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EL NORTE DEL CARNAVAL
PROVINCIA DE JUJUY-ARGENTINA
Texto:
Vanesa Guerra
Fotos: Marcela Depiera
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En la inmensidad, un colectivo recorre solitario los caminos
polvorientos del norte de este país. El sol de la tarde reafirma
los colores y nos silencia como una antigua reverencia frente
a lo que ningún hombre jamás podría pintar.
Mas
al norte de la Quebrada de Humahuaca se abre la Puna.
El paisaje logra su metamorfosis en pocos kilómetros. Salir
de la Quebrada es ingresar a la Puna. El paisaje se transforma
en pampa abierta a 3700 metros de altura. En realidad es una
vasta meseta que nos hermana en sus formas con Bolivia. Andamos
por Abra Pampa y en lo alto, la gran planicie se rodea de
montañas lejanas y coloridas: una visión magna. |
Ya no es
un paisaje, es una emoción, es el altiplano.Estamos en carnaval.
El norte es el carnaval. A toda hora diablillos bailan y cantan
y nos invitan con sus voces finitas y salticantes al chupi.
El pueblo
está de fiesta y de permiso.
Nacía la tarde
en la Quebrada cuando decidimos irnos a la Quiaca.
Por eso, en la inmensidad que separa los poblados, un colectivo
recorre los caminos polvorientos del norte de nuestro país; y
nosotros en él. El camino es un pasaje al infinito. Aquí todo
es
silencio, todo es lento y calmo, me recuerda a la oniria de la
fiebre: una cópula de lenta infinitud.Dejo que unas hojas de coca
hagan su alquimia amarga en mi boca. El norte tiene otros sabores,
otros aromas.
Entre las
montañas, caminitos de tierra roja atraviesan y se abren paso,
entiendo que algunas son rutas provinciales que unen Jujuy con
Salta -Iruya-. Si acaso lloviera como debería llover en este
tiempo, esas rutas quedarían tapadas por lodo y arcilla. Pero
hay sol, yo celebro aunque aquí se bendice la lluvia.
Los burros
pastorean, únicas miniaturas vivientes en el vasto paisaje.
El río que
nos acompaña desde Jujuy es el Río Grande, y el ferrocarril General
Belgrano ha acompañado durante mucho tiempo a la ruta y al río.
Ahora esas vías están muertas, de pena.
El esqueleto aún intacto por partes, es fiel a los caprichos de
la tierra y así es que sortea arroyos y cañadones, se desliza
en planicies y trepa cerros. Que política tan estúpida, que indolentes,
¿cómo han matado al tren? ¿Cómo han matado a este tren?
Los collas
a la vera del camino o con paso lento pero firme en el medio de
la árida planicie, solos, con sus perros que mueven la cola y
los siguen de cerca¿adónde irán? dónde estarán sus casas,
que no se ven, si desde aquí pareciera que todo pudiera verse.
Aquí las montañanas
consuman formas bellas y caprichosas, son ondeadas sus laderas,
son como lenguas gigantes, una sobre otra, como lava detenida
cayendo y deslizándose eternamente
en el mismo lugar.
Oscurece en
diez minutos. La Quiaca se hace noche y Bolivia oscuridad. Se
ha cortado la luz, y las calles son ciegas, buscamos farolitos,
para ver, para vernos. Entramos en un bar, el único, con
velas y mesas rectangulares y manteles de hule. Bebemos café.
Está rico. Estamos en Bolivia y bebemos café a la luz de la vela,
arriba de una montaña, en el medio de una noche que recién comienza
pero es tan oscura como noche vieja aunque la luna alumbra tenue
y da sombras.
Charo atiende
su bar.
Se acerca
y si no se acerca la llamamos.
Charo nos
ofrece una pequeña reseña de Bolivia. Bolivia es mucho mas que
una reseña. Bolivia tiene una historia fuerte, con identidad,
no es un pueblo híbrido. Toda Bolivia tiene un origen colla, todo
el país es colla porque no hay diversidad de aborígenes y resuena
Cochabamba y Potosí, los tejidos y las mujeres con sus huahuas
y la fiesta de la papa en abril con sus veinte variedades. Y la
chicha de Maíz y la de maní y la chicha de maíz morado sin fermentar
que se sirve caliente y dulce a la hora del desayuno.
La probamos.
