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Seminario XVI
"De un Otro al otro"
Jacques Lacan
Clase 1 (13 de Noviembre de 1968)
Nos reencontramos
este año para un seminario cuyo título he elegido: "De un Otro al otro", para
indicar lo que serán los grandes hitos alrededor de los cuales debe -hablando
propiamente- girar mi discurso.
Es en esto que
ese discurso, en el punto del tiempo en que estamos es crucial. Lo es en la
medida en que define lo propio de ese discurso que se llama el discurso
psicoanalítico, cuya introducción su entrada en juego en estos tiempos, importa
tantas consecuencias.
Sobre ese proceso
del discurso ha sido puesta una etiqueta: el estructuralismo,
palabra que, por otra parte no tiene necesidad del publicista que,
repentinamente, mi Dios, no hace tan gran numero de meses, la ha impulsado para
englobar a un cierto número, cuyo trabajo, desde hace tiempo había trazado
algunos caminos de ese discurso.
Acabo de hablar
de un publicista. Todos saben los juegos de palabras que me he permitido
alrededor de "la poubellication"
(1).
Henos allí pues, a un cierto número -por la gracia de lo que es el oficio
reunidos en la misma "poubelle". Podría tenerse compañía más desagradable. En
verdad, aquellos junto a los cuales me he encontrado, no eran mas que gentes por
cuyo trabajo tengo la mas grande estima. No podría, de todos modos encontrarme
mal, sobre todo que en lo que se refiere a la "poubelle", dominada en ese
momento por el genio de Samuel Beckett, conocíamos un cabo de ella.
Personalmente para mí, después de haber habitado durante treinta años, hasta
hoy, en tres secciones de quince, diez y cinco años, en tres sociedades
psicoanalíticas, he conocido una punta sobre lo que se refiere a cohabitar con
la basura dirigida.
En lo que se
refiere al estructuralismo, en verdad, se comprende el malestar que puede
producirse en algunos acerca del manejo, pretendidamente del exterior impuesto a
nuestro habitat común y, por otra parte, que pueda sentirse el anhelo de salir
de él un poco para estirar las piernas . No resta menos que, después que esta
impaciencia parezca, segun toda apariencia, tocar a algunos, me de cuenta que en
esta canasta, después de todo, no me encuentro tan mal. En tanto que, a mis
ojos, este estructuralismo no me parece poder ser identificado a otra cosa que a
lo que yo llamaría, muy simplemente : lo serio. En ningún
grado,ciertamente, cualquiera que fuera podría serlo a algo que se parezca a
nada de lo que se podría llamar una filosofía, si por esta palabra, se
designa una visión del mundo o hasta algún modo de asegurar, a derecha e
izquierda, las posiciones de un pensamiento. Sería suficiente para refutar el
primer caso, que fuera verdad que el psicoanálisis no pretende, de ningun
modo, introducir lo que se intitula, ridículamente, una antropología
psicoanalítica. Sería suficiente recordar, a la entrada misma de ese dominio
de las verdades constituyentes, todo lo que aporta en ese campo el
psicoanálisis, a saber, que no existe unión del hombre y de la mujer sin
que:
a) la
castración no determine a título de fantasma, precisamente, la realidad del
partenaire en quien ella es imposible;
b) sin que
ella -la castración- se juegue en esta suerte de recelo que la plantea como
verdad en el partenaire, a quien ella es realmente salvo exceso accidental
economizada.
Insistamos
precisamente en que retomando esta formula del Génesis(2)
de que Dios los crea -existe también él "crea"- hombre y mujer. Es el
caso de decir que Dios sabe porqué. En uno lo imposible de su efectuación en la
castración viene a plantearse como determinando su realidad ; en el otro
lo peor, pues ella amenaza como posible y no tiene necesidad de arribar para ser
verdad, en el sentido en que ese término no comporta recurso .
Ese sólo
recuerdo, parece, implica que, al menos en el seno del campo que -aparentemente-
es el nuestro, ninguna armonía, de cualquier modo que la designemos, es puesta
de ningún modo. Seguramente se impone algún propósito a nosotros, que es
precisamente del discurso que conviene .
Para conducirlo
tendremos que plantearnos, de algún modo, la pregunta de donde ha partido toda
la filosofía, esto es que, a la vista de tanto saber, no sin valor ni
eficacia,¿qué es lo que puede distinguir ese curso, asegurado por sí mismo que,
fundándose sobre un criterio que tomaría su propia medida del pensamiento,
merecería intitularse: episteme,la ciencia?(3).
Somos llevados
por ese desafío que acabo de designar como el que es llevado por la verdad a lo
real, a tener más prudencia, en esta marcha de puesta de acuerdo del pensamiento
consigo mismo .
Una regla de pensamiento que debe asegurarse del no-pensamiento como de lo
que puede ser su causa. He ahí a lo que estamos confrontados con la noción
del inconciente.
