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Reportaje
a Sergio Givone
(S.G. es un filósofo italiano,
autor de una interesante "Historia de la nada",
editorial Adriana Hidalgo; preguntas de C.Martyniuk, para el diario Clarín,
7 de octubre de 2001; selección S.R.).
-¿La historia de la racionalidad occidental podría ser concebida como la
historia del olvido de la nada?
La filosofía occidental parte de la prohibición de Parménides de pensar la
nada, porque se caería en la contradicción de pensar en algo que no es. Esa
interdicción pasa de la metafísica a la lógica y llega a la ciencia. Pero en el
hombre hay una nostalgia profunda de sentido. Y para plantearme la pregunta
sobre el sentido necesitamos un pensamiento del lado oscuro del ser. Solamente
si existe la nada, el ser es pensable como algo que es como es, pero que también
podría ser de otro modo.
-
Esta visión de la nada, ¿qué consecuencias políticas trae?
Este pensamiento se encuentra, en la mitad de dos extremos: el nihilismo
y, llamémoslo así, el absolutismo.
El nihilismo, ante categorías como libertad y justicia, conduce
al conformismo. La justicia, así, sería la aprobación de los valores
que la sociedad considera justos. Se trata de la aceptación del
mundo como es. Por otro lado, hay un pensamiento de la identidad
para el cual la justicia y la verdad son puestas en un mundo eterno
e inmutable. Ante estas posturas, el pensamiento trágico expresa
la condición de quien, no teniendo su destino ya escrito, está llamado
a decidir y no dejarse arrastrar. He ahí el problema: pensar la
justicia y la verdad como experiencias finitas, aquí y ahora. Medea,
en la obra de Eurípides, asesinó a sus hijos, realizó un acto aterrador,
y el coro asiente, pero antes de condenarla dice: reflexionemos
porque incluso ahí podría haberse manifestado la justicia. Ese es
el pensamiento: también allí podría. Es decir, la justicia existe
sólo en la situación concreta. Y expuestos a la libertad, está en
nosotros buscar la justicia en cada oportunidad. ¿Qué es justo?
¿Vengarse? Hay un problema abierto. Y trágico es pensar que la justicia
puede ser aquí de un modo y allá de otro.
-¿Qué vinculación se podría establecer entre la representación
de la nada y la representación de Auschwitz y los desaparecidos
en Argentina?
Desde el punto de vista rigurosamente lógico la nada es absolutamente
irrepresentable. Aunque necesitamos la nada para comprender la libertad.
Pero es también aniquilación, destrucción, vacío, ausencia de vida.
Nosotros vemos, experimentamos la nada en su profunda negatividad.
Y así encontramos que la figura del desaparecido es algo aún más
tremendo que la del aniquilado, ya que le fue quitada también la
representabilidad de la muerte.
- Entre la ciencia, imposibilitada de preguntar por el sentido,
y el arte que sólo lo muestra, ¿qué queda de la filosofía?
La filosofía en sí es vacía, y su tarea es escuchar lo que sucede
en el ámbito de la ciencia, del arte y también en el ámbito de los
sentimientos de los hombres y en las relaciones humanas. La
filosofía es un relato de suspenso, pero de un tipo particular,
porque sigue siendo interesante aún después de descubrirse el final.
¿Cuál es el mayor asesinato realizado en el mundo occidental? El
asesinato de Dios. Y sabemos quién lo asesinó: fue el hombre, en
el sentido de que se dio cuenta de que no necesitaba más a Dios,
que el centro de su vida estaba en otra parte. Se puede creer, pero
ya dejó de ser el centro de la vida. ¿Matamos a Dios, lo dejamos
atrás, y lo olvidamos? No, porque sólo a partir de aclarar qué sucedió,
podemos arrojar luz sobre nuestra existencia. La vida, justamente
porque está destinada a terminar en la nada, porque es frágil y
efímera es la cosa más preciosa que existe. Si fuésemos eternos
no sería pensable tener piedad unos de otros, y por ende, comprendernos
y amarnos. Nosotros nos amamos porque sabemos que moriremos.
-¿Cree que el ataque terrorista a EE.UU., que ha sembrado la
sensación de vulnerabilidad y de fragilidad, puede generar un cambio
en la manera de representar la vida y de comprender a los otros?
Ojalá así fuera, pero los signos que hay van en otra dirección.
Los signos van en la dirección de una reafirmación del bien contra
el mal, de la presunta verdad o de la presunta justicia contra la
injusticia, como si tuviéramos miedo de tener en cuenta realmente
nuestra fragilidad, sea aceptar supinamente el delito, la violencia,
pero sin comprender que oponerse a la violencia con la violencia
nunca dio resultado. En esa idea que nos domina -que no es sólo
norteamericana, sino muy occidental- de poder encontrar un fundamento
sólido, definitivo, de encontrar una confirmación a nuestras certezas,
yo advierto un enorme peligro. Por eso me resultaron atinadas la
afirmación de Romano Prodi, el presidente de la Unión Europea, que
dijo que este acto criminal debemos juzgarlo como un hecho inaceptable,
intolerable, pero debemos evitar que se convierta en un pretexto
para la división del mundo entre buenos y malos porque entonces,
en ese punto, todos seremos malos, todos culpables.
Selección y destacados: S.R.
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