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Conferencias en E.E.U.U.
Jacques Lacan
Conferencia del 24 de Noviembre de 1975.
UNIVERSIDAD DE YALE
(SEMINARIO KANZER)
Primera parte
Esto no es fácil
...It is not easy to speak in a country which is perfectly strange for me.
Ustedes ven que trato de hacerme entender por cada uno aunque mi inglés sea mas
bien elemental y yo intente mejorarlo; intente mejorarlo este año, de modo algo
paradojal por la lectura; por la lectura de Joyce (risas). Uno de mis
auditores inspirado por mi reciente conferencia (una conferencia que me fue
pedida para abrir el Congreso sobre Joyce) - un auditor de mi seminario
donde las personas se apretujan en multitud para mi gran sorpresa como para la
de todos y,donde naturalmente, yo no había enunciado mi conferencia sobre
Joyce, escribió un artículo en una revista francesa donde la literatura es
particularmente retorcida. Torcida, así. Pero a veces aparecen cosas en esta
revista que hacen sentido -a veces mucho sentido- y en particular lo que fue
anticipado por mi auditor : él anticipó que después de Joyce la lengua
inglesa ya no existía.
Evidentemente,esto no es verdad en tanto que hasta "Finnegan's wake" Joyce
respeta lo que Chomsky llama la "estructura gramatical". Pero
naturalmente, é1 se las hizo ver duras a la lengua inglesa. Hasta llegó a
inyectar en su propio género de inglés palabras pertenecientes a un gran número,
de otras lenguas, incluido, allí el noruego y hasta ciertas lenguas asiáticas é1
forzó las palabras de la lengua inglesa obligándolas a admitir otros vocablos,
vocablos que no son enteramente respetables si puedo decirlo, para alguien que
use el inglés.
Puede decirse que
en inglés existen, en el conjunto, dos clases de vocablos: los de raíz latina y
aquellos llamados germánicos que, de hecho, no son germánicos pero pertenecen a,
otra rama del indoeuropeo, el anglosajón.
Es del lado
anglosajón que se encuentran las raíces germánicas pero, al final,hay algo de
específico a estudiar en el inglés, en tanto que tal, para captar aquello que lo
caracteriza en oposición a las otras lenguas. Pero lo importante, al menos
para nosotros, analistas; tal como lo concebimos,es decir la verdad. Y como
nosotros tenemos una idea un poco particular de esta verdad, sabemos que
esto es muy difícil. Y como ha sido convenido que yo hablaría primero y que
inmediatamente habría preguntas, me gustaría comenzar por tomar aquello que es
llamado, justamente, contacto con ustedes que están aquí esta tarde, planteando
-¿por qué no?- yo mismo preguntas. Naturalmente ello supone que ustedes tengan a
bien responder aunque fuese con otra pregunta.
En primer lugar
quisiera dirigir una pregunta, precisamente a aquellos que han elegido
plantearse como analistas; querría preguntarles y yo tendría que
necesariamente responder en primer lugar como han llegado ellos a eso que
después de todo puede ser llamado razonablemente su Job. Ser un analista es
un Job y, de hecho, un job muy duro. Hasta es un trabajo
inhabitualmente fatigante y, si retomo las palabras del último analista
que enfrenté antes de esta visita a los E.E.U.U., é1 me confiaba que había
tenido necesidad de descansar un poco entre cada uno de sus análisis y,que eso
daba su ritmo a su trabajo.
En cuanto a mí,
para decirles la verdad, no he tenido tiempo de descansar entre dos análisis.
Ello debido a que por el hecho de mi notoriedad, muchas personas vienen para ser
analizadas, para demandarme que las analice. Ayer a la tarde en la casa de
Shoshana Felman un grupo de jóvenes me preguntaban como elegía a mis pacientes.
Respondí que yo no los elegía así tan simplemente, sino que ellos tenían que
testimoniar acerca de lo que esperaban de su petición.
