado, como alucinación). Lo irrepresentable de esta figuración, lo irrepresentable del objeto de deseo, aquí ya como objeto causa, estará dado por la vectorialización del campo del goce dirigiéndose hacia la trama ya no como pantalla, sino alcanzándola en determinados puntos precisos. Lo desarrollaremos.

La figurabilidad del sueño es lo que determinará los modos de representación del objeto de deseo. Insistimos una vez más, ante la ardua complejidad de los temas alcanzados por la hipótesis de la trama del lenguaje, sólo nos queda casi enumerar, presentar, sus consecuencias que deberán ser ampliamente tratadas en lo que seguirá.

En una nota al pie, cuando Freud interpreta el "sueño de la inyección de Irma", se refiere a la serie de tres mujeres que aparecen en el sueño y escribe:

"Sospecho que la interpretación de este fragmento no avanzó lo suficiente para desentrañar todo su sentido oculto... Todo sueño tiene por lo menos un lugar en el cual es insondable, un ombligo por el que se conecta con lo no conocido".

Y agregemos que en el capítulo siete de "La interpretación de los sueños", acápite dedicado al olvido de los sueños, dice:

"Aún en los sueños mejor interpretados es preciso a menudo dejar un lugar en las sombras, porque en la interpretación se observa que de ahí arranca una madeja de pensamientos oníricos que no se dejan desenredar, pero que tampoco han hecho otras contribuciones al contenido del sueño. Entonces ese es el ombligo del sueño, el lugar en el que se asienta sobre lo no conocido. Los pensamientos oníricos con los que nos topamos a raíz de la interpretación tienen que permanecer sin clausura alguna en todas las direcciones dentro de la enmarañada red de nuestro mundo de pensamientos. Y desde un lugar más espeso de ese tejido se eleva luego el deseo del sueño como el hongo de su micelio".

Y por último, adjuntemos lo que continúa, de la misma obra citada:

"... el núcleo de nuestro ser que consiste en mociones de deseo inconciente permanece inaprehensible y no inhibible para el preconciente".

 

Habíamos postulado a la trama del lenguaje como un continuum de símbolos (palabras,etc.), le dimos una espacialidad bidimensional y luego una tridimensional, ahora podemos agregar que esa trama está rota. Esa trama es discontinua. Podríamos incluso pensar que la continuidad de la trama es la suposición o la supervivencia de la completud del lenguaje, siendo este lenguaje no otra cosa que, la fantasía de la lengua materna hecha cuerpo materno, ponernos al abrigo del todo.
La presencia del ombligo del sueño nos pone en la vía de considerar un lugar que hasta ahora no habíamos tenido en cuenta, el lugar de lo no conocido. Hay un más allá del placer al cual no se puede arribar sino es en ciertas condiciones especiales y en lo cual hay un cierto exilio. Cuando llegamos allí, no es porque queremos sino porque hay una imposición a alcanzar ese sitio. Si el más acá, es el placer y el deseo, en el refugio del acatamiento de la ley de interdicción del incesto, en el más allá, la barrera del sitio seguro ya no está. El límite de esa ley está en nuestra presentación del límite de la pantalla. Pantalla alucinatoria del sueño, pantalla representadora del objeto de deseo, o pantalla del fantasma. Otro punto que dejamos para más adelante; pero no queremos dejar de relacionar la pantalla con el Nombre del Padre.
Este es nuestro diseño para graficar el ombligo del sueño, recordemos que Freud plantea al "ombligo del sueño" como un "lugar en sombras".

Los límites de la trama, como si dijéramos la trama tramada, se mantienen gracias a la existencia de la ley, la ley de los símbolos, la ley que regula en su oposición y en su relación, la permanencia de significante y significado cuando el individuo se ha singularizado en ella. En definitiva la ley del lenguaje, la ley en el lenguaje. El matema correspondiente a ello será escrito como phi mayúscula.

