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MATERIA CARNE; ASUNTO: "EL CUERPO KAFKA"

Sergio Rocchietti

 

 


Pintura 46, Francis Bacon
"Por supuesto: somos carne, somos osamenta en potencia".
Francis Bacon, pintor.

"Muchas son las cosas terribles pero nada es más terrible que el hombre".
Coro de Antígona, Sófocles.

Recapitulemos. En la primera parte de nuestro trabajo –"Materia carne, asunto cuerpo"- acentuamos la tiranía de la forma del cuerpo humano que genera innumerables formas derivadas, desde los objetos hasta los instrumentos que nos rodean, desde las formas de sentir hasta las de creer, y aún las de pensar, reciben la influencia de la forma del cuerpo. Salir de la tiranía requiere un gran esfuerzo y lo común, para nosotros, es no hacerlo.

Las "buenas" formas en el arte, o en la moda, los significados aceptados por los otros y las ideas recibidas, si llevan la marca de lo común o lo mayoritario, son no revisadas, no criticadas; simplemente recibidas y aceptadas.

Tomemos como ejemplo lo que nos suscita creencia, sea quien fuere el que aparece ante nosotros, bajo que ropajes imaginarios, bajo que tensiones afectivas, va a despertar nuestro consentimiento de verosimilitud, cuanto más cercano esté a nuestras formas, usos y costumbres. Las diferencias son difíciles de aceptar.

Pensar "lo correcto" y no salirse del "sentido común" -véase Aristóteles- también son formas derivadas de lo que hemos dado en llamar la tiranía del cuerpo. Claro está que las formas imaginarias no existen aisladas, se reúnen, se relacionan, están determinadas, por formas simbólicas. Dicho de otro modo, las prácticas discursivas de una época y región cultural, admiten, postulan, promueven o rechazan ciertos elementos de pensamiento acción o percepción, que provienen primariamente de esta tiranía, y no es que haya que cambiar de forma de gobierno -de tiranía a democracia, por ejemplo-. Esto nos constituye: nuestro cuerpo no termina en el cuerpo visible. Recordemos que cada vez que decimos cuerpo siempre nos estamos refiriendo a la forma humana del cuerpo, predominancia de lo visible; lo aclaramos con insistencia porque hay otros modos o hay otros lugares desde donde presentarlo, a este cuerpo. El nuestro –el de las consideraciones que estamos desarrollando- es un cuerpo-superficie, cuerpo-imagen, cuerpo-pantalla donde otros se reflejan, cuerpo-línea, cuerpo-silueta, cuerpo-contorno.

Si a las formas y funciones imaginarias le corresponde como elemento base el cuerpo, a las formas y funciones simbólicas le corresponde como elemento base el lenguaje; no entraremos en estas consideraciones sino que sólo las señalamos, para dejar establecido que vivimos inmersos en estas formas y funciones, y que ellas no existen por separado sino asociadas, relacionadas, inmersas, entrecruzadas, etc. Y hay, aún, otra consideración, una perspectiva tercera, para situarla diremos que es aquella que no corresponde ni a la imagen corporal ni al lenguaje, la llamamos función "y", que señala lo irrepresentable (Lacan hubiera dicho que allí se aloja lo Real, pero para evitar las confusiones que se generan entre la "realidad" y el registro de lo Real, preferimos llamarla función "y"). Esta función se caracteriza por no poder integrarse a las anteriores ( la imaginaria, del cuerpo-superficie, y la simbólica, del lenguaje), opone una resistencia de principio a dejarse incluir en las formas conocidas o en las ideas habituales. Su no integración no implica que no ejerza influencia en las otras funciones, es más, su participación es decisiva pero no podemos más que señalarla en momentos muy puntuales, precisos y observando detenidamente los efectos que provoca, y así llegamos a conjeturar su presencia. Podríamos decir que ésta sólo se delinea como una ausencia, un vacío señalizado, desde lo representado hacia lo irrepresentado en ello. Podríamos presentarla como aquello que rompe con las continuidades de los cuerpos y las palabras, aunque también sabemos de las discontinuidades que portan éstos. Lo rupturante de la función "y" aparece fugazmente en las ocasiones de violencia ejercidas sobre el yo. Violencia acometida en sus límites, en los del yo. Supongamos que el yo tiene límites, lo cual es inmediatamente evidente, no nos confundimos con las cosas o con los otros (aunque a veces sí, no es lo habitual, lo habitual es permanecer "yo"), hay yo y hay mundo, y entre ellos hay una línea divisoria, móvil, fluctuante, pero ejercida con marcada presión de constancia. Bien, la función "y" podrá denominarse así cuando una determinada experiencia, en los lindes, hace que el límite del yo se quiebre. ¿Por qué es necesaria esa violencia?. Porque los mismos límites se mantienen con una violenta firmeza. Digámoslo así: "no quiero dejar de ser yo". Luego, tener una experiencia de lo irrepresentable, con lo irrepresentable, va a ser algo efímero, pero por demás intenso e inquietante.

