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CYBER...
UNA LÁGRIMA, UN CORTADO, CON CREMA, BIEN FUERTE, LIVIANO
(AVATARES DE LAS RELACIONES POSMODERNAS)
Gabriela
Elena & Alejandra Bochatey
Un
buen día, el tipo saludó a sus compañeros de trabajo "hasta mañana", pero
el Gerente le dijo que mañana no viniera.
El tipo, en un flash aterrador,
pensó-sintió: "Un desocupado más de la amplia lista".
El Gerente hablaba de reestructuración, de
optimizar, de mejor rendimiento, de menores gastos... El tipo seguía
transpirando, hasta que escuchó: "Vas a terminar ese trabajo pendiente en tu
casa: mañana va el idóneo a conectar tu PC a la Red...".
Se le aflojaron los músculos, los oídos se le
abrieron. El tipo iba a trabajar desde su casa: el correo electrónico
reemplazaría al colectivo que lo llevaba con papeles hasta la empresa todos los
santos días. Sonrió aliviado.
Ahora, el tipo se levanta, lee el diario, se
sienta a la PC, escribe, diagrama, se toma un café y todo bien.
Y así pasan los días –casi de corte prolijo–,
pero... ¿cómo estarán los compañeros de la empresa? ¿Y la rubia, la empleada
nueva que miraba con onda? –Puta, si al menos pudiera inventar una excusa
para ir a la oficina...
Las discusiones con su mujer aumentaron un 50
%: claro, el tipo está en casa todo el día... ya no va por el kiosco de diarios
en Córdoba y Callao, ni toma ese cafecito antes de abordar el subte para
"leerse" algo.
–¿Qué pasó con la vida?
–se pregunta–. Y la gente, ¿dónde está?
Bondades de la Cibernética. Hoy alguien,
hasta la suegra más despistada, puede hacer uso de esta maravillosa y aislante
posibilidad. Hoy la gente está perdiendo contacto con los otros que le contaban
una pelea nupcial o el detalle orgásmico de la noche anterior. Hoy, y cada vez
más, cada uno está en casita, encerrado, cobijado y planeando la forma (o la
excusa, rayana en la mentira) para poder salir y sentirse parte de la Humanidad.
H.R. Giger (Frag.)
Las que firmamos la nota, autoras de
televisión, escritoras freelance, incansables compañeras de dos
voluptuosas máquinas 486, descubrimos, también por cuestiones laborales, una
novedosa alternativa que brinda la ciudad: el Café Cibernético. No es una
especialidad como el café irlandés, no. Es un lugar que surge gracias a la muy
mencionada globalización. Tiene todo lo que un posmocafé debe
tener: computadoras, monitores color, un poco de metal, plaquetas gigantes en
las paredes, rica comida y café. ¿Cómo se mezcla esto? Pues bien, en principio
es una manera de estar informado, sin perder de vista la calle, los sentidos y el encuentro con los demás.
Los habitués pueden hacer trabajos o
investigaciones tomando contacto con el medio de comunicación más libre del
momento: la censura, de verdad, no existe, y además –créalo o reviente–, se
aproximan amorosamente navegando por la Red.
Mientras piensan, esperan una respuesta o
deciden qué página de Web van a consultar, ven entrar al bar un par de ojos o un
cuerpo parlante, huelen el tostado mixto que sale para la Mesa 7, charlan con
los dueños del lugar, se enteran de alguna noticia ¡y hasta pueden sonreírle a
alguien!
No está mal. Los trabajos que se realizan,
los datos conseguidos se pueden imprimir o archivar en un diskette;
también se ofrece correo electrónico personal, cursos para aprender a navegar
(con aperitivo incluido), y hasta ocurren hechos "conmovedores" como... el
chateo. Los solitarios inagotables de Buenos Aires "charlan" por la Red, se
dicen todoloquepiensan y después de varias semanas, meses, de pasarse
datos sobre sus vidas y sus desgracias amorosas, pueden conocerse y –si el flujo
ideacional lo avala– formar parejas. Sí, sí. Hoy no hace falta frustrarse en un
boliche, perder tiempo en elegir la mejor ropa y el mejor perfume y, de últimas
y peores, volver a casa solo y con olor a pucho.
Los que quieren acceder a un romance pueden
conocer personas de todo el mundo, contarse las fantasías más íntimas, decirse
"hasta siempre" e intentar la conexión con otro.
Por ahora hay doce mil abonados a la Red,
pero Argentina, luego de Estados Unidos y Canadá, es el país con mayores
posibilidades de expansión en este área. El dato podría masajearnos el ego y
hacernos sentir curiosos, inteligentes o con afanes de progreso, mas cabe
preguntarnos: ¿hay tanta gente sola? Sí. Gente que es capaz de viajar miles de
kilómetros y gastar dos mil dólares en cuatro días para encontrarse cara a cara
con ese extranjero/a con quien chateó durante semanas. Gente que dice la
verdad y gente que miente descaradamente para provocar interés o mayor impacto.
H.R. Giger (Frag.)
Hasta acá, lo que puede pasar en el Café
Cibernético. Ahora metámonos en casa, cerremos las puertas y bajemos las
persianas... A lo ya mencionado, los efectos posibles del chateo pueden
ser varios:
1.
Seguir chateando por varios días.
2.
Si ambos tienen micrófonos, pueden conocer sus voces en el momento.
3.
Si tienen cámaras, pueden conocer sus caras, sus cuellos, y sigan
bajando...
Esto significa que hoy, alguien que está
absolutamente solo puede, frente a su PC, tener la noche más apasionada
con uno o varios abonados a la Red. En fin, una manera más de dejar de estar
solo, o, si se transforma en rutina, de estar más solo que nunca.
Entonces, por cierto, el malestar también
puede filtrarse en lo cibernético: no lo conjura una máquina, ni dos, ni la Red.
Todo depende de cómo pendamos del hilo de la incomunicación que esta
supercomunicación nos brinda. Que esta alternativa maravillosa nos ayuda a
conocer lo que pasa en el otro extremo del planeta segundo a segundo, es
indudable. Que las grandes empresas aumentan sus ingresos optimizando desde la
celeridad que el servicio aporta, es una verdad incuestionable. Pero... hasta
donde nosotras sabemos, no sólo de tecnología se nutre el hombre. Si perdemos de
vista que los domingos son de guardar, que la playa es para las vacaciones, que
la pasta casera es mejor, que disfrutar el silencio con un amigo es
indispensable, estamos en condiciones de decir que navegamos hacia la
alienación.
Una sugerencia
de dos mujeres que pasan más de la mitad de su tiempo frente a la
PC: abónense a la Red, aprendan todoloquepuedan, pero hagan
el amor con alguien que no suspire en realidad virtual...
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