Cuarta
Presentación
De
cómo la cosa da asco
(Cosa asco: un buen anagrama)
Vanesa
Guerra & Sergio Rocchietti
“Con
tal postergación, me quedo sin posteridad”
Macedonio Fernández
Después
de pensar con otros, después de la noche que se nos vino, después
del vino que no tomamos, después de tomar lo que no nos mutó:
la violencia ha sentenciado su territorio desalojando y desdibujando
el rostro del enemigo.
Hoy
la violencia es perversa porque goza y se ensalza en el anonimato.
La indolencia del otro puede matarte cuando un ladrillo cae
desbocado desde un balcón construyéndose, cuando el pozo ciego
aúlla su boca profunda -alguien se ha llevado la tapa para fundir
el hierro en tres panes-. La farsa genocida sigue en pie, con
máscaras reales del yo no soy, yo no sé, yo no puedo.
Yo-yo,
un jueguito hipnótico de la mismidad automática. La misma que
constituye la base de la masa. Léase: grupo numeroso de individuos
que no lo son más porque se han amasado en el pegamento del
número que otorga la fuerza y la decapitación de aquello que
se considera lo principal, una cabeza, se supone que para pensar
y discernir. Sin cabeza y con líder la masa se mueve como ameba
(sin ojos ni oídos).
Yo-tu,
otro jueguito de espejismos cuando no de espejitos, ¿me hablás
a mí? ¿Me mirás a mí?, ¿me decís a mí? Me hacés a mí, mi amo.
Yo-tu-él
un problema. De a tres la cosa se pone difícil. Y somos más
de tres, hermano latinoamericano. La cosa en cuestión es que
era fácil ser "europeo" en tiempos liberales, ahora
en tiempos desiguales: ¡todos somos Kollas postmodernos! o kurdos
o iraquíes, sé igual, miembros no distinguidos de los terceros
o cuartos mundos. Vió la violencia, y ahora hasta los chicos
se balean y pelean y babean.
¡Qué lindo el siglo "equis equis i" (XXI)! que comenzó
en Nueva York en el 2001 gracias a dos aviones y dos rascacielos
(hubo otros aviones, pero ésos no trascendieron tanto) y con
un gendarme mundial anticipado en la stars war y con las otras
yerbas, guerras de ocupación y tácticas de insurrección. ¡Si
Discépolo viviera cuantos tangos haría!
El miedo
¿da asco? Infunden miedo, todo es de temer, el miedo ha ingresado
al mercado, cotiza entre pobres y ricos. Todos compran miedo,
todos ganan intereses en la desconfianza, el miedo es un instrumento
de comunicación, de información, de intercambio, de gobernación,
un hábito de extraño monje.
¿Quién no tiene miedo ha quedado fuera de la cultura?
Ponte
el hábito que va transcurriendo la noche; la luna chirriante
en el cielo se ve como una espiral inquieta ¿serán los soles
de Van Gogh? ¿El big bang? ¿el chin pun?
En la
ferocidad de un mazacote, el mundo se parece a nada, las mayorías
son imposibles, hormigueros pateados, desmoronados en la selva
tras el paso de un animal cuyo atributo es ignorar la finitud,
esto es: al hormiguero lo patea nadie.
De las minorías quedan discursos interrumpidos. De aquella usanza
anterior a las rupturas idílicas, hoy sólo avizoramos tras las
ruinas del pensamiento esas reliquias preciosas de lo que ya
no tiene lugar de práctica legítima en el mundo.
Todos en el hormiguero.
Esperando aterrados el paso del animal.
¿Es el animal un enemigo? No. El enemigo tiene intenciones,
propósito, su rostro devela una idea, apunta al blanco de un
ideal, y es el suyo, su ideal, aquello que motoriza su acto
y su estrategia.
¿Será acaso, la violencia actual, hija de esta carencia de rostro?
¿Quién anda por ahí? ¿Hay alguien?
