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Materia carne, asunto cuerpo.
Sergio Rocchietti
(Primera parte)

Creo que a veces, la mayoría
de las veces, no nos detenemos lo suficiente en determinadas consideraciones;
no lo hacemos porque no podemos hacerlo así como así, tan fácilmente.
Nos cuesta.
Hay determinados temas cuyos contenidos nos alteran y luego respondemos
ante éstos contenidos en forma de una evitación que puede tomar
dos modalidades, no nos acercamos o pasamos rápidamente por allí
con todo el bagaje de cuestiones adquiridas que hacen que no podamos
ejercer nuestro más estimulante sentido, el asombro (1).
No hay nada que hacerle,
estamos acostumbrados. Y cuando estamos acostumbrados asombrarse
es cosa difícil.
Estamos acostumbrados a tener
un cuerpo (2 y 3).
¿Luego, debiéramos asombrarnos
de tenerlo? Sí, si eso nos pone en la pista de la no inmediatez.
La no inmediatez de nuestra costumbre de sentir el cuerpo como propio.
Nuestro cuerpo, solemos decir. Si podemos suspender la inmediata
certidumbre de nuestro cuerpo, podremos empezar a asombrarnos
y empezar así a recorrer el camino de su adquisición.
Alguna vez no tuvimos nuestro
cuerpo.
Y alguna vez ni siquiera éramos,
pero no se trata de eso; hubo un largo período en el cual no fuimos
capaces de dominar el lugar donde habitamos, el cuerpo. Nuestro
cuerpo-carne, distinto a nuestro cuerpo-yo.
Hay dos lugares básicos desde
donde podemos considerar al cuerpo. Uno, desde el exterior y dos,
desde el interior. Luego, nos queda la tarea de borrar esa distinción.
Seamos explícitos, en determinadas circunstancias nuestra perspectiva
debe ubicarse dentro del cuerpo para explicar algunas cuestiones
que no pueden ser tratadas desde afuera y viceversa. Y además, esta
dualidad de perspectivas a veces no debe ser aplicada porque si
lo hacemos nos impedirá percibir determinados fenómenos que borran
esta misma configuración para crear otras formas; formas de relación,
entre el cuerpo, el yo, y el mundo (4).
***
Hagamos la consideración de lo
siguiente, una cita que proviene de un autor del siglo XVIII y la
otra que es una proposición que algunos dirán poética y otros no,
pero que nos ofrece una posibilidad de mira diferente.
"... podemos estar convencidos
de que bastaría aumentar o disminuir el número de sentidos para
que formuláramos juicios enteramente diferentes de los que hoy nos
parecen tan naturales..." [Tratado de las sensaciones, Condillac].
Ser vivíparo
Es haber nacido de un cuerpo vivo
Es haber nacido del cuerpo vivo de otro
Es haber nacido desde el interior
Lugar, que inconmensurable
va a desplazarse al exterior
mundo interior, mundo de afuera
Irresoluble desgarro
tensa separación
siempre provocada
no querida
El grito será su consecuencia
Con palabras difíciles, "derelicción",
se refiere M. Heidegger al sentir de ese momento, nacer, sentir,
vivir. "Caer" en el mundo nos provoca una fragmentación
tal (es lo que significa "derelicción) porque no estamos biológicamente
aptos para hacerlo y sin embargo nacemos. Lo que sucede es que no
estamos biológicamente aptos porque todos somos prematuros en relación
al nacimiento de los otros animales; nacer prematuros es la condición
por la cual tenemos el cerebro que tenemos (5).
¿Es lo mismo nacer de una crisálida?
¿O nacer de un huevo?¿qué se siente al romper un cascarón?
¿Es lo mismo que surgir de la carne palpitante, doliente, angustiada
y temerosa de un otro?
No.
Y menos aún, ya que compartimos el nacer del cuerpo de un otro con
todos los mamíferos, si ese otro es capaz de vivir en el mundo de
los símbolos. Esto es, hablar -y muchas cosas más que no detallaremos-,
lo principal es que ese otro habla. Por ello no nacemos sólo desde
la carne, nacemos de un cuerpo que es alguien, y también
nacemos desde la carne (6).
Nacemos situados, prefigurados,
multideterminados; azar y causaciones serán nuestro futuro.
