Estamos en
condiciones de plantear que existe una semejanza estructural entre los mitos
y ciertas formaciones psíquicas como las fantasías y los sueños. Más aún,
determinadas fantasías y determinados sueños están presentes en todos los
hombres; digamos que forman parte de la vida anímica humana. Por cierto, esto
no ha de resultar extravagante si es que hemos comprendido que el mito es una
consecuencia de elaboraciones psíquicas, esto significa complejas operaciones
subjetivas, sobre la base de la condición humana, esto es la angustia.
La trama de estas formaciones psíquicas responde, en principio, a los ejes
mitólogicos mencionados; las que ahora vamos a tratar, puntualizan claramente
el comercio sexual incestuoso o escenas de parricidio y/o matricidio.
Tomaremos para esta tarea escritos que la antigüedad nos ha legado.
Tragedia:
¿Debe el hombre
inquietarse por aquellas cosas que sólo dependen de la fortuna y sobre las
cuales no puede haber razonable previsión? Lo mejor es abandonarse a la suerte
siempre que se pueda. No te inquiete, pues, el temor de casarte con tu madre.
Muchos son los mortales que en sueños se han unido a ellas (...)” (Yocasta,
esposa y madre de Edipo)
Sófocles, “Edipo
Rey”
*Grecia. 430 Antes de Cristo
La Biblia:
... Después de
esto, ocurrió lo siguiente: Absalón, hijo de David, tenía una hermana muy
bella. Se llamaba Tamar. Amnón hijo de David, se enamoró de ella. Ammón
andaba atormentado, hasta sentirse enfermo, a causa de su hermana Tamar; pues
siendo ella virgen, le parecía difícil hacer nada con ella. Tenía Amnón un
amigo que se llamaba Jonadab, era un hombre muy hábil. Y éste le dijo: “¿Por
qué estás cada día más macilento, hijo del Rey? ¿no quieres explicármelo?”
Amnón le respondió: “Es que estoy enamorado de Tamar, la hermana de mi
hermano Absalón” (...)
... Ella se acercó
a él (Amnon) para darle de comer. Entonces él la tomó fuertemente y le dijo:
“Ven, acuéstate conmigo, hermana mía”. Pero ella le respondió: “¡No hermano
mío! no me violentes, porque no se obra así en Israel. No hagas esta
insensatez. ¿Dónde iría yo con mi vergüenza? Y tu serías impío en Israel.
Habla, pues, al rey, que no se negará a darme a ti”. Pero él no quiso
escucharla y, como era más fuerte, la violentó y se acostó con ella. Después
la aborreció Amnón con un odio extremo, de modo que el odio con que la
aborreció, fue mayor que el amor con que la había amado (...)
Libro Segundo de
Samuel, 13
Tragedia:
... Electra.- ¡Lágrimas infinitas hay que llorar ahora, hermano, hermano
mío... que la causa yo fui! .¡El fuego del encono quemaba mis entrañas, ay de
mí, infeliz, contra aquella que me dio la vida!
Coro.-¡ Suerte infausta, suerte cruel fue la tuya, pobre madre!. ¡Diste a luz
hijos y ellos te quitaron la vida!...
Eurípides.
Electra”
*Grecia 431 antes de Cristo
Mito
Urano engendró a
los Titanes en la Madre Tierra, después de haber arrojado a sus rebeldes
hijos, los Cíclopes, al Tártaro, un lugar tenebroso en el mundo subterráneo.
En venganza, la Madre Tierra persuadió a los titanes a atacar a su padre; así
lo hicieron dirigidos por Crono, el menor de los siete, a quien ella armó con
una hoz de pedernal. Sorprendieron a Urano mientras dormía y fue con esta hoz,
que el despiadado Crono lo castró, sujetando sus órganos genitales con la
mano izquierda y lanzándolos al mar después junto a la hoz...
La castración de
Urano
R. Graves
Mito:
... Un padre
violento y celoso se reservaba todas las hembras para sí y expulsaba a los
hijos varones cuando crecían... Un día los hermanos expulsados se aliaron,
mataron y devoraron al padre, y así pusieron fin a la horda paterna. Unidos
osaron hacer y llevaron a cabo lo que individualmente les habría sido
imposible... El violento padre primordial era, por cierto, el arquetipo
envidiado y temido de cada uno de los miembros de la banda de hermanos, y
ahora en el acto de la devoración, forzaban la identificación con él y cada
uno se apropiaba de un fragmento de su fuerza... En efecto, ninguno de los
hijos varones pudo abrirse paso en su deseo originario de ocupar el lugar del
padre... El muerto se había vuelto más fuerte de lo que era en vida... lo que
antes el había impedido con su existencia, ellos mismos se lo prohibieron
para sí...
