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ANGUSTIA:
LA PERMANENTE PASAJERA
UNA LECTURA SOBRE LAS FOBIAS
Vanesa
Guerra
Al Held (Frag.)
No todo es vértigo. También existe un momento
anterior, esa extraña suerte de Calma Chicha que deja un sabor a clima
enrarecido; algo que acosa, en silencio, y nunca se sabe -ni por intuición
siquiera- por cual rincón despuntará el monstruo.
Un día la TV mostró la cara del Panic
attack. Fue entonces cuando los vientos mediáticos barrieron con la
anorexia y la bulimia como quien destierra a un antiguo tebano para nunca
más saber de él.
Señores, con ustedes: El Show del Panic
attack. Y sucedió - como siempre sucede- que miles de televidentes hablaron de
su padecer, se contagiaron del padecer, se identificaron con el padecer y de
antemano, en algunos casos, realizaron la oportuna traducción: Ataque de
Pánico.
¿ Y de dónde proviene semejante pánico? No
faltará aquel que nos diga: "- y, qué quiere, con las cosas que pasan...". Pero,
con todo respeto, quisiera plantear que el tema es francamente más sutil. Cuando
el pánico ataca: invade, arrasa. Digamos que la fuerza de ese movimiento
consiste en la liberación de un afecto displacentero, incoercible, que no se
hace anunciar, que no ofrece ninguna señal de alarma: sólo irrumpe, y como
vemos, se diferencia en mucho del malestar cultural que toda cultura propone por
su propia naturaleza. Digo con esto que el malestar cultural, es inherente a la
condición humana puesto que los deseos nunca se satisfacen de manera absoluta.
No obstante, retomando el punto que nos interesa: el pánico es una energía
psíquica que desborda, desorganiza y da origen a un verdadero estado caótico.
Al Held (Frag.)
Así las cosas, por aquellas épocas –que no
son nada lejanas- fobias de todo tipo se pusieron a la orden del día con su
abanico de manifestaciones clínicas: sudoración repentina, vértigo, taquicardia,
falta de aire, falta de apetito, nauseas, encierro, pensamientos catastróficos,
terror a morir, etc... y para engañosa tranquilidad de ciertos seres, ésto sólo
ocurría cuando veían –por ejemplo- una cucaracha, y para desesperación de muchos
otros, ésto ocurría sorpresivamente y sin ninguna explicación.
Entre otras cosas, reconozco que la
paciencia de ciertas escuelas norteamericanas, logró identificar para cada
objeto que existe en el planeta una fobia correspondiente o un sujeto capaz de
transformar aquello en un "objeto fobígeno", con lo cual, con sólo agregar
detrás de un sustantivo determinado la palabra fobia, tendríamos una nueva
entidad clínica (¡!). De todos modos, más allá de la curiosidad que me producen
estos hallazgos mañeruelos, el ataque de pánico es una de las expresiones más
críticas de la angustia y desorganiza la vida psíquica de un sujeto impidiéndole
-la mayor parte de las veces- continuar con los nobles quehaceres cotidianos.
Es interesante pensar lo que ocurrió hace un
tiempo cuando la nota que sedujo a los medios fue el Pánico. En realidad, la TV,
- esa creadora de existencias- dio espacio a la angustia, a los distintos
efectos que la angustia genera en la gente. No sé si existe precedente igual,
pero esa vez: la angustia tuvo prensa.
¡"Miles de Argentinos están
muertos de miedo"! ¿A qué le temen? A nada, a todo, a ellos
mismos, pero no lo saben.
Y es por eso que el asunto se complica, pues estar bajo una parálisis
terrorífica y desconocer las causas de la misma, es un estado semejante
al horror, es percibir al mundo y a uno mismo a través de una lente
ominosa. En síntesis, podríamos decir que lo familiar, esto es aquellas
cotidianeidades que rodean a una persona, se han vuelto extrañas,
han cambiado de signo, se han transformado en algo ajeno, desconocido,
"alien" o "unheimlich" hubiese escrito Freud.
Ya lo decía T. Sturgeon: "no creo que un
hombre pueda tener una experiencia más desagradable que la de descubrir que
tiene los recuerdos de otro". Lo que Sturgeon, tal vez, no sabía -o quizá sí y
con magna malicia planteó-, es que estaba hablando de la esencia humana, una
condición sine qua non; sólo que los humanos ante tamaña cuestión generamos –en
el mejor de los casos- una buena neurosis para desconocer el asunto (artilugio
que siempre falla) y , luego, con el caballo espantado, apostamos a una oportuna
cura.