Vivimos lejos de lo real (irrepresentable). Nuestra vigilia no es más que un prolongado sueño diurno. Cada vez que aparezca lo irrepresentable va a haber una conmoción yoica y luego el mundo se modificará o no; puede suceder sólo la conmoción y nosotros no ser participantes de esas modificaciones. Podríamos relacionar el trauma -explicitado por S. Freud- como una de las aperturas hacia ese lugar, es cierto, pero hay otros modos, además de los traumáticos, y además no podemos dejar de advertir que la etimología de trauma, deriva del verbo griego, herir. El yo al ser desestabilizado en su mismidad, en su continuidad yoica, admite, de malísimas ganas, la presencia de algo no asimilable. El yo que sólo quería seguir siendo yo, admite, anonadado, la presencia de otra cosa. De otra cosa que sí mismo y a la vez de otra cosa que no es un otro. Algo inubicable, extraño.

Si "nuestra realidad" no es más que una convención que compartimos con otros; si "nuestra vigilia" no es más que el sueño de cada cuerpo, a veces puede que nos despertemos, y las cosas y el mundo y nuestro yo, sean algo distinto.

Es lo que le ocurre a Gregorio Samsa, el protagonista de "La metamorfosis", 1915, de Kafka. Citemos su primer párrafo:

"Al despertar Gregorio Samsa una mañana, tras un sueño intranquilo, encontróse en su cama convertido en un monstruoso insecto".

Hasta antes de esa noche infausta ¿quién era Gregorio Samsa?. Era un hijo ejemplar, trabajador, viajante de un almacén, respetuoso de sus padres y de su hermana, cariñoso, sostén de familia, observante de las leyes, limpio, escrupuloso y puntual. Un ser humano entre otros seres humanos. Todo esto lo podemos inferir de la lectura del relato, pero se despierta "convertido en un monstruoso insecto" y en estas pocas palabras tenemos prefigurado el destino de Gregorio Samsa.

Esta "destinación a la muerte", digámoslo sin rodeos, va a estar inscripta en el marco de su metamorfosis, lo ponemos entre comillas porque creemos -es nuestra hipótesis- que lo que llamamos, el cuerpo Kafka es la operación resultante de esta metamorfosis; de otro similar, de semejante, a desemejante, alterado, "degenerado", "raza inferior" o "monstruoso insecto", son todos epítetos equivalentes que dan cuenta del resultado "final" de la metamorfosis.

El resultado de la operación cuerpo Kafka es hacer que el cuerpo del otro no sea más humano.

El cuerpo del otro ya no pertenece más a "nuestra humanidad". El cuerpo del otro ha sido expulsado al grado más bajo y ajeno, al de insecto; cumplida la metamorfosis es posible aplastarlo sin el más mínimo remordimiento. Es más aplastarlo es una "tarea higiénica", sabemos que Kafka al escribir "La metamorfosis" no preveía lo que sucedería después (los campos de concentración nazis, las "purgas" stalinistas, o los "gulags", ni las bombas atómicas sobre poblaciones civiles), él pudo situar lo que vivía en su presente y "ficcionalizar" algo que, nosotros podemos retomar y destacar, el cuerpo Kafka es la metamorfosis que corresponde al siglo XX a diferencia de "Las metamorfosis" de la antigüedad, recopiladas por Ovidio.