Ahora permítanme
responder a mi pregunta: ¿cómo llegué a ser psicoanalista?. Llegué allí
algo tarde, no antes de los treinta y cinco años. Yo había arriesgado, lo que se
llama en Francia, una tesis de doctorado en medicina. Ese no era mi
primer escrito, pues una tesis tiene que ser realmente escrita. Una tesis
es, por definición, lo que ha sido escrito y defendido. En esa época,una
tesis era asunto serio por el cual uno se exponía a la contradicción.
Hoy, uno se
presenta ante un jurado habitualmente compuesto por dos o tres de sus antiguos
maestros, perfectamente informados del asunto, que muy a menudo les ha sido
sugerido a ustedes. Ese no era mi caso. Debí realmente, imponer mi tesis.
La había llamado, esto es para los psiquiatras presentes, "De las psicosis
paranoicas y sus relaciones con la personalidad". En aquel tiempo,yo era
ingenuo. Creía que la personalidad era algo fácil de aprehender. No osaría ya
dar ese título a aquello de lo que se trataba, de hecho, no creo que la
psicosis tenga algo que hacer con la personalidad. La psicosis es
un ensayo de rigor. En ese sentido, yo diría que soy psicótico. Soy
psicótico por la sola razón que siempre he tratado de ser riguroso.
Eso,
evidentemente, va bastante lejos en tanto supone que los 1ógicos por ejemplo,
que tienden hacia ese fin y también los geómetras, compartirían, en último
análisis, una cierta forma de psicosis. Hoy, yo pienso así. No emprendí esa
tesis imprudentemente; había reunido treinta y tres casos de psicosis: en
ninguno había hecho excepción a esta búsqueda de rigor. Pero como uno no puede
-contrariamente a la práctica común, pienso que no se puede- hablar de treinta y
tres casos (mi tesis habría tenido millares de páginas), me contenté con
escribir una tesis de un número razonable de páginas, quiero decir de un volumen
que pudiera ser,tenido en la mano, y hablaba allí de uno de esos casos que me
parecía ejemplar,especialmente por el hecho que la persona en cuestión había
hecho numerosos escritos. Había hecho esos escritos bajo la forma de numerosas
cartas ultrajantes para una cantidad de personas, quiero decir que era
erotomaníaca.
Un cierto número
de personas aquí saben, pienso, lo que es un erotomaníaco: la erotomanía
implica la elección de una persona mas o menos célebre, y la idea de que ésta
persona no concierne, más que a ustedes. Sería necesario hallar la raíz que
toma esta idea, aunque eso haya sido imposible hasta el presente.
Lo que es cierto
es que, una vez puesto en marcha el mecanismo, cada hecho prueba que el ilustre
personaje (en ese caso una mujer) está en relación amorosa, no con la
personalidad sino con la persona nombrada, designada,por un cierto nombre. En
esa época esa persona aparecía con su nombre en los periódicos, a raíz del
gesto que había tenido contra una actriz entonces célebre, de modo coherente con
su erotomanía dirigida sobre esa actriz, la misma que ella había
dirigido en otros momentos sobre otras celebridades (no es extraño ver operar
ese deslizamiento de una figura a otra). En todo caso ella había herido
ligeramente a esa actriz y fue enviada a prisión. Me permití a mí mismo ser
coherente y pensaba que una persona que sabía siempre tan bien lo que ella hacía
sabía, también aquello a lo cual la conduciría, y fue un hecho que su
estada en prisión la calmó. Del día a la noche desaparecieron sus rigurosas
elucubraciones desplegadas hasta ese momento. Me permití -tan psicótico como mi
paciente- tomar eso en serio y pensar, que si la prisión la había calmado, eso
era lo que ella había buscado realmente.
