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¿Qué es un niño? ¿Qué es un adolescente?

Sergio Rocchietti

 

Estas dos preguntas van a enmarcar mi exposición, y voy a ir muy lejos pero trataré de volver enseguida, aunque tarde un poco en hacerlo.

Vayamos lejos, la vida como hecho biológico puede considerarse microscópicamente y aún más, molecular o -si me permiten el neologismo- atomísticamente, y todos estos procesos de transformación y energía, ya sean físico-químicos, magnéticos, eléctricos o gravitacionales nos llevan a una perspectiva cosmológica (el origen y el desarrollo del universo) lo cual también nos indica un lugar, el que ocupamos, temporo-espacial, y luego, singularmente, en la vida. Pero no es nuestra intención hacer cosmología, la mencionamos para proponerla como un lugar a considerar. Sí, podemos agregar, que a veces puede ser una explicación somera la que necesitamos de ella para ubicarnos mejor a nosotros mismos. Lo dejo planteado.

Si no queremos ir tan lejos tenemos el estudio de lo orgánico, o el trabajo en relación con la existencia; la propuesta debería ser: lo orgánico y la existencia, aunque sea en la situación del provenir de allí. Digámoslo así: nuestro lugar de proveniencia es lo orgánico; pero no nos quedamos allí, y es precisamente aquí que comienzan nuestros problemas. Destaquemos la diferencia que vamos a poder establecer, posteriormente, entre problemas y problematicidad. Comienzan nuestros problemas que van a continuar como problemas si no alcanzamos a postular la problematicidad de la existencia. Un problema será un lugar de detención en lo individual, la problematicidad es una función ineludible de lo que se plantea como interrogación. Casi nos atrevemos a agregar que, el problema no resuelto en lo individual llevará el destino de transformarse en síntoma.

La vida considerada como existencia plantea una problemática distinta a la vida considerada en la biología, lo cual es una agregación reduplicante ya que bíos significa vida, resolvamos esto, simplemente, hablando de situación: un organismo en situación y sabiéndose mortal está ya en la existencia.

Un organismo en situación siente su originalidad, y dejo establecido aquí un punto al que deberemos retornar, siente, no sabe de su originalidad y además, acepto la ambigüedad de la palabra originalidad que nos envía a la singularidad de ese organismo y además a que ese organismo -elemento viviente- ha sido originado. El punto de retorno lo deberá hacer en la singularidad de la existencia para hacer, ese hombre o mujer, apropiación de su singularidad y de su origen-originalidad.

Ahora podemos ver, quizás claramente, como se separa el hecho biológico del hecho existencial. Y ubicamos lo existencial con relación a dos cuestiones que ahora desarrollaremos brevemente. Uno, la situación y dos, la problematicidad.

La situación. Esta consiste en lo siguiente: determinación y azar, en términos freudianos "las series complementarias". Si tratamos de introducir algunas precisiones más en estas series podremos hablar de secuencias, no continuaremos en este camino porque nos deberíamos a abocar a temas estrictamente específicos de lo individual. Digamos simplemente, que las determinaciones constan en los lugares de intersección entre lo temporal y lo espacial, y esto es así en la secuencia inicial, luego ya se tratará de otros elementos, además de los mencionados, los que nos proveerán de determinaciones. Ahora bien, traduzcamos esto a las prácticas: ¿dónde nacimos?, ¿a partir de quienes?, ¿cuándo?, ¿qué tiempo nos ha tocado vivir?, ¿qué nos han transmitido?, ¿qué no nos han transmitido?; éstos y muchos otros más son los modos interrogativos en los cuales podemos asentar las determinaciones para que en vez de problemas adquieran su problematicidad. Este modo interrogativo sólo puede ser llevado a cabo por el interrogador y él puede ser acompañado por aquéllos que elija.

El azar nos lanza a las situaciones vividas e intersectadas con las determinaciones que, como consecuencia, generan efectos. Efectos con los cuales y de los cuales provenimos. La pregunta que podemos plantear aquí es: ¿cómo hemos podido participar, en qué medida, en que grado, de estos sucesos (azares) y determinaciones (proveniencia)? ; y también, ¿en qué condiciones de traza hemos quedado?, ¿qué marcas, huellas, se han impreso en nosotros?, que como tales constituirán las futuras determinaciones y nos propulsarán, o no, a otros azares.

La problematicidad. Esta comienza en el hecho de la pregunta. Y la pregunta, o las preguntas, siempre van a remitir a la subjetividad que pude construirse a partir de ellas, de esas mismas preguntas. Al estar inmersos en un universo simbólico, en el cual las cosas no son solamente cosas sino cosas y palabras, las cosas dejan de ser para representar, ser y dejar de ser. Presentación, representación, rupturas, sustituciones e intercambios giran y producen, provocan y convocan. Al estar inmersos -nosotros- en y entre los símbolos (lenguaje) nuestras condiciones de facticidad no son ni simples, ni sencillas.

La problematicidad no es "hacerse problemas" por un puro ejercicio intelectual sino que es algo a lo cual estamos destinados por el uso de esos mismo símbolos (el hombre es un "animal hablante"; ser de palabras). Aquí nos estamos refiriendo a los símbolos en y del lenguaje, y si bien hemos dicho que la problematicidad se genera en un comienzo en el hecho de la pregunta, y con mayor precisión, en el preguntarse, no consiste en el mero hecho de preguntarse. Con las preguntas podemos hacer muchas cosas, no atenderlas, no plantearlas, no llevarlas demasiado lejos.

