|
NARRAR
EL CUERPO NARRADO
Vanesa
Guerra
El niño dijo: - "Rómpeme la cabeza así
me sacas los pensamientos".
Ella: (sin)
*"Dolor de bestia perdida que quiere huir
del puñal"
Una mujer golpea el cuerpo, insiste su
cabeza contra la pared de la habitación, una, y otra vez. Él hace rato que se
fue; y ella se golpea, deseando de una vez por todas ubicar en algún sitio el
dolor.
Mímesis
*Él aprovecha la ducha para llorar, el
ruido para gritar, y el aire viciado para fumar.
Cuerpo-s
*"La invasión"
- Dame la mano para cruzar la calle- No. Yo
sé cruzar la calle- Dámela igual.- NO!
( El niño rompe a llorar, mientras la madre
lo arrastra)
**"¿De quién es este piecito?"
- Estas zapatillas me quedan grandes.- Pero
tus pies crecen todos los días...- Pero me quedan grandes...- No puedo
comprarte otro par en dos meses.- ¿Son grandes como las de papá?- No.
(Las llevan. El niño vuelve a ponerse sus
zapatos para abandonar el local. A la salida tropieza donde no hay escalón.)
***"El saber"
-¿Cómo piel de gallina?- Piel de gallina,
así, como estás ahora...- ¡Si las gallinas tienen plumas!- Sin plumas, tienen
piel... de gallina. - ¿Cuándo viste gallinas sin plumas?- No... no sé .- Ah,
entonces no sabés nada.- Sí, ¿no viste en la carnicería las gallinas y los
pollos como tienen la piel?.- Mami, yo no estoy muerto.
Adolescentes
* "La dolencia de soportar"
- Mi vieja me hace la cama todos los días.-
Ah, te hace trampa.
Al Held (frag.)
¿Qué es narrar el cuerpo narrado?
Los humanos -dicen- estamos hechos con la misma sustancia con que están hechos
los sueños. Tal vez, no con esa ligereza que habita lo onírico, pero quizá, sí
con la vaga consistencia con la que están hechas las imágenes y las palabras.
¿Qué es un cuerpo sin un ser que lo aliente? Lo más asexuado de un cadáver.
Yo no sé por qué Edgar Poe se ensañó con el
pobre señor Valdemar. Aquel blanquecino paciente de voz gelatinosa, sólo
alcanzó a decir -estoy muerto- y le amarreteó todo caro dato al curioso y
apasionado doctor que se afanaba por detener la intrusión de la muerte (para
escrutarla en cámara lenta), mediante algunos pases hipnóticos. Como
recordarán, el espectáculo termina o comienza cuando el cuerpo ofrece una
última respuesta, una mueca-muda: la muerte que cose la boca y nos cosifica
hasta el líquido: ¡Puf! Un instante, somos eso: hacemos agua. ¡Pero qué cochi-nada!
Y ahí lo tenemos a Poe con sus reales. ¿Y
para qué? Invento: para que en el salto del tiempo, los acusados horrendos
lectores de la Pizarnik, aceptaran esa cesta llena de cadáveres de niñas como
el lugar en donde se hacen los cuerpos poéticos. Es que ella tiene miedo de no
saber nombrar lo que no existe.
A todos nos pasa lo mismo, esa es la
verdadera aflicción humana: lo que no existe para el lenguaje nos acosa y se
presiente. En fin, o por el fin mentado y hórrido que propone el magnífico
escritor, el cuerpo tiene sus voces porque está vivo y un cuerpo vivo es un
cuerpo narrado. ¿Narrado por quien? Narrado por las imágenes y las palabras
que lo constituyen desde que era ¡así de chiquitito!.
Parecen pavadas, mas lo que se presiente
nos hace hablar y cuando hablamos nombramos y al nombrar se otorga existencia:
Somos humanos hechos de pedacitos de dioses genesíacos. Por eso somos seres
apalabrados y el cuerpo -entre el tiempo y el espacio- va tomando la forma de
las palabras y los relatos que lo habitan. Somos seres con forma de palabra o
conforme a la palabra, en el mejor de los casos.
Si la vida de cada quien estuviera
compuesta por relatos distintos a los que se han tenido a modo de
constitución, seguramente portaría otro cuerpo: otra manera de caminar, otra
forma de presentarse en público, otro modo de elegir las vestimentas, otra
intención para amar, otra sensibilidad para recordar, otro tono de voz, otro
estilo para enfermarse, otra capacidad de sanarse y, por supuesto, otra
representación de su propio cuerpo.