J. Lacan lo dice de un modo
contundente: "no es a título de viviente, de cuerpo, que nacemos,
sino a título de sujeto" (Seminario XIII; véase también, "Narrar
el cuerpo narrado", V.G.) Dos cuestiones se abren aquí para
nosotros, una es que estamos tratando de situarnos precisamente
en la perspectiva de ese entrelazamiento que se da entre la materia
y el cuerpo, nuestra "carne", esta perspectiva no es de
"alguien" es de todos; y dos, es que ese "sujeto"
será humano cuando alcance ese estatuto de "como los demás",
esto en la singularidad pero ya es "alguien" para aquellos
que lo concibieron y lo esperan y para ese alrededor. Esto último
lo logrará situándose junto con los símbolos de lo humano; de aquí
que jamás nacemos a "título de viviente", considerar "lo
viviente" exige otras cuestiones.
Volvemos a nuestro punto de
mira. El "yo" o dicho de otro modo, variación imperceptible
pero amplia, "yo" depende del cuerpo. Frágil o firme
según la ocasión. "Yo", el que lo afirma, pues decir "yo"
es una afirmación, pende del cuerpo, se desplaza por el , se difunde,
casi como uno se coloca un guante en la mano sintiendo que se va
amoldando a él hasta dejar de sentirlo porque ya está formando parte
de ella. Así (7), nos incluímos en el cuerpo y alcanzamos sus límites; los
límites de su extensión. En realidad esto no es nada más que la
experiencia vista desde el punto de perspectiva del "yo".
La experiencia vivída y sentida de un "yo" que aún no
dice "yo" y adquiere su forma primordial que le llega
desde afuera, desde su semejante al que no le otorga alteridad,
pero que le imprime su forma. Destaquemos que esta ausencia de "otreidad"
ocurre en determinados momentos de intensa fascinación que serán
los que arman la experiencia de la adquisición de la forma humana.
De allí en más (como si fuera tan simple), el individuo se instala
en una forma, en un contorno o silueta reconocible, más allá de
las variaciones que pueda presentar esa forma. Y aún más, esa forma
puede ser revocable en distintas circunstancias (8).
Claro está, aunque no sea perceptible
más que en otro contexto, y esto es que lo anterior propone una
tiranía del cuerpo. Tiranía de la forma del cuerpo: estamos óptica
y lingüísticamente sometidos a la forma del cuerpo.
La tiranía del cuerpo
La unidad de nuestras percepciones
es ilusoria, pero no por eso es menos eficaz; por ejemplo, una cosa
es ver y otra escuchar, implican procedimientos distintos y conllevan
distintos destinos; pero es en este preciso lugar donde interviene
el "yo", luego la unidad de nuestras percepciones es ilusoria
porque hay un yo, y es él el encargado de dar esta unidad.
La unidad de nuestra
conciencia es ilusoria. La conciencia, la nuestra también lo es
¿qué? Ilusoria. Seamos breves, nuestra unidad es adquirida, debida
a ese aparato -enfermedad mental dice J.Lacan- que es el yo, ¿y
la conciencia? mero reflejo, responde aquél. Reflejo de ¿qué?, reflejo
del mundo; pero no nos apresuremos a suponer al mundo en este lugar.
Hagamos una pequeña consideración.
Introduzcamos algunas citas,
la primera de Jenófanes de Colofon, filósofo presocrático, la que
continúa es de Platón refiriéndose a Protágoras, a quien pertenece
lo que queremos destacar y luego son Sexto Empírico y Aristóteles
que retoman lo dicho por el sofista Protágoras (Platón le dedica
un diálogo llamado así).
" Pero si los
bueyes, caballos y leones tuvieran manos o pudieran dibujar con
ellas y realizar obras como los hombres, dibujarían los aspectos
de los dioses y harían sus cuerpos, los caballos semejantes a los
caballos, los bueyes a los bueyes, tal como si tuvieran la figura
correspondiente a cada uno".
(21 B 15) Clem. Strom.
"... Como decía Protágoras
afirmando que el hombre es medida de todas las cosas; así, por tanto,
como a mí me parece que son las cosas, tales son para mí; y como
a ti te parecen, tales son para ti".
Platón; Cratilo,
385 e.
"También Protágoras
sostiene que el hombre es la medida de todas las cosas, de las que
son en cuanto que son y de las que no son en cuanto que no son,
entendiendo por medida la norma y por cosas lo real; de forma que
el podría decir que el hombre es la norma de todo lo real, de lo
que es en cuanto que es, y de lo que no es en cuanto que no es".