La acción ejercida en esta operación es de aniquilamiento; múltiples son las formas que han utilizado distintos pueblos a lo largo de la historia para ejercer su dominio, y han incluido distintos tipos de matanzas y seguramente seguirán sucediendo, pero nosotros destacamos esta operación como algo diferente, inédito, y que se instala como posible desde lo que fue llamado por sus ejecutores "la solución final" (Alemania); algo programado, diseñado, inventariado, teorizado y justificado, para ser llevado a cabo sin remordimientos, culpa o duda.


2da versi
ón de Pintura 46, Francis Bacon

 

Volvamos a Kafka. ¿Cuáles son los puntos a destacar -para nosotros- de lo que le sucede a Gregorio Samsa?.

A) Se despierta transformado.

B) Nunca sabemos porqué y lo aceptamos.

" No se comprende como le pueden suceder a uno estas cosas" - dice él.

C) Esta metamorfosis le puede suceder a otros.

"Algo ha ocurrido ahí adentro -dijo el principal en la habitación de la izquierda. Gregorio intentó imaginar que al principal pudiera sucederle algún día lo mismo que a hoy a él, posibilidad ciertamente muy admisible".

D) La transformación de su cuerpo le trae inconvenientes, heridas y dolores.

" Para incorporarse, podía haberse ayudado de los brazos y las manos, más en su lugar tenía ahora innumerables patas en constante agitación y le era imposible hacerse dueño de ellas".

E) Pierde su voz, capacidad humana de hacerse entender.

"¿Has oído como habla ahora Gregorio?. - Es una voz de animal".

F) Se lo despoja de sus cosas, a las cuales quería y en donde se reconocía.

"Le vaciaban su cuarto, le quitaban cuanto él amaba ..."

G) Su vida cotidiana no era ritmada por los ciclos de vigilia-sueño. Su conciencia transcurría en una continuidad indiferenciada.

"Las noches y los días de Gregorio deslizábanse sin que el sueño tuviese apenas parte en ellos ... todas éstas personas aparecíansele confundidas con otras ha tiempo olvidadas..."

H) El modo en el cual se dirigían a él, mostraba en que lugar se lo situaba.

"¡Ven aquí, pedazo de bicho!. Vaya, con el pedazo de bicho éste!".

I) El punto de destinación (a la muerte) ocasionado por la metamorfosis, aparece subdividido en dos momentos puntuales; uno presentado por la hermana y el otro, en la aceptación silenciosa de él.

"Es preciso que se vaya -dijo la hermana-. Este es el único medio, padre. Basta con que procures desechar la idea de que se trata de Gregorio. El haberlo creído durante tanto tiempo es en realidad el origen de nuestra desgracia. ¿Cómo puede ser esto, Gregorio?. Si tal fuese, ya hace tiempo que hubiera comprendido que no es posible que unos seres humanos vivan en comunidad con semejante bicho. Y, a él mismo se le habría ocurrido marcharse".

Gregorio "pensaba con emoción y cariño en los suyos. Hallábase, a ser posible, aún más firmemente convencido que su hermana de que tenía que desaparecer".

Esa misma noche murió. "Luego, a pesar suyo, su cabeza hundióse por completo, y su hocico despidió débilmente su postrer aliento".

Su familia vive este suceso como una liberación, "salen a pasear los tres juntos, cosa que no había ocurrido desde hacía meses y tomaron el tranvía para ir a respirar el aire libre de las afueras".

