"YA
NO SE SUEÑA CON LA FLOR AZUL"
Natalia
Nemiña
Monet (Frag.)
¿Cómo soñamos hoy? ¿Qué imágenes convoca el
sueño? Walter Benjamin confirma: "El
sueño ya no abre una azul lejanía". El sueño también es objeto, presa de
la historia. Cruel cazadora, ni siquiera el sueño furtivo ha logrado
escaparle. El hombre, endiosado espectador, busca sin ánimo una salida para su
creador fluir. Algo interno se mece en su interior, una capacidad asociativa,
una máquina de imágenes, sonidos, sensaciones táctiles... y éstas ya no se
proyectan en su sueño. La historia lo ha atrapado y el progreso lo ha
empobrecido. Las impertinencias de nuestro tiempo ya no permiten soñar con
"un mundo maravilloso" como el de la canción, ni con un mundo romántico, que
casi se abstraería de lo moderno, de lo iluminado. La capacidad creadora se
empequeñece, se descarta el asombro ante las cosas, se difunde la mirada
acostumbrada, la mirada cotidiana. Del mismo modo en tiempos de batallas
atrincheradas, en tiempos de conflictos bélicos de la talla de las guerras
mundiales, Benjamin afirmó: "las personas regresan mudas del frente de combate"
o podemos decir que las personas permanecen mudas ante la pantalla, ante su
diario discurrir, bombardeado amablemente de objetos para consumir. La violencia
de la guerra encuentra su escape ante la incapacidad de soñar en la cultura de
masas. Hoy el sueño continua empobrecido, ya no intenta captar esa esencia
lejana. Hoy las imágenes se presentan encadenadas por su familiaridad
cotidiana como un film onírico.
Pero la pobreza de la experiencia ha generado
una débil onda sobre el cauce. Pensar el coleccionismo como oportuna respuesta o
escape, puerta de salida, que fue, si pensamos desde la materialidad, la puerta
de entrada. El coleccionista responde a lo que dentro del sueño es ese
material cubierto de polvo y bastardeado por el uso, responde desde la extrañeza
y la admiración. En oposición al hombre que todos los objetos puede alcanzar y,
a veces, debe alcanzar, por la gracia del sistema reproductivo, el coleccionista
busca, desde su capacidad de asombro infinito, algo más en el objeto, algo que
no es su utilidad, o sea, su lado más gastado. Quizás el coleccionista busca
el aura en el objeto.
También están aquellos hombres que, como
Bertolt Bretch, no se preocupan por la eficacia o utilidad del objeto, pero
si disfrutan descubriendo su historia, como el tiempo ha corroído cada cosa,
casi una genealogía del objeto cotidiano:
"De todos los objetos, los que más amo
son los usados.
Las vasijas de cobre con abolladuras y bordes aplastados,
los cuchillos y tenedores cuyos mangos de madera
han sido tomados por muchas manos. Estas son las forman
que me parecen más nobles. Esas losas en torno a viejas casas,
desgastadas de haber sido pisadas tantas veces,
esas losas entre las que crece la hierba, me parecen objetos felices."
Dice
Hugo Von Hofmannsthal a raíz de la relación entre el cine y el sueño:
"y ahora de nuevo hay un arcón con cachivaches mágicos...".
Ante un hombre más y más abstracto, cachivaches mágicos, objetos
auráticos...
En efecto: hay otros modos de ver lo cotidiano. Los objetos
mutan, si nuestra mirada deja de increparlos: ¡útiles, deben
ser útiles, eficaces, deben...!
Tal vez, si logramos contemplar otras formas del ser... podamos
recuperar el sueño, quizás podamos volver a soñar con la flor azul.
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