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En
trance (Versiones del éxtasis)
Sergio
Rocchietti
Por
Rimbaud y Baudelaire en búsqueda de los paraísos artificiales.
Para
L.
Una noche, hace ya mucho
tiempo, bebí una poción extraña, mágica quizá. Como resultado de lo que
aconteció quedó el siguiente escrito que "yo" no realicé:
"Una de mis
preocupaciones principales es la conciencia, asistí al nacimiento de la
conciencia; ella es la reunión, dicho de otro modo, es un puño que
aprieta.
No quiero que
me vean. Siento que es necesario retroceder a la soledad, ella es el inicio y el
fin (nacimiento y muerte).
El tiempo
se dilata, San Agustín tenía razón; el tiempo sólo es la distensión del alma, en
este caso la conciencia es tiempo de la percepción de lo que sucede en el
cuerpo, con el cuerpo. Los estímulos suceden y llegan después, es sumamente
interesante esta dislocación, uno está demasiado acostumbrado a que los ritmos
perceptuales estén ligados a la conciencia, cuando se separan uno se transforma
en su propio observador.
Luego, aparece
una vieja idea, la del científico con un guardapolvo blanco, eterno escolar, que
en un laboratorio observa por el microscopio, no a otra cosa que a sí mismo, por
lo tanto observa a otro. Rimbaud también tenía razón, "yo es otro", y para ser
preciso, uno es muchos que usualmente no aparecen, si lo hacen la psicopatología
dirá: esquizofrenia. La fragmentación es terriblemente dolorosa por eso
existe "el puño que aprieta", la conciencia como reunión pero también como
sojuzgamiento, debiéramos llamar a esto, "los despotismos de la conciencia".
Ella hace que
uno, imperiosamente, deba recurrir a las máscaras; identificarse a, cuando las
quitamos ¿qué es lo que queda?, otra manera, no se si debo decirlo, pero aunque
titubeo lo haré, de ser. Sin esas jaulas soy, instantáneamente. Soy y puedo
dejar de ser y puedo aceptar no ser.
Soy lo que
pienso, soy lo que veo, soy lo que escucho. Soy inmediatamente y dejo de
ser; no permanezco más que instantes en los planos de la identidad. Vértigo.
¿Qué sucede
con los sentidos en la conciencia? De la reunión, más bien timorata y
desinteresada, paso a la percepción de sentidos diferenciados, puntuales,
focalizados, intensos, quemantes, como un haz de luz solar a través de la lupa,
convergencia inédita, punto focal quemante y doloroso. Y también llega la
angustia por no saber que pasa, que va a pasar, o cuando esto va a terminar,
estoy arrojado a un tiempo que no controlo, que propone una incertidumbre
continua. Tengo que "escrivivir" que siento, tengo, obligatoriamente, que
escribir lo que pienso.
Los tiempos
se confunden y se funden. Se detienen las percepciones en el momento de
sentir, se puede observar y ¡luego sentir!. Lo que sucedió retorna y se amplía
con lo que sucede ahora y con lo que ¡sucederá!.
Los estados de
conciencia siguen alterados. Cada emoción trae un tiempo distinto, la
discontinuidad es absoluta, me fragmento, hay una ruptura yoica que permite
percibir estados no percibibles comúnmente. Lo audible se transforma en visible,
¿podemos llamar a esto "audiciones visuales"?. Las escenas se presentan en cubos
que me incluyen, mientras mi cuerpo hace en otro lado. Estoy en puntos de
ruptura-pasaje ¿hacia adónde?. No hay estabilidad, cada instante es otro, me
detengo, ¡quiero detener esto y no puedo!, sin control me sucede. La sucesión
sucede en mí, no por mí pensar. ¡Cuánto encubre el pensamiento!. Plácido
confort de instalados hitos de saber. Sentir sin fin, no detención, ¿llegan los
estallidos?.
Los otros
hablan y escucho sentado lo que dicen, sus palabras se rompen en pedazos, se
forman ¿alucinaciones? , que hablan de mí. Un sudor frío se apodera de mis
manos, estoy a merced de los otros. ¡Vivo la psicosis!. Esas palabras dichas son
como faros que al iluminar crean una región que es así, para mí, de la cual no
puedo escapar. Estar a merced de los otros, inmóvil, en sueños despierto. ¿Cómo
se logra esto?. Los transcurrires diacrónicos de las palabras son violentamente
deformados. Se escuchan con distintos acentos, distintas conversaciones
parciales en distintos momentos, hacen un discurso único y dirigido siempre a
mí. Se habla siempre de mí. El fondo del discurso se altera y aparecen en
mayúsculas nuevas palabras. Me sacudo y despierto, el estar para el otro, allí,
me da frío y miedo. Quiero que no me vean, me despierto y sigo soñando, me
despierto a un nuevo sueño. Es un despertar imposible.
