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UNA EXPERIENCIA RADICAL DEL CUERPO PROPIO

Natalia Nemiña

 

Tal vez, sea en estos tiempos de exagerada adulación al cuerpo; adulación al cuerpo hermoso y sano, que debamos preguntarnos por otros modos de pensarlo. Hoy el cuerpo es un fin en sí mismo, sin embargo, no tiene una sola forma de existir, existe como cuerpo enfermo, como cuerpo castigado, como cuerpo enloquecido, como cuerpo golpeado por la tragedia de la historia.

¿Por qué no pensar entonces un cuerpo como el de los románticos, arrasados por la locura, por la muerte causada por la ida de una joven amante, por la enfermedad?. Vidas que curiosamente criticaron la época de la salud de la razón y la llamaron época de la enfermedad o de la angustia de la razón. Esos cuerpos que no disfrutaban de lo bueno que la ciencia naciente les podía brindar y constantemente dudaban de ella. En el siglo XIX se dejan oír, por los bordes siempre, otras voces, como la de Baudelaire: "Yo se que la nobleza única es el dolor(...)" dice su poesía, que maldita, surge entre el mal que lo aqueja: el alcoholismo.


Al Herd (Frag.)

La enfermedad en nuestros tiempos es mal rotundo. ¿podría ser pensada como algo más que absoluta negatividad? Es decir, la enfermedad como un vehículo que nos conduzca hacia una profundidad mayor de la experiencia y del pensar. Un sufrimiento del cuerpo que nos conduzca por un camino hacia la interioridad de nuestro propio ser, que nos despierte del embelezamiento en que muchos nos encontramos, que nos convierta en seres críticos en un mundo mayormente frívolo y cuyos cambios lo guía la moda. Como dice Ricardo Forster en su artículo Nietzsche y el el siglo XIX: "Nietzsche tuvo que soportar mas de un invierno sin una estufa con la que calentarse. Sin embargo, dice que ahí, en esa trama, en esa vida monacal y ascética... allí es donde Nietzsche se siente un pensador(...)".

¿No es acaso un pensamiento como éste el que puede convocarnos a reflexionar sobre el estado del pensamiento y la crítica del mundo? Tal vez sea un pensamiento mas violento el que nos conduzca a esa crítica. Antonin Artaud despliega su vida cruel, desesperada y provocativa, desde fines del siglo pasado hasta 1948, año en que muere. Artaud desconfía de la normalidad, del bien y de la salud y cree que son meros disfraces que cubren la miseria humana, y es contra esos disfraces que se levanta la enfermedad, la locura y su poesía. Ésta es penetrante y subversiva y puede ayudarlo a mostrar la miseria, el odio o la grandeza del hombre. Artaud piensa que cualquiera que haya escrito, pintado, esculpido, construido, modelado, inventado, lo ha hecho sólo para escapar del infierno. Y se refiere al infierno que es la locura y el sufrimiento provocados por una sociedad que no logra tolerar ciertas personalidades que desestructuran su hegemonía. "Un alienado, en realidad, es un hombre al que la sociedad no quiere escuchar, y quiere evitar que manifieste determinadas verdades intolerables". Artaud escribe, luego de su confinamiento en un hospital psiquiátrico en Rodez (1946), "Van Gogh el suicidado por la sociedad", en este libro se identifica con el pintor holandés: ambos sufren la locura y ambos tienen como objetivo alcanzar el nivel más alto en su arte y en su experiencia de vida. La locura, el sufrimiento de sus cuerpos los han llevado a realizar un arte que como Artaud predica de Van Gogh:

"(...) son mazazos, verdaderos mazazos los que sin cesar dispensa Van Gogh a todas las formas de la naturaleza y a los objetos. Los paisajes cardados por el punzón de Van Gogh, exponen a la vista su carne hostil, el rencor de sus entrañas reventadas, que, por lo demás, no sabe qué insólita fuerza está metamorfoseando".

    Quizás no sea el sufrimiento lo que nos conduzca por un camino más crítico, sino una experiencia más intensa. Un genio como el de Nietzsche o Artaud nos convocan a crear con fuerza, con vigor, y a no ser meros espectadores de un mundo dado. Un cuerpo que sea protagonista de la creación es lo necesario para vivir con intensidad, un cuerpo asociado íntimamente al pensamiento, y no un cuerpo portador de un pensamiento, ya que como diría el propio Artaud no hay pensamiento sin cuerpo. El cuerpo hoy también puede tener otra clase de protagonismo: el de la creación artística.

 


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