La Horda
Primitiva
Freud. S (Tótem y Tabú, reescritura
de la hipótesis darwiniana
sobre el estado social
primordial del ser humano)
La presencia de
estas temáticas en la mitología universal y en Libros sagrados, permite
conjeturar que el deseo incestuoso, la fantasía de matricidio y parricidio,
forman parte de la condición humana; esto significa que son improntas en la
realidad psíquica de todo sujeto.
La Condición
humana es aquel complejo de ideas y elementos que nos condiciona a tales.
Hablar de
condición no es hablar de señas o características.
Hablar de
condición significa poner en juego los límites, explicitar aquello que
nos permite ser.
La condición, por
lo tanto, es eso con lo que se debe cumplir para hacer y ser.
Pero el término “debe” no está planteado al modo de obligación moral
como deber, sino debe en tanto deuda o falta.
Así, la
condición humana pone de relieve una falta, una carencia de certidumbre con
respecto a la muerte, al origen y a la sexualidad. La realidad psíquica de
cada uno de nosotros es una ficción que responde a la misma estructura de los
mitos. Decimos, entonces, que la vida psíquica y los mitos son un modo
subjetivo de confrontarse a la Realidad. O en otros términos: la deuda genera
ficciones.
Freud, en una
carta a Fliess lo decía de esta manera:
... ¿Puedes
imaginar lo que son los mitos endopsíquicos? Ellos son el último vástago de
mis afanes mentales. La borrosa percepción interior del aparato psíquico
propio estimula ilusiones de pensamientos que son naturalmente proyectadas
afuera, por lo común en el futuro y el más allá. La inmortalidad, la justa
recompensa, la vida después de la muerte, son todas reflexiones de nuestra
psique interior psicomitológica...
Freud. S. Carta 78 a W. Fliess
12-12-1897
Claro que La
Realidad, con mayúsculas, la que suponemos Verdadera y única, está
totalmente perdida. Que alguien diga ¡La realidad es Esta ! no deja de ser
sólo un punto de vista. Si la realidad fuera Esa y todos estuviéramos
absolutamente de acuerdo (más que de acuerdo!) si todos hubiésemos encarnado
esa realidad, seríamos clones, iguales, soñaríamos lo mismo, tendríamos
idénticas fantasías . Nos hubiésemos convertido en una especie que lícitamente
podríamos nominar Mismos. No seríamos Hombres, seríamos Mismos.
Sin embargo,
aunque La Realidad no exista, el hombre necesitó crear leyes y ordenar lo que
de otra manera hubiera sido un caos.
Por ejemplo:
- El lenguaje es
un modo de la ley.
- La prohibición del incesto, otro modo.
La Realidad en
tanto que perdida nos ha posibilitado ser diferentes: semejantes, pues cada
hombre adopatará una posición singular y subjetiva ante las leyes que la
cultura instaura.
El único punto
irreductible en el cual podríamos creernos iguales, es aquel donde todos
hemos perdido algo, algo de lo Absoluto.
Jorge Luis Borges
lo escribe así:
A QUIEN LEYERE
Si las páginas de este libro consienten algún
verso feliz, perdóneme el lector la descortesía
de haberlo ursurpado yo, previamente.
Nuestras nadas poco difieren; es trivial y
fortuita la circunstancia de que seas tú el
lector de estos ejercicios, y yo su redactor.
Nuestras nadas
poco difieren nuestros huecos, nuestras preguntas carentes de respuesta, en
poco se diferencian. Los seres parlantes, se hallan enfrentados a una carencia
como testigos de la condición humana y el modo que cada uno de ellos
encontrará para afrontarla, marcará esa diferencia, como aquella posición
subjetiva que alguien sostiene durante la vida.
La pérdida de lo
Absoluto, instaura la subjetividad.
Hemos dicho que la esencia del ser es un hueco, una nada y es en el corazón
de la misma donde estalla el mito o la literatura, el arte o la religión,
el amor o la fantasía como sensatas formas de embellecerla.
La
carencia es una función estructurante de lo humano.
El mito, ficción
implacable que la cultura sostiene y transmite de boca en boca, ha aceptado
huellas singulares en sus diversos relatos; por lo tanto: cada versión de un
mito conformará a ese mito, aceptando de este modo las diferencias
subjetivas.