Sexto Empírico;
Hipótesis Pirronianas, I, 216.
"Análoga a
lo que hemos dicho es la proposición de Protágoras que afirmaba
que el hombre es la medida de todas las cosas. Esto no quiere decir
sino que lo que le parece a cada uno es efectivamente lo real. De
lo que se deriva que una misma cosa puede, al mismo tiempo, ser
y no ser, o ser buena y mala, y que las demás proposiciones contrarias
son igualmente verdaderas, puesto que muchas veces lo que parece
bello a unos es lo contrario para otros, y el parecer de cada uno
es la medida".
Aristóteles; Metafísica, K 6, 1062 b, 12.
No consideremos como importante
el tiempo transcurrido entre nosotros y nuestras citas y tratemos
de advertir lo importante en juego; no es lo teológico, sino lo
que apreciamos como una profunda intuición, en sentido cartesiano,
de lo que está en juego en la constitución del mundo imaginario
de nuestra especie; cuando decimos "imaginario" esto no
quiere decir ficticio, sino el lugar donde se sitúan las imágenes
sensitivas en primera instancia, prevalentes, y ordenadas en relación
a "nuestro mundo de los símbolos" que nos van a acompañar
siempre. Nuestras percepciones no son caóticas en nosotros, si lo
fueran, nos producirían a nosotros en esos lugares; simplemente,
estaríamos ligados sin posibilidades de salirnos a ese caos, consecuencia:
un sujeto caotizado sometido a las estimulaciones internas y externas.
¿Qué es lo que releva Jenófanes
para nuestro hoy? Con una intensa agudeza nos advierte de la importancia
de la forma del cuerpo en la creación de la forma de los dioses.
Es simplemente sorprendente que en aquéllas épocas en la cual otro
filósofo presocrático planteaba que "todo está lleno de dioses",
él haya podido percibir el juego de espejos que se establece entre
lo creado y su creador a partir de la matriz formal que se impone
desde el lugar que podemos llamar cuerpo.
Dejemos también de lado la autoridad
innegable de los autores y, leamos con atención, así podremos percibir
como, desde ya hace mucho tiempo, la cita de Protágoras provocaba
una cierta controversia que devenía en interpretación de lo que
él había dicho. Ser la medida de lo que es y de lo que no es, ¿no
es una cuestión por demás interesante que seamos aún medida para
lo que no es?
Podemos agregar algo a lo que formula Protágoras, algo que introduce
un orden de precisión distinto a lo aludido en las distintas interpretaciones
-las de Platón, Aristóteles y Pirrón- postulemos que la medida del
hombre es la forma del hombre; incluso podemos decirlo así la "forma
- hombre". De este modo delimitamos el alcance de lo que se
plantea como "el hombre es la medida...", desde
que se lo enunció, esto se conoce como el "homo mensura",
el hombre medida, y es en realidad la forma del cuerpo del hombre
lo que da las medidas de ese "su" mundo (9), de este "nuestro mundo".
La forma del hombre es la forma-hombre, la de nuestros
cuerpos, que nos hacen reconocer y ser reconocidos por otros en
cuanto humanos.
Nos falta aún sacar las consecuencias
de esto; no son menores.
Notas:
1) "Los metafísicos
de Tlön no buscan la verdad, ni siquiera la verosimilitud;
buscan el asombro. Juzgan que la metafísica
es una rama de la literatura fantástica" (J.L.Borges).
2) Con frecuencia me ocurre pensar que siempre
estamos hablando de lo mismo. No sé si a ustedes les pasará algo
similar, pero tengo ciertas sospechas de que a lo largo del tiempo,
bajo distintas formas, en distintas épocas, siempre estamos hablando
de lo mismo.
