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Introducción al FMI
Cualquiera podría preguntarse, y con justa razón, ¿qué hace un artículo acerca
del Fondo Monetario Internacional en un Tema como el de la Transdisciplina? No
nos extenderemos en las consideraciones que podrían justificar, explicitar y aún
más, demostrar, cuan necesario es un cierto conocimiento de los dispositivos
operantes en nuestro mundo (occidental y universal, mal que nos pese) que hacen
a lo que somos a lo que queremos hacer y a lo que no podemos hacer. No es este
el lugar para mostrar que la política, la ética y la acción, son el resultado
como diría Foucault, de la "biopolítica". La política entendida como el lazo
social e institucional que condiciona nuestras posibilidades del hacer común, la
ética como aquello que nos hace conducir de ciertos modos y no de otros, aquí la
ética común; y la acción dirigida desde y hacia ciertos valores que son cada vez
más despiadados, el accionar común, ordinario. Una política, una ética y una
acción, no revisada, no pensada desde los lugares de producción de la
biopolítica, es una política que somete; una ética que no se interroga es una
costumbre reiterada; y una acción no realizada es una posibilidad perdida, y lo
que aún es peor, ni siquiera cuestionada desde los lugares del sentir. Todo esto
hace que "la producción de subjetividades" dé como resultado un ejército de
consumidores plácidos y masas de seres troquelados y moldeados en las forjas de
la inacción, la desilusiÛn y el sometimiento a cualquier tipo de amo que se
presente en la cercanía. Llevándose deteminadas insignias, diciéndose las
palabras clave, mostrando ciertas formas, participando de la comunicación hueca,
y llegando siempre plano en las pantallas aún más planas de lo simple, de lo
placentero, o de lo superficial, se estará en condiciones de formar parte de los
"pocos felices" que se transforman en los ideales encarnados; "guías de vida" de
las distintas narcosis hipnotizantes ofrecidas a las tantas existencias que
nunca serán tales, sino que cumplirán los designios de lo que hay que hacer y de
lo que hay que ser para no asomarse a los abismos siempre rechazados de las
angustias posibles, por ser, por pensar, o por hacer distinto a la mayoría. Y
que no se escuche aquí que hay que diferenciarse y que con eso ya se alcanzó no
sé que virtud inaccesible, no, simplemente subrayamos lo que ocurre. Para las
mayorías lo propuesto es lo onírico tranquilizador cuando no el hambre y la
destrucción. Es por lo que escribimos esta introducción acerca de un tema como
el del FMI y es porque firmemente creemos que nuestras prácticas profesionales,
nuestras prácticas de pensamiento, de escritura o de vida, no son sin las
consideraciones que seguirán y que están en el libro "Imperio" de T.Negri y
M.Hardt, editorial Paidós, en su capítulo 2 "La producción biopolítica".
Simplemente no podemos ser ajenos a lo que ocurre a nuestro alrededor y por
ende, en nosotros. También somos lo que nos rodea.
Sergio Rocchietti

(Motivos) Arte popular anónimo
"... la obra de
Foucault nos permite reconocer la naturaleza biopolítica del nuevo
paradigma del poder. El biopoder es una forma de poder que regula la vida
social desde su interior, siguiéndola, interpretándola, absorviéndola y
rearticulándola. El poder sólo puede alcanzar un dominio efectivo sobre
la vida de la población cuando llega a constituir una función vital, integral,
que cada individuo apoya y reactiva voluntariamente. Como dice Foucault: 'Ahora
la vida ha llegado a ser un objeto de poder'. La función más elevada de este
poder es cercar la vida por los cuatro costados y su tarea primaria es
administrar la vida. El biopoder se refiere pues a una situación en la que lo
está directamente en juego es la producción y la reproducción de
la vida misma".
"El poder se
expresa pues como un conjunto que se hunde en las profundidades de las
conciencias y los cuerpos de la población y, al mismo tiempo, penetra
en la totalidad de las relaciones sociales".
"Nuestra tarea
consiste, entonces, en construir a partir de estos intentos parcialmente
logrados a fin de reconocer el potencial de la producción biopolítica.
Precisamente, reuniendo de modo coherente las diferentes características que
definen el contexto biopolítico que hemos descrito hasta ahora y reubicándolas
nuevamente en la ontología de producción, podremos identificar la nueva figura
del cuerpo biopolítico colectivo que, sin embargo, puede continuar siendo tan
contradictorio como paradójico. Este cuerpo llega a convertirse en estructura,
no negando la fuerza produtiva originaria que lo anima, sino reconociéndola;
llega a hacerse lenguaje (tanto científico como social) porque está
compuesto de una multitud de cuerpos singulares y determinados que procuran
relacionarse entre sí. Este cuerpo es pues producción y reproducción, estructura
y superestructura, porque es vida en el sentido más pleno de la palabra y
es política en e sentido más apropiado. Nuestro análisis debe descender a
la jungla de la determinaciones productivas y conflictivas que nos ofrece el
cuerpo biopolítico colectivo. El contexto de nuestro análisis debe ser,
entonces, el desarrollo real de la vida misma, el proceso de constitución del
mundo; de la historia. Y el análisis no debe proponerse a través de formas
ideales sino dentro del denso conjunto de la experiencia.