Los párpados
se cierran en cámara lenta, para el que me ve, fuera de mí, estoy parpadeando a
ritmo normal, imperceptible; mi mente se adelanta a lo que sucede. Las miradas
se anticipan o quedan hiriendo las miradas. Encuentros dentro de la música, la
música me lleva, soy los sonidos, no puedo no moverme, y distintos sonidos
mueven distintas partes de mi cuerpo. Al parpadear logro que la luz se
transforme en intermitente, "el último hombre es el que parpadea ante lo visto",
Nietzsche, "Así hablaba Zarathustra".
Encuentros con
la paranoia, el miedo, la escisión, la disolución es del yo, de la conciencia.
El abismo, me defiendo, me desespero, ¿hay algún cuerpo? ¿Hay otro?, sexo, amor,
mortalidad. Crear: debilita. ¿Hacia dónde he saltado?.
Importancia
suprema de lo que no importa. Valen las paradojas. Se siente intensamente e
inmediatamente se olvida. ¿Será ésta la verdadera dimensión del percibir los
sentimientos?. Ultralucidez en el sentir, extinción inmediata, no quiero
olvidar, se dice uno; este esfuerzo del querer recordar habla de lo inmediato
del emocionar. Surgimiento: percepción súbita y recuerdo-olvido, lo que ha
sucedido, o no, vuelve. Imágenes citadas sin permiso por las palabras, voces,
escenas que se anteponen enfrente de uno.
Una
propuesta estética: la ruptura. Romper, romper como sea, con la visión, con
la palabra, con el gesto, con el pensar. La ruptura es apertura. Nuevos
horizontes se desgarran como papel tensado. A través, se horada la realidad,
hacia los bordes heridos; ese el pasaje. Nuevas apariciones. No a lo que
permanece inmóvil. No al acostumbramiento. Desde el reposo, absorción,
incubación, hacia la ruptura. Abrir es abrirse".
- Un poco de explicación -
Todas las
culturas contienen las posibilidades del éxtasis, lo cual es una indicación
para nosotros, indicación de que debemos ejercer preguntas. Preguntas alrededor
de lo que debe ser contenido y a su vez, que allí, en ese contenido, residen las
posibilidades del éxtasis.
Sea en las formas
arcaicas, tribus, pueblos; sea en las formas más recientes, religiones, siempre
hubo desde chamanes a místicos, desde pitias a augures. Cada pueblo reservó
formas distintas para entrar en contacto con un más allá. Un más allá de lo
visible, de lo audible, de lo pensable, con un espacio otro que es aquél de lo
sagrado. No lo personalicemos, tratemos de despojarnos de nuestras formas
habituales y estaremos recorriendo una posibilidad distinta ¿seremos místicos?
¿seremos chamanes?. No, meramente aquellos que intentan adentrarse en
territorios que han sido abandonados por los que ya tienen religiones
establecidas y racionalidades comprometidas.
Extasis
deriva de statikós, que a su vez proviene del griego y es 'aquello relativo al
equilibrio de los cuerpos', voz que deriva del verbo hístemi, 'yo coloco' y a la
cual podemos emparentar con el latín stare, estar firme, y por aquí llegamos al
estar, en castellano.
Del
estar firme, en pie, inmóvil, al estar.
Estático, estado,
estar, colocar, equilibrar, hagamos infinito del infinitivo con las acciones
verbales para poder percibir campos semánticos y poder recorrerlos; hagamos
hitos con las palabras para que nos permitan trazar cartografías sobre esos
territorios del lenguaje. Una cartografía extraña ya que también puede trazarse
esa cartografía sobre los territorios del cuerpo, y no será una erótica, o sí,
pero no es hacia donde nos dirigimos.
Queremos
delimitar los territorios del éxtasis, lo cual lo anticipamos es un
oxímoron, figura retórica que propone un terrible enfrentamiento conceptual
("brillante oscuridad", estamos acostumbrados a que las oscuridades no sean
brillantes, o, a la inversa, que las luces no sean oscuras; pueden serlo, pueden
enceguecer). No otra cosa ocurre con el estar y el éxtasis.
Extasis,
ékstasis, del griego, desviación, de exístamai, me desvío, me aparto. Delimitar
los territorios del éxtasis es una tarea vana pues el éxtasis es justamente la
abolición del territorio, del suelo firme y conocido en tantas reiteraciones de
lo común. O, tratemos de ser más precisos, incluyamos la frontera en nuestras
apreciaciones y hagamos entonces que confluyan los territorios y las fronteras,
y aún más, si podemos agreguemos también dimensiones. Todo ello nos ayudará a
situar el momento extático.