Al Held (Frag.)
El pánico ataca porque hay un
saber subjetivo que falta elaborar, que carece de letra y palabra, que se
presenta como un raro agujero negro que impide organizar medianamente la
historia singular de cada quien, e inexorablemente no cesa de acechar, ni de
insistir, retorciendo al "yo" hasta la mueca más silenciosa.
Es entonces, cuando la angustia hace de las suyas en el cuerpo, digamos que es
uno de los modos que el psiquismo encuentra para expresar la existencia de algo
ajeno, extraño y peligroso que produce semejante afecto. En un intento por
ilustrar la idea, podríamos plantear que cuando las palabras y el afecto quedan
amordazados y desligados, el cuerpo crea un idioma particular que consiste en
materializar o cristalizar el pensamiento y la palabra, aislándolos de nuestras
reflexiones. Esto significa que, el idioma del cuerpo transforma en cuerpo
los pensamientos, de manera tal que los torna incomprensibles.
En términos químicos, la angustia
estimula la glándula adrenal y la segregación de cortisol, provocando las
manifestaciones clínicas anteriormente enunciadas. Así, para calmar urgencias,
el clonazepam 0,5/ 2mg, fue - sigue siendo - la vedette recetada del momento.
¿Por qué? Porque es una droga creada y pensada para quitar ese plus de angustia
que la misma angustia recrea. Digámoslo de una vez: La angustia genera más
angustia. Y en ciertas oportunidades cuando la angustia ya se ha ubicado en
el cuerpo, y alguno o varios de los signos somáticos no cesan, pareciera que con
el trabajo de la palabra no basta; demás está decir que con el uso exclusivo del
psicofármaco, menos. ¡Menos aún!.
Si hacemos un poco de historia, el Panic
Attack no es más que el remake de aquello que S.Freud en 1893-1899, dio a
conocer como crisis de angustia, angustia automática o ataque de angustia.
Quiero decir que si bien los movimientos culturales producen nuevos sujetos y
nuevas concepciones clínicas, habrá algo en el orden de la condición humana
que seguirá formando parte de nosotros más allá de los tiempos que corran.
Para decirlo de alguna forma, la esencia del ser es lo que el ser desconoce, lo
más ajeno que en él habita, lo más lejano de una añorada consistencia. Si bien,
como dijera el escritor, estamos hechos de la misma sustancia con la que están
hechos los sueños; hay que aportar que a los sueños es menester descifrarlos
para acceder a esa verdad que ocultan en su mensaje.
Entonces, la crisis de
angustia, responde al encuentro inesperado y descarnado con aquella verdad
que literalizaba Sturgeon: esa pérdida del Absoluto, de la no
completud, de nunca ser uno mismo; pues lo irreductible no sólo se presentifica
en nuestros semejantes, lo irreductible también habita las entrañas de cada
humano.
En otras instancias, ante esta verdad, el
hombre -sin proponérselo- crea mitos, dioses, arte y se protege (como planteara
Borges) de esas nadas que nos hacen a todos tan parecidos.
Ante una crisis de angustia, según la
historia de cada quien, algo de esta protección que nos permite posicionarnos en
la vida, se encuentra por algún motivo severamente cuestionada y esto ocurre
generalmente sin que podamos anoticiarnos de ello. Los síntomas neuróticos son
complejas negociaciones entre la angustia y la verdad, por cierto, los síntomas
son productos de defensas psíquicas, intentos vanos para sentirnos mejor. Pero
como vanos que son, pueden adquirir por destino final, el tambalearse sobre su
piso y arrojar al sujeto a una situación primaria de desvalimiento frente a una
verdad capaz de desanudar al ombligo más sensato. La crisis de angustia
reedita en el sujeto un modo originario del ser, por eso decimos que antes de la
palabra, fue el caos. La función de palabra como ordenadora del caos es
superior a la funcionalidad comunicativa, no se trata tanto de comunicar como de
nombrar aquello que acecha desde el silencio . Ya se ha dicho: la palabra
crea la cosa, en el origen de la cultura se impone el verbo.
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