También di a eso
un nombre mas bien bizarro: yo lo llamé "paranoia de autopunición".Evidentemente
eso era quizás llevar la 1ógica un poco lejos. Y ello me hizo notar que había en
Freud algo del mismo orden. Freud no estudió principalmente a los
psicóticos. Pero, como yo, estudió los escritos de un psicótico: el famoso
presidente Schreber y, con respecto al presidente Schreber, Freud
no adopta el mismo tipo de posición que yo. Es verdad que ese era un caso de
1ógica mucho mas avanzado. Pero yo destacaba, a causa de lo que hace al fondo de
su pensamiento, Freud no era psicótico. El no era
psicótico,contrariamente a muchos, porque él se interesaba en algo diferente.
Su primer interés era la histeria. Y su vía de aproximación a esta otra cosa
era perfectamente seria, consistiendo no en coleccionar escritos -pues
los casos que él trataba no eran de personas a inundar de escritos,
contrariamente a los psicóticos sino en escuchar. El pasaba mucho
tiempo escuchando, y de lo que él escuchaba resultaba a1go paradojal a la vista
de lo que acabo justamente de decir,que era una lectura. Fue mientras él
escuchaba a las histéricas cuando leyó que había un inconciente.
Esto es algo que
sólo podía construir y en lo cual estaba él mismo implicado; estaba implicado en
que, para su gran sorpresa,él destacaba que no podía evitar el participar en lo
que las histéricas le relataban, que era afectado, por eso. Naturalmente
cada cosa de las reglas resultantes por las cuales estableció la
práctica psicoanalítica es concebida para contrariar esta consecuencia, para
conducir las cosas de tal suerte que se evite el ser afectado. A este fin
promovió, un cierto número de reglas que son muy sanas,y que implican la
suposición de que la histérica tiene,lo que se llama un inconciente.
Y lo que traté de hacer -me excuso por abreviar así- fue reconocer que cosa
podía ser este inconciente planteado por Freud. Ahora que los
analistas son tan numerosos, todos pueden saber lo que es la lectura del
inconciente, pues después de todo, desde el tiempo en que han emergido los
analistas, la gente ha comenzado a comprender algo, pero ese fenómeno,
prácticamente impensable, de que tantas personas lleguen al análisis releva un
real problema. ¡No sólo llegan a nosotros sino que retornan!. ¿Qué es lo que
puede inducirlos a encontrar una satisfacción tal en el análisis, cuando
pasar por el análisis es una experiencia tan poco confortable?. No todos son
capaces de hacerlo. Es necesario tener una cierta dosis de eso, haber escuchado
suficientemente sobre él para saber que puede tener ciertos efectos -esos
efectos sobre los cuales cuentan realmente las personas que emprenden un
análisis, aquellos que yo llamo los analizantes. Ellos cuentan sobre esos
efectos, particularmente teniendo a la vista las cosas que traban su camino,
cosas que tendrían que ver... no diría con el pensamiento, sino más bien con lo
que le impide funcionar 1ógicamente, con lo que lo parasita (por ejemplo, una
fobia u obsesiones estudiadas ahora de un modo casi exhaustivo, tal como las
implica esta forma muy especial de enfermedad mental que es, precisamente una
neurosis) o, en los casos de las histéricas, cosas que se manifiestan, en ellas
mismas, por el cuerpo.
Estos efectos
corporales, que han sido suficientemente calificados, constituyen lo que se
pensó como siendo lo mismo que aquello que se llamaba, en otra época, los
estigmas, por los cuales se identificaba a los así llamados hechiceros.
Es verdaderamente
curioso que las cosas giraran de tal suerte que Freud pudiera suponer que
la causa de todas esas neurosis -histeria, fobia, obsesiones-, debía
ser buscada en lo que é1 llamaba el inconciente.
Ahora, en nuestra
experiencia -puedo decir "la nuestra" en tanto ella es asimilable- ¿qué vemos
nosotros?, ¿qué entendemos nosotros cuando emprendemos el análisis de una
neurosis?.