Diremos que el
estar propone un orden de los cuerpos y las cosas diferente del desvío
extático. El éx-tasis es un salir del estar, del estar firmemente arraigado,
es un desvío, pero no es un des-orden. La utilización, o no, de sustancias
que lograban una alteración tal, que hacen a la disolución de las fronteras
habituales, en las culturas antiguas, siempre estuvieron reservadas a un
estricto sistema de uso y a personas que estaban iniciadas en sus respectivos
efectos, y dentro de un preciso ritual, que llevaba a determinados lugares, al
acercamiento a los dioses, que era su cometido. En determinadas épocas del año
la participación grupal, ampliada, en esos ritos, tenía la función de que los
participantes se sintieran ligados entre sí y con sus divinidades, nadie hubiera
intentado realizarlo por su propia cuenta; estamos ubicando referencias que van
hacia atrás en dos mil años y más. Y lo que advertimos es que el individuo
aislado no es. Se es en tanto me incluyo y ni siquiera tengo la posibilidad de
elección. Soy dentro, no hay opción. Afuera no se es.
Lo interesante es
que si alguien portaba alguna marca o conducta inusual ese podía ser el elegido
para recibir un saber ancestral sobre las potencias de lo divino, que lo
transformaban en un mediador, médium, chaman, brujo, o lo que fuera, que podía
comunicarse con esas potencias. Un mundo pleno, no ausente de dioses como el
nuestro.
La
desacralización de nuestro mundo, se percibe claramente desde el siglo XIX, trae
como consecuencia que, determinadas sustancias, alrededor de la década de 1920
en E.E.U.U., comiencen a ser consideradas "ilegales", son las mismas sustancias
que descubre o fabrica, la industria farmacológica; son las mismas que
utilizaban nuestros predecesores, en aquellos remotos tiempos, y esos tiempos
son tan remotos que necesitamos un esfuerzo extremo para poder participar tan
siquiera un instante de aquellos universos formadores de potencias y
contrapotencias, de intensidades animales, de intensidades vegetales y de
intensidades terrestres o celestes, marítimas, volcánicas.
Todas nuestras
enumeraciones fracasarán, jamás volveremos a ser "animistas", lo cual
puede sonar peyorativo: "ser animistas". Ahora bien, porqué no pensar que ser
animista es dar alma a las cosas y los seres, y ¿alguien puede oponerse a
"dar alma" ?.Yo no. Los niños son animistas hasta que dejan de serlo, y hay
muchos no-niños que pueden rescatar del pasado la posibilidad de "dar alma".
Podríamos decir, también, que hay muchos no-niños que se atreven a "animarse" y
en vez de estar (stare), en vez de permanecer inmóviles en usadas convicciones y
en firmezas ajadas por el tiempo, dan el alma para que el cambio se instale en
el fluir de las existencias. Sean zapateros, artistas, pensadores o amas de
casa, nada obsta para que nos transformemos en aquellos que "dan el alma", las
identidades sociales no son nada más que etiquetas borrosas si podemos alejarnos
de los desalmados.
Las
etiquetas son fronteras estrictas que limitan las posibilidades de ser;
territorio, frontera y dimensiones, serán necesarias para salir, para salir del
estado firme que postula que ser es estar y que ser es permanecer. Ser es
inmutable. Nada de ello es cierto en la vida, humana para más datos, y en la que
no es humana también. Tampoco hay cambio, cambio incesante y continuo, el estar
hace al cambio que advendrá.
Lo anterior nos
indica que no estamos frente a una situación simple. Salir fuera de los
estados habituales, salir de nuestras percepciones habituales, alterarnos, no es
tarea fácil, si antiguamente, esos marcos regulatorios lo daban las
religiones o las posibilidades de tal o cual grupo, hoy son las drogas
las que permiten esos puntos de pasaje a través de las fronteras, pero hay un
gran peligro, o varios, pero queremos señalar el extremo solipsismo de tal
búsqueda sino está planteado desde dónde y hacia dónde se hace, teniendo en
cuenta que esta es una vectorialización de una intención, pues habiendo abierto
esa "puerta", diría Huxley, no sabemos el lugar de arribo, es lo que intentamos
mostrar cuando describimos lo que ocurrió cuando bebimos esa "poción extraña"
del inicio.
Se
podrán recorrer nuevos territorios y se crearán nuevas dimensiones cuando esos
recorridos se hagan también con el alma. Y no cuando utilicemos esos recursos
solamente para mitigar los dolores de nuestras almas.
Aprendamos de los
chamanes.
Nota:
Queremos dejar
constancia de una mínima recomendación bibliográfica y además de un
agradecimiento para aquellos que, con tanta valentía, recorrieron estos temas.
- "Aprendiendo
de las drogas", Antonio Escohotado, ed. Anagrama.
- "Historia
de las drogas", ídem anterior, ed. Alianza.
- "El
chamanismo", Mircea Eliade, ed. FCE.
- "Iniciaciones
místicas", ídem anterior, ed. Taurus.
- "La
fábula mística", Michel de Certeau, ed. Universidad Iberoamericana.
- "Toxicomanías
y psicoanálisis", Sylvie Le Poulichet, ed. Amorrortu.
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al autor: srocchietti@ciudad.com.ar
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