Una
película de amor
María
Dolores Perez Dorrego
¿Cuál
es la influencia del cine en nuestros hábitos cotidianos?
Esa fue la pregunta que nos hicimos, la pregunta-guía. La respuesta:
mucha.
Desde
su nacimiento hasta la actualidad, el cine ha adquirido una creciente
importancia. Ha pasado por diversas etapas pero no podemos dejar
de decir que, hoy por hoy, Hollywood es el lugar de mayor producción
de imágenes culturales del mundo. Sabemos que son imágenes hegemónicas,
concebidas desde el marketing y para el consumo, occidentales, y
que no carecen de un alto poder de penetración. He allí su importancia:
la civilización de las ciudades genera sus lugares de esparcimiento
que jamás son inocuos, tienen un valor de inserción cultural, de
presentación de pautas, modelos, situaciones, en fin, historias.
Historias que impactan en ¿dónde?, en cada espectador. El cine
es una forma del relato, y es una de sus formas más eficaces
ya que "pone en escena" y nos introduce en la escena.
Lo que vemos ocurre en el preciso instante en que lo vemos, lo que
sentimos surge de esa puesta en escena y de nuestro dejarnos llevar
por esa retórica de las imágenes que golpean o no, nuestro cuerpo.
Así habrá películas para pensar, para ver, para llorar, etc. Esta
es una clasificación del lado del público.
Nuestra
tesis es que el cine y su extensión el "home-video" son
productores de "masas virtuales". Individuos agrupados
no en presencia mutua sino relacionados por haber asistido a las
"puestas en escena" de lo producido en Hollywood, o en
sitios similares. El corolario será que éstas "puestas en escena"
marcan, orientan e influyen de tal modo en los espectadores que
toda una época -si lo pensamos históricamente- puede quedar determinada
de modo indeleble por estas historias visuales. Esta determinación
no ejerce su influencia de un modo lineal al estilo de causa-efecto,
es mucho menos visible, menos asible, se inserta en lo social con
medios menos estridentes, ligeros para decirlo así, pero no menos
poderosos. Piénsese en la vigencia, en su momento, de "Lo que
el viento se llevo", "Casablanca", "Love story",
o en "Ghost" para ser más actuales, en lo referido al
amor.
Y no sólo
las épocas quedan determinadas sino también nosotros. Albergamos
en nosotros un conjunto de fragmentos de esas películas que alojados
allí impulsan diversas actitudes, o nos hacen pensar de cierta manera,
o nos obligan a revisar ciertos criterios. ¡Y todo esto por ir al
cine!.
Sergio
Rocchietti
Motivo celta
(s.VI)
La sola idea de tres columnas.
Amor — Odio - Terror.
Tres espesas masas que gobiernan diversos
estados. Son tránsitos generalmente un poco espesos, sólo ágiles las más felices
de las veces.
Tal vez pesen solamente para ser obedientes.
No sea cuestión de "llevárselas de arriba"... (pido disculpas para quienes
sueñan... todavía... un espacio en algún lugar de la tan ilusoria Meca en la
esfera celestial). Son sólo ideas... Primero en mi zapping mental.
"Océanos de tiempo"
-Drácula-, cuatrocientos años para encontrarte. No me parece tan mal.
El comprometido conde atravesó océanos de
tiempo para encontrar...la.
Fue la película más amorosa de la década
-1990-, porque si no corre un poquito de sangre, ¿de qué hablamos cuándo
hablamos de amor?, gracias Andrés, Calamaro, para más datos, citando el
título de un libro de Raymond Carver.
Tal vez deba citar la siguiente frase:
"cuestiones de forma". Hay de todo en la viña del Señor: hay amores que
deforman, los hay de película de la década dorada hollywoodense y de los años 20
en Alemania. Esas sí que eran divas. Vamps. Un humo que induce y hace que
el aire sea menos transparente. Marlene. Marlene Dietrich. El ángel azul.
Los aires de aquellos cabarets. Amores de estolas, de abrigos de mink; a veces
fatales palabras susurradas por esas infartantes señoras. Más de un romántico
caballero se ha dejado seducir por ellas.
Grandes figuras para amores de película.
Aparentemente tan triviales y casi arquetípicos amores: los de los cuarenta.
Rita Hayworth.
Toda una necesidad: ser una mujer fatal, de cabellera rojiza y satinados pasos.
De esas que no se olvidan, de esas que yo
llamaría heroínas. Se jugaban la vida por un amor.
Y yo casi me pierdo vagando por tan dulce
sensación... Melacólica y nostalgiosa.
Terminé con mi bolerito.
Motivo celta
(s.VI)
"La realidad de los noventa debiera
llamarme".
Scanners,
decodificadores de nuestra cultura de islas.
De poco tacto. Mejor no "tocar" ciertos temas. La generación X, -Douglas
Coupland. Las fibras de algún corazón se hacen escuchar.
Mirame y no me toques, y no dejes de mirar.
La cámara de Andrea Scarface en Kika, -Pedro Almodóvar-. Mirar, mirar,
ojos de video tape (de pie para la mención).
Diferentes versiones para filmar un poquito
de amor, no mucho, no digo una barbaridad.
También tenemos aversiones y horrores.
Puro amor que de insatisfecho "degenera" en
profundísimo odio, ciego, sordo y mudo. Se deforma su constitucional condición.
-Frankenstein-. "Víctor, vos me hiciste,
dame un nombre..."
La criatura habla. Cada uno con lo suyo, con
lo que tiene en casa y con lo que le succiona al vecino.
Lindos los besos del vampiro. -Rolling Stones-
"Simpatía por el demonio" se escuchaba por la carretera de Los Angeles al
terminar Entrevista... de Neil Jordan.
"Devil",
y la debilidad que nos permite conectar... un lazo para allá.
Tirar las redes en un intento para encontrar
media naranja, o un gajo (si me hacés tanta falta), que ya no duermo de noche,
que ya ni percibo lo que no sea tu mirada...
Siempre intentando tener en cuenta lo que la
sangre pide o dicta...
Adicta a los amores. Será por los cuatro
siglos de silencio... y vuelvo a pensar quien se ampara tras los humos del amor
romántico.
De boleros y te extraño.
De pasadas ya las modas de las divas de
teléfono blanco y tacones de satén.
A qué monstruo, a qué desconocido lleva
"cada-uno-mismo". Inside.
En nombre de quién nos embriagamos en sus
diversos ritmos.
¿Un engaño?... "Mentime, pero mentime
lindo..." Western amoroso en donde Johnny Guitar -El Forajido- lo escuchaba
de boca de Joan Crawford.
Es
extensa la geografía -Armando Manzanero-. "No sé tú, pero
yo no dejo de pensar".
Comentarios al
autor: srocchietti@ciudad.com.ar
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