Una venta inquietante
(El dinero y sus historias II)
Vanesa Guerra
“ Estaba Jacob cocinando cuando
su hermano llegó del campo, muy agotado, pidiéndole del guiso rojizo
que preparaba, pues venía hambriento. Jacob le respondió: “véndeme
ahora mismo tus derechos de primogénito”-. Esaú le respondio: “Estoy
muriéndome de hambre, ¿qué me importan mis derechos de primogénito?”.
Jacob insistió: “Júramelo ahora mismo”. Y Esaú lo juró, vendiéndole
sus derechos.
Jacob
entonces dio a su hermano pan y un plato de lentejas. Este comió
y bebió y luego se marchó...”
Génesis 25, 27-33
Del mismo modo que Ricardo III hubiera cambiado su reino
por un caballo, Esaú ha canjeado el derecho de primogénito por un
sabroso plato de lentejas.
Podríamos tildar de oportunista a
Jacob, pero lo cierto es que dar valor a algo sin instancia de
mediación, implica lo subjetivo. El valor, en esos términos,
es subjetivo y lo subjetivo suele ser errante y equívoco.
Un contemporáneo del status de Ricardo
III no hubiese trocado reino por caballo. Y seguramente, Ricardo,
antes de la desesperación fatal y final tampoco.
Como fuera, el otro y sus productos
no nos deja intactos: lo vemos, lo padecemos, lo gozamos, lo disfrutamos,
lo…
Recuerdo algunas palabras de Fernando
Savater al respecto, lo para-cito un poco y lo comparto con ustedes:
“Lo que determina a Esaú para que elija el guiso y renuncie a
la herencia futura es la sombra de la muerte o si prefieres, el
desánimo producido por la brevedad de la vida”
Savater está hablando de la ética a su hijo Amador.
El patrón de valor
o una ley para el desorden del deseo
Según Victor Morgan, los orígenes del patrón de valor
refieren al momento en que el hombre comenzó a contabilizar sus propiedades.
Incluso, el autor propone que el nombre de los números está en conexión
con las partes del cuerpo humano o animal. De tal modo que la palabra
two (dos, en inglés) procede del nombre que los tibetanos daban
a las alas de los pájaros. Los chinos, en cambio, usaban "orejas"
y los hotentotes "manos".
No estaría demás pensar que el hombre tuvo que apropiarse
de su cuerpo para poder contarse.
El origen de contar con los dedos se
considera más antiguo que la misma historia escrita. Por ejemplo, los griegos tenían un sistema numeral basado
primero en el numero cinco y más tarde en el numero diez.
Cuando el hombre contabilizó sus propiedades supo que el
número de bueyes, cabras, ovejas, esposas y esclavos que tenía, le
daba una indicación de su poder dentro de la comunidad.
No obstante, el autor sugiere que el acto de contar sirve
para fines más sutiles que el simple señalamiento del status. Entonces
sostiene que el acto de contar es el origen de toda conducta racional
y recuerda, buscando el enlace, que la palabra racional procede del
latín ratio que significa cálculo.
Y es cierto, contar es una primera forma de nombrar,
diferenciar y ordenar.
Pero la dificultad la trae siempre el semejante, el vecino,
ese que es parecido pero que no se reduce nunca al Yo.
Podríamos darle ficción de esta manera: Si un remoto hombre
sintió poder por tener varios bueyes, solo fue posible porque
existiría otro remoto hombre que no tenía tantos bueyes y que tal
vez lo observaba en acecho desde lo alto de un cerro. Y ése que observaba,
probablemente, entendería que ese valle no era el propio y que sin
embargo le interesaba.
Digo: la idea de poder implica al menos dos (-y
un tercero fantaseado que sería uno de ellos apropiado de lo que el
otro tiene-) Nadie es poderoso en soledad. Si hay poder es porque
hay un no poder. Sino la idea se desvanece, es inaplicable. La diferencia
con el semejante busca siempre ser diluida, el ser tiende a lo igual.