No podemos dejar esto aquí. Si decimos que lo mismo aparece bajo
distintas formas ya no es lo mismo. Y bien, esto es cierto. Entonces
¿a qué mismo nos estamos refiriendo? Valga la paradoja, a un mismo diferente. Diferente en cada
forma de aparición y cristalización. Pero no diferente en cuanto
a temática. Por ejemplo, la existencia, cada época tendrá un modo
de vivirla y experimentarla, un modo-límite, un modo-lugar del cual
no se podrá salir; y esto sólo se advierte después, cuando ya no
se está allí. Bien, pero hay algo aún, la posibilidad de este advertir
sólo aparece como consecuencia de un olvido. Cada época olvida el
lugar al cual llego la anterior. No hablamos de la ciencia, ni de
otros saberes. Igualmente la ciencia tal cual nosotros la conocemos
no tiene más de doscientos años y sus inicios no se remontan a más
allá del 1600 con Galileo y compañía. Nos referimos a determinada
temática que ronda las siguientes palabras: nacer, vivir, morir,
amar, sentir, hacer y otras más que cada quien agregará. Es en este
campo semántico, delimitado por aquéllas palabras, que intentamos
orientarnos dando sentido, sintiendo los sentidos, y que por lógica
consecuencia esta sometida al olvido. Somos limitados y provisorios,
los olvidos no son otra cosa que una protección ante lo "que
no se puede mirar de frente". Luego, lo que consideramos a
grosso modo, un olvido epocal, no está hecho más que de olvidos
individuales reforzados por los culturalmente epocales.
3) No se puede calificar de confirmación sino
que se trata -lo creemos así- de estar bien acompañados, de ir en
camino; camino que, a veces es transitado junto con otros. Dice
Edgar Morin en un reportaje del 26-IV-1998: "...me
convencí de que la experiencia no sirve para nada, que el 98% de
lo que vive la humanidad se pierde, es imposible transmitir el sufrimiento
de una generación a otra. Las cosas del pasado tienden a olvidarse,
como las masacres y los genocidios. Esto es muy triste, pero hay
que saberlo, así uno comprende mejor cómo se mueve el mundo".
4) El cuerpo, el yo y el mundo, puede parecer
una temática fenomenológica, tratamos de que no lo sea, pero también
pensamos que en el tratamiento o consideración de los fenómenos,
los fenomenólogos tienen un entrenamiento especial para ser consultado;
tratamos de que no sea, la nuestra, una mera consideración del fenómeno
sino que intentamos trazar una continuación desde el fenómeno hacia
otros lugares (léase "fenómeno"como: lo que aparece. Lo
que aparece ante nosotros para su consideración y demás).
5) Tendríamos que entrar aquí en las consideraciones de como
es posible llevar en el momento del nacimiento diez mil millones
de neuronas, o explicar la relación del tracto vaginal con el tamaño
del cráneo y nuestra condición de bipedestados; para abreviar no
lo haremos.
6) La
carne como aspecto de la materialidad del cuerpo; carne-sangre, carne-fibra, músculo,
tendón, carne-soporte, carne-víscera; como lo recuerda Freud, citando
a San Agustín: "Nacemos entre heces y orina".
7) Así no es simplemente "así", de
este modo casi pueril por la comparación, resumimos la teoría del
narcisismo de S. Freud y su correspondiente tratamiento en J. Lacan.
Véase "El estadio del espejo" de este último para introducirse
en el tema.
8) Se trata, por ejemplo, de los fenómenos de despersonalización,
del doble, de estados confusionales, etc.
9) Nuestro
mundo,
el forjado en nuestro derredor, el construído, no el mundo geográfico
u orográfico, real, es
un cuerpo humano hecho partes, ectópico; la máxima expresión de esto se advierte en lo que
se ha dado en llamar el "ciberespacio", prefigurado por
Mac Luhan la relación que establece entre la computación y los medios
de comunicación por un lado y el sistema nervioso del cuerpo humano
por otro, diciendo que aquellos son una extensión de éste. Y aún
si se quieren establecer diferencias con lo que podemos llamar el
"cuerpo
medieval", véase M.Bajtin "La cultura popular en la Edad Media y en el Renacimiento",
cap. 5: la imagen del cuerpo grotesca en Rabelais y sus fuentes.
La diferencia entre estas "partes"actuales y aquellas,
es que las actuales son partes de una superficie cerrada, lisa,
y las medievales destacan los agujeros y sus intercambios.
Entiéndase bien, no es que no exista "el mundo real" sino
que acentuamos que "nuestro" mundo es un mundo que está
sometido a construcción desde nuestras subjetividades y en continua
relación con otras, y también con ese "mundo real" en
ocasiones. Además, no estamos solos, existen otros "reinos
en la Naturaleza", como se decía antiguamente, y con ellos
también nos combinamos, e incluso nos mitificamos (mitología) o
nos filiamos (tótems). Pero no es éste el aspecto que hemos intentado
subrayar, eso ya pertenece a los devenires.
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