Para los mitos el hombre no es un MISMO.
La diferencia es siempre el obligado producto de la falta.
Planteamos en la
primera parte que el mito surge cuando la razón silencia, cuando la razón no
puede explicar aquellas cuestiones cruciales que condicionan al hombre.
Una mirada ingenua aceptaría la siguiente síntesis de la vida:
sexualidad - origen - vida - muerte.
Mas, sabemos que
ningún hombre podría transitarla sin interrogarse. El acto de interrogarse
transforma a la vida en algo no lineal; a partir de una pregunta, el pasado
histórico puede reinscribirse en otros términos y cobrar el vigor actual que
otrora había quedado bajo el efecto de la represión.
-"¿Qué es el origen? ¿Cuál fue? ¿Qué es la sexualidad? ¿Qué implica? ¿Qué
es el amor?¿Qué es la muerte?
La razón vacila y
el lenguaje produce el mito, como vía regia para sostener una pregunta que
narrará una apacible ficción ante una herida en el corazón del ser.
Pero ¿Cómo se
representa la nada, herida que nos habita?
Es complicado. "Nada" es muy diferente a "Vacío". Vacío significa que algo
falta. Nada significa que nunca hubo.
Los orientales lo definen en estos términos:
Doctrina del Tao:
El Tao es un
recipiente hueco, difícil de colmar. Lo usas y nunca se llena. Tan profundo e
insondable es que parece anterior a todas las cosas... No se sabe de quién es
hijo. Parece anterior a los dioses.
Treinta rayos
convergen hacia el centro de una rueda, pero es el vacío del centro el que
hace útil a la rueda. Con arcilla se moldea un recipiente, pero es el espacio
que no contiene arcilla el que usamos como recipiente. Abrimos puertas y
ventanas en una casa, pero es por sus espacios vacíos que podemos utilizarla.
Así, de la existencia provienen las cosas y de la no existencia su utilidad.
(El vacío Central)
Mitos, raíces
universales.” Silo
Representar-se la
nada es imposible. Sin embargo, es el hueco que ella produce, lo que gesta
palabras, mitos, ficciones, fantasías, deseo.
El deseo es deseo
de lo que no se tiene.
Frase populosa, me dirán, más no responde a la contemporaneidad de una moda
pensante.
El deseo, por definición, siempre se desplaza, es inmortal y por naturaleza
escurridizo. Freud, utilizó el vocablo “indestructible” para dar cuenta
de ello, lo cual no exime al deseo de los límites. Por cierto, como planteara
Lacan, su función es limitada, limitada por el placer. Entonces, para
comprender el concepto de deseo, es necesario articularle la idea de ritmos o
cortes que mantendrán al mismo con una tensión constante pero móvil.
Esto es: para pensar el deseo,
algo debe faltar. En otros términos, deseo significa falta.
En cuanto a la
idea de “inmortal” recordaremos lo trabajado anteriormente:
Serás como tu
padre”
es un mandato cultural que pone un ideal en la escena, ideal al cual el
sujeto intenta acercarse; por ende, no se trata de su deseo, sino del deseo
de un Otro que lo trasciende. Lo inmortal se jugará de generación en
generación, en tanto el deseo atraviesa a los sujetos realizando una suerte de
posta, por ejemplo: del padre al hijo, del hijo al nieto... De tal forma,
decimos que el deseo escapa al tiempo cronológico, puesto que responde a un
tiempo lógico o subjetivo.
El deseo construye ese movimiento
que posibilita rescribir la nada para que opere como un vacío.
Estamos hablando
de una estructura que nunca se colma y al mismo tiempo que comporta un orden
de prohibición.
Así, el
ser-deseante busca completarse, para no completarse jamás y en su tránsito
fabrica dioses, engendra vidas y se enamora.
Del amor y sus
Mitos
¿Dónde estaba
Dios cuando te fuiste?
(Discépolo)
Ay pequeño niño
hombre, Orfeo amante, que intrépido desciende al Hades para encontrar a su
amada Eurídice. Subyugados por su canto los dioses de las tinieblas conceden
en la excepción tejer de nuevo el prematuro destino robado a su amada. Pero,
¡hombre! si te han dicho que no vuelvas atrás tus ojos. ¿Es que lo humano no
debe ver rostro de la muerte? Desfallecido de amor, la mira y busca su mirada
y, ella, al borde de cruzar las fronteras de la muerte, cae, para siempre en
el infinito tiempo de un abismo oscuro.
