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El príncipe azul destiñe y la princesa tiene mal aliento

Sergio Rocchietti

 

Apuntes para una historia (pequeña) del encanto y del desencanto en la cual no importa cuan afinados seamos siempre desentonaremos.

Se dice que no hay novelas antiguas, aquellas que se escribieron hace mucho pero mucho tiempo. Tanto tiempo que no tenemos la más mínima noción de cuanto tiempo es porque nosotros tenemos un tiempo de vida que no se corresponde con semejantes cantidades de vida.

El: Te amaré para siempre.
Ella: ¿No te parece demasiado tiempo?

El inicio de la era cristiana fue hace dos mil años y, como casi siempre ocurre, los interesados ni se enteraron. ¿O todavía no se dieron cuenta que casi nunca nos damos cuenta porque no caemos en la cuenta de lo que nos va a suceder?. Y ¿qué? Vos te pensás que podemos adivinar lo que va a pasar. No. Ya sé que no pero que se le va  a hacer uno lo intenta, ¡sería tan lindo!, por lo menos uno no se metería en tantos líos. Que la borra del café y el tarot y los videntes y las brujas que no existen pero que las hay las hay. ¡Ay! Te dije que no me hagas acordar de mi señora. Y bueno ¡che! Dejate de joder con tu jermu, mirá todas las minitas que hay. ¡Ay!.

Yo: ¿En qué estábamos?

 Ah! en la historia del tiempo, ésa sí que sería una buena historia, pero no creo que el tiempo (Cronos) nos la quisiera contar. No, no era la historia del tiempo, sino que hace mucho pero mucho tiempo no se escribían historias de amor. Pero que raro lo que me decís, ¿cómo puede ser que no se escribieran historias de amor?. Y no, loco, antes, me parece a mí que no se escribían historias de amor porque los chabones antes que escribirlas preferían vivirlas y cuando uno vive algo no le queda mucho tiempo, otra vez el tiempo, o las ganas, ¿qué se yo?, de andar escribiendo sobre el amor. Quizás escribimos sobre el amor cuando el amor, ese famoso niño alado, Cupido, se ha ido a dar una vuelta por allí, lo cual quiere decir que estamos más solos que un hongo. Lo cual me recuerda que no tengo la menor idea de porqué se dice que los hongos están solos.

Pongámonos un poco serios, novela, proviene del latín, novella, su origen es como término jurídico, en el código de Justiniano, referido a un añadido de una ley; con el sentido de 'relato breve sobre un suceso nuevo y curioso' pasó del provenzal al italiano en el siglo XII y de allí a toda Europa. Con Boccaccio, es en esas épocas que se consagra como género literario, siglo XIV, el Decamerón es del año 1353.

 Vos: ¿Y todo esto para qué coño me sirve?

Para nada o para quedar bien en una reunión como catedrático erudito. ¡Pero chabón, vos adónde vas a la Iglesia y nada más o a la Facu y a tu casa!. ¡Andá fierita!.

Sigamos, en alemán, francés, e italiano se distingue entre novela y novela breve, en los tres traducidos a nuestro idioma encontramos que la oposición sería entre novela y romance, lo cual sí es indicativo de algo. Si se limpian las orejas y se restriegan los ojos, podrán advertir que (mirá como se lo digo) el romance no es más que una novela breve.  Ventajas de lo translingüístico, pasearse por las lenguas es altamente instructivo. Tomalo como quieras, pero igual tu chiste no vale nada. ¡Ah sí, y ahora  me vas a decir que el amor es una novela larga!. ¡Mirá que interesante!. No se me había ocurrido, pero porqué no pensarlo un poco más. El amor como una novela larga, como un relato que continúa. Y con diferentes actores y diferentes situaciones y sucesos. Bien, te felicito. Buena idea.


Comentarios al autor: srocchietti@ciudad.com.ar

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