No es más que en la medida del fuera de sentido de los propósitos y no más, como
uno se imagina, y como toda la fenomenología lo supone, el sentido que yo soy
como pensamiento. Mi pensamiento no es regulable -se ajuste o no , ¡ay de mí!, a
mi gusto- é1 es regulado. En mi acto, no a punto a expresarlo sino a causarlo.
Pero no se trata del acto. En el discurso, no debo seguir su regla sino
encontrar su causa. En el 'entre-sentido' -entiéndanlo tan obsceno como
puedan imaginarlo- está el ser del pensamiento .
Lo que tiene
que pasar por mi pensamiento , la causa, deja pasar pura y simplemente lo que ha
sido como ser, y ésto por el hecho que ya , y siempre, allí donde él ha pasado,
lo ha hecho siempre produciendo efectos de pensamiento .
"Llueve" (Il
pleut)
(4)
es un acontecimiento
del pensamiento cada vez
que es enunciado,
y el sujeto es, en primer lugar, este "il", este "ille"
(5)
diría yo, que constituye un cierto número de significaciones . Y es por eso que
este "il" se encuentra a su gusto en todo lo que sigue, pues a "11ueve" (il
pleut) , ustedes pueden dar "llueven verdades primeras" (il pleut des verités
premieres); hay abuso allí (il y a de l'abus) sobre todo en confundir la lluvia
,el meteoro, con la lluvia, l'aqua pluvia
(6),
la lluvia, el agua que de ella se recoge. El meteoro es propicio a la metáfora.
Y, ¿por qué?. Porque él ya está hecho de significantes. Llueve. El ser del
pensamiento es la causa de un pensamiento en tanto que fuera de sentido. El era
ya y siempre, antes, ser de un pensamiento.
Pues, la práctica
de esta estructura rechaza toda promoción- de alguna infabilidad. Ella no
se ayuda, precisamente más que que la falla o más bien de su mismo proceso, pues
existe un proceso de la falla y éste es el proceso del cual se ayuda la
práctica de la estructura. Pero no podría ayudarse de ella más que en
seguirla lo que no es de ningún modo superarla, sino permitir su aprehensión. La
consecuencia de ésto es su coagualacion en el tiempo, en el punto mismo
donde la reproducción del proceso se detiene.
Es decir que es
su tiempo de detención el que marca el resultado y esto es lo que explica
-digámoslo aquí con un toque discreto al pasar- que todo arte sea defectuoso.
Es de la recopilación de aquello que, en el punto donde su desfallecimiento de
ser lleva a cabo su hoquedad, es de esa recopilación que él toma su fuerza, y es
por ello que la música y la arquitectura son las artes supremas -entiendo
supremas técnicamente- como máximo en lo basal, produciendo la relación del
número armónico con el tiempo y el espacio, bajo el ángulo precisamente, de su
incompatibilidad. Pues el número armónico no es ahora se lo sabe bien, mas
que colador que no retiene ni el uno ni el otro, ni ese tiempo, ni ese espacio.
He allí eso de lo
cual el estructuralismo es para tomar en serio. Es el tomar en
serio el saber como causa, causa del pensamiento, y lo más habitual -es
necesario decirlo- es una intención delirante.
No se asusten.
Estos son propósitos iniciales, recuerdos de certitudes no de verdades. Y
quisiera -antes de introducir hoy los esquemas de los cuales intento partir-
marcar que si algo de ahora en más, debe quedarles en el hueco de la mano, es lo
que he tomado cuidado en escribir, hace un momento en el pizarrón, sobre la
esencia de la teoría :
"La
esencia de la teoría psicoanalítica es un discurso sin palabra"
. La esencia de la teoría psicoanalítica es la función del discurso y
precisamente en lo que podría parecerles nuevo, o al menos paradojal: que yo lo
diga sin palabra .
Se trata de la
esencia de la teoría en tanto que eso es lo que está en juego. ¿Qué ourre con la
teoría en el campo psicoanalítico?. Alrededor de eso, escucho rugir alrededor de
mí, extraños ecos. El malentendido no falta y bajo el pretexto que al plantear
todo un campo del pensamiento como manipulación parezco cuestionar principios
tradicionales. Yo oigo, y esto es traducido sorprendentemente por estar en
lugares o cabezas que me son próximas por no se qué, que se llamaría: "de la
imposibilidad teórica". Hasta he encontrado eso en el decurso de algunas líneas
, eso que un día he enunciado en un contexto que expresaba precisamente lo que
quiere decir: que no hay universo del discurso. Entonces, ¿para qué
fatigarnos?, parece concluirse .
Sin duda importa
menos a mis ojos el corregir mi decir, pues no se presta a ninguna ambigüedad y
se ve en el hecho que se lo puede enunciar precisamente por lo que se ha
enunciado: que no hay punto de clausura del discurso, que el discurso es
en esa medida -bien lejos de ello ni imposible, ni aun sólo desvalorizado- es
precisamente a partir de allí que, de ese discurso tienen ustedes su peso, y
especialmente el de conducirlo bien, teniendo en cuenta lo que quiere decir este
enunciado: que no hay universo del discurso.
