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"... O peor"

Jacques Lacan

 

Título de una elección. Otros se ... uspiran (1). Yo pongo mi honor en no hacerlo. Se trata del sentido de una práctica que es el psicoanálisis.

Noto que he duplicado este seminario de otro intitulado "Saber del psicoanalista" llevado por el aire del sarcasmo que me inspiró Saint Anne, adonde había retornado.

En que mi título de Altos Estudios justificaría que París I-II donde era huésped he hablado del Uno,es lo que se hubiera podido demandarme en tanto fuera tácito.

Que a nadie se le haya ocurrido la idea depende del avance que se me acuerda en el campo del psicoanálisis.

Aquéllos que designo como se ... uspirar (s`...oupirer) es al uno a lo que ellos les porta.

Con respecto al resto, yo no había pensado en el Uno, pero a partir de decir que "existe el Uno", fui a los términos que su uso demuestra para hacer de ello psicoanálisis.

Es lo que ya está en el "Parménides", el diálogo de Platón (2), por una curiosa avanzada ya he indicado su lectura a mis oyentes, pero ¿la han hecho?. Quiero decir : ¿lo han leído como yo?. Ello no es indiferente teniendo en cuenta el presente.

La data del discurso analítico indica aplicarse sobre un real tal que el triángulo aritmético, matemático por excelencia, haga transmisible fuera de sentido, el análisis a partir del cual Frege (3) engendra el Uno del conjunto vacío, nacido de su tiempo, -o sea, donde él desliza en el equívoco del nombre de número cero para instaurar que cero y uno hacen dos. Desde allí Cantor (4) replantea toda la serie de los números enteros y reenvía el denumerable al primer infinito, nombrado aleph, el primer Un otro en reportar el corte del primero, aquél que de hecho, es el corte de los dos.

Es precisamente lo que Leibniz presentaba con su mónada, pero que falto de destrabarla del ser (5), dejaba en la confusión plotiniana (6) la cual aprovecha a la defensa e ilustración del amo.

Es donde se ... uspiran (s.'..oupirent) los analistas que no pueden habituarse a ser promovidos como abyección en el lugar definido de aquéllo que el Uno ocupa de derecho, con el agravante que este lugar es el del semejante, o sea, allí donde el ser hace la letra, como podría decirse.

¿Cómo se habituarían a aquéllo que está del lado del analizante si no fuera que el Uno se admite siendo lo que sea, puesto en el trabajo (conforme, más lejos)?.

Lo que aún soportan menos, es lo inconmovible del Uno en la ciencia moderna, no porque allí se mantenga el universo, sino, porque la constancia de la energía tiene allí su pivote, al punto que hasta los rechazos de la univocidad de la teoría de los cuantas, no refutan esta constancia unica, o hasta que la probabilidad promueva al Uno como el elemento más cercano a la naturaleza, lo cual es cómico.

Es que habituarse a estar en la abyección supone al analista enraizado de otro modo en una práctica que juega en otro real: aquel que es nuestra apuesta de decir.

Y es otra cosa, no menos que la distinción de que la abyección en el discurso científico tenga rango de verdad. Esto, manifiesto desde el origen en la histeria de Sócrates y en los efectos de la ciencia, volverá a tener vigencia más tarde de lo que se pueda imaginar.

Pero, ¿de que serviría retomar el al-menos-yo (au-moins-moi) de los analistas cuando es allí donde yo asesto el golpe?.

¿Por qué Freud debería dar cuenta de que vuestra hija fuera muda?. Esa es la complicidad que acabamos de señalar: la de la histeria en la ciencia. Por otra parte la cuestión no es la del descubrimiento del inconciente, que en lo simbólico tiene su materia preformada sino la de la creación del dispositivo por el cual lo real toca a lo real, o sea lo que he articulado como el discurso analítico.

Esta creación no podría producirse más que por una cierta tradición de la Escritura, cuya articulación está en sondear con lo que élla enuncia de la creación (7).

Resulta de éllo una segregación a la cual no me opongo, aunque prefiero una formación que se dirige a todo hombre, a pesar de que siguiendo mis fórmulas élla no incluya a no-toda mujer.

Esto no porque una mujer esté menos dotada para sostenerse allí, por el contrario, y justamente, porque ella no se ... ouspira (s' ... oupire) por el Uno, siendo del Otro, para tomar los términos del "Parménides" (2).

