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"UN INSTANTE DE INTIMIDAD"
Mariano Zir, artista y arquitecto
Profesor de pintura y dibujo de la Universidad de Buenos Aires
(Centro Ricardo Rojas)
Director de la Fundación Civilización y Barbarie
(Escuela y Galería de Arte)


Con: Marcel Proust en "El desgarrante"
Cioran en "El dandy"
y la actuación especial de Marlene

 

Una película de Mariano Zir basada en la experiencia real de un pintor.

La relación que tengo con la figura humana es la oportunidad de ensayar en la incertidumbre, un experimento que sucede en el espacio que tenemos en común y se proyecta en la pantalla del cuadro. Constituir lo incierto es una renuncia social, moral ética y estética.

En aire que tenemos en común se tejen contratos instantáneos y mutuas traiciones, estrategias asimilables a la caza de la presa, en esto no es diferente a otras imágenes; pero los humanos son una raza de la bestialidad más sutil y las más de las veces hay que conformarse de insatisfacción, de posesión o estética. Las menos la pantalla grava el fenómeno abierto de esta relación, la imposibilidad surge por encima de las ilusiones y uno y otro no podemos hacer otra cosa.

Pintar figuras son viajes y como tales oportunidades de recorrer la vida y ejercitarse en los límites de la identidad; me da risa como se desbaratan las teorías que facilitan los convenios sociales y me calma que sin ellas de un modo inconcebible la existencia lo mismo se sostiene.

En medio de esta realidad vaporosa me encantan los materiales, los soportes de tela o papel, las pastas de colores y la dignidad de las herramientas. Hay una santidad en que esa misma raza incierta provea elementos de tan lenta variabilidad y también me llena de ternura el empeño en desarrollar lenguajes, todo junto diseña una vocación amorosa de hacer contacto y el modo de cuidar este fino equilibrio entre ser y no ser es no olvidarme del beneficio de la ficción y no tentarme con el privilegio real.

Me gustó mucho pintar una imagen de Proust, descubrirle el asma en la forma del pecho, la perversión en la comisura del labio inferior, una desgarrante sensibilidad en toda su cabeza de niño y la muerte que ya se había instalado en su ojo izquierdo.


Al Held (Frag.)

Después de leer a Cioran disfruté al pintarlo de la risa que me dio la ligazón entre la aparente profundidad de escepticismo y la semejante apariencia frívola de un "dandy". Ya no supe más ni quien es Cioran, ni el escepticismo, ni la frivolidad y la luz de ese vacío me deja una intimidad más grande que la sola lectura de su obra.

Pintar mujeres hermosas me deja detener el vértigo del deseo, palmo a palma en sus ancas que se expanden, lomas sedosas con su dote crecida de tanto roce visual. Desciendo estirándome en los muslos, extensiones inmensas para deslizar el deseo hasta llegar al hueso de la rodilla y descansar en la permanencia del esqueleto. Así con todo lo demás, pantorrillas y pies y la inflamación fenomenal de los pechos, el plano oblicuo hasta llegar al basamento que arman los hombros donde el cuello y cabeza completan el templo superior. Pintar adorando, ¿quién se acuerda de la incertidumbre?; ser la presa.

Su estratagema de simulación fue casi perfecta y me volvió idiota por un momento que le sirvió a Marlene para distraerse y mostrar su patética sumisión, toda la fragilidad le enciende el ojo derecho y la descubro en un "tic". El encantamiento se esfuma y en el mérito de error y mi pequeña lucidez encontramos la coincidencia, un instante de intimidad, la posibilidad de ser.

 


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