No, no hay nadie.
Detengámonos
en esto: la etología o sea el estudio de las conductas animales
plantea que entre la vida animal "la agresión es un pretendido
mal" (C. Lorenz) ya que las conductas "agresivas"
para nosotros (humanos -?-) no son más que la puesta en acción
de determinados mecanismos, (deberíamos decir "animalismos"
para ser más certeros con nuestras palabras) que están insertos
en una trama específica la de la vida animal (defensa del territorio,
cortejos, alimentación). En definitiva, la agresión es un privilegio
(¿?) de lo humano. Es en la intrincada complejidad del devenir
humano (sea esto lo que sea) que aparecen nuestros desvíos de
"lo natural" esto ya dicho por Hegel y continuado
por Marx. Nombres insignes para un intento también in-signe,
en el signo que nos ha dejado, a nosotros para proseguir aquello
que no se terminará de descifrar: NO Hay genoma del alma humana.
Y sí, el alma existe pero NO bajo la forma imaginada por cualquiera
de nuestras religiones (humanas). El alma existe bajo la forma
del lenguaje y de nuestras posibilidades de forjar soplos de
espíritu que no son otra cosa que palabras. Palabras dirigidas
a uno, unos y otros, y allí donde haya palabra que exprese no
será necesaria la agresión, impotencia de la voluntad, o grito
de desazón y oprobio. La violencia es el resultado de nuestras
impotencias.
Por qué
no recordarlo entonces: La pasión triste es propia de la impotencia
(Spinoza).
Había un dicho, un refrán de alguna época, que parecía desdecir
a otro más conocido. El conocido es este: “a panza llena corazón
contento”. El dicho que lo desdice es este otro: “comió tanto
que se quedó triste” Y acá “triste” toma la forma de “ha comido
tanto que no puede ni moverse, ni pensar, ni hablar siquiera”,
porque “está que explota” esto es: “ha llenado hasta el corazón”,
pues para que un corazón vaya contento por la vida tiene que
haber una esperanza de algo. Esperanza significaría lugar vacante,
espacio, algo que aún no hay. Pareciera que la violencia se
desprende de este no ha lugar. De un lugar que no se registra
como espacio; una totalidad, un relleno donde los gases de la
basura apisonada o salen por un tubo o son una bomba de tiempo.
El tubo sería una suerte de ortopedia, la bomba de tiempo es
lo que explota a cada rato.
La violencia pareciera remitir a cuerpos henchidos de cuerpo.
La paradoja la armó Macedonio Fernández con una de aquellas
frases geniales: “tanto vacío que no se entiende cómo ha podido
caber en el mundo” Fenómenos de mazacotes, éstos, los de la
palabra sin tiempo ni espacio que la convoque.
Se necesita del silencio para escuchar la palabra. La impotencia
no es el silencio, la impotencia es una palabra compacta, pura
piedra. “Y entonces se apedrearon hasta matarse”.
No entendemos
y continuamos. Hemos aprendido a no abrir la boca cuando hay
algo que nos excede y nos convoca. Nos convoca sin la boca (abierta
de la opinión arrojada sin pensamiento y/o práctica que la funde),
nos convoca a una reflexión profunda y a un silencio más profundo
o insistente aún; un silencio que haga aparecer no razones sino
tramas complejas que indiquen direcciones a ser tomadas, a ser
continuadas, direcciones que orienten y no sigan trayendo el
despiadado desapego de lo que sucede todos los días en todo
nuestro mundo. Un filósofo italiano (G. Agamben) ha dicho que
el modelo de nuestras ciudades es actualmente el de los campos
de concentración de la segunda guerra mundial, y creemos y pensamos
y sentimos que no es un buen lugar para vivir, ese modelo.
Cualquier palabra dicha sobre esta sentencia será poca. Demos
lugar al silencio para que algo (alguna vez) surja.
Con-versiones,
Noviembre 2004