Para decir crudamente la verdad, lo que se inscribe a partir de los enunciados de Freud sobre la sexualidad es que no existe la relación sexual.

Esta fórmula produce sentido al resumir aquéllos. Pues si el goce sexual se inyecta tan lejos en las relaciones de aquél que toma ser de la palabra -pues eso es el ser parlante- no es que él no tenga al sexo como especificando un partenaire, alguna relación cuantificable, diría yo para indicar lo que exige la ciencia (y ésto es lo que ella aplica al animal).

Puede concebirse que la idea universitaria embrolla eso al clasificarlo de pansexualismo.

Entonces, en tanto la teoría del conocimiento fue durante largo tiempo metáfora de las relaciones del hombre a la mujer imaginada, es por oponerse a élla adonde se sitúa el discurso analítico (Freud rechaza a Jung).

Que el análisis tenga la tarea de hacer la crítica de los antiguos decires del amor es de lo que resulta la noción misma del inconciente, en tanto, que él se prueba como saber.

Lo que nos aporta la experiencia dispuesta del análisis, es que el menor sesgo del texto de los dichos del analizante nos ofrece una aprehensión más directa que el mito que no se admite más que por lo genérico en el lenguaje.

Esto es volver al estado civil, ciertamente; pero, ¿por qué no esta vía de humildad?.

Si no hay solidaridad -y nada más para avanzar- , entre la no-relación de los sexos y el hecho de que un ser sea parlante, esa es la manera también válida de los yerros de la conciencia por situar la supuesta obra maestra de la vida, élla misma como idea reproductriz, cuando, finalmente el sexo se liga a la muerte.

Desde allí, es en los nudos de lo simbólico que el intervalo situado de una no-relación será localizado en su orografía, la cual es el hacer mundo para el hombre, puede por otra parte decirse muro (mur) y procediendo del (a)muro (8).

De donde la palabra de orden que doy al analista de no descuidar la disciplina lingüística en el inicio de los dichos nudos.

Pero eso no es para el esquive, según el modo en que el discurso universitario, hace semblante del saber, lo que hay de real en ese campo cernido como lingüístico.

El significante Uno no es un significante entre otros, y él domina eso en que éllo no es más que del ser-dos de esos significantes por lo que se puede suponer el sujeto, según mi decir.

Pero es donde yo reconozco que este Uno no es más que el saber superior al sujeto, o sea inconciente, en tanto él se manifiesta como ex-istiendo -el saber, digo de un real del Uno-todo-sólo, todo sólo allí donde la relación se diría.

Sin perjuicio de que no exista más que cero de sentido, el significante por el cual el Otro se inscribe en el sujeto ser barrido, S (A barrado) yo escribo eso.

Es por ello que llamo nadas (9) a los Unos de una de las series laterales del triángulo de Pascal. Este Uno se repite pero no se totaliza por esta repetición: es lo que se aprende de las nadas de sentido hechas de no sentido, reconocibles en los sueños, lapsus, hasta en las palabras del sujeto, para que éste tenga noticias de ese inconciente que es el suyo.

Suyo como saber, y el saber como tal, afecta.

Pero, ¿qué?. Esta es la pregunta donde uno se equivoca.

No mi "sujeto" (aquel que he dicho hace un momento que constituye en su semejante, decía, su letra).

No el alma, lo que imaginan los imbéciles, o al menos lo dejan creer, cuando uno reencuentra al leerlos ese alma con la cual el hombre piensa, para Aristóteles (10). El alma que reconstruye un Uxküll bajo las apariencias de un Innenwelt que del Umwelt (11) es el trazo - retrato (12).

Yo digo que el saber afecta el cuerpo del ser que no hace ser más que de palabras, éllo por fragmentar su goce, por recortarlo, por donde al producir las caídas de las cuales yo hago el (a), a leerse objeto pequeña a, o bien abjeto (abjet), lo que se dirá cuando yo esté muerto, tiempo en el cual finalmente se me entenderá; o aún la (a) causa primera de su deseo.

Este cuerpo no es el sistema nervioso, aunque este sistema sirva al goce,en tanto que en el cuerpo él lo aparere la predación,o mejor al goce del Umwelt tomado a manera de presa, del Umwelt del cual no figura el trazo-por trazo (13) como se persiste en soñarlo a partir de un residuo de vigilia filosófica, cuya traducción en "afecto" marca al no analizado.