No hay,
ciertamente entonces, bajo este punto de vista nada a corregir de mi parte;
simplemente volver a allí para hacer los pasos siguientes, de las consecuencias
que se inducen del discurso ya anticipado, pero también quizá, volver sobre
lo que puede hacer que estando ligado tanto como puede estarlo un analista a las
condiciones de ese discurso, puede en todo momento mostrar, así, su
desfallecimiento.
Hubo un tiempo
-permítaseme antes de entrar en ese dominio un poco de música- en que yo había
tomado el ejemplo del pote, no sin que se produjera tal escándalo que
dejé ese pote si pudiera decirse, al margen de mis "Escritos" .
Se trataba de que
el pote es, de algún modo, la imagen sensible, que es esta significación
por si misma modelada , gracias a la cual, manifestando la apariencia de una
forma y un contenido, permite introducir en el pensamiento, el hecho: que el
contenido es la significación. Como sí el pensamiento manifestara allí esa
necesidad de imaginarse como teniendo otra cosa que contener, pues eso es lo que
el término contener designa cuando se lleva a propósito de un acto intempestivo.
El pote, lo
llamé de mostaza para destacar que lejos de contenerla forzosamente es,
precisamente por estar vacío que él toma su valor de pote de mostaza. A
saber, que es porque la palabra mostaza (moutarde) está escrita encima, pero
mostaza que quiere decir que a él lo vacía tarde (moule lui tarde), a ese pote,
pará alcanzar su vida eterna de pote, que comienza en el momento en que él será
agujereado; pues es bajo este aspecto, a través de los tiempos que lo recogemos
en las excavaciones, a saber, buscando en tumbas lo que nos testimonia del
estado de una civilización. El pote está agujereado,se dice, en homenaje al
difunto y para que el viviente no pueda servirse de él. Esta es con seguridad,
una razon, pero existe quizá otra que sería ésta: que ese agujero estaría hecho
pará producir, para que ese agujero se produzca ilustrando el mito de las
Dananides ...
(7).
Es en ese estado que, ese pote, cuando lo obtenemos así de su lugar de sepultura
resucitado, viene a alardear de superioridad sobre el anaquel del coleccionista
y, en ese momento de gloria, le es propio lo que es también para Dios: es en
esta gloria que él revela precisamente su naturaleza.
Allí aparece lo
que es la estructura del pote, no digo su materia que es correlativa de
la función del tubo y del tambor y, si vamos a buscar las preformas en la
naturaleza, veremos que los cuernos o las caracolas, después que la vida les ha
sido extraída muestran lo que es su esencia: a saber, su capacidad sonora.
Civilizaciones
enteras no son representadas para nosotros más que por esos potecitos que
tienen la forma de una cabeza, o de algún animal cubierto él mismo de tantos
signos impenetrables desde entonces para nosotros, a falta de documentos
correlativos. Aquí sentimos la significación, la imagen; está precisamente bien
en el exterior, lo que está en el interior va a ser, precisamente , lo que yace
en la tumba donde lo encontramos; a saber, materias preciosas, sustancias
preciosas, perfumes, oro, incienso y mirra ,como se dice.
El pote,
¿explica la significación de lo que está allí, a título de qué?. A título de un
valor de uso -digamos más bien de un valor de cambio- con otro mundo y otra
dignidad, de un valor de homenaje .
El hecho que sea
en potes que hayamos encontrado los manuscritos del Mar Muerto está hecho
para hacernos sentir que no es el significado lo que está en el interior, es
muy precisamente el significante y que es a el a lo que debemos atender cuando
se trata de aquello que nos importa, a saber: la relación del discurso y la
palabra en la eficiencia analítica.
Aquí, demando que
se me permita un cortocircuito en el momento de introducir lo que, pienso, les
imaginarizará la unidad de la función teórica en esta marcha, propia o
impropiamente llamada estructuralista.
Apelaré a Marx
por el cual estoy apenado, importunado desde hace tiempo, por no haber
introducido sus propósitos en un campo donde, sin embargo, está perfectamente en
su lugar.
Quiero hoy
introducir a propósito del objeto a, el lugar donde vamos a situar su
función esencial. En tanto que es necesario, procederé por un alcance homológico,
y recordaré en primer lugar aquello que, por trabajos recientes hasta aquí
precisamente, y hasta por retractacíón del autor designado como estructuralista,
ha sido perfectamente puesto en evidencia -y no muy lejos de aquí- en un
comentario de Marx.
La cuestión es
planteada por el autor que acabo de evocar(8),
con respecto a lo que es el objeto del capital. Veremos lo que, paralelamente,
la investigación psicoanalítica permite enunciar sobre ese punto .
Marx parte
de la función del mercado. Su novedad es el lugar donde él situa el trabajo.
No es porque el trabajo sea nuevo que se posibilita su descubrimiento, es por
que él es comprado, es porque existe un mercado del trabajo. Es eso lo que le
permite demostrar lo que hay de inaugural en su discurso y que se llama la
plusvalía.
