ESAS
RARAS MANÍAS DE AMO
Vanesa
Guerra
¿Qué quiere decir pensar en alguien?
quiere decir, olvidarlo, y despertar
a menudo de ese olvido...
Roland Barthes
Pienso
en vos, te recuerdo. Recorto imágenes de una vasta realidad acontecida
y decido escribirte; como un intento -vano- de retenerte y recrearte.
La realidad es eso: lo efímero que
transcurre. El resto, tal vez sea amor.
¿ Y si de modo repentino te convirtieras en
mi interlocutor?
Probablemente no sólo conocieras mis
secretos, también tomarías contacto con las complicaciones. No sé muy bien de
qué te estoy hablando, es casi una falta de respeto acosar al otro con tanta
intimidad desordenada. Pero, la distancia y las situaciones inconclusas
generan este tipo de rarezas.
Insisto: Buenos Aires puede ser totalmente
árido en verano. Y no son las calles que alguna vez caminamos juntos y el
asfalto imprudente que acumula calor y te quema las suelas de los zapatos; ni
siquiera los kioscos cerrados en plena tarde cuando más los necesitás, ni la
bici que se desinfla por el sol, ni la gente que deambula por todos lados...
Nuestro personaje busca un enlace. Tantea.
Prueba sonidos y palabras, necesita llegar al otro, cercarlo con imágenes,
gratificarlo o regocijarse en ellas. Quizá tenga algo para decirle. Quizá no;
sin embargo, no puede evitarlo y le escribe.
Más allá de geografías posibles, se
instaura la dimensión de la escritura.
Siempre, incluso allí donde los amantes se amasan, puede dibujarse el plano
geográfico de la distancia:
El otro -siempre otro- tan ajeno a
uno.
Motivo
celta (s.VI)
La inexorable distancia que existe del uno
al dos, es como el abismo infinito que separa del otro.
Una brecha imprudente, sutil,
impostergable. Todos sabemos, que en realidad Aquiles y la Tortuga se amaban,
ahí, en el espacio infinito donde se fuga el tiempo.
Te doy mis imágenes, para que comprendas
qué siento. Imágenes precarias.
El otro ama la melodía de la voz con que el
relato lo envuelve, o el ritmo singular de la escritura, mas nada comprende de
aquellas imágenes preciadas: fragmentos de vida del ser amado teñidos de
nostalgia o risa.
Te cuento mi vida o un atardecer en París,
o mejor aquella noche de lluvia mientras miraba el mar o aquella tormenta
negra o la casa silenciosa de mis abuelos y la bomba de agua y el balde
metálico y la parra verde, en verano, cuando robaba uvas...
Y se pierden en los detalles, en lo nimimo
de una vida -más- cualquier vida, sólo que ellos –los amantes con sus vidas-
se aman y amanecen sin dormir.
La escritura del detalle es la escritura
amorosa. Una letra particular
que mantiene en jaque y al mismo tiempo deja expuesto a aquel que permanece
atrapado en los movimientos del otro. Observaciones sensatas, pero excluidas
de contexto para cualquier tercero que realizara una mirada desde afuera.
Sólo los enamorados y los niños llevan el
corazón oprimido.
El detalle de un brillo en la mirada, un
silencio inoportuno, el mínimo gesto de pereza descortés, un cambio de tema,
una asociación alertante de ideas, un roce entre manos, un encuentro fortuito,
-entre otras cosas- engendran el universo acuático de quien se encuentra
enlazado a otro.
Universo:
el enamorado gesta el universo en el otro, por el otro y para el otro.
Acuático:
sin embargo, la imagen del otro en algún momento hace agua y el universo se
diluye.
¿Por qué será que los afectos
invaden creando una extraña sensación de "para siempre"? Los afectos hacen de
cada vida una ficción. La Realidad, se encuentra muy lejos del ser
afectivo, se encuentra muy lejos de lo humano. La Realidad, para los
humanos no existe.
Motivo
celta (s.VI)
Debo conservarte -en una lata de conservas-
para que no te arrugues con el tiempo; para no presenciar tus cambios, ni tus
matices ocultos, ni tus sombras. Para soportar el amor que te di y el que me
diste y poder ubicarlo en algo más grande que una caja de zapatos.
Palabras. El otro siempre otro, ser de
palabras, relato múltiple al que no pertenezco, salvo para convertirme en un
relato más.
Quiero escucharte, quiero que me cuentes
todo, ahora.
Los amantes se escuchan en el filo de la
desesperación y generan el tiempo de la urgencia, como si pudieran percibir en
ese preciso instante que jamás podrán capturar al otro en algún lugar del
alma.
Es que estoy con vos pero igual te
extraño.
La realidad es eso, lo efímero que
transcurre, el resto tal vez sea amor.
¿El resto? Los trazos que el amante se
lleva en su partida, rasguñan a lo lejos la memoria de quien se queda.
Te recuerdo así, así como vos no te
recordás
Más allá del desacuerdo, está la mirada de
uno y la mirada de otro. Lo que marcó el cuerpo de uno y lo que marcó el
cuerpo del otro. Diferencias. Trazos y retazos, tan conmovedores, tan nimios,
tan absurdos, tan frágiles, tan ajenos, tan extraños.
Maletas de recuerdos imprecisos y
triviales, definitivamente arrojados a un intercambio infausto.
El
amor invita a esas extrañas manías, como una rara forma
de soportar el resto, pues conocer al otro es, en ese punto, una
tarea imposible. Los amantes se amasan en la ignorancia. Inevitable.
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al autor: vmalmsten@hotmail.com
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