En nuestra cultura
la idea de completarse amorosamente, circula entre otras modalidades, a través
del mito de las almas gemelas y
algunas décadas atrás la versión modelo fue la media naranja. Para aquel
entonces, la industria kitsch (-negacion absoluta de la mierda, según M.
Kundera-) ubicó en el mercado raros dijes o corazoncitos partidos que los
enamorados consumían portando en sendos cuellos cada mitad como grata muestra
del amor profesado. "Eres mi media naranja: la otra parte de mi corazón...".
No obstante, más allá de lo contemporáneo, la idea amorosa de ser uno en dos,
se puede rastrear en los orígenes que plantea la biblia y escritos filosóficos
de gran importancia que con los años se consagraron como clásicos. Entre
ellos:
Platon (427-347
a.C)
"El Banquete" ilustra estas ideas en la voz de Aristófanes, personaje que
explica el origen del amor de esta forma:
... ni uno solo
se negaría, ni demostraría tener otro deseo, sino que creería simplemente
haber escuchado lo que ansiaba desde hacia tiempo: reunirse y fundirse con el
amado y convertirse de dos seres en uno solo. Pues la causa de este anhelo es
que nuestra primitiva naturaleza era la que se ha dicho y que constituíamos un
todo. Lo que se llama amor, por consiguiente, es el deseo y la persecución de
ese todo...
Pero hemos dicho,
que la condición del ser-deseante es no colmarse jamás y continuar "buscando
o encontrando" para relanzar la búsqueda nuevamente. Así, el amor que
plantea Aristófanes es un amor que cura y cicatriza el deseo: la
reintegración a la primitiva naturaleza. Veamos:
(...) Cada uno de
nosotros, efectivamente, es una contraseña de hombres, como resultado del
corte en dos de un sólo ser, y presenta sólo una cara como los lenguados. De
ahí, que busque siempre cada uno a su propia contraseña. Así, pues, cuantos
hombres son sección de aquel ser partícipe de ambos sexos, que entonces se
llamaba andrógino, son mujeriegos; los adúlteros también, en su mayor parte,
proceden de este género y así mismo, las mujeres aficionadas a los hombres y
las adulteras derivan también de él. En cambio, cuantas mujeres son corte de
mujer, no prestan atención excesiva a los hombres, sino que más bien se
inclinan a las mujeres... Por último todos los que son sección de macho,
persiguen a los machos y, mientras son muchachos, como lonchas de macho que
son, aman a los varones y se complacen con ellos... son en realidad los más
viriles por naturaleza....
Sin embargo, la
posición que sostengo, de acuerdo a lo que hemos elaborado, es que la
dimensión del amor y la dimensión del deseo no suponen una misma raíz.
En todo caso, la
elección amorosa es el vehículo del deseo pero no la satisfacción plena del
mismo. Sabemos, que el amor embellece al objeto, puede entonces tornarlo
deseable; claro que el deseo se sostiene como tal, siempre y cuando no
creamos en la totalidad de la pareja amorosa, amordazándolo. Quiero decir que,
el buen amor, si es que así podemos llamarlo, se funda en el desencuentro
con el otro, en lo irreductible del otro: en aquello que jamás podrá formar
parte de ambos.
He planteado que los seres humanos son semejantes, mas esto no
equivale a decir que por tal causa son complementarios entre sí. Sepámoslo:
No hay complementariedad.
De hecho, el mito del andrógino recreado por Platón, invoca al cuerpo
único y el ombligo es el recuerdo que tenemos de ello.
Lo sostenido en el mito implica, que el otro amoroso reencontrado, habría
formado parte de mi cuerpo, y en tanto hallado, pasa a ser mi cuerpo y
viceversa. Se trata de una complaciente historia de amor: Eramos uno pero
nos separaron. Partidos al medio fuimos almas gemelas errando por el cosmos.
Pero ahora, nos hemos encontrado para desafiar al malvado Zéus
En fin...
La problemática emerge si nos preguntamos por el deseo, a saber: si el
amor colma... ¿dónde ubicarlo? Analizaremos el mito para ubicar la verdad que
el relato imprime:
La esencia del amor genera la imagen de la totalidad, inexorablemente. De
allí la idea de “amor platónico” en tanto que instaura un imaginario que
permite creer que en el otro se encuentra aquello que nos hace falta. Se dice,
además, que “el amor cura las heridas”. Por supuesto que se refiere a todas
las heridas que el mismo amor no provoca.