Vayamos entonces a las referencias -mínimas- que se pueden plantear desde J.Lacan en relación a nuestra espacialización. Las citas son de "Psicoanálisis y medicina" (1966) :

"... hay un deseo porque hay inconciente, es decir lenguaje que escapa al sujeto en su estructura y sus efectos, y hay siempre a nivel del lenguaje algo que está más allá de la conciencia, y es allí donde puede situarse la función del deseo".

Decir deseo es decir la presencia del lenguaje más allá de la conciencia. Es decir la dimensión energética del aparato psíquico. Es decir el montaje de su escenificación, fantasma. Es decir impulso de realización. Para el futuro.

Continuemos:

"... el placer es una barrera al goce".

Lo que se verifica en la ubicación externa que tiene el goce en nuestro esquema.

"...excesos de lenguaje... es en ese campo (A) donde se hace la junción con lo que llame el polo del goce".

Hasta hemos espacializado para lograr una intelección que -aunque de trazos gruesos- nos permita permitirnos un cierto avance en estas cuestiones. Propongamos el trabajo futuro en conceptos:

Este modo con palabras, propone las relaciones sin espacializar. ¿Cuáles son los fundamentos que sostienen este esquema?. Son:

1. La trama del lenguaje hace la pantalla.

2. Los símbolos (palabras, signos, significantes) figuran al objeto (de deseo, y también lo contornean (borde,goce).

3. El goce anima, desde un lugar exterior, al objeto figurado.

Prosigamos en el reflexionar acerca del ombligo del sueño. En un congreso realizado en 1975, J.Lacan responde acerca de esta cuestión a Marcel Ritter y traduce lo "unerkannte" como lo no reconocido, agregando que éste no es lo real pulsional, pues lo real pulsional tiene para él una consideración más cercana a la vertiente topológica donde lo real pulsional es la función del agujero. Hay pues una distancia a considerar entre el nivel del orificio corporal y lo que pasa en el inconciente. En la traducción castellana se vierte como lo no conocido.

En esa misma respuesta, acerca Lacan, el ombligo del sueño a lo reprimido primordial, pues éste sería imposible de reconocer, lo reprimido primordial sería un "estar ...en la raíz del lenguaje".

El ombligo del sueño sería un agujero en lo simbólico, decimos nosotros, por medio del cual lo simbólico, la trama del lenguaje, jamás va a poder responder enteramente de lo real pulsional, aunque esto no va a carecer de resonancias.

Tres son las características que da Lacan acerca del ombligo: estigma de la simbolización (de la entrada en el lenguaje), cicatriz del cuerpo y nudo. Lo que hace nudo son las palabras, recuérdese el ítem de los puntos nodales en la trama del lenguaje.

¿Cómo podemos representarnos un ombligo?. Antes de hacerlo precisamos de las siguientes citas de la misma respuesta:

"Es ahí que se designa el límite por el cual lo simbólico se encuentra, en suma, repercutiendo, que haya algo que en lo que se dice, sea por metáfora comparable a lo que es de la pulsión".

Lo anterior nos permite interrogarnos acerca del agujero en lo real de la pulsión y su alter -el agujero- en lo simbólico. A esa "metáfora comparable", mencionada por Lacan, podemos acercarle la serie: resonancia - disonancia - consonancia. Dejémoslo aquí; sí, afirmamos: lo simbólico resuena, o no, con-suena o no, disonancia, en lo pulsional, ofreciendo o no distintos caminos, circuitos, de la pulsión en la trama del lenguaje.