Vemos, como
Freud nos dice, a las personas hablarnos irresistiblemente de papá y mamá.
En tanto que la única consigna que les damos es la de decir simplemente lo que
ellos ... no diría lo que ellos piensan, sino lo que ellos creen pensar, pues,
nadie piensa y es pura ilusión pensar que se piensa, una ilusión que ha sido la
fuente de un cierto número de sistemas filosóficos.
Imaginamos que
pensamos, imaginamos que creemos lo que decimos. Saber y creencia son
palabras claves en la boca de los pensadores, 1ógicos y ... psicóticos, en
último análisis. La única cosa que yo no puedo comprender es como ellos
pueden hablar de saber y creencia, como si el saber pudiera ser
perfectamente autentificado, en tanto que la creencia sería simple
picadillo de opiniones. ¿Cómo podemos nosotros decir la diferencia entre saber y
creencia?. Ellos tratan de dar criterios...
Hay un excelente
escritor,un lógico llamado Hintikka, que ha escrito un libro así
titulado, en el cuál é1 prosigue con intrepidez la tentativa de distinguir
knowledge and believe. El cree profundamente que existe una
diferencia. Pero porque él no ve que las tres cuartas partes del así llamado
saber no son mas que creencia, hay allí algo que me divierte.
En todo caso, lo
que nosotros oímos en el curso de un análisis es un esfuerzo para salir
de todo eso por un camino que no tiene nada que hacer ni con él conocimiento, ni
con la creencia; salir de allí diciendo solamente lo que está en su espíritu.
Lo que es
fantástico es que, en tanto la gente toma ese camino son siempre llevados a algo
que ellos asocian esencialmente a la manera en que fueron criados por su
familia. Las primeras histéricas de Freud estaban muy preocupadas por su
padre -todo lo que hay que hacer es leer la primera apertura,los "Estudios sobre
la histeria" ; esto es enteramente destacable. Seguidamente a causa de estas
histéricas, Freud llega a interesarse en los sueños, por el hecho que
ellas le hablaban de eso.
Tratemos de
cercar esas cosas correctamente, es decir tomando a Freud en el inicio,
antes que é1 se comprometa en la metapsicología. La metapsicología
implica la construcción de algo que presupone la hipótesis de un alma -esto es
lo que significa meta-psicología ; supone la psicología como un dato.Evoca la
metafísica, algo que permitiría considerar la psicología del exterior.
Antes de que
Freud partiera en esa dirección, é1 había escrito tres libros : "La
interpretación de los sueños", "La psicopatología de la vida cotidiana", y "E1
chiste y sus relaciones con el inconciente".
Lo que me
sorprendió cuando leí esos tres libros, es que el conocimiento de Freud
sobre los sueños estuviera restringido al relato que se le hiciera de ello.
Podría decirse que el sueño real es inefable y, en numerosos casos, no es
así. ¿Cómo puede ser la experiencia real del sueño?. Esa era una de las
objeciones hechas a Freud : ella carece de validez. Pues es precisamente
sobre el relato mismo y su material -la manera en que el sueño es relatado- que
Freud trabaja. Y, si él hace una interpretación, es de la repetición, la
frecuencia, el peso de ciertas palabras. Si tuviera, aquí un ejemplar de la
"Ciencia de los sueños", yo podría abrirla no importa en que página y ustedes
verían que es siempre el relato del sueño como tal -como material verbal- lo
que sirve de base a la interpretación.
En la "Psicopatología
de la vida cotidiana" ocurre exactamente la misma cosa. Si no se diera
cuenta del lapsus, o del acto fallido, no habría interpretación.
El mayor ejemplo
es, dado por el chiste, cuya cualidad y sentimiento de satisfacción
mostrado por quien ríe -Freud insiste en ese punto- provienen esencialmente del
material lingüístico.
