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BREVE ENCUENTRO ENTRE EDIPO Y LA ESFINGE

Sergio Rocchietti

 


Edipo y la Esfinge (Redon)

Edipo, anciano y ciego, caminaba por los polvorientos caminos de Grecia. Era de mañana y el sol, incandescente, secaba todo a su alrededor. De pronto escuchó su nombre.

Edipo: ¿Quién me llama?.

Esfinge: ¿Es que ya no reconoces mi voz, Edipo?. Soy la Esfinge.

Edipo: ¡Ah!. Tú de nuevo. Te creía muerta.

Esfinge: Eso creyeron muchos, pero se olvidaron que los animales mitológicos no mueren jamás.

Edipo: A pesar de mi infortunio éste es un encuentro que me hace feliz. Hace ya tanto tiempo que me hago esta pregunta, ¿podrás contestarla?.

Esfinge: Lo intentaré si así lo deseas.

Edipo: Lo deseo. Esta es la cuestión: ¿por qué no pude reconocer a mi madre?.

Esfinge: ¿Recuerdas cuál fue tu respuesta al enigma que yo planteaba?.

Edipo: Sí. Cuando tú me preguntaste cuál era el animal que por la mañana caminaba en cuatro patas, al mediodía en dos y al anochecer en tres, lo que yo te respondí fue, que era el hombre.

Esfinge: Fue en eso que te equivocaste, pues te olvidaste de la mujer.

Edipo: ¡Pero Esfinge!. ¿Cómo me dices eso?. Si todos saben que cuando uno dice "el hombre", lo dice en sentido genérico, es decir: el hombre y la mujer.

Esfinge: ¡Eso es lo que tú crees!.

 


Comentarios al autor: srocchietti@ciudad.com.ar

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