Continúa Lacan diciendo que la esencia del nudo se constituye en el cierre, esto es que la apertura del orificio en lo real conlleva un cierre en lo simbólico. Y agrega que allí se detiene el pensamiento, y por último añade que el ombligo es un orificio que se ha anudado. Si antes nos preguntamos cómo representarnos un ombligo, ahora estamos en condiciones de emplear lo anteriormente citado y comentado por nosotros para traer nuevamente la trama y construir lo siguiente:

Como el "lugar en sombras" de la trama nos pareció insuficiente le agregamos las características topológicas apuntadas por J.Lacan. Lo que visto desde otra perspectiva nos da ésto:

Si relacionamos todos los diseños anteriores podemos concluir en el que continuará y que nos muestra el deseo dirigiéndose a la trama y al alcanzarla se constituye ésta en la pantalla alucinatoria -sueño- y también, no nos detuvimos allí todavía, pero tendremos que hacerlo, nos muestra al deseo que va hacia la trama y en su no alcanzarla está siendo regulado por la pantalla, no ya del sueño sino del fantasma. Tenemos además, la relación de la trama del lenguaje con su agujero, lo que se condice con la frase -principio de J.Lacan : "no hay universo del discurso", lugar al que arriba en el seminario de "La lógica del fantasma". También vemos en el esquema, anteponiéndose al agujero (pulsional-causa) su ocultación, dada por la atracción del deseo hacia el objeto representado (figurado en la pantalla) y su conexión, mediante el ombligo, con el campo del goce, lo que lo hace transformar, si seguimos un cierto recorrido -que más que cierto es incierto, ya que no hay continuidad, sino transformación, representada por la línea interrumpida en el campo del goce- en otra condición del objeto, la del objeto causa, en tanto ingresa como impulso desde el campo pulsional y mueve así al deseo hacia la pantalla, o sea hacia su posible realización, si el alcanzar la pantalla mueve a su realización efectiva. Sabemos que resumimos, simplificamos, que quizás sólo presentamos, lo sabemos, lo continuaremos.

Destaquemos: cuando escribimos deseo -como lo hemos dicho- es un deseo; un deseo se dirige hacia la pantalla. El humano se defiende de realizar efectivamente sus deseos.

Insistimos, no se trata de un esquema circular en la identidad es circular en sus retornos, y también hay discontinuidad entre un lugar y otro - trama, lenguaje/ pulsión, goce-, la causa aporta la presión, la fuerza que se vectorializa en la trama es el deseo, regimentado por la castración, en el campo del placer.

Para finalizar una cita tomada del mismo texto (Respuesta a M.Ritter):

"Se trata de orientarse en el lenguaje, y que el ser humano esté en un campo ya constituído por los padres concerniente al lenguaje, es a partir de ahí que es necesario ver su relación al inconciente y que esta relación al inconciente no hay ninguna razón para no concebirla como lo hace Freud: que tiene un ombligo."

Lo cual nos trae que ese barrido que proponemos para la trama, en el campo del goce, es la posibilidad de mostrar como será siempre insuficiente cualquier explicación para dar cuenta de la existencia. O, como diría Freud, que "el núcleo de nuestro ser" nos lleva a lo imposible de ser capturado jamás. También la opacidad nos habita.

 

Nota (2002):

El presente trabajo formó parte de un seminario titulado "Reflexiones sobre el lenguaje y el psicoanálisis" que fue dictado en el año 1989 (seis reuniones) en "Grupos Clínicos de Buenos Aires", institución de la que formaba parte en calidad de coordinador junto a Ana María Gómez y Jorge Balmaceda. Me atrevo a presentarlo escrito porque considero que mantiene su vigencia en la actualidad (mayo del 2002). Sabiendo que las consideraciones sobre topología hechas por J.L. fueron y siguen siendo de una fecundidad que no intenta rozar lo aquí expuesto, autores como Jeanne Granon-Lafont o Jean Michel Vappereau continuaron esta línea lacaniana con gran intensidad. Véase: "Topología lacaniana y clínica psicoanalítica" de la primera o "Clínica de los procesos del nudo", "¿Es uno...o, es dos? y "Estofa", del segundo.