Eso me ha hecho
afirmar, lo que me parece evidente, que el inconciente está estructurado como
... (yo he dicho"está estructurado como" , lo que sería quizás exagerar un poco
en tanto se presupone la exigencia de una estructura- pero es
absolutamente verdad que existe una estructura)... el inconciente está
estructurado como un lenguaje. Con una reserva: 1o que crea la estructura
es la manera en que el lenguaje emerge en el inicio en un ser humano. Esto
es, en último análisis, lo que nos permite hablar de estructura. Los
lenguajes tienen algo en común -quizás no todos, en tanto no podemos conocerlos
todos, quizás haya excepciones- pero son verdaderos lenguajes los que
encontramos tratando a los sujetos que llegan a nosotros. A veces ellos han
conservado la memoria de un primer lenguaje, diferente de aquél que han
terminado por hablar. De modo bastante curioso, Freud, destaca en su
práctica que podría resultar de ello una forma curiosa de perversión
-especialmente el fetichismo- que no está ordinariamente causado por ese
tipo de ambigüedad . Pero pienso que hay aquí bastantes personas que recuerdan
el famoso, Glaz auf der nase, que proviene del hecho que un germanófilo había
conservado la memoria de la expresión inglesa; to glance at the nose . Freud
combinó eso con otros hechos que él había reunido en lo concerniente al origen
de los fetiches y que es que ellos implican múltiples significaciones en
diferentes etapas que confluyen todas en el órgano macho. Es así que Freud,
después de años de experiencia, llega a escribir los bien conocidos "Tres
ensayos sobre la sexualidad" en la tentativa de construir algo que sería
regular escansión del desarrollo para cada niño.
Creo que esta
escansión está ella misma, íntimamente ligada,a ciertos patterns del lenguaje.
Quiero decir que las así llamadas fases oral, anal, y hasta urinaria, están
demasiado profundamente ligadas con la adquisición del lenguaje, que el
aprendizaje de la higiene, por ejemplo, está manifiestamente anclado en la
concepción que tiene la madre de eso que ella espera del niño -especialmente los
excrementos- lo que hace que, fundamentalmente, sea alrededor del primerísimo
aprendizaje del niño que giran todas las etapas de lo que Freud, con su
prodigioso insight, llama sexualidad. Es necesario que abrevie un poco.
Yo propondría que
lo que existe de más fundamental en las así llamadas relaciones sexuales del
ser humano, tiene que ver con el lenguaje, en este sentido: que no es
por nada, que llamamos lenguaje aquello que usamos como nuestra lengua
materna. Es una verdad elemental del psicoanálisis que, pese a la idea de
instinto, es muy problemático que un hombre esté de ninguna manera
interesado por una mujer si él no ha tenido madre. Es uno de los misterios
del psicoanálisis, el que el niño sea inmediatamente atraído por la madre, en
tanto que la niña está en un estado de reproche, de desarmonía con ella. Tengo
suficiente experiencia analítica para saber como puede ser devastadora la
relación madre-hija. No es por nada que Freud elige acentuar eso,
levantar toda una construcción alrededor de ello.
Ahora que he
terminado esta introducción mas bien larga, me gustaría retornar a la pregunta
que he planteado al inicio a los analistas aquí, en tanto que no es
necesariamente de este modo particular, atípico, que ellos fueron conducidos al
psicoanálisis. No les he siquiera dicho todo lo que recorrí antes de interesarme
en los psicóticos y antes que ellos me condujeran a Freud, habiendo
subrayado simplemente que en mi tesis, yo me encontré aplicando el freudismo sin
saberlo. No voy a recomenzar. Eso ha sido una especie de deslizamiento, por el
hecho que al final de mis estudios de medicina fui llevado a ver locos y a
hablar de ellos y fui conducido a Freud que hablaba en un estilo que,a mi
también, se me impuso por el hecho de mi contacto con la enfermedad mental .
