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Una versión, quizás de Bacon, de un bosque de arrayanes

Luciana Prato

 

 

Tarde ventosa en los bosques del Llao-Llao. Del Llao-Llao que es dulce-dulce, dulzura de un hongo que se prueba y saborea.

Sabores, aromas, colores, sonidos, silencios. Es que en estos lugares los sentidos estallan, se excitan, se exacerba la sensibilidad. Y uno siente y cada vez se hiere el cuerpo y el alma y se marca.

Bosque de extensas lengas. Bosque interminable de lengas, lengas que son lenguas.
 

Lenguas que prueban el dulce del hongo que las habita, (dulce- dulce) y lenguas que lamen heridas de quienes están en el centro de esa geografía pulsional y tensa. O quizás sea que lo dulce sea también lo ácido, y se mezclen, en una fusión confusa. O lo putrefacto despida humores ácidos levemente dulces. O quizás sea lo dulce una envoltura que vela el dolor del arrayán que se ubica en medio. En el medio, entre medio y entre miedo de las lengas.

Arrayán de corteza fría. De frío líquido que circula por sus entrañas. Fría sangre, fría carne. Arrayán color sangre. Sangre fría y congelada que retuerce sus extremidades. ¿Qué extraña criatura es esta que viene de oscuro vientre del demonio?

Paradoja del árbol que es el único de corteza fría y que es de carne. Paradoja del árbol, paradoja de la vida y la muerte. De paradojas está constituido el mundo y el hombre. Somos cúmulo de paradojas y contradicciones. Pero en el caso del arrayán la paradoja existencial asume la forma de ser materia carnal viva y a la vez fría. El arrayán es carne porque es rojo, y a la vista cálido y su forma adquiere la de tejido carnoso vivo y lacerado. ¿Vio alguien alguna vez un arrayán tras las gafas de don Francis Bacon?.

En los troncos y formaciones, retuerce su carne torturada y doliente, el arrayán y quizás también Bacon. Dolor del tendón extendido, retorcidos músculos, extenuados cartílagos.

Desde la tierra la figura se eleva, la figura que es árbol, como ser baconiano, individuo deforme que en realidad es dividuo. Está escindido. ¿Quién no lo está? No existe el individuo, estamos divididos. Divididos por una historia desgarradora, en las pinturas de Bacon y también en los arrayanes.

Paradojas de Hollywood, que en sus fantasmagorías otorgan entidad vital y monstruosa a los árboles, pero jamás en esta versión, aunque con ciertas gafas pueda leerse de este modo y contradecir los finales felices holywoodenses. Paradojas.

El arrayán está allí y abre bocas horrorosas para tragar a los caminantes perdidos, o a los que no caminan y se quedan estancos, o a los que no se atreven a perderse y creen tomar siempre senderos predeterminados. ¿Quién está perdido? ¿Quién no está perdido? Todos estamos perdidos y siempre es más lo perdido que lo hallado, más lo no sido que lo sido.

De todas formas el arrayán deglute y supura trozos de carne triturada y líquidos fétidos de esos cuerpos divididos. Extiende brazos semi mutilados y malformados.

Y paradojas nuevamente. El arrayán come cuerpos perdidos y hallados o hallados-perdidos y a la vez es libado y deglutido por tumores malolientes y supurantes que viven en sus extremidades, tumores que liban la sangre fría de sus vasos y comen carne de arrayán.

Comer y ser comido.

Juego de tensiones torsiones que sostienen la existencia. Retorcerse y torcerse para evitar el dolor de los tumores que liban su semen frío. Contorsiones extremas que extienden al límite los tendones, los músculos. Torsiones de un cúmulo de carne, tendones, sangre que sufre la degeneración permanente de su cuerpo.

El cuerpo del arrayán, quizás, es mi cuerpo. Que contorsiona y tuerce su carne al extremo para intentar eludir la inevitabilidad de ser devorado por la muerte.

Por la muerte que son formaciones tumorales que se adosan a mi cuerpo y sorben mi sangre de a poco. Tumores que son marcas, mandatos. Tumores impuestos puestos en la carne destinada a la putrefacción.

Tumores-temores.

Muerte siempre muerte.


 

Notas:

Francis Bacon, pintor inglés, considerado uno de los más grandes del siglo XX, destacado por su tratamiento del cuerpo humano y del dolor que éste es posible de experimentar sólo por existir. Recomendamos, asimismo, ver la película "El amor es el diablo", que plantea un fragmento de la vida de Bacon y en su tratamiento fílmico se recrea la visión que tenía el pintor en sus cuadros, ubicando la lente delante de objetos que distorsionan la percepción visual, común, del mundo.

Arrayán: árbol de corteza fría que crece junto al agua en los climas fríos. Existen muy pocos bosques de ellos y uno se encuentra en Neuquén, Argentina, en la península de Quetrihué, otro más pequeño, se puede visitar en la provincia de Río Negro, a 24 km de Bariloche, en el vivero municipal que se encuentra detrás del hotel Llao-Llao.

 

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