Nuestro intento, en aquél momento, fue espacializar conceptos, proveernos de lugares que permitieran conceptualizar de un modo relacionado ciertas cuestiones que apuntan fundamentalmente a la clínica y a la práctica del psicoanálisis, sin dejar de percibir que tocábamos "producciones sociales" con la presentación de un esquema del sueño, aunque no lo hayamos dicho así en aquél momento, y estas producciones sociales son las que emplean "estructuras de ficción" para realizar "alucinaciones de escenas en pantallas"; quizás el término "alucinaciones" puede parecer demasiado fuerte pero no lo es, una alucinación compartida deja de ser una alucinación para ser una creencia, pero no deja por ello de participar de los mecanismos formadores de la alucinación y de la hipnosis. El amor actual por las pantallas y ese mismo amor extendido a los que allí aparecen (u odio, es igual) testimonia de ello.

Dejamos muchos puntos sin desarrollar, por ejemplo, la relación de interposición y producción de las imágenes que recubren la trama, el movimiento de la trama, su puesta en continuidad y su puesta en discontinuidad, el tema de los goces, etc. Son puntos sobre los cuales seguimos trabajando y hemos ampliado algunos de ellos.

Nota (1991)

La trama (desarrollo de una idea). Los esquemas de la trama provienen de un intento de espacializar una temática conceptual para ofrecer un ordenamiento, siempre modificable a nuestra práctica. Consideramos que es preciso ser claros, y precisar cuales fueron las ideas base de las cuales partimos. Una, la principal, fue intuir que el esquema del aparato psíquico que presenta Freud en el capítulo VII de "La interpretación de lo sueños", esquemáticamente éste:

Admite transformaciones para ser tratado en forma tridimensional, esto es, que puede ser presentado así:


Lo que admitiría también, distintos planos de inscripción, conservación y modificación, teniendo siempre el lugar de lo perceptual como un plano vacío, mientras que las inscripciones -figuradas con una "x"- formarían parte de lo que da continuidad a la trama, si les damos un trazo que las une, en determinadas ocasiones.

Por supuesto que éstos esquemas no son más que modos de diseñar y presentar una puesta en orden, un instrumento para seguir trabajando los conceptos, teniendo en vista que esa puesta en orden puede intervenir -es nuestro anhelo- en una modificacion de la práctica clínica cotidiana.

La trama está constituída por inscripciones significantes y -lo retomaremos-, no debemos olvidarlo, por el lenguaje. En el lenguaje no todo es significante, especialmente cuando consideramos al yo, cuando introducimos a un individuo en el lenguaje no todo es significante, es más, la relación del yo con el significante es por demás efímera: se limita a los instantes de sorpresa cuando adviene algo que no se esperaba, que el yo no se esperaba.

Pero también, en rigor, la trama nunca aparece, irrumpe atravesando el sentido en los momentos de fracaso yoico y tiene que haber alguien para advertirlo, además, eso nos da la oportunidad de construirla. Esa es la precisión, exacta consideración: la trama se construye. La trama no aparece, se construye mediante distintos tipos de intervenciones.

Por eso, la trama, en la clínica, no sólo depende de lo que trae el locutor sino también del registro del auditor, sean cuales fueren los que ocupen esos lugares en determinado momento. Si decimos que la trama nunca aparece es porque implica una escritura, y eso nos abrevia una serie de problemas y nos trae una serie de problemas que llamaremos: la escritura de la trama. Tomamos nota de lo que nos queda por hacer. Sigamos anotando: las relaciones de la trama con lo imaginario, las relaciones de la trama con la pulsión.

La trama es la postulación de un modelo a utilizar o no. Las imágenes ocultan la trama. El laminado del reconocimiento imaginario provee sucesivas capas de ocultación a la trama. Deberemos considerar, en otro momento, los pliegues de la trama, especialmente cuando nos aboquemos a relacionarla con el fantasma.

Una última referencia, en la teoría de las catástrofes, R. Thom utiliza la figura del ombligo (a desarrollar).

 


Relacionar con:
Respuesta de Jacques Lacan a una pregunta de Marcel Ritter >>>

Comentarios al autor: srocchietti@ciudad.com.ar

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