Destaquemos lo que dice la hermana, porque en este decir se ubica el punto clave. Se muestra allí la forma enunciativa en la que, desde ahora en más, puede ubicarse cualquiera (con suficiente poder: sea político, militar o afectivo) para realizar la operación cuerpo Kafka. "Basta con que procures desechar la idea de que se trata de Gregorio". Esta es la forma enunciativa base: no es más Gregorio, es un bicho; "...no es posible que unos seres humanos vivan en comunidad con semejante bicho".

Para poder formalizar la operación cuerpo Kafka debemos plantear como se transforma lo mismo (ser humano tal) en lo otro. En un otro ajeno máxima distancia y diferencia. No se trata de un esquema yo (nosotros) diferencia otros : yo - otros. Sino que se introduce un corte abrupto y total en una zona común que desde ahora en más provoca una frontera abisal, donde existe el campo de lo humano y un lugar inaccesible y subhumano (los insectos).

Pensemos en las "investigaciones médicas" de J.Mengele y tantas otras experimentaciones que desconocemos, aún actuales; como asimismo la teoría de la "raza superior" y sus correlatos lógicamente necesarios de las "razas inferiores". Estos hechos muestran a las claras que el modo de tratar a "los objetos de estudio" (locos, judíos, gitanos, discapacitados) habla de quien los realizaba. El mundo quedaba (¿o queda?) biológicamente dividido entre hombres e insectos.

Como diría Gregorio Samsa: "ahora es a mí, ¿pero por qué no sentir que todos podemos ser insectos, alguna vez?".

Prueba concluyente del efecto hipnótico que se puede ejercer sobre las masas,
observar atentamente la mirada que tienen estos participantes de una reunión con Hitler

"Psicología de las masas y análisis del yo", Hitler ubicado
en el lugar del Ideal del yo y cada individuo identificado a su semejante formando una masa
ciega y acrítica.

Notas: preferimos no numerar nuestras notas -en realidad, extensiones, ideas o temas conexos que, creemos, son pertinentes a los temas expuestos-, para no dificultar la lectura. Por eso transcribimos la parte del texto a la cual corresponden.

        1) "...la tiranía de la forma del cuerpo humano genera innumerables formas derivadas..."

        ¿Inteligencia artificial con forma humana?. En el MIT (Massachusetts Institute of Technology) se llevan a cabo investigaciones sobre inteligencia artificial y en una de ellas se trata de que el robot aprenda de si mismo; esto no es algo novedoso, lo que sí nos interesa destacar es que el software está inspirado en el cerebro y en el sistema nervioso central de animales, y la idea basal del aprendizaje reside en crear un símil de la relación madre-hijo, para esto crean robots con forma humana. Por lo pronto, con cabeza, pues allí está el rostro. De hecho, el robot "Kismet", así se llama, es un rostro que se da vuelta si su "madre" (la investigadora) entra en el cuarto, y también se asusta o se sorprende. La intención de los diseñadores es que sean máquinas con inteligencia social, capaces de relacionarse con los seres humanos de una manera natural. Al ser interrogados de porqué eligen que tengan forma humana, los autores del proyecto, Cynthia Breazeal y colaboradores, respondieron que "lejos de pretender emulaciones artificiales, mi tesis es que un robot artificial debe lucir como un ser humano para que pueda interactuar con ellos de igual a igual".

        2) "...desde los objetos hasta los instrumentos que nos rodean..."

        En su análisis de la percepción, contenido en "Materia y memoria", Bergson no entiende la percepción como aprehensión de una realidad por un sujeto psíquico. Para él, la percepción es ante todo acción y conlleva : "una relación variable entre el ser viviente y la influencia más o menos distante de los objetos que influyen sobre él", y "la noción tradicional de percepción no puede explicar el orden de la Naturaleza para una conciencia en la cual todas las imágenes dependen de una imagen central, nuestro cuerpo, cuyas variaciones siguen".

        3) "Tomemos como ejemplo lo que nos suscita creencia, sea quien fuere el que aparece ante nosotros, bajo que ropajes imaginarios, bajo que tensiones afectivas..."