Tilcara
Bebemos saratoga. Uno de nosotros bebe más al costo de un bautismo
en talco blanco, espuma y papel picado. La comparsa se llama los
caprichosos. Y bailan al son de una carnavalito que músicos lugareños
interpretan, mientras beben y se convidan del mismo vaso para
todos.
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El puente de Tilcara cruza el río y el espacio maravilloso
que existe entre cerro y cerro.
El puente es de madera y hierro.
Y allí mismo tres niños se acercan a cantarnos una copla:
Tilcareño soy señores,
niego mis condiciones
En la cinta del sombrero,
traigo flores de cardones
Echen copla de una orilla,
como piedra y apacheta
Echen todas juntitas,
como costura y chaqueta |
Cinco por
ocho cuarenta.
El tipo no se calienta
Cuando se va la patrona,
se acuesta con la sirvienta
Vidita si me quieres,
tiende la cama y durmamos
Si es que viene tu marido,
dile que soy tu hermano
En la puerta del Pucara
suspiraba un indio fiscara
En el suspiro decía
Si no me da la propina
yo no me muevo de aquí.
(Ivan-Melisa-Cecilia)
Las niñas no dejaban a Ivan decir la letra y se le adelantaban
en todos los versos. Lo cierto es que me pareció escuchar otra
rima de boca del muchachito que entiendo mas prometedora,
aunque las niña lo negaran:
Aro aro
En la puerta del pucará
Un indio comía un ají
Si usted no me da propina
Yo no me muevo de aquí.
Luego de cruzar el puente el camino nos llevó al Pucará.
El mojón
Con los mojones -que son semblanza del mojón final de toda comparsa
para enterrar el carnaval- las familias reciben a las comparsas
para continuar la fiesta. Se trata de una invitación: un montoncito
de piedras son la base que sostiene a una o dos varas de maíz
a la que se le anudan flores de color amarillo. La comparsa que
viene recorriendo las calles del pueblo, sabrá entonces que esa
casa invita, y allí en la puerta los dueños convidan lo que tienen
y el pueblo baila, bebe y canta.
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La última noche se entierra el carnaval, y algunos diablos
entierran o queman la cola del traje, pero los más intrépidos
queman sus trajes enteros pidiendo uno mejor para el año próximo.
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Mucho dinero
se va en cada hechura de traje pero mucha ilusión se
cose en cada uno.
Los trajes los diseñan ellos y llevan mucho trabajo de costura
y pegado de espejitos y lentejuelas, probablemente no sea barato
hacerlo. Los trajes son muy elaborados, en distintos colores,
la
tela es genero brillante, semejante al razo, es como una tafeta.
Los cuernitos están recubiertos de lentejuelas y todo el traje
está trazado y dibujado con ellas. Los espejitos que destellan
partes del cielo y de la montaña, son redondos o romboidales.
El carnaval es la fiesta mas importante en el norte. Según algunos
también es la más esperada.Toda comparsa tiene su orquesta con
Bombo, y dos o tres vientos, la de Humahuaca tenía un acordeón
y un saxo, además. “Humahuaca está que arde” nos decía la gente
antes de llegar.Las orquestas interpretan variaciones del carnavalito
norteño.
A excepción de Uquía en donde se respetaba el paso del carnavalito
como danza, en el resto de los lugares el carnavalito se bailaba
con paso de cumbia! (La cumbia está en todas partes, ha de ser
una plaga.)
(En Huacalera descarnaron los huesos del general Lavalle.)
Nos cuentan:
En Salta (Oran) se juega con pintura y con agua.
El juego con agua lo prohibieron cuando fue el problema del cólera.
El juego con pintura es típico y vale todo tipo de pintura.
El juego del chancho: La gente se revuelca en barro podrido y
después sale a abrazar gente.
En Salta se baila el pin-pin. Al son de dos quenas y un bombo
“y así se amanece, de invitación en invitación”
El hombre era salteño, y no es lo mismo.
El hombre aclara sus tantos.
Uquía
Me
ha dicho Samuel Cruz:
“En Uquía viven 600 personas. El pueblo es bien pequeño y no tiene
plaza. La iglesia está a la entrada. Es el templo de la Santa
Cruz y de San Francisco de Paula. Fue construido por el cura criollo
de Humahuaca Domingo Vieyra de la Mota en 1691.
