Bazar
freudiano
Sergio
Rocchietti
"De
todo como en botica", "la Biblia junto al calefón",
o "como en la feria americana" son expresiones que
se utilizan para dar una imagen de desorden y a la vez, aunque
no reparemos en ello, esa imagen habla de un secreto encanto
por lo diverso y lo valioso escondido en tales lugares.
El bazar,
pronúnciese si es posible en árabe, con una b suave que se prolonga labialmente
junto con la a, una zeta silabeante y una ere casi inaudible, es una invención
milenaria de Oriente, punto de encuentro que designa en nuestra significación
occidental algo así como un mercado, pero toda traducción traiciona y malamente;
una palabra no alcanza a hacer surgir ante nosotros lo que en una ciudad de
Africa o Asia, sin ir tan lejos de Bolivia o Perú, al entrar en el "bazar", esa
parte de la ciudad dedicada a la circulación, oferta, trueque, regateo y compra,
la multiplicidad viviente de seres y objetos trae como sensación a nuestro
avasallado cuerpo. Esta es la primera impresión, que puede tardar mucho tiempo
en irse, la de sentirse excedido por la multiplicación casi infinita, de seres y
cosas, y todas en movimiento. Cuando puede llegar la segunda impresión es
también cuando ha pasado cierto tiempo, y el bazar, la medina, o el zoco, han
adquirido la calidad de recuerdo a los cuales se atesora con cariño y se quiere
volver a esos espacios, que una vez hasta pudieron ser hostiles. El tiempo ha
cumplido su obra, si se la dejamos hacer, y este retorno es amable.
Cuando ingresamos
en la obra de un autor por primera vez podemos llegar a tener la misma impresión
que cuando entramos en un bazar. Multiplicados los objetos, desconocidos los
aromas, ignorantes de las señales y atrapados en los laberintos angostos de las
callejuelas, irremediablemente nos perdemos. Pero como se ha escrito, a veces
"el único atajo es perderse", si no nos atrevemos a ingresar ni siquiera
tendremos la posibilidad de perdernos. Y, entonces, nuestra pérdida será aún
mayor, y no puedo dejar de preguntarme: ¿de dónde provendrá tal temor ante las
pérdidas?, ¿tendrá alguna influencia nuestra "querida" cultura occidental, por
ejemplo, en relación a lo que se genera en derredor a las "perdidas y
ganancias"?. Reparemos en esto, el temor se siente en el cuerpo, luego la
pérdida de la cual hablamos al suponer una sensación de vértigo, llamémosla así,
al ingresar en un bazar o al entrar en el texto de un autor, ¿no será la
manifestación de que eso que podemos llegar a perder es a nosotros mismos, o
algo nuestro?.
Cada uno dirá su
respuesta y de sus posibilidades de haberse perdido y de perderse, o no. No
estamos dispuestos a perdernos en cualquier momento, no estamos en la
disposición, siempre, de dejar de ser quienes somos y arriesgarnos a lo
desconocido de lo por venir, a veces necesitamos permanecer, es lógico. Hay
vértigo y reposo y a menudo el vértigo es rechazado con fervor inusitado, es
comprensible. Platón, el filósofo, nos menciona en dos ocasiones la palabra
vértigo, en dos de sus diálogos, el "Menón" y el "Teeteto", y siempre la
relaciona a la sensación que puede sentir alguien que descubre que hay un
espacio inmenso frente a sí y ese espacio es un espacio de un saber posible de
ser adquirido, Platón nos hubiera dicho un saber posible de ser recordado por
nuestra alma, mas lo interesante para nosotros, es reparar en esa sensación de
shock, habla incluso de la descarga que puede darnos el pez torpedo para
ejemplificarlo.
Alguna vez
alguien me dijo viendo la apretada escritura contenida en un libro de filosofía,
que tenía muy pocos puntos aparte y largos párrafos: "está lleno de palabras".
Esta es justamente la sensación de vértigo a la cual nos estamos refiriendo, un
vértigo que puede aparecer también en lo abigarrado y no sólo en lo despejado,
un vértigo que puede aparecer entre la multitud, ante lo que aún no tiene
señales, señales reconocibles para nosotros. Bien, pero no estamos aquí.
El nuestro es un
amable retorno a la posibilidad de encontrar en el bazar esas "pequeñas
cositas", casi delicatessen que nos ofrezcan un sabor diferente y una pequeña
perspectiva aún no contemplada en la obra de Sigmund Freud, en la consideración
de sus epistolarios, en los testimonios ofrecidos por otros de su vida, o de
todo lo que se pueda hacer entrar a este bazar. La puerta esta abierta.
Bazar uno:
"La gata narcisista".
En la
"Introducción del narcisismo", 1914, escribe Freud acerca de ciertas mujeres:
"Su necesidad no se sacia amando, sino siendo amadas, y se prendan del hombre
que les colma esa necesidad. La importancia de este tipo de mujer para la vida
amorosa de los seres humanos ha de tasarse en mucho. Tales mujeres poseen el
máximo atractivo, y no sólo por razones estéticas (pues suelen ser las más
hermosas); también a consecuencia de interesantes constelaciones psicológicas.