Es verdad, entonces que el trabajo (entre otros, del sueño) ocurre por pensar, calcular y hasta juzgar. El sabe lo que debe hacerse.Esta es su definición : él supone un "sujeto", es Der Arbeiter (14).

Lo que piensa, calcula y juzga es el goce y el goce siendo del Otro exige que la Una, aquélla que hace función del sujeto esté simplemente castrada, es decir, simbolizada por la función imaginaria que encarna la impotencia, dicho de otro modo: por el falo.

Se trata en el psicoanálisis de elevar la impotencia (aquélla que da razón del fantasma) a la imposibilidad lógica (aquélla que encarna lo real). Es decir de completar el lote de los signos donde se juega el fatum humano (15). Es suficiente saber contar hasta cuatro, el cuatro donde convergen las tres grandes operaciones numéricas : 2 + 2, 2 x 2 , 2 (al cuadrado).

Sin embargo, el Uno que yo sitúo en la no-relación no forma parte de esos cuatro, justamente, por no hacer de éllo más que el conjunto. No lo llamemos más la mónada sino el Un-decir en tanto que es de él de donde vienen a ex-istir aquéllos que in-sisten en la repetición, para la cual es necesario tres para fundarla (lo he dicho en otra parte) lo que va precisamente a aislar el sujeto de los cuatro al sustraerle su inconciente.

Es lo que el año deja en suspenso según lo ordinario del pensamiento que no se efectúa de ello, a pesar del goce.

De donde aparece que pensamiento, no procede mas que por vía ética. Es necesario aún meter la ética en el paso del psicoanálisis.

El Un-decir de saberse el Un-todo-sólo, ¿habla sólo?. No diálogo, he dicho, pero ese no-diálogo tiene su límite en la interpretación por donde se asegura el real, como para el número. De donde resulta que el análisis da vuelta el precepto de: bien hacer y dejar decir, al punto que el bien-decir satis-face, en tanto que no existe más-decir-de ello (plus-en dire) que responda el no-suficiente (pas-assez) .

Es lo que la lengua francesa ilustra del dicho: cuanto-bien (combien) para hacer cuestión de la cantidad.

Digamos que la interpretación del signo produce sentido a los efectos de significación que la batería significante del lenguaje sustituye a la relación que él no sabría cifrar.

Pero el signo en retorno produce goce por la cifra que permiten los significantes : es lo que hace el deseo del matemático, de cifrar más allá del gosentido (jouissens).

El signo es la obsesión que cede, hace ob-cesión (escrito con una c) en el goce que decide de una práctica.

Bendigo a aquéllos que me comentan por afrontar la tormenta que sostiene un pensamiento digno,o sea : por no contentarse de ser abatido en los senderos del mismo nombre.

Hagan estas líneas trazos de buena hora, a ellos, sin saberlo.

 


Notas :

(1) El verbo soupirer es empleado por J. Lacan de modo pronominal , creando de este modo el vocablo s´opirer, en consonancia con el título del seminario XIX "Ou pire" ("O peor") tìtulo también del presente escrito. En castellano las posibilidades de traducción podrían ser: "se empeoran", "se opeoran", "suspiran".

(2) Si bien las referencias de J.Lacan con respecto al diálogo de madurez de Platón "Parménides o de las ideas" estuvieron referidas al pensamiento de lo Uno y de su relación con lo Otro, será destacable que la acuñación lacaniana de "Hay lo Uno" (sem. XIX) se inscribe en una larga línea de pensamiento filosófico que va desde Parménides, Zenon y Meliso hasta Leibniz y que luego es retomada, no bajo su aspecto filosófico, sino lógico-matemático por Frege y otros. Recomendamos la lectura de los siguientes diálogos de Platón, que son los que mantienen una cantidad de correspondencias entre sí, por las temáticas planteadas, éstos diálogos son "Teeteto o de la episteme", "Parménides o del eidos" y "El Sofista o del Ser". Una demasiado somera sinopsis sería plantear que se trata de las relaciones, sean de oposición, complementareidad, u otras, suplementaridad diríamos ahora, que puede tener lo Uno con lo Múltiple, el Ser con el no-ser, la permanencia con el cambio; son varios los planteos que se entrecruzan y todos ellos de alta complejidad. Tanto G. Deleuze como A. Badiou retomaron estas cuestiones, a ellos los remitimos, especialmente al libro de Badiou, "El ser como acontecimiento", editorial Manantial.