El encuentra que
esta marcha (demarche) sugiere el acto revolucionario que se conoce -más bien
que se conoce demasiado mal- pues no es seguro que la toma del poder haya
resuelto lo que yo llamaría la subversión del sujeto capitalista, que es
alcanzada por este acto.
Pero por el
momento , poco nos importa. No es seguro que los marxistas no hayan tenido que
recoger por ese hecho, bastantes consecuencias poco fastas. Lo importante es que
Marx designa lo que quiere decir se marcha (demarche).
Tanto que sus
comentarios sean estructuralistas o no parece, sin embargo haber demostrado que
él es estructuralista. Pues, precisamente, es por el hecho de ser en ese punto
-como ser de pensamiento- que determina la predominancia del mercado del
trabajo, y se desprende así como causa de su pensamiento esta función obscura
-es necesario decirlo, si esta obscuridad se reconocía en la confusión de los
comentarios- que es la plusvalía .
La identidad
del discurso con sus condiciones -he ahí lo que yo esperoencontrará
esclarecimiento por lo que diré de la marcha (demarche) analítica. No porque
el trabajo haya sido algo nuevo en la producción de la mercadería, no por la
renuncia al goce, cuya relación al trabajo no voy a definir aquí, ello no es
novedad en tanto que, desde el principlo, y precisamente contrario a lo que dice
o parece decir Hegel, es aquel quien constituye al amo que espera hacer,
precisamente de él, el principio de su poder.
Lo que es
nuevo es que haya un discurso que articula esta renuncia y que hace aparecer
allí -pues allí está la esencia del discurso analítico- lo que yo llamaría la
función del "plus de gozar".
Esta función
aparece por el hecho del discurso, por lo que ella demuestra ser, en la renuncia
al goce, un efecto del discurso mismo.
Para marcar las
cosas es necesario suponer que en el campo del Otro existe ese mercado,
si ustedes lo quieren, que totaliza sus méritos, sus valores, la organización de
las elecciones de las preferencias, que implica una estructura ordinal, hasta
cardinal. El discurso conserva los medios de gozar en tanto que implica al
sujeto . No habría ninguna razón de sujeto, en el sentido en que puede
decirse razon de Estado, si no hubiera en el mercado del Otro, un correlativo.
Es que se establece un plus de gozar que es captado por algunos .
Es necesario un
discurso bastante potente pará demostrar como el plus de gozar sostiene la
enunciación, pues es producido por el discurso para que aparezca como efecto.
Pero por otra parte no hay allí algo tan nuevo a vuestras orejas si han leído
"Kant con Sade" pues éste es el objeto de mi escrito donde se hace la
demostración de la total reducción de ese plus de gozar al acto de aplicar sobre
el sujeto lo que es el término a del fantasma, por el cual el sujeto
puede ser planteado como causa de sí, en el deseo.
Elaboraré esto en
tiempos venideros por un rodeo sobre esa apuesta de Pascal , que ilustra
también la relación de la renuncia al goce, a ese elemento de apuesta
donde la vida misma, en su totalidad, se reduce a un elemento de valor. Extraño
modo de inaugurar el mercado del goce, hacerlo, digo bien, en el campo del
discurso. Pero después de todo ¿no es esa una simple transición con lo que hemos
visto inscribirse hace un momento en la historia, en esta función de los bienes
dedicados a los muertos?.
Por otra parte,
no está allí lo que para nosotros está en cuestión ahora. Debemos atender a la
teoría en tanto ella se aligera precisamente, por la introducción de esta
función que es la del plus de gozar. Alrededor del plus de gozar se juega
la producción de un objeto esencial cuya función se trata ahora de definir:
el objeto a.
La rudeza de los
ecos que ha recogido la introducción de ese término es y permanece siendo para
mi la garantía de que él es, en efecto, precisamente, del orden de eficacia que
le confiero. Dicho de otro modo, es conocido, ubicado y célebre, el pasaje donde
Marx saborea en los tiempos en que él ponía en el desarrollo de su
teoría, la ocasión de ver nadar lo que era la encarnación viviente del
desconocimiento.
Yo he enunciado:
el significante es lo que representa a un sujeto para otro significante.
Para esta, como para toda definición le es exigible ser correcta. Es exigible
que una definición sea correcta y que una enseñanza sea rigurosa. Es enteramente
intolerable en el momento en que el psicoanálisis es llamado a dar algo, lo cual
no crean que tengo la intención de elidir: en la crisis que atraviesa la
relacion del estudiante con la Universidad, es impensable que se responda por el
enunciado de que hay cosas que no podrían de ningún modo, definirse en un saber.
Si el psicoanálisis no puede enunciarse como un saber y enseñarse como
tal, no tiene estrictamente nada que hacer allí donde no se trata de otra cosa.
Sí el mercado de los saberes está precisamente agitado por el hecho que
la ciencia le aporta esa unidad de valor que permite sondear lo que pertenece a
su intercambio, hasta a sus funciones más radicales, no es cierto que lo que
puede aquí articular algo de eso, a saber, el psicoanálisis, tenga que presentar
su propia dimisión.
