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 EL SOÑANTE SOÑADO
(Acerca de la existencia de lo inconciente)

María Laura Galarza

 

 El descubrimiento de lo inconsciente, nos dividió para siempre. Quitó al hombre la ilusión de creerse único y dueño de sus actos. Algunos se revelan contra la idea, otros se apasionan. Lo cierto es que ya no resulta indiferente la idea que exista algo más allá de nuestra conciencia. Esta idea incómoda y fascinante de entender que alguien, que no es "yo", habla en nosotros.

 Como Freud sabía lo que hacía, intenta probar la existencia del inconciente a través de los sueños. En una de sus últimas conferencias aseguraba que "la doctrina de los sueños era lo más distintivo y propio del psicoanálisis" y que toda vez que él empezaba a dudar acerca de sus afirmaciones, revelar la oscuridad de un sueño renovaba su confianza y le permitía mantener en pie su pasión por lo anímico.

Para cualquier agnóstico de los dichos del psicoanálisis, la imposición de los sueños resulta lo más infranqueable. Porque de un fallido podrá decir "sólo me equivoqué" o de sus síntomas hacerlos suyos hasta enamorarse casi, de ellos. Pero hasta el más descreído, tuvo que saber de sus sueños. O quién no despertó sobresaltado o confundido, reconociendo ese resto de imágenes que parecen escabullirse por los marcos de la memoria de manera directamente proporcional al despertar, como propias y a la vez, con la impresión de haber sido objeto de algún guión pensado por otro. El sueño aparece como lo más extraño al sujeto aunque ligado a un orden de certeza del cual no puede sustraerse. ( "Se trata de mí").


Max Ernst (Frag.)

Quiénes somos en los sueños?

Para Freud, los sueños constituyeron "un acto psíquico de pleno derecho, rebosante de sentido y de valor" y al que si logramos acceder, alcanzaremos "comunicaciones que de otro modo habrían permanecido inaccesibles". Acá Freud nos está diciendo que el sueño guarda para cada uno de nosotros un sentido. Pero de qué sentido se trata. Porque en verdad lo que sucede es más bien una sensación de extrañamiento respecto de esos jirones que no sin esfuerzo intentamos perseguir con la memoria una vez que despertamos. Se trata más bien del sinsentido. Eso extraño que nos habita es lo que Freud llamó inconsciente. Paradójicamente, eso más extraño a nosotros, resulta lo más verdadero. Y ése es el sentido de Freud. Para él los sueños eran la posibilidad de sondear palabra por palabra, asociación por asociación, cual capas de cebolla para dar con alguna verdad. Entonces, en los sueños hay un mensaje cifrado para cada uno, y en orden a una verdad individual, esto es, para cada sujeto en particular. ¿De qué material está hecha esa verdad?

Borges lo llevó a la literatura maravillosamente. En El Aleph, o en Funes el memorioso aparece un universo condensado, ahí donde pueden verse en el primero, o recordarse, en el segundo, la humanidad toda, aquella que nos precede y determina. Funes aseguraba que sus sueños eran como nuestras vigilias. Su memoria de elefante no lo dejó vivir en paz, lo enloqueció. Así, entendemos que nuestro inconciente cada vez en los sueños, actualizaría algo del orden de nuestro antepasado, aquello que somos más allá de nosotros mismos, aquello que somos sin siquiera saber. No nos está permitido llevarlo a cielo abierto, de esa forma todos terminaríamos como Funes el memorioso que por su suprema lucidez no pudo más que quedar tirado en su lecho y sólo saber, saberlo todo absolutamente y que su existencia se volviera insoportable.

Somos desmemoriados y neuróticos más o menos felizmente y los sueños nos permiten de vez en cuando darnos una vuelta por nuestras oscuridades. "Era la cara de un amigo que creía olvidado" "Sueño que me pierdo y no sé cómo volver". Palabras, palabras que desde los sueños nos hablan y entrañan sin duda cierta verdad para cada uno.

 Juan David Nasio afirma que: "en el ello encontramos no sólo representaciones inconscientes de cosas grabadas en el psiquismo bajo el impacto del deseo de los otros, sino también representaciones innatas, propias de la especie humana, inscriptas y transmitidas filogenéticamente" ( J.D. Nasio en "El placer de leer a Freud"). Visto de esta manera, Borges no estaba errado en su idea reiterada de hacernos leer en sus cuentos distintos episodios donde los sueños aparecen dentro de otros sueños o donde el soñante se percata (no sin angustia) de que en verdad, es soñado.



 

Max Ernst (Frag.)

"Alguien me dijo, no has despertado a la vigilia sino a un sueño anterior. Ese sueño está dentro de otro, y así hasta lo infinito(...)El camino que habrás de desandar es interminable y morirás antes de haber despertado realmente"

 



(J. L. Borges "La escritura del Dios")

Si esto es así, en verdad fuimos soñados por otros, fue el deseo del otro el que hizo que yo existiera y el sello de esa fuerza me habita como lo más desconocido. Porque alguien nos pensó, existimos. Otro (que no va a ser cualquiera para nosotros), nos legó su deseo traducido en significantes para existir. "Pensar en un hombre, se parece a salvarlo" decía un poeta. Me piensan, luego existo, permitiéndome una re escritura de Descartes. De hecho, cuando nuestro amado nos dice "hoy pensé en vos" nos hace consistir, nos hacer ser, nos hace sentir vivos.

Antes de ser quienes somos, fuimos no sólo soñados por otros, sino hablados, nombrados, pensados, jugados. Esto, desde el tiempo verbal nos deja en un lugar pasivo. El mismo que experimentamos ante los sueños o ante cualquier acto psíquico de idéntico valor. Es el sentimiento que algo nos precede y nos excede, pero que a la vez, porta un sentido, o un significado que el mismo acto vela. Eso insondable, nos determina. Y es ése el sentimiento que despiertan los relatos borgeanos. Lo infranqueable de sabernos determinados. A eso Borges lo llamó destino. Nosotros lo llamamos inconsciente, como esa fuerza maravillosa y desconocida que nos gobierna.

 


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