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¿¡AMOR!?
SÓLO MÁS ALLÁ DE LA NARIZ

Vanesa Guerra

Depende cómo se mire. Lugar común del discurso cotidiano.

¿Qué pasa con los lugares comunes? —(Esos que tanto te exasperan)-

Son maliciosos.

Y digo que son maliciosos puesto que sólo nos confrontan con el insoportable hecho de que nuestros sentimientos son absolutamente ordinarios, comunes.

Así, el saber popular del lugar común además de ser malicioso, no deja de ser sorprendente: Parece que lo más kitsch del alma no deja de ser una verdad. -¡Ah! ¡¡terrible!!!

El poeta tiene el trabajo y la obligación ( a esta altura social y marketinera) de disfrazar lo kitsch con imágenes extravagantes, cercanas a la estética de la belleza de vanguardia. Pero sólo Dios sabrá - si es que existe y le interesa pensarlo- qué detrito es la belleza y cuál el ideal de dicha estética.

Y por qué no hablar del amor... de los lugares comunes del amor. ¿Es que acaso el amor tiene otro lugar que no sea el común?

Depende cómo se mire.


Motivo celta (s.VI)
 

El enamorado - poeta no rentado (valga la cacofonía) - considera su amor como un privilegio original que supera, en tanto que excepción, cualquier decir amoroso de otra criatura. Y el enamorado desesperado (insiste lo cacofónico) no cesa de buscar espejos: seres sufrientes como él que devuelvan dentro de una poción mágica estigmas de su padecer. Sin embargo, nunca es suficiente.

Busca. Y busca para no encontrar lo que tiene delante de sus narices.

Rara frase, esta última. Delante de la nariz, justo ahí donde esa termina es casi imposible saber qué pasa. La punta de la nariz es algo que sólo puede ver otro. Otro que además se ubique en frente y que no se encuentre bajo el irrisorio intento de ver qué cuernos pasa en la punta de su nariz. De la propia, digo.

¿Habremos llegado a la idea de amor?

El amor resulta de dos que tienen ganas de mirarse las narices.

Aja

Y de contarse lo que ven.

Ajá.

y de creer medianamente en lo que el otro dice.

Mmh...

Narices perdidas para siempre.

¿Qué elementos tengo yo, o vos, o cualquiera para aceptar que aquello que el otro dice ver -en la punta de la nariz- es "lo que hay"?

¿Debemos resolver esta situación al estilo judeocristiano y afirmar que es una cuestión de fe?!

¿Acaso el amor es ciego y nadie ve narices ni propias ni ajenas?

Sí. El amor no ve, el amor habla. Olvídate de tu nariz!

Al fin y al cabo, la nariz era un extraño apéndice agujereado que emergía sin simetrías posibles en medio de la cara. No era necesario semejante armatoste para que ingresara el aire al cuerpo.

Sólo se respira hablando.

Así de fácil algo puede desaparecer. Seres sin narices.

Ahora no parece un lugar común, sin embargo también lo es.

Seres sin narices es igual a el amor es ciego.

Gajes de la estética.

 


Comentarios al autor: vmalmsten@hotmail.com

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