Un modo de soportar la diferencia, de dar lugar a la diferencia, fue
buscar una medida en común. Ya que hay diferencia, tratemos de
buscar algo en común para poder medirlas, para poder hacerlas formar
parte de lo mismo.
Como vemos, la simple enumeración
de las posesiones físicas puede servir para dar una idea general de
la posición social de un hombre; pero en el momento en que se quiere
saber algo más, resulta necesario tener un denominador común
al que se puedan reducir las diferentes clases de posesiones.
A tal denominador se lo llama patrón de valor, o unidad
de cuenta (como segunda acepción).
La adopción de un patrón de valor se remonta por
lo menos a la misma época en que se adoptó un medio de pago común.
Ambos -patrón de valor y medio de pago- han quedado prácticamente
vinculados.
Quizá,
la finalidad estuviera en sus orígenes tan relacionada a la justicia
de un buen intercambio, como al egoísmo del deseo que suplica una
ley de regulación. No lo sabremos. De todas formas, el patrón de valor
emerge ante una necesidad que se presentó como impostergable y no
hubiera podido ser de otro modo.
Breves que ilustran
Patrón de valor para los griegos
·
Los
griegos homéricos calculaban el valor de las cosas en bueyes.
Se ha escrito que la armadura de Glauco valía más de cien bueyes
y que cada borla de oro del manto de la diosa Atenas tenía el valor
de cien .
·
En
los juegos del funeral de Patroclo, el vencedor de la lucha recibió
un gran caldero de tres pies que valía doce bueyes, según cálculos
de los aqueos. Mientras que al vencido se lo consoló con una mujer
completamente entrenada en el trabajo doméstico y valorada en cuatro
bueyes.
Patrón de valor para los egipcios
·
En
Egipto, el peso de cobre, al que se le daban diferentes denominaciones
uten, utnu, deben, tabnu- servía como patrón de valor mucho
antes que se adoptase el dinero como medio de pago.
Varios
·
Entre
los pueblos primitivos que han sobrevivido, los antropólogos han
encontrado una gran variedad de objetos que se utilizaban como patrón
de valor. Los cerdos de las Nuevas Hebridas, el arroz
en algunas partes de las Filipinas, los cocos en las Islas
Nicobares, los dientes de perros en las Almirantes y las
cauries entre diversas conchas en otros sitios.
(Normalmente esos objetos servían también como medio de pago,
aunque en las islas Pelew, los pagos se hacen en un sistema monetario
de perlas, mientras que los valores de las cosas se calculan
en una unidad de cuenta de diez canastas de taro, en relación con
las cuales se fija el valor de cada tipo de perla.)
Con la adopción de las monedas de metal como medio de pago,
la unidad principal de dinero corriente llegó también a ser generalmente
aceptada como la unidad principal de cuenta, como sucedió con el
dracma griego o el denario romano (La historia de
la moneda la retomaremos más adelante, al menos eso anhelo -siempre
y cuando el precio de esta web no aumente setecientas veces siete:
Estamos en Argentina, febrero del año 2002 después de Cristo)
Los medios de pago
Es muy probable que la complejización de las transacciones,
iniciara en el hombre la costumbre de calcular los precios tomando
como punto de referencia un artículo que le sirviera como medida,
y, por tanto es muy posible que esta medida se convirtiera con el
tiempo en un medio de cambio.
·
En
ciertos documentos babilónicos que datan del 3000 a C. se
hace una distinción legal entre bienes intercambiables o
bienes que podían pasar de una persona a otra con muy poco formalismo
y bienes no intercambiables, para los que se exigía un acto
de transferencia formal. Entre los bienes intercambiables
figuraba el oro, la plata, el plomo, el bronce , el cobre, la miel,
el ajonjoli, el aceite, el vino ,la cerveza, la levadura, la madera,
el cuero, los rollos de papiro y las armas, todo lo cual probablemente
servía en grados diferentes de intercambio.