El poblado existía antes de la Iglesia y estaba habitado por los
indios Uquías que eran una parcialidad de los indios Omaguacas,
oriundos de la quebrada. Dado la cantidad de batallas por la independencia
que fueron libradas en toda la zona, ese pueblo solía ser un lugar
de pasada para las tropas, pareciera ser que ese fue el motivo
de la creación de la iglesia. Como dato: La fiesta de la cruz
se realizó por vez primera el 3 de mayo de 1683 en Uquía.
En el templo, las paredes exponen 9 pinturas de los ángeles arcabuceros
(cuzqueñas) Son los ángeles bíblicos con sus respectivos arcabuces:
Uriel, Eliel, Oziel, Gabriel, Rosiel, Rafael, Solomiel, Yerid
-Oziel aparece dos veces- que fueron pintados en el siglo 17,
desconociéndose hasta hoy al autor de la obra.
El altar de La Santa Cruz está laminado en oro 24 y fue construido
con madera de cardón. La Santa Cruz la han realizado en madera
en del año de la inaguración del templo (1691) y se ha
pintado con elementos naturales al modo indígena: Con leche de
cabra, flores, tierra, grasa de pollo; motivo por el cual no se
ha podido restaurar porque, obviamente, no dan con los colores
logrados antaño. El techo es de cardón- noble madera del norte-
y barro, las paredes son de adobe. Las puertas se conservan en
madera, maciza, y giran sobre sus pivotes encajados en sus
respectivos quicios.
El quicio es un agujero, y si de allí se sacara es imposible volverlo
a su lugar (de allí el dicho: me saca de quicio)
La llave es enorme mide unos cuantos centímetros, pesa lo suficiente
y es de plata peruana 400.
Se cuenta que el General Belgrano acampó en esta iglesia y que
ganó una batalla vistiendo a los cardones de soldados.
Estas y otras rarezas ha contado Samuel Cruz, de Uquía
(encargado del templo y de dar a concer su historia) quien agradecería
le enviasemos “remedios para la gripe, la tos, el resfrío
y la diarrea(también parasitosis) porque los niños son pobres
y se enferman mucho en el monte.
Las gotas de lluvia impactaban frías cuando salimos de la iglesia,
sin embargo el tiempo no puso coto a la fiesta y los diablitos
corrían de un lado a otro. Nos repusimos del frío comiendo un
delicioso sandwich de milanesa en la casa del señor Roberto Martínez,
quien tiene una suerte de posada mínima, (un mostrador y heladera
y una mesa: la propia) y una sonrisa maravillosa a la
hora de recibir extraños bajo la lluvia.
La comparsa de Uquía se llama Puya-Puya.
Todos beben del mismo vaso como signo de hermandad, la bebida
no ha de despreciarse, hay que tomar todo el vaso, siempre hay
para todos. Pero antes se ofrece un trago a la Pacha Mama
y
se deja correr el líquido hacia la tierra, luego se bebe hasta
el final.
Las familias que reciben a las comparsas han trabajado mucho para
brindar la fiesta, el vino y la chicha. Para ellos es una honra
que forasteros beban y festejen mano a mano. De hecho, recuerdo
una señora que con mucho pudor me preguntó si bebería del mismo
vaso que todos.
Noté la diferencia, o la deferencia, o vaya a saber uno
qué cosa noté que tuve tantas ganas de llorar.
Por cierto, siempre recordaremos que nos preguntaron de que país
veníamos...
Y es cierto el norte es otro país.
Y otro mundo
Y esta fiesta, en Uquía no es para turistas, es de ellos, para
ellos y si uno está ahí la comparten sorprendidos y de buena gana.
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A la Pacha Mama
se le agradece porque estas son tierras agricultoras, esta gente vive de la
tierra, de lo que la tierra da. Como diría el buen Marcelino esa misma noche
en Humahuaca: “hay que agradecerle con cariño a la Pacha Mama, porque de
ella venimos y ella nos recibirá al final.”
La época de las lluvias es de noviembre a marzo, y la lluvia se agradece y
es bendición por la siembra que es cosecha: papa, batata, maíz, apio,
acelga, lechuga, zanahoria, durazno, manzana y albaca.
La albaca
representa el carnaval.
Nos dieron unas ramitas de albaca, |
nos
las pusieron detrás de las orejas, luego bailamos carnavalito
con la gente, tomados de las manos en rondas que envolvían otras
rondas entre espuma, música y saratoga. Conocí
un
muchacho salteño, de Iruya, nunca le pregunté el nombre. Bailé
con él un buen rato, tenía una mirada serena y una timidez sin
escándalo. Era agricultor, su trabajo coincidía con la época de
las lluvias, sus manos eran ásperas y las uñas eran como riscos.