        Los afectos también se moldean, se intensifican o disminuyen, se desplazan siguiendo las vectorializaciones que propone la unidad de medida "forma-cuerpo"; antipatía o simpatía, aceptación o rechazo, amor, odio, indiferencia, siguen los lineamientos de la imagen de la forma del cuerpo. Que quede claro que esta "unidad de medida" es un casi algoritmo informulable, una clave secreta que cada uno de nosotros porta y no sabemos descifrar. Es la que determina, diría Freud, nuestras "elecciones de objeto", o por ejemplo que cosas van a formar parte de nosotros cada día, ropa, anteojos, perfume, lapicera, auto, lugares. Las funciones imaginarias participan continuamente en nuestra vida, nunca aisladas, como hemos dicho.

        4) "Pensar lo correcto y no salirse del sentido común -véase Aristóteles..."

        Esta es una expresión que proviene de Aristóteles y, para simplificar, diremos que puede ser traducida del griego, tanto como sentido o sensación común, puede o no residir en un órgano esta unificación relativa de los sentidos del cuerpo humano, luego a través de los siglos, toma la significación de algo difuso, ya no localizado en el cuerpo individual, sino compartido en lo social y lo humano, si puede ejercerse, y que nos provee de determinadas soluciones prácticas. (Véase Aristóteles, Del Alma, III; Del sueño y la vigilia, II ).

        5) "Vivimos lejos de lo real (irrepresentable). Nuestra vigilia no es otra cosa más que un prolongado sueño diurno".

        Aquí no podemos dejar de hacernos eco del admirable título de Macedonio Fernandez, "No toda es vigilia la de los ojos abiertos".

        6) "Hasta antes de esa noche..."

        A esto, desde la memoria mítica, lo podemos llamar el "terror sacro a la oscuridad". Podemos argüir que de noche, o en las noches, en la ausencia de luz tienen lugar las cosas infaustas, no podemos asegurar que sea así, pero en la ausencia de luz adquieren más fuerza las potencias de la oscuridad, que habitan en nosotros; se escuchan más los ruidos (la "noche de los cristales", Alemania) o se ve más el fuego (la quema de libro de autores judíos, idem ant.) y no podemos dejar de mencionar "la noche de los lápices" (Argentina).  

        7) "...¿quién era Gregorio Samsa?"

        En la biografía sobre Sacher-Masoch, de cuyo nombre proviene el concepto posterior de masoquismo, el autor Bernard Michel, pone de manifiesto que el nombre mismo de Gregorio Samsa, es probablemente un homenaje de Kafka a Masoch; plantea que Gregorio es el pseudónimo que adopta el protagonista de la novela de S.Masoch, "La Venus de las pieles", y afirma que, en efecto, Samsa, parece en efecto, un diminutivo o un anagrama parcial de Sacher-Masoch. No sólo los temas "masoquistas" abundan en Kafka, sino que el problema de las -hoy- llamadas minorías en el imperio austrohúngaro, impulsan ambas obras (Masoch-Kafka). No por ello deja de haber grandes diferencias entre lo jurídico de tribunal de Kafka y lo jurídico de contrato de Masoch (ref. G.Deleuze, "Crítica y clínica").

        8) "Las metamorfosis de Ovidio"

        La creencia en la metamorfosis (más allá de la forma) se fundó, en la antigüedad, en la continuidad entre tres mundos, entre tres espacios, íntimamente comunicados: el divino, el humano, y el de la naturaleza. Ríos, árboles, colinas, bosques, lagos, mares, todo estaba animado, todo tenía modos de relación y todo podía transformarse al entrar en comunicación. Luego, el cristianismo desacralizó a la naturaleza al alejar lo divino del ámbito de lo humano y trazó una una línea divisoria e infranqueable; huyeron las ninfas, las náyades, los sátiros y los tritones o se convirtieron en ángeles o demonios. La Edad Moderna acentuó el divorcio: en un extremo la naturaleza, en el otro, la cultura. Hoy, al final de la modernidad nos acercamos a la naturaleza y descubrimos que formamos parte de ella.