·
En
otra partes del mundo parece que los primeros medios de pago fueron
ornamentos u objetos con significado ritual o religioso, incluyendo
modelos de utensilios y herramientas.
·
En
Japón, por ejemplo, se han encontrado cabezas de flechas
hechas de piedras semi-preciosas y en Nueva Guinea anzuelos
de madreperla.
·
En
las excavaciones llevadas a cabo en varias partes del norte de
Europa se han hallado hachas de piedra, demasiado frágiles y
pequeñas para cualquier uso práctico.
·
Otros
objetos muy comunes eran los anillos, espirales y ruedas de metal.
·
El
dinero ornamental más conocido y difundido fue la concha de cauri
que se usó como medio de pago en la India, en el Medio
Oriente y en China, continuando en circulación en gran
parte de Africa, Asia y en las Islas del Pacífico,
en un área desde Nigeria hasta Siam y desde Sudan
hasta Nuevas Hebridas.
·
Los
pueblos cazadores en el territorio de la Bahía de Hudson,
se sirvieron de pieles de bestias como las del castor.
·
En
Terranova, pueblo de pescadores, se utilizó el bacalao seco.
·
Los
pueblos agricultores utilizaron el trigo (origen del dracma)
u otros productos naturales como el cacao en América Central,
o el tabaco en Virginia, el azúcar en el Maryland,
telas de algodón de kachgar en el Indo Kousch, la sal y la
pólvora en Abisinia.
(
datos Espasa Calpe)
( El detalle:
Cuando los japoneses
invadieron Nueva Guinea en 1942 distribuyeron gratuitamente concha
de cauries, tal vez ignorando su función contemporánea.(¿?) De
modo que causaron un agudo descenso en su valor y según las palabras
de un funcionario perjudicaron la estabilidad económica y financiera
del distrito. (Morgan-))
A
esta altura se puede conjeturar e inferir que el medio de pago consistió
en un tipo de mercancía considerada escasa o tal vez rara en la
zona, de modo, que habría adquirido un valor intrínseco. Los entendidos
en el tema sostienen que el trueque, en sus dos formas consecutivas,
fue abandonado no solo porque era imprescindible lograr un valor
entre las mercancías que intercambiaban, sino porque frenaba el
desarrollo del comercio. De tal manera que en la medida que el intercambio
comercial fue intensificándose, hubo un pasaje que fue del trueque
al uso de objetos apreciados de manera general, y estos a su vez
dieron lugar al uso de los metales preciosos.
Para que el intercambio pudiera generalizarse
y expandirse entre los pueblos, era necesario disponer de signos
generales que todo el mundo pudiera tomar a cambio de los artículos
entregados y le fuese útil para otra transacción.
Originariamente, el valor del metal residía en su misma
cantidad y de allí que se los valuara por su peso. Sin embargo,
también se los valuó por los cortes de los lingotes, cuyo tamaño
se reducía a piezas cada vez mas pequeñas, con el fin de ampliar
su radio de circulación.
Aunque estas unidades no eran monedas, puesto que carecían
de la garantía de calidad y de peso acordada por el Estado, marcaron
una transición de la economía natural hacia la economía monetaria.
Indudablemente la humanidad estaba dando un gran salto
pues un patrón de valor implica una operación bastante compleja
que supone una abstracción, una representación y una equivalencia.
Para tratar este tema, nos remontaremos hasta el 2500 a.C.
A esa franja histórica, Caletti Alberto, la llama Época Premonetaria,
y les adelanto que transcurre en escenarios Chinos, Babilónicos,
Egipcios e Hindúes.
Hasta la próxima.
Relacionar con:
-Historias
del dinero. Primera parte. Vanesa Guerra
-El
peso de una vaca en oro. Historias del dinero, tercera parte. Vanesa
Guerra
Comentarios
al autor: vmalmsten@hotmail.com
Revista
Con-versiones 2001
|
|