No pienso que,
realmente, pueda decirse que los neuróticos sean enfermos mentales. Los
neuróticos son aquéllo que son la mayor parte. Felizmente ellos no son
psicóticos. Lo que se llama un síntoma neurótico es simplemente algo que les
permite vivir. Ellos viven una vida difícil y
nosotros tratamos de aligerar su no confort. A veces les damos la sensación de
que ellos son normales. A dios gracias, nosotros no los hacemos
suficientemente normales para que ellos terminen psicóticos. Este es el
punto en que debemos ser prudentes. Algunos de ellos tienen realmente la
vocación de llevar las cosas hasta el límite.
Me excuso si lo
que yo digo parece -lo que no lo es- audaz. Puedo solamente testimoniar de
aquello que mi práctica me provee. Un análisis no tiene que ser llevado
demasiado lejos. Cuando el analizante piensa que é1 es feliz por vivir es
suficiente.
Así, me gustaría
ahora que alguien me diga -y no estoy aquí como piedra de toque de la respuesta,
quiero decir no soy yo quien es la piedra de toque- ¿cómo decide
alguien autorizarse como psicoanalista en E.E.U.U?.
En tanto tengo
esta ocasión de reencontrar cierto número de colegas, me gustaría tener una idea
de lo que corresponde aquí a lo que he ínstituído en mi escuela y que yo llamo
"el pase".
Eso consiste en
que, en el punto en que alguien se considera suficientemente preparado para osar
ser analista, pueda decir a alguien de su propia generación,un par -no su
maestro o un pseudomaestro- eso que le ha dado nervio para recibir personas en
nombre del análisis.
Deben admitir que
el descubrimiento del inconciente es una cosa muy curiosa, el
descubrimiento de una muy especializada suerte de saber, íntimamente
anudada con el material del lenguaje, que se pega a la piel de cada uno
por el hecho que es un ser humano y a partir del cual se puede explicar
lo que he llamado,con razón o sin ella, su desarrollo, es decir como ha logrado
ajustarse mas o menos bien a la sociedad.
Lo que me
sorprende es hasta que punto ignoramos como terminamos nosotros por encontrar
nuestro lugar aquí o allí -sin cálculo- porque estamos aspirados por algo.
Es cierto que
llegué a la medicina porque tenía la sospecha que las relaciones entre hombre
y mujer jugaban un rol determinante en los síntomas de los seres humanos.
Ello me impulsó progresivamente hacia aquéllos que no habían superado eso, en
tanto puede ciertamente decirse que la psicosis es una especie de falla en lo
que concierne al cumplimiento de lo que he llamado "amor".
En el dominio del
amor, la paciente de la que les hablaba podía seguramente tener mucho de
é1 en contra de la fatalidad. Y yo quisiera terminar con esta palabra . En la
palabra fatalidad -fatum- hay ya una suerte de prefiguración de la noción
misma de inconciente. Fatum viene, de fari, la misma raíz que en
infans, que naturalmente no se refiere como se lo supone comúnmente, a
alguien que no habla; a partir del momento en que sus primeras palabras han
cristalizado -cristalización material de eso que lo condiciona como ser humano-
no se puede decir que él es infans.
Ahora si alguien
quisiera responderme, consideraré que no he perdido mi tiempo en tanto lo invito
a decir la verdad. ¿Cómo ha llegado allí?, no veo porqué alguien dudaría
en decirlo.
Pueden
decir simplemente: pertenecía a una Asociación Psicoanalítica, pues
eso me parece una hermosa situación y me ha dado un trabajo no desagradable
en tanto interesa a todo el mundo ... Pero el fin de la verdad,
es que entre hombre y mujer eso no marcha.
(Preguntas
y respuestas continúan en la segunda parte)
Traducción:
Ana María Gómez.
Revisión y
destacados: Sergio Rocchietti.
Texto
publicado en Scilicet 6/7 (francés), editorial Seuil.
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