        9) "...la transformación de su cuerpo le trae inconvenientes, heridas y dolores".

        Otra cuestión de la antigüedad, ésta vez referida al cuerpo en su status de inmerso en distintos espacios. En el penúltimo canto de la Ilíada, Héctor, antes de morir, le ruega a Aquiles que no mutile su cuerpo. Según los griegos, la mutilación del cuerpo humano interrumpía los pasajes entre muertos y vivos, es decir, rompía el equilibrio del mundo, aniquilaba la polis, la memoria, la costumbre, la moral. Otro ejemplo de esto lo tenemos en la tragedia "Antígona", al no dejar Creonte que Antígona pueda realizar los ritos funerarios con el cuerpo de su hermano, quedando así expuesto el cadáver a la mutilación de perros y aves.

        10) "...con suficiente poder: sea político, militar o afectivo".

        Con un cuerpo, con varios, o con grupos, o con millones la operación cuerpo Kafka puede realizarse. Este es el saldo que nos deja el siglo XX.

        11) Queremos concluir estas notas con una referencia que no pertenece al texto sino que está incluida en toda nuestra propuesta de la hipótesis "cuerpo Kafka", porque pensamos que las cosas pueden ser distintas. Nos atrevemos a dejar esta cita, en términos difíciles, por cierto, pero no tanto como para no ver como sigue operando el término "metamorfosis" en el psicoanálisis actual. Y, si ustedes quieren, como una contraoperación, o una posibilidad genuina frente a la "operación cuerpo Kafka".

        "La caída del a, el desvanecimiento del sujeto supuesto saber y la emergencia de ese él mismo - (el analista sólo se autoriza de él mismo)- que se autoriza está ligado para Lacan, desde el punto de vista clínico, a lo que llama una metamorfosis que sobreviene en el transcurso de la cura, en el que el partenaire se desvanece por no ser más que saber vano de un ser que se sustrae. La palabra metamorfosis tiene aquí toda su fuerza, estamos en el punto en que el Otro no existe, y tenemos también la figura de un partenaire faltante, esencial para soportar al partenaire-síntoma. El ser que se sustrae es el ser del analizante que sufrió la metamorfosis, y de pronto, todo lo que pudo ser elaborado como saber es afectado por una cierta vanidad y restituye al sujeto ese saber, en lo sucesivo, inesencial. Es una manera de hacer presente, de describir el desvanecimiento del sujeto supuesto saber. Es decir: puedes guardar lo que sabes de mí, ya que ahora soy otro" (Seminario de J.A.Miller, 7 de enero 1998).

         Devenir otro conservando la memoria del mismo - ref. J.L.Borges, "el otro, el mismo"- es la metamorfosis propuesta. Devenir otro no es más que una metáfora de ser, simplemente.

12) "¿pero porqué no sentir que todos podemos ser insectos, alguna vez?

        La inversa recíproca también es válida. Tenemos que decirlo así, casi en la penumbra, para no agitar las conciencias desdichadas; pero debemos decirlo, no creamos tanto en nuestra bondad. Como decía el escritor norteamericano W.Faulkner, "estamos en la situación de un alemán después de 1933, que no tenía otra alternativa que ser nazi o judío" (El intruso); agregamos que dadas determinadas condiciones, mal que nos pese, todos hubiéramos podido ser oficiales de las SS, (véase "El undécimo mandamiento", A.Gluskman). Una corroboración en la boca de un sobreviviente del Holocausto, Dov Shilansky, presidente del Parlamento israelí en 1982, "recordé el momento en que al llegar al campo de exterminio de Dacha, el coronel nazi Voerster, nos dijo en el peor de los tonos degradantes: olvídense hasta de pensar que son seres humanos. Aquí hasta el gusano está por sobre ustedes". No tenemos nada que agregar a algo que, a nuestro parecer, es suficientemente claro e impactante y deja en evidencia la maquinaria puesta en juego con lo que hemos llamado "el cuerpo Kafka".

 


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Comentarios al autor: srocchietti@ciudad.com.ar

 

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