Pienso que nunca le pregunté el nombre, y es terrible saber que
siempre recordaré su cara.
Saratoga:
Vino blanco con jugo, azúcar y limón.
Esta es una de las bebidas que se convida. Se prepara en baldes
y grandes vasijas de arcilla. La gente junta envases de plástico
de gaseosas de litro y los parte por el pico. Con el pico y la
tapita forman copas que van de mano en mano. El resto es una jarra
con la que toman la bebida de los baldes.
Los niños nos piden que les tomemos fotos, lucen orgullosos sus
vestidos de diablitos. Nos piden que los retratemos, que quede
en algún otro lado, otro lugar más allá de su propia memoria.
Otros niños me han dicho: no se olvide de mi, luego me pedían
que anotara en mi libreta su nombre.
El carnaval son los 7 días de tentación sufridos por Jesucristo
en el desierto. Eso es el carnaval y es eso lo que se festeja.
El carnaval se desentierra un sábado de tentación y se entierra
un domingo de cenizas. Cuando empieza semana santa, 40 días para
atrás termina el carnaval y 47 hacia atrás empieza.
Al desenterrar el carnaval, se pide permiso a la virgen Nuestra
Señora de la Candelaria, para que otorgue salir los diablitos
del alma.
Se desentierra una vasija vacía, la Pacha Mama ha tomado la ofrenda
del año anterior.
Volver a Humahuaca
Cenamos
en Tejerina, frente a las vías muertas, en la calle Belgrano,
uno de los comedores del lugar.
El diablo mayor, representante del espíritu del dios Momo fue
quemado en las Escaleras del Indio. Esperábamos ese momento y
no lo vimos, y nuestro desconsuelo parecía sin límites.
De la plaza bajaban todos los diablos a llanto vivo, los seguía
una multitud de personas. Todo ocupaba dos cuadras, tal vez tres.
El pueblo estaba allí reunido. Era una procesión de llanto, de
caras tristes, sin turismo. El final de una larga fiesta, el retorno
a la rutina y al trabajo diario, una franca despedida.
El carnavalito seguía sonando, mas tenue ahora, sin tanta algarabía.
Los diablos se irían solos a su mojón a quemar disfraces, como
habrían prometido, a quemar promesas, a pedir milagros, quien
sabe.
El diablo mayor encarnado, tira por el aire un muñeco vestido
de diablo, una y otra vez.
El bombo, fuerte retumba por las calles empedradas. La procesión
de diablos recorre lentamente el pueblo y sube la cuesta, y el
grito se hace escuchar: “Lloren diablos lloren” y los diablos
trepan las calles y la gente los ve pasar desde las puertas de
sus casas y desde las ventanas pequeñas y cuadradas de madera,
y los diablos lloran y se arrodillan frente algunos pidiendo consuelo:
¿por qué compadre se ha acabado el carnaval, por qué, por qué?
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El entierro
Marcelino es un chamán, es el jefe de pozo desde hace años.
Allí recibió a los diablos dolientes frente a un pozo donde se enterraría al
diablo y sus formas humanas del enojo, y de las críticas y la dificultad de
ver lo bueno y lo bello que la vida tiene. Marcelino nos habla
Hemos rodeado el pozo.
El pozo tiene en su entraña maíz, papas y todas fruto que la tierra da. El
borde del pozo está adornado con serpentinas.
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El pozo será
rociado por chicha
por alcohol
por agua bendita
por vino
por jugo de frutas
Se han encendido cuatro velas
Y siete cigarrillos
Marcelino hace y comparte sus rogativas a la Pacha Mama y nos
dice que pidamos lo que queramos, lo que necesitemos.
Marcelino habla del cariño y agradece.
El
cielo amenaza con tormenta, los relámpagos iluminan la noche y
desde el Pueblo va subiendo un rumor y luego un canto de coplas
que se escuchan cada vez mas cerca, cada vez mas cerca y mas cerca.
Ahora todos se atreven a subir la cuesta y ell carnaval ha terminado.
Un Hombre, parado frente al pozo lo dice con voz triste: Estoy
mal, se terminó.
A quienes deseen colaborar con la gente de Uquía, enviar
las encomiendas al Convento de la Santa Cruz, Uquía, Jujuy.
Comentarios
al autor: vmalmsten@hotmail.com
Argentina, Febrero de 2001
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