La elección del partener está siempre en función de determinadas imágenes
que apuntan, -de alguna forma- a complementarnos. La elección del otro amoroso
es, en efecto, la devolución de una imagen para nosotros perdida, y siempre
buscada (tal como lo planteara Aristófanes, en contraposición a Borges).
Es por ello, que podemos decir que el amor se presenta en principio bajo un
registro imaginario; imaginario en el sentido de imágenes, en el sentido de
ideales.
La elección del otro, jamás es azarosa o casual; muy por el contrario se
impone como aquello que hace falta y aquel "elegido" pareciera portar
. Entonces, como un espejo, el
amor devuelve una imagen completa. Hasta aquí, el amor, es una relación
especular.
Sigmund Freud, también se preocupó por el tema. En 1915, dio lugar a estas
ideas: El otro es amado y elegido a través de cuatro condiciones:
·
por lo que uno mismo es ( a sí
mismo)
·
por lo que uno fue (yo ideal)
·
por lo que uno querría ser ( ideal
del yo)
· por
lo que fue parte del sí-mismo (hijo)
Primera
conclusión: “El objeto de amor se elige según el modelo de la propia
persona” (S.Freud, 1915)
De manera tal que, existe un
sesgo del amor que pone en juego lo que no se tiene. Sin embargo, más allá de
la imagen de completud que la elección propone, hay grietas por donde se
filtra el real desencuentro.
La armonía que otorga la imagen de completud o totalidad, no es más que una
ilusión. No existe armonía amorosa, pues no somos animales atrapados en
figuras guestálticas, no hay, en última instancia, un Juan destinado a cada
María. No negaremos los encuentros felices pero aceptemos que hay huecos que
no se saldan con la llegada del otro.
Quizá, la voz popular “siempre hay un roto para un descosido” conserve mas
brillo en su hilo de Ariadna a la hora de salir del laberinto.
Para Benasayag y Charlton, el amor es la admiración que un pez siente por una
bicicleta.
Veamos el texto:
Imaginemos la sorprendida admiración entre un pez y una bicicleta. La
bicicleta no cree que este ser tan raro, sin piernas, ni brazos, sepa hacerla
andar como se debe y, por su parte, el pez no ve en la bicicleta una buena
herramienta para ir a su trabajo de pez... frente a su mutua incapacidad para
convertirse en la herramienta del otro, el pez y la bicicleta tienen la
posibilidad de construir a partir del vacío, una relación... fundada en la
ética y la admiración, llamada amor.
(Crítica a la Felicidad, 1992)
El tiempo del
enamoramiento evidencia aquellas cuestiones relacionadas a la sensación de
fusión o confusión. Pero, una vez que la magia se interrumpe se trata sólo
de peces y bicicletas -como siempre se trató- sólo que en plena “locura
amorosa” la imagen es más fuerte y los amantes quedan fascinados, atrapados,
como si fueran tal para cual, llevando a escena el mito de la media naranja...
o del andrógino.
(Un clásico para
observar en ciertos "mieleros" (palabra en fuga, diría, en lo que dice hoy
nuestra lengua porteña), retomo, esos mieleros que pululan felices por centros
turísticos creados para ellos, dejan observar el pretendido trazo idéntico en
los detalles que adornan sus cuerpos. No me refiero tanto a las alianzas,
sino, a cómo queda marcado en la vestimenta el rasgo especular: ambos con el
mismo pulover o las mismas camperas o las mismas zapatillas, o los mismos
gorros... los dos deben tener lo mismo. ¡Igualitos! Ese es un modo de
armonizar la imagen. La luna de miel tiene sabor a luna renegatoria)
Los orígenes que
Aristófanes plantea son realmente el bálsamo para aquella respuesta que se
avecina y se torna insoportable: nos buscamos porque estamos solos y el hecho
de encontrarnos tampoco nos salvará de ello; además, somos diferentes, y no
sólo por una cuestión sexual. Hemos sido diferentes y jamás podremos
fusionarnos en uno. Por cierto, el intento de fusionarse genera a otro,
distinto a cada uno de nosotros: un hijo.
De esta manera, como ya hemos visto, el mito produce esa suerte de pantalla
que nos protege de la angustia “desde siempre hemos sido separados, seres
abiertos y ahuecados en lo más íntimo.
El amor es
justamente el intento de unir aquello que no puede unirse. Por eso decimos
que la raíz del amor se relaciona con la armonía de la imagen: una buena
forma, una imagen completa. Pero, esa porción que no admite unión con el
otro, ese resto que no se fusiona, responde a la estructura del deseo.
Por un lado lo
causa.
