|
"Mi
cuerpo grita..."
Juan
Pablo Capdevielle
Psicoanalista
Una
vez escuché esta frase de un analizante, y se constituyó a partir de ese momento
lo que daré en llamar “un caso”. Me serviré del mismo para desarrollar algunas
cuestiones que harán reflexionar sobre el tema que nos competen en el presente
link.
Allá vamos...
Qué quiere decir un sujeto cuando enuncia que su cuerpo grita?
Cómo comenzar a pensarlo?
Comencemos por realizar un análisis sintáctico de la oración, y encontramos los
siguientes elementos:
- sujeto: MI CUERPO- Mi: Modificador directo, cuerpo: Núcleo del
sujeto
- predicado: GRITA- grita: Verbo núcleo del predicado. Un verbo
sin modificador alguno, sin objeto: no hay qué grita ( no hay objeto directo),
no hay a quién grita ( es decir que no hay un objeto indirecto).
Por lo tanto hasta ahora lo que podemos deducir,
es que no encontramos en la frase de la que me sirvo para desarrollar el
presente trabajo, qué grita ó a quién le grita este cuerpo que de hecho sí tiene
pertenencia, mucho menos qué le grita...
Si bien en la frase “Mi cuerpo grita”, desde un orden sintáctico hay sujeto, en
la oración misma no está el sujeto (digo el sujeto efecto del lenguaje - quien
habla- el poseedor de ese cuerpo), simplemente hay un portador que transmite una
descripción sonora de algo que le es propio, pero que “habla ó grita”
autónomamente. Ese cuerpo que grita, cobra subjetividad -si pudiera enunciarse
de este modo-. Pero...
¿ Cómo es posible que un cuerpo en tanto portador
de un ánima, de un conjunto de aparatos y sistemas, grite por sí mismo?
¿Lenguaje
corporal?
De hecho, sí hay
una gramática, sobre eso venimos pensando, es una gramática particular, en este
caso lo particular no hace al sujeto, hace al cuerpo: “Gramática del cuerpo “.
Si avanzamos un poco más, la voz que enuncia “Mi cuerpo grita” pertenece a lo
que biológicamente hablando se da en llamar un hombre: Digo esto dado que pensar
en la posición masculina es sustancialmente distinto pues el goce masculino es
de la parte, y en el caso en que me sirvo para hablar, hay un goce en juego sin
definir que no pasa por una parte , sino por cualquier parte, sea la cabeza, sea
la nariz, sea el estómago, ó el dolor de un apéndice ó de una hernia, que
existieron solo para la realidad del sujeto y no para la realidad médica.
Entonces un goce que se esperaba escuchar fuera del cuerpo, hace retorno aquí
en el cuerpo.
Es un cuerpo que demanda, un cuerpo desorganizado
que pide cuidados especiales que restan parte de la vida del portador de ese
cuerpo, a pesar de otorgarle un sentido a su vida, siendo este cuerpo
considerado como exterior para el psiquismo.
Una vez, otra
vez, ese cuerpo dejó de gritar, y su dueño dejó de hablar, si bien siguió
concurriendo en su horario a su tratamiento para relatar su cotidiana vida,
tiempos de grandes desconciertos, en los que tuvo que producirse algo así como
una formal presentación entre partes: Sujeto y cuerpo, cuerpo y alma, mente y
cuerpo, ó como cada uno pueda imaginárselo; hasta que pudo tomar “partido”
recortar su parte en tanto goce, interiorizándose por su manera de gozar,
apropiándose de su propio cuerpo y de sus propiedades. La frase en el día de hoy
pudo modificarse convirtiéndose en “hoy ya no grito con mi cuerpo, hablo
yo”...
Con el arribo de la última frase, podemos analizar
una de las múltiples facetas a las que vamos a enfrentarnos cada vez que
hablemos de cuerpo...
Hasta
la próxima!
Revista
Con-versiones
|
|