Todos los
términos que pueden ser empleados a ese proposito ya sean los de "no
conceptualización" o cualquier otra evocación de no se qué imposibilidad, no
pueden designar en todo caso más que la incapacidad de quienes los promueven. No
es por la razón de que no hay ninguna intervención particular llamada
interpretación, donde puede residir la estrategia con la verdad que es la
esencia de la terapéutica, punto donde seguramente toda suerte de funciones
particulares, de juegos felices en el orden de la variable pueden encontrar su
oportunidad, pero no tienen sentido más que situándose en el punto preciso donde
la teoría les da su peso.
He ahí
precisamente, de lo que se trata. Es en el discurso sobre la función de la
renuncia al goce donde se introduce el término del objeto a.
El
plus de gozar como función de esta renuncia bajo el
efecto del discurso ; he allí lo que da su lugar al objeto a en el mercado, a
saber en lo que define algún objeto del trabajo humano como mercadería, así cada
objeto lleva en si mismo algo de la plusvalía, así el plus de gozar es lo que
permite el aislamiento de la función del objeto a.
¿Qué hacemos
nosotros en el análisis sino instaurar por la regla,un discurso tal que el
sujeto suspende algo allí ? ¿Qué? Lo que precisamente es su función de
sujeto, -es decir ser dispensado de sostener su discurso de un "yo digo"
pues es otra cosa hablar que plantear "yo digo lo que acabo de enunciar".
El sujeto del enunciado dice-: "yo digo", dice "yo planteo" como yo hago
aquí con mi enseñanza. Yo articulo esta palabra ; esto no es poesía. Digo lo que
está aquí escrito y hasta puedo repetirlo, lo que es esencial, bajo la forma en
que, repitiéndolo -para decirlo todo- agrego que lo he escrito.
He ahí a ese
sujeto dispensado de sostener lo que enuncia. Es pues por allí que arribará a
esa pureza de la palabra, esa palabra plena de la cual he hablado en un
tiempo de evangelizacion, es necesario decirlo, pues el discurso que se llama
"Discurso de Roma" ¿a quién estaba dirigido, mas que a orejas de las más
cerradas para escucharlo?. No calificaré lo que hacía a esas orejas estar
provistas de esas cualidades opacas, eso seria llevar allí una apreciación que
no podría ser, de ningun modo, más que ofensiva.
Pero observen
ésto: que hablando de la cosa freudiana me ha ocurrido lanzarme en algo que yo
mismo he llamado una prosopopeya. Se trata de la verdad que enuncia: "Soy, pues,
para vosotros el enigma de aquélla que se oculta inmediatamente que aparece.
Hombres que tanto entienden disimularme bajo los oropeles de vuestras
conveniencias, yo no admito menos por ello, que vuestro embarazo sea sincero".
Noto que el término embarazo (embarras) ha sido puntuado por su función en otra
parte(9).
"Pues aún cuando fueran mis heraldos no valen más por llevar mis colores, que
esos hábitos que son los vuestros, y parecidos a ustedes mismos los fantasmas
que son. ¿Dónde voy a transcurrir yo entre vosotros, dónde estaba yo antes de
ese pasaje?. Quizá s un día os lo diré".
Se
trata allí del discurso "Pero para que ustedes me encuentren
donde estoy, les enseñaré bajo que signo reconocerme. Hombres escuchad,os
doy el secreto: Yo, la verdad hablo (Moi la veríté je parle)"
(10).
No
he escrito de ningún modo "Yo digo" (Je dis). Lo que
habla, seguramente, si ocurriera -como lo he escrito irónicamente
también- el análisis bien entendido, sería cerrado. Pero es precisamente,
o lo que no ocurre, o lo que cuando ocurre, merece ser puntuado
de un modo diferente.
Y para ello es
necesario retomar lo que se refiere a ese sujeto cuestionado aquí, por un
procedimiento de artificio, el cual ha sido demandado, en efecto, a no ser aquel
que sostiene todo lo que está anticipado. No hay que creer sin embargo que él
se disipa, pues el psicoanalista está precisamente allí para representarlo.
Quiero decir mantenerlo todo el tiempo que él no pueda, en efecto, reencontrarse
en cuanto a la causa de su discurso.
Y es así que se
trata ahora de referirse a las fórmulas fundamentales, a saber aquella que
define el sígnificante como siendo lo que representa un sujeto para otro
significante.
¿Qué es lo que
quiere decir ésto?. Estoy sorprendido que nunca nadie haya destacado al respecto
que lo que resulta de ello como corolario, es que un significante no podría
representarse a si mismo. Con seguridad esto no es nuevo ya, pues en lo que
he articulado alrededor de la repetición, era precisamente de eso de lo
que se trataba.
Pero allí debemos
detenernos un instante para aprehenderlo en vivo. ¿Qué es lo que puede querer
decir, en el desvío de esta frase, ese sí mismo del significante?.