Por otro, nos
habla de lo irreductible pues el deseo no se comparte, es algo absolutamente
singular y subjetivo.
Decir que es singular y subjetivo, no significa "ser
propietarios", por cierto es al revés: el deseo nos tiene bien atados, el
asunto es cómo estamos enlazados a él y será ese enlace lo que marca una
posición particular.
La “locura amorosa” o enamoramiento o fascinación, toma la
forma del mito del andrógino, pues crea e impone la imagen de la totalidad, de
la igualdad, del cuerpo único. El otro amoroso “cierra”, completa la imagen
hecha a medias, pinta de rosa lo que podríamos llamar (como diría Kundera) la
insoportable levedad del ser.
Para el amor habrá
entonces dos versiones:
La versión de la imagen
La versión del deseo
Y se aclara que el deseo implica necesariamente a la palabra.
Quizá estemos autorizados a plantear que la palabra es en principio una
metáfora en donde algo se ausenta desde el vamos y, si lo aceptan, por su
función, la palabra opera como un mito.
Retomando la idea
del cuerpo único: ¿Acaso no estaríamos al borde de pensar la locura amorosa en
la pequeña y fundante luna de miel que una madre tiene con su hijo al tiempo
de su llegada?
De hecho, Freud lo
ubica cuando sostiene que se elige por lo que fue parte del sí mismo. Freud
escribe la historia de His majesty de Baby y todo termina infelizmente, pues
al niño se le cae la corona. (Por suerte) Digo: aquello termina bien, en tanto
que funda, quizá, el dolor de existir que no es mas que el dolor de la palabra
que entra en la escena, acotando el silencio de un goce desmedido.
Es cierto, hablar
es pellizcarse fatalmente.
Los mitos reeditan aquello, hablan, allí donde el goce de un silencio nos
reenviaría a un exceso que ya no podría medirse con la vara del dolor o del
placer.
Dicho de otra
forma: Tú que tienes origen, eres finito y perecedero.
Recomendaciones y
referencias bibliográficas:
(valido para las
dos partes del trabajo)
(Textos y
autores a quienes agredezco su efecto de enseñanza y la posibilidad de mi
lectura sobre los mitos.)
Ø
G. Fernández de Leon. “Enciclopedia de las
religiones. Mitos y leyendas”. Editorial Amauta
Ø
Aizen\ Muro.”Diversidad Cultural
Argentina” Museo de la Patagonia Francisco Moreno.
Ø Popol
Vuh”, Editorial Alianza
Ø D.
De Rougemont. “El amor en occidente”, Editorial Paidos
Ø
E. Galeano. “Memorias del Fuego”.
Siglo XXI de España Editores, SA
Ø D’Arbois
de Jubainville. “El ciclo mitológico Irlandés y la mitología céltica”.
Edicomunicación España.
Ø Mercedes
González. “Nuestra Tierra India”. Ediciones Letra Buena.
Ø
Silo. “Mitos raíces universales”.
Editorial Planeta.
Ø Sófocles.
“Edipo Rey”. Editorial Ciordia, SRL
Ø Platón.
“El banquete”. Editorial Aguilar.
Ø
M. Yourcenar. “Ana, soror..”
Ediciones Alfaguara S.A.
Ø J.L.
Borges. Obras completas. Emece Editores.
B.A.
Ø S.Freud
.”Totem y Tabú”. Amorrortu Editores.
Ø Eurípides.”Tragedias”.
Editorial Harla.
Ø S.Freud.
Introducción del Narcisismo”. Amorrortu Editores.
Ø
Luis Caeiro “ Cuentos y
tradiciones japoneses” Vol.1 Editorial Hiperión
Ø
Grupo Tempe “Los Dioses del
Olimpo” Alianza Editorial
Ø Benasayag\Charlton.
“Crítica a la felicidad”. Editorial Nueva Visión.
Ø R.
Barthés.” Fragmento de un discurso Amoroso”. Siglo XXI Editores.
Ø La
nueva Biblia Latinoamerica. Edición Pastoral. Paulinas
Ø E
Benveniste. “Comunicación Animal y Lenguaje Humano”. Revista Diógenes,
Octubre, 1952 . Editorial Sudamericana.
Ø J.Lacan.
Seminario XI- los Cuatros conceptos fundamentales del psicoanálisis. //
1964.” Editorial Síntesis
Ø R.Harari.“Los
cuatro conceptos fundamentales del Psicoanálisis, de Lacan: Una introducción”
Editorial Nueva Visión