LAS GRANDES
EMPRESAS Y LA COMUNICACION
Al preguntarnos
cómo llegan a constituirse los elementos políticos y soberanos de la máquina
imperial, comprobamos que no es necesario limitar nuestro análisis a las
instituciones regulatorias supranacionales establecidas ni tampoco concentrarse
en ellas. Todos los organismos de las Naciones Unidas, junto con las grandes
potencias financieras multinacionales y transnacionales y los organismos
comerciales (el FMI, el Banco Mundial, el GATT, etcétera), llegan a
adquirir relevancia en la perspectiva de la constitución jurídica supranacional
sólo cuando se los considera dentro de la dinámica de la producción biopolítica
del orden mundial. Deberíamos subrayar que lo que hoy proporciona legitimidad a
estas organizaciones no es la función que cumplían en el antiguo orden
internacional. Antes bien, lo que ahora las legitima es la función que
recientemente pudieron comenzar a cumplir en la simbología del orden
imperial. Fuera del nuevo marco, estas instituciones son ineficaces. En el mejor
de los casos, el antiguo marco institucional contribuye a formar y educar al de
la maquinaria imperial, al «entrenamiento» de personal administrativo una nueva
elite imperial.
Las enormes empresas transnacionales construyen el tejido conectivo fundamental
del mundo biopolítico en muchos sentidos importantes. En realidad, el capital
siempre se organizó con vistas a extenderse a toda la esfera global, pero
sólo en la segunda mitad del siglo XX, las grandes empresas industriales y
financieras, multinacionales y transnacionales comenzaron realmente a
estructurar biopolíticamente los territorios globales. Algunos afirman que estas
empresas meramente llegaron a ocupar el espacio que habían dejado libre los
diversos sistemas colonialistas nacionales e imperialistas en etapas anteriores
del desarrollo capitalista, desde el imperialismo europeo del siglo XIX hasta la
fase fordista del desarrollo del siglo XX. Esto es cierto sólo en parte, porque
ese lugar fue sustancialmente transformado por la nueva realidad del
capitalismo. Las actividades de las grandes empresas ya no se definen en virtud
de la imposición de un dominio abstracto y la organización del simple saqueo y
el intercambio desigual. Antes bien, son empresas que estructuran y articulan
directamente los territorios y las poblaciones. Tienden a convertir los
Estados-nación en meros instrumentos que registran los flujos de mercancías, de
monedas y de poblaciones que aquellas ponen en movimiento. Las empresas
transnacionales distribuyen directamente la fuerza laboral en los diversos
mercados, asignan funcionalmente los recursos y organizan jerárquicamente los
diversos sectores de la producción mundial. El complejo aparato que
selecciona las inversiones y dirige las maniobras financieras y monetarias
determina la nueva geografía del mercado mundial o, dicho de otro modo, la nueva
estructuración biopolítica del mundo.
El panorama más completo de este mundo se presenta en la perspectiva
monetaria. Desde ese punto de vista puede verse un horizonte de valores
y una máquina de distribución, un mecanismo de acumulación y
un medio de circulación, un poder y un lenguaje. No hay
nada, ninguna «vida al desnudo», ningún punto de vista externo, que pueda
plantearse fuera de este campo atravesado por el dinero; nada escapa al
dinero. La producción y la reproducción visten ropas monetarias: en
realidad, en el escenario global, toda figura biopolítica lleva puesto un atavío
monetario. «¡Acumulad, acumulad! ¡ésa es la voz de Moisés y sus profetas!» (Marx,
El Capital).
Los grandes poderes industriales y financieros producen, entonces, no sólo
mercancías, sino también subjetividades. Producen subjetividades que a su
vez son agentes dentro del contexto político: producen necesidades, relaciones
sociales, cuerpos y mentes, lo que equivale a decir que producen productores. En
la esfera biopolítica, la vida debe trabajar para la producción y la producción,
para la vida. Es una gran colmena en la que la abeja reina vigila continuamente
la producción y la reproducción. Cuanto más profundamente avanza el análisis,
tanto mayor es el número de articulaciones intervinculantes que encuentra".
Fragmento del libro
"Imperio", M. Hardt y T. Negri, editorial Paidós, Buenos Aires, Argentina, 2002.
Selección
y destacados: S.R.
Enlaces:
Fondo
Monetario Internacional - Cecilia Falco >>>
Continuación:
"FMI"( historia) Cecilia Falco. >>>
Comentarios al autor: srocchietti@ciudad.com.ar
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