Las dualidades siempre han sido
problemáticas, cuando no simplistas si vamos por el opuesto y por unanimidad
se busca sostener la unidad cuerpo-alma... Por cierto, tampoco hay
semejante acuerdo. Siempre hay un resto, un resto que la palabra
provoca o un resto que provocó a la palabra.
Aquello que nos acosa y se presiente nos
condiciona a cierta extraña rebeldía. Quizá sea una de las causas para el arte
en todas sus dimensiones. La poesía -viene al caso- despliega en su
práctica esta idea y da lugar a la presencia allí donde las palabras no
alcanzan. Entonces, se trata de Cuerpos Poéticos. Pero se me ocurre algo más:
Un cuerpo sin relato que lo aliente es un cadáver ¿Y de la inversa
fantasmática: "relatos sin cuerpo" que se podría decir?. Platón dijo lo suyo,
pero el cuerpo, tarde o temprano arrimaba a la escena.
Al Held (frag.)
No sé si lo que estoy por contarles ahora
responde en algo la pregunta, pero recuerdo una anécdota que cita F. Dolto
sobre las experiencias de falta de sensibilidad. El asunto es que unos pocos
muchachos valientes aceptaron envolver su cuerpo en algodones, luego -bajo
supervisión de laboratorio ratonil- fueron sumergidos en una pileta de agua
tibia. Los valientes, sin posibilidad de percibir su cuerpo por el efecto del
algodón, flotaron y respiraron por un tubo, sin ningún otro punto de
referencia. Y así los mantuvieron lo suficiente y lo necesario (o tal vez más)
hasta que al cabo de una horas, la ausencia total de la imagen del cuerpo
destruyó las referencias de espacio y tiempo por las cuales nuestro narcisismo
se vincula a nuestra historia inconciente y conciente. Todos habían quedado
profundamente atontados, como salidos de los límites del espacio y del tiempo.
Entenderán, que los chicos casi se hacen agua. Sin un cuerpo que haga
historia y la soporte, nos diluimos como agua en el agua.
Como se relata, las experiencias de falta
de sensibilidad concluyeron brindando una figura de la esquizofrenia o de la
psicosis y los jóvenes debieron ser asistidos delicadamente por un buen
período. Es claro que el ser humano en ese estado en el cual se provoca una
forclusión ¿parcial? de la representación del cuerpo, queda arrojado a un puro
pensamiento incorpóreo o a una inteligencia pura incapacitada para
mediatizarse simbólicamente. Por si queda alguna duda, en estas circunstancias
ni siquiera hay lugar para la pregunta ¿quién soy?.
La medida del tiempo es una invención
humana, medimos el tiempo, como forma de nombrarlo.
En realidad, cuando el pensamiento asume el cuerpo, comprende la necesidad
inexorable del tiempo. El cuerpo no es sin el referente espacio-tiempo: el
cuerpo humano tiene límites, no es etéreo, ni eterno, ni omnipresente, ni se
expande en el universo cósmico. Sin embargo, un cuerpo que pierde esos
referentes (o no los constituye) diluye su historia y se transforma en un
presente inmediato y continuo, algo muy parecido al personaje de Funes el
Memorioso, donde todo acontece de manera simultánea. Tal vez me remita a seres
constituidos de "Aleph", si es que puede pensarse la inverosímil hechura. Pero
como bien se sabe, el relato o la narración imposibilita lo simultáneo, sólo
se trata de una seguidilla de cortes. Borges en "La escritura del dios" lo
dice así: "Consideré, que aún en los lenguajes humanos no hay proposición
que no implique el universo entero; decir el tigre es decir los tigres que lo
engendraron, los ciervos y tortugas que devoró, el pasto de que se alimentaron
los ciervos, la tierra que fue madre del pasto, el cielo que dio luz a la
tierra. Consideré que en el lenguaje de un dios toda palabra enunciaría esa
infinita concatenación de los hechos, y no de un modo implícito, sino
explícito, y no de un modo progresivo, sino inmediato. Con el tiempo, la
noción de una sentencia divina parecióme pueril o blasfematoria. Un dios,
reflexioné, sólo debe decir una palabra y con ella la plenitud. Ninguna voz
articulada por él puede ser inferior al universo o menos que la suma del
tiempo. Sombras o simulacros de esa voz que equivale a un lenguaje y a cuanto
puede comprender un lenguaje son las ambiciosas y pobres voces humanas, todo,
mundo, universo."
La medida del tiempo nos permite
aceptar un código, y aceptar un código es aceptar la bella o trágica caída de
la pureza y lo absoluto. Entonces ni cadáveres sueltos, ni relatos desatados.
Creo
que para narrar el cuerpo narrado, no hacemos más que pedirle
al cuerpo sus palabras.
Comentarios
al autor: vmalmsten@hotmail.com
Revista
Con-versiones |