Observen bien que cuando hablo del significante, hablo de algo opaco. Cuando
digo que es necesario definir el significante como lo que representa un sujeto
para otro significante, eso quiere decir que nadie podría hacerlo salvo otro
significante. Y el otro significante, eso no tiene cabeza, es un significante.
El sujeto está allí sofocado, borrado inmediatamente el mismo tiempo que
aparecido.
Se trata justamente
de ver porque algo de ese sujeto que desaparece como ser surgiente,
producido por un significante para inmediatamente apagarse en un
otro, como en alguna parte, ese algo puede constituirse y puede,
en el límite, hacerse tomar al fin, por una Selbst-Bewutsein,
(11)
por algo que se satisface por ser idéntico
a si mismo.
Pues,
precisamente, lo que quiere decir esto, es que el significante bajo cualquier
forma que sea que se produzca, en su presencia de sujeto, bien entendido, no
podría reunirse en su representante de significante sin que se produzca esta
pérdida de identidad que se llama -hablando propiamente- el objeto a.
Esto es lo que
designa la teoría de Freud en lo concerniente a la repetición,
mediante la cual nada es identificable a ese algo que es el
recurso al goce, en el cual por la
virtud del signo, algo distinto viene a su lugar.
Es decir, el trazo que la
marca no puede producir sin que un objeto se
haya perdido allí.
Un sujeto es lo
que puede ser representado por un sígnificante para otro significante. Pero, ¿no
hay allí algo calcado sobre el hecho que, valor de cambio, el sujeto del cual se
trata, en lo que Marx descifra -a saber, la realidad económica- el sujeto del
valor de cambio está representado cerca de qué?. Del valor de uso. Y es en
esta falla que se produce, que cae, lo que se llama la
plusvalía.
A
nuestro nivel no cuenta más que esta pérdida.
No idéntico, en adelante, a sí mismo, el sujeto ciertamente no goza más,
pero lo llamado el plus de gozar está perdido. Esto es estrictamente
correlativo a la entrada en juego de lo que desde entonces determina todo lo que
se refiere al pensamiento.
Y, en el
síntoma, ¿de que se trata?. De otro, a saber , de la mayor o menor facilidad
de la marcha alrededor de ese algo, que el sujeto es incapaz de nombrar, pero
sin el giro de lo cual él no podría ni proceder en lo que fuera, que no tuviera
realmente que ver con las relaciones con sus semejantes, con su relación más
profunda, con la relación llamada vital y para la cual las referencias, las
configuraciones económicas son, caso contrario, más propicias que aquellas
lejanas -aunque seguramente no enteramente impropias- que en la ocasión son las
que se ofrecían a Freud: las de la termodinámica.
He ahí, pues, el
medio, el elemento que puede permitirnos avanzar en lo que se trata y concierne
al discurso analítico.
Si hemos
planteado teóricamente a priori y sin ninguna duda, sin haber tenido necesidad
de un largo recurso, para constituir esas premisas, si se trata en la definición
del sujeto, como causado por la relación intersignificante, de algo que,
de algún modo, nos impide aprehenderlo nunca. He ahí también la ocasión de darse
cuenta de lo que le da esta unidad -digámosla provisoriamente- preconciente, no
inconciente, que es la que ha permitido hasta el presente el sostener al sujeto
en su pretendida suficiencia. Lejos que él sea suficiente, es alrededor de la
fórmula del fantasma, esto es a saber, es alrededor del ser del a, alrededor
del plus de gozar que se constituye la relación que nos permite hasta un cierto
punto ver hacerse esta soldadura, esta precipitación, este gel, que hace que
podamos unificar un sujeto como sujeto de todo discurso.
Haré en la
ocasión, en el pizarrón, algo que figura de un cierto modo aquello de lo que se
trata:

He ahí lo que
ocurre con la relación de un significante a otro significante, a saber, que es
el sujeto quien se representa allí quien nunca lo sabrá. De ahí que, un
significante cualquiera en la cadena puede ser puesto en relación con lo que no
es, sin embargo, más que un objeto. A saber, lo que se fabrica en esa
relación al plus de gozar, en ese algo que se encuentra por apertura del
juego del organismo, pudiendo tomar figura de esas entidades evanescentes -de
las cuales ya he dado la lista- que van del seno a la deyección y de la voz a la
mirada,
fabricación del discurso de la renuncia al goce.
El resorte de
esta fabricación es que, alrededor de ellos puede producirse el plus de gozar.
Que seguramente, si ya les he dicho, a propósito de la apuesta de Pascal,
que no había más que una vida que apostar, a ganar más allá de la muerte, que
bien valdría que trabajásemos en ella suficiente para saber como conducirnos en
la otra.