En efecto, con particular nitidez se evidencia que el narcisismo de una persona
despliega gran atracción sobre otras que han desistido de la dimensión plena de
su narcisismo propio y andan en requerimiento del amor de objeto; el atractivo
del niño reside en buena parte en su narcisismo, en su complacencia consigo
mismo y en su inaccesibilidad, lo mismo que el de ciertos animales que no
parecen hacer caso de nosotros, como los gatos y algunos grandes carniceros; y
aún el criminal célebre y el humorista subyugan nuestro interés, en la
figuración literaria, por la congruencia narcisista con que saben alejar de sí
todo cuanto pueda empequeñecer su yo".
Vamos a dejar la
interesante serie que se podría establecer entre ciertas mujeres, los niños, los
gatos, los grandes carniceros, los criminales célebres y los humoristas para
detenernos en los gatos, en especial la gata que parece haber inspirado a Freud
su inclusión en este texto.
En el libro
"Aprendiendo con Freud" de Lou Andreas-Salomé, un pequeño diario de notas que
ella escribió de su estancia en Viena, encontramos lo siguiente: "La tarde del
domingo ( 2 de febrero de 1913), hasta el anochecer, en casa de Freud. Esta vez
con una conversación mucho más personal, en que me ha hablado de su vida... Lo
que personalmente más me ha encantado ha sido la historia de la 'gata
narcisista'. Cuando todavía tenía Freud su despacho en la planta baja, se
introdujo a través de la ventana abierta y despertó en él, que no poseía un
especial amor por los perros, gatos u otros animales, enconados sentimientos,
especialmente al descender del sofá, donde se había acomodado, y ponerse a
examinar las antigüedades que provisionalmente habían quedado en el suelo; no se
atrevió a ahuyentarla por no provocar en ella movimientos bruscos entre tesoros
tan estimados. Pero al proseguir la gata su satisfactoria y ronroneante
excursión arqueológica, sin causar el más mínimo daño gracias a sus ágiles
modos, se reblandeció su corazón hasta el punto de hacerle traer leche. A pesar
del amor y de la admiración crecientes de que él daba muestras, no pareció
apercibirse de ello, limitándose a clavar en él las más frías y oblicuas pupilas
de sus verdes ojos como sobre un objeto cualquiera, y si quería obtener de ella
algo más que su ronroneo egoísta y narcisista, debía bajar el pie que tenía
cómodamente apoyado sobre el diván y atraer su atención mediante los más mágicos
y ocurrentes movimientos de la punta de su bota. Estas desiguales relaciones
duraban ya mucho tiempo sin haberse modificado lo más mínimo, cuando un día
descubrió a la gata enfebrecida y jadeante sobre el sofá; y aunque recibió los
mayores cuidados arropándola y demás, sucumbió a una neumonía, sin dejar tras de
sí más que el símbolo, plácido y juguetón, del más auténtico egoísmo".
Como estamos en
un bazar el regateo es ley y no vamos a abundar en interpretaciones, es más las
reduciremos al mínimo, sólo queremos destacar que es una historia contada por
Freud, lo cual nos hace inferir que el título de "gata narcisista" fue otorgado
por el mismo Freud, elegimos conservarlo para este bazar uno. Otra indicación es
que Freud estaba frente a Lou Andreas-Salomé, una mujer de extraordinaria
belleza e inteligencia, que había viajado a Viena en el año 1912 para estudiar
psicoanálisis con su creador y el grupo (¡¿de facinerosos?!, era ¡1912!) que lo
acompañaba. Esta mujer había enamorado a Nietzsche y a Rilke, y posteriormente
escribirá numerosas contribuciones a la teoría psicoanalítica, algunas
especialmente en el terreno del narcisismo.
Dos preguntas con
algunas pistas: ¿qué hizo la gata para seducir a Freud?. La respuesta puede
surgir de una atenta lectura del diario citado anteriormente o relacionando ese
fragmento de relato con alguna foto del gabinete de trabajo de Freud.
Segunda pregunta,
ésta es un poco más teórica y atrevida en su posible respuesta, ¿por qué murió
la gata?. Aunque también Lou nos da alguna indicación, especialmente en el
párrafo final, la clave que consideramos está en la parte dos del texto de Freud,
"Introducción del narcisismo" en los versos de H.Heine.
Referencias
bibliográficas:
"Introducción
del narcisismo", S.Freud, editorial Amorrortu, tomo XIV,
Pags. 85-86.
"Aprendiendo con Freud", L. Andreas-Salomé, editorial
Laertes, Pags. 87-88.
Relacionar
con :
Recuerdos de Freud (1936) - Lou Andreas
Salomé >>>
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al autor: srocchietti@ciudad.com.ar
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