La problematicidad consiste en plantear preguntas -nótese el plural- en intentar responderlas, y en sacar las consecuencias de nuestras preguntas y respuestas. Dejo a un lado las explicitaciones de lo que serían las consecuencias, pero no puedo dejar de hacer consonancia de las consecuencias con las secuencias, mencionadas anteriormente.

Otro aspecto a considerar será si esas preguntas son nuestras o no y agreguemos cuál será la validez y la validez temporal -son lugares a distinguir- de estas respuestas.

Detenernos en las consecuencias sería abrir los criterios de verdad y acción que implican al trayecto: preguntas, respuestas, consecuencias.

Como se puede apreciar, de ningún modo hemos definido las preguntas que originaron nuestro desarrollo. Lo que hemos hecho es enmarcar el lugar desde donde esas preguntas pueden ser realizadas. Y pueden ser realizadas, precisamente, no en un pretendido lugar universal, para decirlo con rigor lógico, en un universal, un universal niño o adolescente, sino que deben ser realizadas, efectivamente, a aquel que es un niño o que es un adolescente. Al que está en frente mío en ese momento. Lo universal de la teoría cae por la actualidad del instante.

Podrán plantear ustedes que ya hay saberes sedimentados que nos darían la caracterización y las definiciones pertinentes de lo que son un niño y un adolescente. Pero son justamente las perspectivas que quiero evitar, no lo haré del todo, pero también pueden apreciar, ya, cual es el sesgo de nuestra formulación, que es estructural, y en una peculiar consideración de lo estructural.

Las preguntas: ¿qué es un niño? ¿Qué es un adolescente?, se reformulan para nosotros, en nuestras diversas prácticas, del siguiente modo: ¿quién es este niño? ¿Quién es este adolescente?, producto ¿de qué familia?, resultado ¿de qué deseos?, por supuesto, deseos inconcientes, no anhelos o quereres.

Son estas formulaciones las que, a mi entender, merecen ser consideradas. Encuentren ustedes las inherentes a sus diversos quehaceres.

Merecen ser consideradas en sus aspectos de pregunta, preguntas ligadas a la existencia. Preguntas que merecen ser consideradas en su ligazón a existencias singulares. No universales. La existencia universal lleva el nombre de Dios. ¿Por qué este merecimiento? Porque nuestros saberes se desvanecen -debiera decir en rigor, nuestros conoceres- cuando aparece la singularidad. Habitualmente no lo hacemos, dejar que ocurra este desvanecimiento, ¿por qué?, porque habitualmente estamos acostumbrados a lo habitual. A lo habitual de interponer el saber entre el yo y la singularidad. La singularidad destacable en este otro y no en lo anodino de cualquier otro. Lo anodino de cualquier otro es una nota más de lo universal mencionado anteriormente, pero ahora, en lo habitual de nuestra cotidianidad.

Dice Freud: el niño es un perverso polimorfo; que nosotros recortemos el contexto de su afirmación, que tampoco es exacta, pero considerémosla igual así, es realizar una operación de lectura por demás riesgosa, que trasladará esos mismos riesgos al quehacer.

Decir junto con J. Lacan: el niño es un sujeto, no es decir nada sino agregamos a continuación, ¿a qué está sujeto?.

Pasemos al adolescente. Está frente a dos inmensas tareas, recibir las modificaciones de su cuerpo (real orgánico) con su correlato en el ámbito fantasmático, realizar o dejar que se realice en él, la elección definitiva de objeto, lo que trae como tarea la modificación de las teorías sexuales infantiles. La segunda tarea consiste en "el desasimiento de la autoridad paterna", lo que trae como correlato la modificación de la "novela familiar" y además, como corolario, la apertura y participación "en el mundo" de un modo diferente al del niño.

Estos dos aspectos resumidos y simplificados, quizás en demasía, son los que permiten percibir un inicio del sesgo estructural.

Hemos tratado de dejar establecida la diferencia entre el hecho biológico y el hecho existencial. Le agregaremos ahora algunas características a ambos.

El hecho biológico es un real que al tratarlo la ciencia deja necesariamente de lado al hecho existencial por una inherente imposibilidad gnoseológica, en tanto objeto de estudio, o por una imposibilidad metodológica, en tanto objetivo de método.

El hecho existencial se inserta en un relato. Es un relato, abre una dimensión histórica y por lo tanto nos hace realizar una consideración del tiempo distinta a la sucesión: pasado, presente, futuro; abre hacia una dimensión inconciente y por lo tanto también abre hacia una consideración del espacio, de los espacios escenográficos (fantasía) y pliegues del aparato psíquico.

Nuestros puntos de interrogación, ¿qué es un niño? ¿qué es un adolescente?, dependen de una consideración especial del hecho existencial, desde allí ninguna respuesta en general puede ser emitida y esto nos obliga a tomar en cuenta, seriamente, la particularidad, o si ustedes prefieren, lo singular de cada existencia.

 


Comentarios al autor: srocchietti@ciudad.com.ar

 

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