Es en el trabajo
y en su intercambio de apuestas con algo, cuando sabemos que vale la pena
encontrar el resorte de eso. En el fondo mismo de la idea que Pascal
maneja, parecería -con la extraordinaria ceguera de aquel que está, é1 mismo, al
comienzo de un período de desencadenamiento de la función del mercado- que ellas
son correlativas. Si él ha introducido el discurso científico, no olvidemos que
es también aquél que quería en los momentos más extremos de su retiro y
de su conversión, inaugurar en París una compañía de ómnibus parisinos. Si ese
Pascal no sabe lo que dice cuando habla de una vida feliz, es porque
tenemos allí con él, la encarnación. ¿Qué otra bajo el térmiro de "feliz" es
aprehensible sino precisamente que esta función que se encarna en el plus de
gozar?.
Y por otra parte,
no tenemos necesidad de apostar sobre el más allá, para saber lo que de él vale
allí donde el plus de gozar se devela bajo una forma desnuda. Eso tiene un
nombre: se llama la perversión. Y es precisamente por ello que: "a santa
mujer hijos perversos". Ninguna necesidad del más allá para ver lo que ocurre en
la transmisión del uno al otro en un juego del esencial discurso.
He ahí pues
abierta la figura, el esquema:

de lo que permite
concebir como es alrededor del fantasma, a saber la relación de la
reiteración del significante que representa al sujeto en relación a sí mismo,
que se juega lo que se refiere a la
producción del a.
Pero inversamente, por ese hecho, su relación toma consistencia y es por
ello que se produce aquí algo que no es más sujeto ni objeto, sino lo que se
llama fantasma. Desde ese momento los otros significantes pueden encadenarse,
articularse y al mismo tiempo, helarse en el efecto de significación,
introduciendo este efecto de metonimia que hace que el sujeto, cualquiera
que sea, esté en la frase al nivel del niño, al nivel del "pa" (pa) al nivel del
"se" (on). Algo equivalente suelda a ese sujeto y lo hace ese ser solidario, del
cual, en el discurso, tenemos la debilidad de dar la imagen como siendo
omnivalente, como si pudiera haber allí un sujeto de todos los significantes.
Si algo, a partir
de la regla analítica puede ser relajado en esta cadena suficientemente
para que se produzca en ella efectos renovadores, ¿qué sentido, qué acento
debemos darle para que esto tenga un alcance?.
El ideal,
sin duda, es ese "Yo hablo" mítico que hará, en la experiencia analítica,
efecto, imagen de aparición de la verdad .
Es aquí,
precisamente, que se trata de comprender que esta verdad emitida
está alií suspendida, tomada entre dos registros que son los que
precisamente he planteado como los mojones en los dos términos que figuran en el
título de mi seminario de este año. Pues este "o bien" se refiere al campo donde
el discurso del sujeto tomaría consistencia, es decir, al campo del Otro que es
aquél que he definido como ese lugar donde todo discurso, al menos se plantea,
para poder ofrecerse en lo que es o no su refutacion, bajo la forma más simple
que él puede demostrarse.
Me excusarán de
no tener tiempo de hacerlo hoy. El problema de saber si es o no un Dios quien
garantiza el campo de la verdad, como para Descartes, está totalmente
desplazado. Nos basta que pueda demostrarse que, en el campo del Otro no hay
posibilidad de entera consistencia del discurso y espero poder, la próxima
vez, articularlo precisamente en función de la existencia del sujeto.
Lo he escrito ya
una vez muy rápidamente en el pizarrón. Esta es una demostración muy fácil de
encontrar en el primer capítulo de lo que se llama la teoría de los
conjuntos. Sería necesario aún, para una parte de la orejas que están aquí,
mostrar en qué es pertinente introducir en la elucidación de la función de un
discurso como el nuestro, a nosotros analistas, alguna función extraída de una
1ógica, de la cual sería enteramente un error creer que es un modo de excluirla
del vecino anfiteatro, el llamarla "lógica matemática".
Si en ninguna
parte del Otro puede ser asegurada la consistencia de lo que se llama
verdad. ¿Dónde, pues está ella, sino en lo que de ella responde esta
función del a?. Por otra parte, ¿no he emitido ya en alguna otra ocasión, lo
que se refiere al grito de la verdad?. He escrito: "Yo la verdad hablo". Yo soy
pura articulación emitida para vuestro embarazo. Allí está para emocionarnos, lo
que puede decir la verdad; pero lo que dice aquél que está padeciendo (en
souffrance) para ser esta verdad, aquél debe saber que su grito no es más que
grito mudo, grito en el vaclo, -grito que ya en un tiempo he ilustrado con el
célebre grabado de Munch
(12)
porque a ese nivel ninguna otra cosa puede responderle en el Otro mas que eso
que hace su consistencia, y en su fe ingenua en lo que él es como yo (moi),esto
es, a saber, eso que se refiere al verdadero soporte, a saber, su fabricación
como objeto a. Frente a él, no hay nada más que aquel, uno más en medio
de tantos otros y no puede de ningún modo responder a ese
grito de la verdad, sino porque es precisamente su equivalente, el no
goce, la miseria, la angustia y la soledad. Es la
contrapartida de ese a, de ese plus de gozar que hace la coherencia del
sujeto, en tanto que yo (moi).