(3) Para G.Frege ver "Fundamentos de la Aritmética", Editorial Laia. También el Seminario XII de J.Lacan "Problemas cruciales para el psicoanálisis" y "Significante y sutura" de J.A.Miller, editorial Siglo XXI, del mismo autor, "La lógica del significante" (seminario) en "Matemas II", editorial Manantial, en el mismo volumen se puede encontrar el artículo citado anteriormente con el título de "Sutura". Todos éstos desarrollos se inscriben en la línea mencionada anteriormente de "Hay lo Uno" pero llevadas al plano del sujeto del inconciente, enmarcada en la lógica, una lógica no formal, una lógica de trazos y huellas, determinaciones, sobredeterminaciones y efectos.

(4) Georg Cantor (1845-1918) es el creador de la teoría de los conjuntos y de los números transfinitos, aleph, por medio del cual trató de teorizar el continuo y el infinito con sus axiomas. Como vemos los temas filosóficos en las matemáticas toman otro sesgo que es aquél del cual se sirve J. Lacan en ocasiones.

(5) Para Leibniz y las mónadas ver "Principios de la Naturaleza y de la Gracia fundados en la Razón" y "Monadología" del mismo autor. San Hipólito adjudica a Pitágoras el haber hablado de la "primera mónada" o "primera unidad" (prote monás), entendía por ella la unidad fundamental y última de la cual derivan los números. Monás significa en griego sólo, solitario, único; en alguna ocasión también Platón llamó "mónadas" a las ideas, cada idea sería una mónada en tanto cada una de ellas sería una unidad. En la Patrística Dios Padre es monás, unidad, y henás, unicidad, (Orígenes), principio del cual deriva lo múltiple.

Kant también expuso una teoría monadológica en "Monadología física" (1756).

(6) Para Plotino y el Uno ver "Enéada tercera", Plotino, editorial Gredos. Tratado 8, Sobre la Naturaleza, la contemplación y el Uno. "Enéada quinta", tratado uno, Sobre las principales hipóstasis; tratado dos, Sobre el origen y el orden de las realidades que siguen al Primero; tratado 4, Acerca de cómo lo que está junto al Primero proviene de él, y sobre el Uno. "Enéada sexta", tratado 4 y 5, El ser que está en todas partes todo entero es uno sólo; tratado 6, Sobre los números; tratado 7, Sobre cómo ha tomado existencia la multiplicidad de las ideas y sobre el Bien; tratado 8, Sobre lo voluntario y sobre la voluntad del Uno; tratado 9, Sobre el Bien o el Uno.

(7) Consideramos que se trata de la cábala, ver "La Cábala y su simbolismo", G. Scholem, editorial Siglo XXI.

(8) El muro (mur), el amor (amour) son homófonos en francés, a ellos le agrega J.L. el objeto causa, el (a) para establecer una relación entre los tres. Para amor, ver los seminarios "El saber del psicoanalista" y "Aún", J. Lacan.

(9) Nota del autor: Precisiones: la mónada es luego el Uno que se sabe completamente sólo, punto de real de producto vacío; la nada, es el producto vacío insistiendo, resta la hénada inaccesible, el aleph cero de la continuación de los numeros enteros, porque los dos que lo inauguran simbolizan en la lengua el sujeto supuesto saber. (Nota de revisor: hénada, vocablo introducido por Platón y retomado por Proclo, "Instituciones Teológicas", es traducido por Orígenes como "unicidad" a diferencia de mónada, "unidad").

(10) Ver "Del Alma" (Peri Psiché), Aristóteles, editorial Gredos.

(11) El biólogo von Uxküll establece la distinción y correspondencia entre el mundo interno, Innenwelt, y el mundo externo, Umwelt; para J.L. no existe tal correspondencia en el humano.

(12) Juego de consonancias entre trait, trazo, y portrait, por trazo, retrato.

(13) Trazo por trazo, trait pour trait.

(14) El Trabajador.

(15) Fatum humano, destino humano.

Texto aparecido en "Scilicet 5", editorial Seuil, 1975.

 

Traducción: Ana María Gómez.
Revisión y notas: Sergio Rocchietti.

 

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