No hay otra cosa
por hoy, salvo que pretender dejarlos sobre algo que hace sonreír un poco más:
el que retome las palabras que, en el Eclesiastés dice un viejo rey que no ve la
contradicción entre ser el rey de la sabiduría y poseer un harén, quien les
dice: "Todo es vanidad, sin duda, goza de la mujer que amas"(13).
Es decir, haz anillo de ese agujero, de ese vacío que está en el centro de tu
ser. No existe prójimo si no es ese agujero mismo que está en tí. Es el vacío de
tí mismo. Pero en esa relación, seguramente sólo
garantizada por la
figura que permite a Freud, sin duda, sostenerse a través de todo ese camino
peligroso y permitirnos esclarecer las relaciones que, sin ese mito, no nos
habrían sido de otro modo soportables. La ley divina que deja en su entera
primitividad ese goce entre el hombre y la mujer, de la cual es necesario decir:
dadle lo que tú no tienes, en tanto que lo que puede unirte a ella es sólo su
goce.
Es en ese punto
que al modo de un simple, total y religioso enigma que no es aproximado
más que en la cábala, les diré hoy, quitus.
(14)
Notas:
(1)
Poubellication: palabra creda por J.L. que condensa 'publication',
publicación y 'poubelle', basura, basurero. En el epílogo del Seminario
XI, "Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis",
escrito el 1 de enero de 1973, Lacan utiliza este mismo juego de
palabras agregándole p´oublié (olvidado); el epílogo no fue contemporáneo
del seminario citado, 1963/4, fue escrito posteriormente. En "De
un designio", 1966, Nota dos, Escritos I, Pag. 141, se traduce
por "publicadescención" y se aclara: "El autor utiliza
un juego de palabras diferente e intraducible: poubellication, aludiendo
a la palabra 'poubelle', bote de basura. El mismo propone esta versión
en español (N.de T.)".
(2)
Referencia: Antiguo Testamento, Génesis 1: "Y creó Dios
al hombre a imagen suya, a imagen de Dios lo creó y los creó hombre
y mujer..."
(3)
Episteme, griego, saber. Conocimiento del cual puede hacerse
un relato (logos). En Platón opuesto a doxa, opinión. Posteriormente,
epistemología, reflexión sobre los métodos empleados para lograr
un conocimiento en un campo del saber.
(4)
Il pleut, llueve. El verbo pleuvoir, llover, deriva del latín
popular, plovere, usado ya por Petronio. En francés es un verbo
impersonal que sólo se conjuga en la tercera persona del singular.
Carece de modo imperativo. Puede emplearse en plural en sentido
figurado, ("Les sarcasmes pleuvent sur lui").
(5)
Ille, latín, ille/illa/illud; pronombre demostrativo: él,ella,ello.
Aquel, alguno.
(6)
Aqua pluvia, del latín: aqua-ae, agua, caudal de agua. El adjetivo
pluvius-a-um, designa tanto el acrácter lluvioso (agua lluviosa)
como a quien hace llover, en tanto pluvius (masculino) era el epíteto
del dios Júpiter.
(7)
Danaides: mitología griega. Nombre de las cincuenta hijas de
Dánao, rey de Argos. Se vieron obligadas a casarse por la fuerza
con los cincuenta hijos de su tío Egisto, pero cada una de ellas
asesinó a su marido la noche de la boda, a excepción de Hipermnestia,
que respetó la vida del suyo, Linceo. Por este crimen se vieron
condenadas a vivir en el Hades (región infernal) ocupadas en llenar
con agua un tonel sin fondo.
(8)El
objeto del capital. Véase "El Capital" K. Marx, Tomo
I, Sección segunda, Transformación del dinero en capital, y Sección
tercera, Producción de la plusvalía absoluta.
(9)
Embarazo, embarras. Referencia Seminario X "La angustia".
(10)
Referencia: "La cosa freudiana o sentido del retorno
a Freud en el psicoanálisis", Escritos I, ed.1976, Parte: "El
adversario", Pag. 152.
(11)
Selbst-Bewutssein, autoconciencia. Referencia: "Fenomenología
del Espíritu", G.J.F.Hegel. Parte B: Autoconciencia; Pags.107/139,
editorial FCE (1973).
(12)"El
grito" de Munch. Cuadro del pintor citado, referencia clase
12 del Seminario XII, "Problemas cruciales para el psicoanálisis".
(13)
Referencia "Antiguo Testamento",
Ecleciastés 9:"Goza de la vida con tu amada compañera todos
los días de tu vana vida que Dios te da bajo el sol, porque esa
es tu parte en esta vida entre los trabajos que padeces bajo el
sol".
(14)
Quitus,del latín jurídico medieval y éste de quietus: tranquilo.
De este quitus proviene el verbo francés quitter, 'liberar de una
obligación, dejar, separarse. También, "Jouer à quitte ou double",
jugar a simple o doble.
Traducción: Ana María Gómez
Revisión, destacados y notas: Sergio Rocchietti
Colaboración: Gustavo Piquín
Revista Con-versiones
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